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   Entrevista

Luis Kancyper
  Por Emilia Cueto
   
 
En Adolescencia: el fin de la ingenuidad destaca que será necesaria la elaboración de intensas angustias por parte del adolescente, sus padres y hermanos. Es justamente a la relación con los hermanos a la que le da una importancia radical, considerando al complejo fraterno como una de las tres estructuras (junto al complejo de Edipo y el narcisismo) que determinan la vida psíquica individual y social. ¿Cuáles son sus desarrollos centrales sobre el tema?
La adolescencia es la etapa de la resignificación retroactiva por excelencia, por eso sostengo que: “lo que se silencia en la infancia suele manifestarse a gritos en la adolescencia”. El adolescente y sus padres requieren atravesar por el inexorable acto de la confrontación generacional para posibilitar el reordenamiento de las identificaciones alienantes e impuestas que recaen sobre cada sujeto.
El adolescente, sus padres y sus hermanos tienen que procesar diversos duelos para que este reordenamiento pueda elaborarse. La fase de la adolescencia pone al descubierto las relaciones de poder que de un modo consciente e inconsciente se traman entre padres, hijos y hermanos. Así como en la confrontación generacional se presentifica un poder vertical, entre los hermanos rige un poder horizontal. Es deseable que en la adolescencia los hermanos puedan aunar solidariamente sus fuerzas para que el adolescente logre un cierto desasimiento del omnipotente poder parental. Esto no siempre ocurre y a veces se presentifica en la clínica justo lo opuesto: el hermano en lugar de operar como un otro aliado, modelo y objeto, se sitúa como un rival ominoso generando efectos desestructurantes. La confrontación entre las generaciones y además entre los hermanos es un acto angustiante, doloroso pero inevitable que posibilita en cierta medida la desalienación del sujeto.

Asímismo en El complejo fraterno señala que las tres estructuras referidas anteriormente se copertenecen y que realizar una lectura desde esta perspectiva “permite ensanchar las fronteras del psicoanálisis, establecer nuevos puentes entre la teoría y la clínica y aguzar la escucha analítica”, ¿de qué forma?
Si bien el complejo de Edipo es el complejo nodular de la neurosis no es el único. Considero que el complejo fraterno posee su propio papel estructurante y un carácter formador en la organización de la vida anímica y de los pueblos. Recuerdo que Freud señala precisamente en “Tótem y Tabú” que en el complejo de Edipo se conjugan los comienzos de religión, eticidad, sociedad y arte. Pero además estimo que el complejo fraterno juega también un papel decisivo en estos comienzos. Freud, en su última obra, “Moisés y el monoteísmo”, vuelve a señalar que los mandamientos sociales provenientes del nuevo orden nacido por lo edípico, requieren además de la presencia del complejo fraterno pues dota de permanencia a ese orden nacido tras la eliminación del padre. De otro modo, habría sido inevitable la recaída en el estado anterior.
Las relaciones fraternas no provienen sólo de los vínculos intergeneracionales con un padre Dios, se separan además de la dinámica edípica y cada hermano requiere procesar la tendencia a la rivalidad violenta que cada sujeto mantiene frente a sus semejantes, rivalidad intrageneracional, que reanima en cada sujeto la dinámica paradojal del doble en sus variadas formas: inmortal, ideal, especular y bisexual.

En El poder del remordimiento y de las identificaciones redentoras en la obra de Jorge Luis Borges refiere que el “desarrollo psicosexual” del niño y de la niña “requiere ser atravesado por un período transitorio de una relación preedípica con el padre” a la que denomina “relación centáurica”, ¿cuáles serían las características de ese vínculo?
Borges comentó en varias oportunidades que uno de sus cuentos favoritos había sido “Las ruinas circulares”, y que este cuento tenía un cierto nexo con su poema “El Golem”. Otro cuento muy querido por el autor de El Aleph era “Everything and nothing” en el que comenzaba diciendo que nadie hubo en él, que no había más que un poco de frío, un sueño no soñado por alguien y que alguna vez pensó que en los libros hallaría remedio para su mal. En los libros se encontraba con su padre, que lo llamaba “mi Shakespeare”, y que le había impuesto la misión de redimirlo. El padre de Borges no había logrado convertirse en un escritor célebre y programó a su hijo para que materializara ese sueño. Entre ambos se urdió una relación fusional y ambigua que denominé relación centáurica, en la que el padre funciona como la cabeza y torso de un humano y el hijo/hija lo continua con el cuerpo de un fabuloso caballo y viceversa. Entre ambos conforman un nuevo ser, con un cuerpo fusional y protésico intercambiable en permanente expansión, armable y desarmable como un puzzle, pero finalmente ambos quedan encerrados en un laberinto de ruinas circulares.

