Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Colaboración

La Novela de Lacan (Undécima entrega)
  Por Jorge Baños Orellana
   
 
No hay gran arte sin humor. Picasso tenía un grandioso sentido del humor y admiraba mucho a Alfred Jarry. Eso se ve en las pequeñas farsas, las pequeñas piezas dramáticas que montaba en escena para fastidiar a sus amigos: El deseo atrapado por la cola y alguna otra más. En plena guerra, les hace decir las boludeces más grandes a Lacan, Sartre, Camus, Leiris: eso es Jarry. Declarar: “Las mujeres son máquinas de sufrir”, es ir bastante lejos…
“Sollers nous parle de Bacon”, Philippe Sollers

Transcribir la conversación mantenida por Picasso y nuestro héroe, durante el viaje de regreso de la Clínica de Bonneval a Paris, sería un error de cálculo en la construcción de la novela. Los largos parlamentos sostenidos en aquella ocasión despertarían recelo y es imprudente abusar de la suspensión de la credulidad del lector cuando se procura mantener borrosos los confines entre verdad y ficción. Aunque hayan efectivamente acontecido, ¿cómo hacerlos pasar por verosímiles? Sus palabras tendrían, por un lado, el defecto de insinuar una proximidad inexistente: es bien sabido que Lacan no merecía demasiada consideración por parte de Picasso. El final de la guerra había devuelto al pintor el prestigio artístico (el Salón de Otoño se había reinaugurado, el pasado octubre, con una retrospectiva de ochenta pinturas y esculturas suyas) y su considerable fortuna (ya por 1925 había competido contra el Municipio de Antibes en la subasta del Palacio Grimaldi), y le había sumado un estrellato ideológico (la ovación que recibió Picasso en el X Congreso del Partido Comunista Francés fue en uno de los días de zozobra íntima por la internación de Dora Maar en Sainte-Anne); en ese contexto consagratorio, Lacan era un figurante. ¡Lacan figurante! ¿Cómo tocar esta cuestión?

Podemos desdramatizarla, conviniendo que, para Picasso, Lacan era simplemente el médico aficionado a las artes y amigo de algunos de sus amigos que, por comodidad, escogió de médico de cabecera, y que Lacan, aunque jamás había ejercido la clínica médica, no pudo negarse a atenderlo por un catarro o una indigestión. Afortunadamente el artista era un sesentón fuerte como un toro y el psiquiatra todavía recordaba cómo prescribir un jarabe para la tos. Mutatis mutandi, la escena de esas consultas debió tener mucho de lo que narra John Richardson de 1949 (“Lacan, mirando mi torso sudoroso con desagrado sacó un gran pañuelo Lanvin del bolsillo superior de la chaqueta, lo extendió sobre mi pecho —como solían hacer los médicos antes de la invención del estetoscopio— y escuchó desde una distancia prudente, asintiendo sagazmente con la cabeza. Al terminar esta farsa de diagnóstico, arrancó una página de su agenda Hermès y, tras un momento de reflexión, anotó la dirección de otro médico”).1 Pero la cuestión del Lacan figurante también nos arroja al centro de la confrontación entre Ph. Sollers y J. Allouch, a propósito de Lacan definido como alguien situado en la posición de quien jamás habría obtenido amor. Ilustraré sus respectivas razones sirviéndome de la conocida fotografía, tomada por Brassaï, de la tribu de Picasso el día de la lectura de El deseo atrapado por la cola.

