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   Entrevista

Jorge Rodríguez
  El saber está, ineludiblemente, entre el poder y el dinero
   
  Por Emilia Cueto
   
 
Se podría decir que Jorge Rodríguez le dio un lugar a Winnicott, al menos en Buenos Aires. Usted dictó el primer seminario sobre Winnicott e introdujo la primera bolilla sobre este autor en la cátedra de León Ostrov. ¿Por qué piensa que un teórico y clínico de esa envergadura ha quedado relegado de la formación de muchos psicoanalistas?
Creo que el saber está, ineludiblemente, entre el poder y el dinero. El lugar que tiene la institución es tremendo. Yo estoy muy preocupado, y lo digo en el doble sentido de la palabra preocupación: me ocupo, estudio; y me preocupa, me inquieta, el lugar que tiene la inquisición entre nosotros, en todas las instituciones de Argentina y no solo en nuestro país. Esto también se evidencia, en las instituciones llamadas psicoanalíticas, así como en la facultad. Desde que me recibí fui docente en la facultad, formaba parte de la cátedra de León Ostrov hasta que con la democracia todos los sectores que estaban fuera quisieron ocupar lugares, y los ocuparon. En la facultad, mediante una alianza entre Franja Morada y ciertos psicólogos de diferentes especialidades hacen que el Departamento de Psicoanálisis –creado a tal efecto en ese momento– se le entregue a personas llegadas del exterior que venían con Lacan en su mano derecha y con Miller en su mano izquierda, o al revés, no sé. Eligen desde esos criterios y después se apoderan de Freud. No es escuela freudiana, es escuela lacaniana, porque no se enseña Freud, se enseña la lectura que hace Lacan de Freud, y en la facultad después se hizo exactamente lo mismo. Ni mal ni bien, simplemente es una lectura. Otras lecturas no entran ¿Por qué? Por problemas políticos, problemas de poder, el poder implica tener alumnos, pacientes, derivaciones, todo lo que uno necesita para vivir en esta profesión, y está decidido, con los que podríamos llamar “públicos cautivos”, como se dice en marketing. Yo escribí un trabajo en mi segundo libro que se llama “Mascotas cautivas”. Bueno los alumnos son cautivos, y para colmo no queda memoria de lo que sucede en cada cátedra, porque el alumno aprueba la materia y se olvidó. Entonces lo que pasó por esa materia, lo que le pasó cuando cursó la materia, se olvida, no hay memoria. En la facultad no hay memoria.

La mayoría de los psicoanalistas se basan en la traducción de Etcheverry y cuestionan mucho la traducción de López Ballesteros.
Le puedo dar ejemplos impresionantes. En Entresesiones hay dos o tres trabajos míos de críticas recontra minuciosas a Duelo y melancolía –a la traducción de Etcheverry de ese texto–, y “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”. Yo no estudié todo Freud, no leí las tresmil páginas de Freud, leí bastante pero no leí todo de la misma manera. Pero lo que leí, lo leí en profundidad. Por ejemplo “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre” se basa en cuatro significantes: “puta”, “salvar”, “dar”, y “niño”. Puta, él lo traduce como “mujer fácil” y “mujer liviana”. Es una estupidez absoluta, el inconsciente habla lenguaje popular, la palabra que usa Freud es “puta”, ¿por qué no pone puta?, no lo sé, ¿por pudor, por mojigatería?

Segundo: salvar. El significante salvar tiene una historia filosófica, religiosa, anida en todos nosotros, quién no quiso salvar a una mina alguna vez en su vida, el que la quiso salvar jamás pensó la voy a rescatar. Etcheverry traduce “rescatar”. Cuando Freud dice “dar” (el don), el dar tiene un lugar distintos al “regalar” ¿Qué madre dice “le regale la vida a mi hijo?” La madre da la vida, él traduce “regala la vida”.Y después traduce indistintamente niño/hijo sin respetar el significante que usa Freud en alemán: Kind y Sohn. Por ejemplo, “¿de dónde vienen los hijos?” – dice que preguntan los chicos–. Está loco. Ningún chico se piensa a sí mismo en términos de hijo. Hijo vendrá después, primero es niño. Por otro lado cuando Freud estudia la equivalencia niño-pene escribe Kind y no Sohn. Etcheverry pone hijo. Quiere decir que tergiversa profundamente cuatro significantes claves de un texto. Eso hace en todos los textos, en todos. En “Inhibición, síntoma y angustia”, por ejemplo, la angustia según Freud tiene una característica fundamental: la de ser “un estado de espera y de preparación frente a un peligro”. Él en lugar de traducir espera pone “expectación”. Espera tiene otra tradición: espera, esperanza, desespera, desesperanza, etc. La espera es otra cosa.
Podría situar veinte textos y en veinte textos comete errores de este estilo. Lo que respeta son los significantes abstractos, es como decir α, β, γ, eso no importa.