Considero que el desarrollo psicosexual, tanto en el niño como así también en la niña, requiere ser atravesado por un período transitorio de una relación preedípica con el padre, relación centáurica, en la que se logran establecer las identificaciones en el hijo con las funciones paternas de corte de la primera dependencia fusional con la madre. Será esta pasajera alianza padre-hijo, la que permitirá acceder gradualmente al desasimiento de las angustias y de los poderes que se suscitan en las relaciones preedípicas con la madre. Recién entonces se favorece el pasaje hacia la triangulación y al salto estructural que representa el complejo de Edipo. Pero en ciertas situaciones la estructurante relación centáurica pierde su carácter de transicionalidad y permanece detenida, podríamos decir que entre padre e hijo queda instalada como en un vínculo ambiguo y viscoso, así entre ambos se configura una interminable simbiosis patológica.
En esta simbiosis padre-hijo, se pierde la función paterna quirúrgica de corte de la díada preedípica con la madre y se genera a la vez una grave neurosis, también a predominio de un vínculo dual y atormentado, pero con la figura del padre.

¿Qué lectura de la clínica psicoanalítica lo ha llevado a postular una relación preedípica ligada al padre?
Fundamentalmente aquellas neurosis graves, que fueron comandadas por traumas tempranos, por una carencia en el proceso de narcisización con la figura materna y que han tomado vicariamente al padre como un objeto protésico, configurando entre ambos una simbiosis centáurica.

En la teoría psicoanalítica es frecuente encontrar referencias a la simbiosis madre-hijo, y la necesidad de la intervención del padre para quebrar esa unión. En sus textos y en particular con referencia a Borges destaca la simbiosis padre-hijo y la influencia de esta circunstancia en su obra. ¿Cómo se produce la simbiosis padre-hijo y cuáles sus vinculaciones con el narcisismo?
Efectivamente los personajes borgeanos han adolecido traumas narcisistas tempranos y se han fusionado con la figura paterna, estructurando con ella una simbiosis defensiva y preservando, en cierta medida, “El tamaño de mi esperanza”. En cambio los personajes kafkianos, por ejemplo, no han logrado ni siquiera configurar con la figura paterna una simbiosis vicariante para restañar las primeras relaciones fallidas con la figura materna, permaneciendo condenados en un estado de desamparo ciclópeo, y acantonados finalmente en el laberinto de la desesperanza invencible.

La simbiosis padre-hijo sería la resultante de una particular interacción entre los roles y funciones que ejercen cada uno de los integrantes dentro de una singular estructura familiar. Situación, en la cual el padre ejerce gran atractivo sobre el hijo por sus constelaciones psicológicas particulares. Pero es un padre que solo se ama, en realidad, a sí mismo. No necesita amar, sino ser amado y acepta al hijo/hija que llene esta condición. Es un padre que tras la manifiesta omnipotencia encubre una insaciable necesidad de reaseguramiento narcisístico, creando para tal fin depositarios de veneración.

El hijo adherido a tal simbiosis se vive vedado en superarlo, porque atentaría contra la fantasía del cuerpo fusionado de un dios continuado en un hijo/hija eterno, acarreando el peligro de la ruptura del pacto que conduciría a fantasías de fragmentación, de descuartizamiento, de abandono y de muerte, de ambas partes comprometidas. “Con vos, hijo no puedo vivir; sin vos, me muero”.
Se crea por lo tanto una relación adicta de dependencia recíproca e irrefrenable. Entre el padre erigido como droga e inductor en el hijo de su fascinación narcisística adictiva, ambos permanecen en un reconocimiento de báscula de intercambiabilidad de roles. La droga/adicción padre-hijo es una relación pasional a su vez amorosa y despótica, de temor y de sometimiento del sujeto al objeto: el Golem. Este objeto inhibe el desplazamiento hacia otros objetos, deteniendo y reteniendo al sujeto y al objeto en una circularidad repetitiva y en una temporalidad singular: las ruinas circulares.

¿Cuál es el lugar de la madre en estos casos?
El lugar de la madre es secundario y poco estructurante, suele ser tomado o avasallado por el padre. En ciertos casos el padre intenta operar como un “Ma-Padre”, porque la mujer, al hallarse ausente física y/o psíquicamente, suele abandonar su función materna. Otras veces, el padre intenta de un modo vicariante ocupar su lugar, robando y desvalorizando a la mujer, para satisfacer de este modo sus propias fantasías de bisexualidad, e inmortalidad.

¿Se asemeja a la denominada simbiosis madre-hijo o tiene otra estructura?
Cuando se cronifica la simbiosis padre-hijo, no se asemeja a la simbiosis madre-hijo porque tiene en esos casos un aspecto defensivo, presentando un doble origen: objetal y narcisista. Objetal, como un intento de restituir mediante el padre, una primera relación preedípica con la madre insuficientemente estructurada. Narcisista, con la finalidad de neutralizar una autopercepción desvalida de inermidad del hijo/hija que lo lleva a huir hacia el refugio de una imagen fusionada con un padre eterno, sostén y sobrevalorado, que finalmente detiene al hijo/hija en estructuras diádicas interfiriendo su pasaje hacia la triangulación.

La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com.
 
 
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