Si hacemos eco de las declaraciones de Sollers, a propósito de las observaciones domésticas que dice haber hecho de Lacan, así como del modo en que después lo retrató en la novela Mujeres, cabe suponer la siguiente viñeta: Sylvie, esposa de Lacan, regaña al jamás amado: “¿Tenías que posar mirando a Picasso, igual que el otro niño embobado de Jean Aubier? Observa a los demás, ellos aprendieron de las mujeres: todas con la mirada clavada en el objetivo de la cámara o, mejor, arrojada al infinito.”
Para Allouch, en cambio, “esa búsqueda misma de un amor-que-uno-no-obtiene es lo que hacía de Lacan un psicoanalista”. Vale decir, si Lacan no está mirando a la cámara (por ejemplo, porque se distrajo mirando cómo Brassaï, de pie a la derecha, se suma a las apuradas al cuadro, luego de accionar el obturador diferido) es porque no posaba como objeto; si mira a Picasso, no es para contemplarlo como a un semejante o a un superior, sino algo de lo que el pintor sería marioneta; si, en cambio, es a Simone de Beauvoir a quien mira penetrante, se debería a que esa perspectiva de un amor-que-uno-no-obtiene era, además, el basamento de “la demasiada libertad que Lacan se habría tomado con respecto al amor”.2
Como fuere, indudablemente nuestro resentido o libertino héroe se acordó de esas pantomimas médicas cuando, en septiembre de 1946 en Bonneval, firma la última receta suya de la que se tiene registro: la del Edipo como agente antihistamínico: “El complejo de Edipo revela ser en la experiencia capaz no sólo de provocar, por sus incidencias atípicas, todos los efectos somáticos de la histeria, sino también de constituir normalmente el sentimiento de la realidad. No vacilo en decir que se ha de poder demostrar que esa crisis tiene resonancias fisiológicas, y que, por muy puramente psicológico que sea en su resorte, se puede considerar a cierta «dosis de Edipo» como poseedora de la eficacia humoral de la absorción de un medicamento desensibilizador.” Junto con la penicilina, los antihistamínicos eran la gran noticia de la farmacia de la época.

Transcribir la larga conversación del regreso a París, en el Hispano-Suiza de Picasso, tendría otro defecto, el de evidenciar aspectos que van a contrapelo de la imagen pública de nuestros protagonistas. La morosa descripción de la arquitectura ósea del pico de la cigüeña peregrina y los extensos comentarios a que dio pie la respuesta del pintor a Warnod, en el último número de Arts, “En peinture tout n’est que signe, nous dit Picasso” [Picasso nos dice: “No hay más que signos en la pintura”], pondrían al descubierto a un Lacan experto en ornitología regional y a un Lacan que pensaba el lenguaje con el reloj varias horas adelantado con respecto a las conjeturas cronológicas de nuestros manuales. Las respuestas de Picasso, a su vez, lo revelarían como el lector compulsivo y bibliófilo que era. Ese ojo de intensidad pagana también devoraba páginas de letra pequeña. Cuando por sostener el pincel no podía tomar un libro, reclamaba a los demás que le leyeran y comentaran lecturas. En los primeros años parisinos, sesiones diarias de Max Jacob entonando fragmentos de poesía francesa, alternaban con las visitas de educación literaria de Gertrude Stein (quien refiriéndose a sí misma en tercera persona escribió: “Infinidad de veces he oído a Picasso decirle, racontez-moi cela, cuando miss Stein decía algo acerca de un cuadro de él y, a modo de ejemplo, le explicaba algo que ella intentaba hacer en el terreno literario. Sostienen larguísimas conversaciones a solas”). Cuando las visitas se retiran, Fernande Olivier recita echada en la cama las Fábulas de La Fontaine. De modo que treinta años más tarde, después de soportar el semianalfabetismo de Olga, apenas capaz de leer en ruso, y de aburrirse con la indolencia de Marie-Thérèse, la aparición de Dora Maar supo revitalizar la cotidianeidad. “¿Cómo conquistaste a Picasso sin usar faldas cortas?” le preguntó Rose Toro García, “Ah, respondió Dora, fue con mi voz”. Una voz que tenía qué decir. A cuatro meses de conocerse, persuade a Pablo a mudar el estudio a la vuelta del suyo apelando a connotaciones literarias. El mejor anzuelo fue señalar que, en la casona del número 7 de la calle des Grands-Augustins, Balzac había emplazado “La obra maestra desconocida”, relato al que Picasso le había dedicado doce aguafuertes y un retablo para una edición lujosa de Ambroise Vollard; porque esa inclinación por los libros lo había empujado con naturalidad al oficio de ilustrarlos.