Algo que se cuestionó mucho es la traducción de Ballesteros de trieb por “instinto” en lugar de “pulsión”.
Perdóneme, pero eso es inocente. Porque por supuesto que fue un aporte teórico y que Ballesteros pone instinto y según Lacan o los franceses que lo inventaron, lo descubrieron, tiene que ser pulsión. Concepto que usaba Nietzsche, que Freud no sé si lo toma de Nietzsche. Nietzsche habla en 1870, cuando Freud todavía no había escrito La interpretación de los sueños, de “pulsiones estéticas”. Usa Trieb, que es lo que usa Freud. En el alemán de entonces los dos, Nietzsche y Freud, casualmente usan Trieb. Perfecto, pero si uno tiene las Obras Completas y donde dice instinto pone pulsión, automáticamente lo corrige, pero tenemos que tener en cuenta que el destino de un estilo no se decide en los conceptos. Si en la traducción hay un error de imprenta, en vez de represión dice agresión se equivoca el linotipista, no se equivoca el traductor. Hay textos de Freud que no están corregidos por la editorial. Entonces hay muchos errores, faltan frases, faltan párrafos, pero no es un problema del traductor, es un problema de la editorial. El problema es cuando el traductor, como Etcheverry, rompe con las metáforas, las sustituye, le cambia el eje a Freud, él le hace decir a Freud lo que Etcheverry quiere, no lo que dice Freud. Hay una soberbia impresionante. Él dice que da argumentos filosóficos para que Freud “no planee en el vacío”, cosas insólitas. Basándose en la filosofía que es su especialidad, que según él Freud usa pero no explicita, señala que le va a decir a los lectores de dónde vienen todos los términos. Entonces explica que uno viene de acá, otro viene de allá, es verdad, todos los términos que toma Freud vienen de disciplinas diferentes, pero él no los conserva de la misma manera. Freud usa la palabra cantidad, la cual viene de la ciencia físico-matemática, mide. Freud dice la cantidad, vamos a hablar de una cantidad aunque no poseamos medio alguno de medirla, por lo tanto es una cantidad desmesurada. No usa cantidad como la usa la matemática. Cuando habla de vida y muerte, Freud no está hablando de la vida y muerte biológica, está hablando de otras cosas, y así sucesivamente. Cuando habla de la representación, no está hablando de la representación filosófica o psicológica, se refiere a otra cosa, Freud tomó todo de cualquier lado. Para dar un ejemplo sencillo: en las neurosis narcisistas, en la melancolía y en otras perturbaciones narcisistas, él dice que hay un delirio de pequeñez o de grandeza, porque lo que se achica o se agranda aparentemente son los límites del yo. Pero esto usando metáforas de tamaño, como la camisa chica, small, grande, large, extra large. ¿Cómo traduce Etcheverry el delirio de pequeñez? Por “delirio de insignificancia”, ¡le cambia la metáfora a Freud! ¡Le cambia todas las metáforas a Freud! ¿Quién es Etcheverry? Nosotros no estamos leyendo a Freud, estamos leyendo Etcheverry, se lo puedo asegurar. ¡Estamos leyendo algo así como un Freud corregido! Etcheverry al traducirlo corrige a Freud.

Al hacer referencia a Winnicott aparecen inmediatamente las nociones de “espacio y objetos transicionales”. ¿Podría destacar otras contribuciones esenciales que habitualmente no sean tenidas en cuenta?
Cuando muchos autores comparan el “objeto transicional” con el objeto a, yo digo que no conocen a Winnicott, no lo entienden. Porque el objeto a es una conjetura, el objeto transicional es un hecho. El concepto no es el objeto. Winnicott no hace la teoría del objeto, por ejemplo, para diferenciar objeto de la pulsión, objeto de amor. Objeto en objeto transicional quiere decir cosa, aquello que el pibe hace. Con eso hace lo que hace, y que eso se trasforme en objeto transicional.

