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   Entrevista

Ricardo Rodulfo
  El psicoanálisis en la universidad
   
  Por Emilia Cueto
   
 

Usted es profesor titular en la Universidad de Buenos Aires desde hace casi veinte años ¿Cual es su balance de estas dos décadas?
En relación con la universidad tengo que empezar con una descripción, soy titular en Clínica de Niños y Adolescentes y también de Psicopatología Infantojuvenil. Me interesa mencionar esto porque fue un aporte nuestro cuando en la Facultad de Psicología no existía la materia Psicopatología Infantojuvenil, lo cual es una muestra más de adultocentrismo. Existía la psicopatología sin apellido que, por supuesto es la del adulto donde a veces se invitaba a alguien para que diera un par de clases sobre niños. Aunque, por esas mismas cuestiones de adultocentrismo y de política universitaria, Psicopatología General es anual y obligatoria, mientras que ésta es cuatrimestral y optativa. No obstante es importante haberla podido inscribir en el Plan de Estudios, porque es muy específico lo concerniente a psicopatología infantojuvenil. Además, la suerte hizo que yo montara el primer curso de postgrado que hubo en la Facultad de Psicología sobre niños y adolescentes desde 1990, que es un programa de actualización de dos años. Estos serian los elementos para el balance. Sin embargo, habría que diferenciar varios aspectos. Lo mejor -por lo menos lo mejor para mí- es el contacto permanente con gente joven, estudiantes, colegas en sus primeros años. Si uno se burocratiza como profesor (y en la facultad hay una enorme burocracia), si uno toma sólo el programa y todos los años dicta lo mismo, eso además de ser tremendamente aburrido no genera nada. Pero uno puede olvidarse del programa y en la medida de lo posible y de las condiciones burocráticas de la facultad, por ejemplo tomar el camino que yo escogí: dar todos los años distintos seminarios sobre puntos específicos, y renunciar a la idea de dar todo el programa, que es justamente la idea menos conveniente. Si uno piensa en voz alta cada año cosas distintas, con los estudiantes o con los colegas jóvenes que hacen el postgrado, (aunque algunos no tan jóvenes) y trabaja distintas cuestiones que les interesan, que están investigando, que los están atormentando en el consultorio, planteándole preguntas o debatiendo los nuevos libros interesantes que aparezcan, el trabajo es muy rico

¿Usted propondría una revisión de los contenidos y del modo de impartirlos que se ve habitualmente en la Facultad de Psicología?
Sí, porque el psicoanálisis que se enseña es escasamente representativo de la variedad, de la diversidad del panorama del psicoanálisis actual o de las ultimas décadas. Se ven algunas cosas de una manera muy excluyente, mientras que hay listas enteras de autores o de problemáticas que no ingresan. Para colmo lo que se da se lo hace como si fuera un texto religioso, no como si fuera una teoría que habría que poner a prueba sino una verdad que se imparte, eso es muy negativo. Una cosa de este balance que a mí personalmente me interesa es el hecho de que muchas veces la gente se acerca, me agradece la manera que tenemos de enseñar allí. Tratar que el alumno se pueda abrir a la diferencia, no se enrole rápidamente en una determinada identificación, que pueda reflexionar sobre los inconvenientes de una transmisión dogmática. Es un problema que a mí me preocupa mas allá de la universidad. Desde los tiempos de Freud el psicoanálisis viene librando muchas batallas y ha perdido muchas otras contra, lo que se llama con distintos contenidos, lo que funciona como ortodoxia, línea oficial, línea hegemónica. Tanto que tiene muchas representaciones, desde políticas oficiales de la I.P.A hasta practicas vigentes en instituciones que no pertenecen a la I.P.A. y son supuestamente contestatarias como la EOL. Esto es una vieja cuestión que llega a la universidad pero que la universidad no la inventa. Si uno toma una cátedra como un lugar para pensar y una responsabilidad en cuanto a tratar que la gente piense, no aplastar el pensamiento propio de la gente, y tratar de que cada uno pueda ir construyendo su propia posición, es muy grato. Lo menos grato en cuanto a balance es tener que lidiar con todo lo que es el manejo político en la facultad, que es tan perverso y tan vicioso como en otros lugares, en otras instituciones, o en otros escenarios.

¿Cómo piensa la relación entre psicoanálisis y universidad?
Es otro tema muy complejo sobre el que no se puede más que decir cosas fragmentarias, renunciando a algo global. La Facultad de Psicología es un ejemplar curioso en el mundo, por la impregnación de psicoanálisis que tiene y de la que en general carecen las carreras de psicología, es decir, tiene su propia fisonomía, su propio estilo. Un aspecto que me gustaría tomar es que el psicoanálisis en Argentina es algo muy importante, no quisiera parecerme a esos chauvinismos un poco baratos, pero dificulto que haya una ciudad en el mundo con más producción psicoanalítica que Buenos Aires, y con más difusión de la psicoterapia en todas las clases sociales. Aún ahora con las situaciones tan difíciles que se han venido desarrollando alguien en Buenos Aires puede ir a buscar psicoterapia gratuita. Y recibir una buena psicoterapia gratuita o una psicoterapia de inspiración psicoanalítica con honorarios por ejemplo de veinte, veinticinco, treinta pesos, inexistentes en otras partes del mundo, sobre todo en otras metrópolis.

También podríamos hablar de honorarios menores...
Bueno, pero tomemos honorarios que yo considero dentro de todo dignos, no de explotación como las obras sociales que pagan cinco pesos, me refiero a arreglos privados entre terapeutas y pacientes.
En Buenos Aires pasa cotidianamente. También ocurre en otros lugares de Argentina pero es aquí donde eso se gesto y en alguna medida penetró hacia dentro del país. Aquí es habitual que una escuela privada o publica derive a un chico a psicoterapia, sin embargo, cuando yo contaba esto en Viena se asombraban mucho. Ni en Austria ni en Alemania existe una cosa así. Si un chico tiene problemas de aprendizaje o de conducta en un jardín de infantes o en la escuela a lo sumo se piensa que va a necesitar medicación o alguna atención psicopedagógica pero a ninguna maestra ni directora se les va a ocurrir que se psicoanalice y menos hablar con el profesional y mantener un dialogo, tratar de coordinar lo que hace la escuela, con lo que hace el profesional. Aquí el psicoanálisis se liberó de ser una práctica -como lo es en otros países, incluso en Austria o Alemania-, muy cara, restringida a una clase social y muy de consultorio y nada más, sin relaciones importantes, ni significativas con la cultura, con la política ni con nada. Pensemos en nuestro caso, en toda la militancia de muchos psicoanalistas entre los cuales nos contamos, en los temas de derechos humanos, de restitución de niños robados por los militares o sus cómplices durante la dictadura militar, peritajes hechos en ese sentido. El psicoanalista típico argentino, o mejor dicho el más especifico, no es el psicoanalista encerrado en su consultorio aunque los hay, más a la europea si se quiere, generalmente está formado en psicología con estas características, entonces eso enriqueció mucho al psicoanálisis, le dio aquí matices muy propios.


La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com

 
 
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