Sin confiar al lector tales precedentes, saltemos a la escena que sigue, en la cual Lacan está invitado al taller de des Grands-Augustins a hojear la antología de La historia natural de Buffon ilustrada con treinta y un grabados del malagueño. Es la primera vez que va allí —al paciente Picasso lo visitaba en el departamento de Boétie—, pero el edificio no es nuevo para él. Entra pensando en Michel Leiris. Antes de la guerra se organizaban ahí mismo los conciliábulos más populosos del Círculo de Sociología capitaneados por Bataille, Callois y el propio Leiris (Lacan solía aparecer acompañando a Victoria Ocampo) y los de Contre-Attaque (a los que Dora Maar asistía durante su temporada con Bataille). Es un mundo pequeño: después de que la Maar deja de ser amante de Bataille y conoce a Picasso, Bataille se separa de su esposa Sylvia, que al tiempo se unirá con Lacan e irán a vivir al edificio del número 5 de la calle de Lille, por sugerencia de propio Bataille que vivía en la cercanías; en la planta superior tendrán como vecino a Tristan Tzara, ya por entonces opacado por el liderazgo de André Breton; Breton por entonces era esposo de Jacqueline Lamba, la mejor amiga de la Maar, y admiraba al mencionado Max Jacob, maestro de poesía no sólo de Picasso sino también de Leiris, quien tendría luego como mentor a André Masson, cuñado de Lacan; Leiris dispone de un amplio departamento a una cuadra de los estudios de Dora y Pablo, allí precisamente, en marzo del 44, se realiza la función privada de El deseo atrapado por la cola fotografiada por Brassaï, maestro de Maar; Leiris era yerno de Kahnweiler, convertido en el principal marchante de Picasso desde la reciente muerte de su competidor Ambroise Vollard, aplastado por una escultura de… etc., etc. Sí, lo que por entonces Lévi-Strauss estaba a punto de desentrañar entre los bororos de la selva brasilera y los volúmenes de la sección de etnología de la Biblioteca Pública de Nueva York, saltaba a la vista en casa: la sociabilidad de la vanguardia de París se reproducía gracias al intercambio de bienes, mujeres y signos. Es que la razón teórica es un ave que reclama distancia y soledad para alzar vuelo.

Como decía, cuando Jacques Lacan cruza nuevamente el portal del 7 de des Grands-Augustins piensa en Leiris y, entonces, le sobreviene una de las líneas maestras del escrito prometido al desafiante Henri Ey. El asunto venía bulléndole en la cabeza desde que dejaron atrás Bonneval: debía arrinconar a Henri subrayando las cualidades literarias de los escritos de su paciente Aimée y la sofisticación de sus usos del lenguaje, ella debía quedar a salvo de cualquier intento de endilgarle estigmas de déficit neuronal. Esto escribiría: “La palabra no es signo, sino nudo de significación. Diga yo, por ejemplo, la palabra «telón» [rideau], no sólo por convención se designará el uso de un objeto al que pueden diversificar de mil maneras las intenciones con las que lo capta el obrero, el comerciante, el pintor o el psicólogo guestaltista, como trabajo, valor de cambio, fisonomía coloreada o estructura espacial. Es, por metáfora, un telón [rideau] de árboles; por retruécano, las ondas [les rides] y los rizos [les ris] del agua y mi amigo Leiris, que domina mejor que yo estos juegos glosolálicos.” Fue su homenaje a Glossaire j’y serre mes gloses construido, desde el título mismo, por juegos de palabras.
Una vez dentro del estudio, abre al azar la Historia natural y desliza las yemas de los dedos por el papel Japón Imperial del texto y el papel China de la estampa numerada. Abre los ojos, reconoce el grabado del jilguero ¿Qué fenomenólogo se atrevería a objetarle que ese es el contacto más vital que pueda alcanzarse con lo Real? Hojeando ordenadamente, nota que no es un ejemplar cualquiera sino el perteneciente a Dora. Los márgenes están abundantemente adornados con dibujos nuevos de Picasso. En el frontispicio, el retrato de Dora figurada como una majestuosa mujer-águila y la dedicatoria manuscrita. ¿Está en castellano?