Por eso se ponía el ejemplo de la sabanita o el osito, se trata de un objeto concreto.
Concreto, sí.

Y muy especifico.
Si, es una cosa. Yo digo cosa porque es un objeto inanimado, es algo de la realidad compartida que el ambiente le pone ahí, la madre, la tía, la abuela, le ponen ese osito. La conjetura no es el objeto transicional, la conjetura es crear lo dado, es la paradoja que construye conceptualmente al objeto transicional. Winnicott inventa no solo el objeto transicional que ya estaba inventado, él inventa-descubre, en el doble sentido de la palabra invención. Descubre e inventa simultáneamente algo tan obvio como cuando Freud inventa-descubre los sueños. Freud hace con los sueños, o mejor dicho Winnicott hace con lo intermedio, lo que Freud hizo con los sueños, inventar-descubrir una experiencia sana y universal. Lo transicional es sano y universal, el jugar es sano y universal, la soledad, la cultura, la experiencia cultural, etc. Winnicott es un teórico de lo intermedio, es un teórico de la dependencia, él desarrolla la teoría de la dependencia. En “Inhibición, Síntoma y Angustia” Freud habla de dependencia, pero el concepto no es dependencia en Freud, es estado de desamparo y desvalimiento. Winnicott es un teórico de eso, que Freud es obligado a escribir no por Rank –como se dice que Freud escribió “Inhibición, Síntoma y Angustia” para contestar al trauma del nacimiento de Rank, por el tema de la angustia. No, no es así– sino por Abraham. Abraham le dice: estoy analizando a una señora que está analizando con éxito a un niño. Y Freud creo que se volvió loco. La señora era Melanie Klein. Entonces Freud escribe ese texto, donde estudia fenómenos que toda su vida pensó en términos pulsionales sin usar, prácticamente, el concepto de libido, de pulsión, usa los de necesidad y de dolor. Y estudia el desamparo como estado, como zona, como experiencia, es un teórico que desarrolla eso. Luego lo va a teorizar, Winnicott, aunque la referencia que hace no es “Inhibición, Síntoma y Angustia”, sino otros textos de Freud. Por ejemplo, cuando en “Los dos principios del suceder psíquico”, Freud dice “un bebé no existe”, puntos suspensivos, “sin los cuidados maternos”, Winnicott, lo estudia y desarrolla. A eso yo lo llamo “unidad de dos”, después va a venir “unidad de uno”; yo/no-yo; yo/objeto. Por lo tanto en Freud hay caminos para pensar la diferencia sujeto objeto de entrada y caminos para no pensar eso o pensar otras cosas. Para mi modo de ver, Winnicott desarrolla la teoría de la dependencia. Y la teoría de la dependencia es una alternativa, a la teoría del narcisismo, para pensar cosas que con la teoría del narcisismo no podemos pensar de la misma manera, no para sustituirlo.
Winnicott tiene dos teorías básicas: la teoría de la dependencia y la teoría del jugar.

Usted ha sido y es el traductor y revisor técnico de los libros de Pontalis. ¿Qué despertó su interés en este autor y qué desarrollos destacaría?
Trabajé en la traducción de tres obras, junto con Beatriz Diez y Cristina Sardoy: Ventanas, Este tiempo que no pasa y Al margen de los días, editadas por Topía. Tuve la inmensa suerte de traducir, revisar, acompañar la edición de mis maestros, es algo muy especial ayudarlos a que hablen en castellano: Pontalis, Masud, Winnicott, Bion…
Pontalis es un profundo conocedor de Freud y de Winnicott, quien, además, lo analizó, le tocó el alma. Leer su obra es una manera de asistir al cambio de un estilo, de una forma de pensar. Por ejemplo cuando escribe “el instante necesita de un lugar para no desvanecerse del todo” en El amor a los comienzos uno percibe hasta dónde está presente el espíritu de Winnicott en él. Cómo lo conserva, cómo lo hace trabajar, escribir.
Teóricamente piensa a Freud desde ese, su, Winnicott en temas tan importantes como: los sueños, la transferencia, lo inconsciente (¿enigmático o misterioso? se pregunta). Trabaja el tema de la memoria. El valor de la presencia frente a la representación. Desarrolla una clínica de los estados límite que es la forma en que piensa lo que Winnicott nombra como esquizoides o borderlines.

Hace instantes mencionaba a Masud Khan, de cuya obra también es un estudioso. Masud Khan, quien nació en la India se formó en Londres donde se analizó y supervisó con Winnicott. ¿Qué aspectos fundamentales destacaría de la relación entre ambos analistas que derivara en la publicación del libro Cuando llegue la primavera?
Masud hizo lo que no hizo Bleger con Pichón. Bleger tomó las ideas de Pichón y escribió sus propios libros, y Pichón públicó porque yo lo edité. Ahí empecé a traducir en libros el relato, lo oral.
Lo fui a ver a Pichón, no sé como “me lo levanté”, porque no le daba bola a nadie respecto a publicar. “Subite allá arriba”, me dijo. Tenía en su casa –creo que en la calle Sánchez de Bustamante– una gran biblioteca, las paredes llenas de libros. Me hizo subir a una escalera y me dijo: “busca por allá, por allá”. Yo saqué dos papelitos, era su currículum. Y agrega: “Andá a buscar esto, fijate que encontrás, yo no tengo nada”. No conservaba casi nada de lo que le habían publicado en libros colectivos y en revistas. Prácticamente no tenía ni uno de sus textos. Entonces fui a todas las bibliotecas que pude que figuraban ahí, Del psicoanálisis a la psicología social, son dos tomos que editó Galerna en ese entonces, contiene lo que encontré en esas bibliotecas. No sé por qué Pichón no había editado antes, no le interesaba, no podía, no lo sé, de hecho no había sido editado. Winnicott tampoco.
Masud ¿qué hace?, ¡me estoy comparando con Masud! Hace que Winnicott publique. Masud lo que hizo fue ayudar a Winnicott a publicar todos los libros. ¿Cómo? Le debe haber buscado los originales, se los debe haber leído, corregido, le sugirió cosas, no hay libro de Winnicott donde no le agradezca a Masud todo lo que hizo por él en ese libro.

¿En que circunstancias conoce usted a Masud Khan?
Personalmente conocí a Masud Khan en Londres, lo vi dos o tres veces, fue un encuentro muy especial, muy mágico. En realidad yo no lo conocía teóricamente, lo pude conocer porque había realizado la corrección del Vocabulario del psicoanálisis, llevé esa corrección a Francia y se la di a Laplanche. Me había olvidado de que Pontalis era co-autor, entonces el último día lo fui a ver. En ese momento me regaló Entre el sueño y el dolor que recién se había editado y me dio la dirección y el teléfono de Masud Khan.
Masud me empezó a dar cosas, entre ellas el teléfono de la mujer de Winnicott o cosas, escritos que no tenía la mujer de Winnicott. Fue un encuentro muy intenso. Luego, no se cómo, un día la esposa de Winnicott me escribe pidiéndome algo y en agradecimiento me envía una fotocopia de Holding and interpretation, uno de los últimos libros de Winnicott publicados que es un fragmento de un análisis. Era enorme, todo corregido por Winnicott, yo no lo podía creer. Por ahí decía “posición depresiva”, después tachaba y decía “complejo de Edipo”, y él autorizaba el cambio. La inicial era D. W. y la encerraba como si fuese una arroba para que la secretaria aceptara el cambio. De ahí en más quedé enganchado, en relación con esta gente.
__________________
Jorge Rodríguez es licenciado en psicología. Psicoanalista. Practicó la docencia en las facultades de Filosofía y Letras y Psicología de la Universidad de Buenos Aires, y la APBA. Actualmente en hospitales públicos. En el campo editorial dirigió colecciones en Galerna, Nueva Visión, Lugar y Tiempos. Participó en tareas de traducción, revisión técnica y establecimiento del vocabulario de textos de Winnicott, Pontalis, Masud Khan, Laplanche y Bion. Publicó artículos en revistas y libros de la especialidad. En el año 2003 publicó Entresesiones. Lealtades sencillas y en octubre de 2008, Contar, decir, hablar, ambos por Letra Viva editorial.
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La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com
 
 
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