Un poco en castellano y otro en catalán, pero lo que importa es que se trata de un retruécano. Juega con el apellido Buffon y el nombre bufona, payasa en castellano y hermosa en catalán —aunque al sobrescribirle un re, rebufona, sólo se mantiene en los usos del catalán—. El aparente error tipográfico de la dedicatoria, ADora Maar, y su asentamiento excepcional por debajo de la firma, permite leer: Picasso adora a Maar. Está fechada el 17 de enero de 1943 y es un desagravio con respecto a otra dedicatoria de los primeros tiempos, en que él le había escrito: ADora Picasso. Las declaraciones de amor siempre llegan cuando dejan de ser ciertas.
Claro que los ojos de la Dora-pájaro inspiran tanta adoración como pavura. ¿Cómo había empezado esta historia de amor que fue al consultorio de Lacan para concluir dignamente? ¿Ocurrió en un tiempo en que las mujeres circulaban lévi-straussianemente entre los hombres o fue al revés?
________________
1. Richardson, John, Aprendiz de brujo: Picasso, Provenza y Douglas Cooper, Alianza, Madrid, 2001, p. 80. 1999
2. La entrevista a Sollers [2002] y la respuesta de Allouch [2003] se encuentran en revista. Opacidades N° 3, Buenos Aires, agosto 2004, pp. 229-40 y 241-51.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | La novela de Lacan (decimoctava entrega) 
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | La novela de Lacan (decimaséptima entrega) 
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Lo que debe faltar en un escrito 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | La novela de Lacan (decimasexta entrega) 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | La novela de Lacan (decimaquinta entrega) 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Porvenir del testimonio 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | La Novela de Lacan (Décimocuarta entrega) 
» Imago Agenda Nº 131 | julio 2009 | La Novela de Lacan (décimo tercera entrega) 
» Imago Agenda Nº 128 | abril 2009 | La Novela de Lacan (duodécima entrega) 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | La novela de Lacan (Décima entrega) 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | Los miércoles por la noche, alrededor de Freud  de Mauro Vallejos, Letra Viva, 2008.
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | La novela de Lacan (novena entrega)  4. Primeras veces: la cura cubista
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | La novela de Lacan (octava entrega)  4.Primeras veces: la escuela del análisis
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | La novela de Lacan (séptima entrega)  3.Loigny, los caminos a la escuela
» Imago Agenda Nº 113 | septiembre 2007 | La novela de Lacan (sexta entrega)  3. Loigny, rayos y fotos de un viaje.
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | La novela de Lacan (quinta entrega)  2. Orleáns, los potes y la peste (final)
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | La novela de Lacan (cuarta entrega)  2. Orleáns, los potes y la peste (continuación)
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | La novela de Lacan (tercera entrega)  2. Orleáns, los potes y la peste
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | La novela de Lacan   1. París, mito lacaniano (segunda entrega)
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | La Novela de Lacan (segunda entrega)  1. Paris, mito lacaniano (Segunda entrea)
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | La Novela de Lacan  1. Paris, mito lacaniano (primera entrega)
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | La vasectomía de Freud como post-scriptum de Más allá del principio de Placer 
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Entre la carcoma de lo inútil y el amarillo de los chimentos 
» Imago Agenda Nº 77 | marzo 2004 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (cuarta entrega) El sueño de la historia clínica
» Imago Agenda Nº 74 | octubre 2003 | Los pequeños oficios, de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (Tercera entrega) Un sueño con cocaína
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (segunda entrega) Lo que guardaban los ojos de Freud
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (primera entrega)
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | Apropiaciones de la posmodernidad en la casa de los analistas. 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Últimas noticias de los propietarios de Lacan 
» Imago Agenda Nº 58 | abril 2002 | Cómo hablamos cuando hablamos de la situación 
» Imago Agenda Nº 56 | diciembre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página (última entrega)
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Tres pilares de la primera página (décimosexta entrega)
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis   Los tres pilares de la primera página (décimoquinta entrega)
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis   Los tres pilares de la primera página (décimocuarta entrega)
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanalisis  Los tres pilares de la primera página (Décima entrega)
» Imago Agenda Nº 48 | abril 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página (Novena Entrega)
» Imago Agenda Nº 47 | marzo 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página (octava entrega)

 

 
» Fundación Foro
Charla Gratuita sobre Inserción Laboral para profesionales de la Salud  charlas en Octubre
 
» Centro Dos
Seminario 7 de Jacques Lacan  viernes de 14 a 15:30hs
 
» Fundación Tiempo
Borges y el Psicoanálisis  TERCEROS VIERNES DE CADA MES, de 19 a 20.30 hs.
 
» Centro Dos
Conferencias  segundo cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» Fundación Tiempo
SEMINARIOS DE PSICOANÁLISIS   Comienzan en Octubre
 
» Centro Dos
Seminarios   segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com