Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Discurso económico

La Argentina ante la encrucijada: ¿fin de un modelo o crisis terminal?
  Por José Castillo
   
 
La crisis más grande de nuestra historia
La actual debacle económica marca sin dudas el fin de una época. El modelo de acumulación argentino está definitivamente quebrado y hoy pone en cuestión la mismísima existencia del país como nación capitalista viable.
La economía argentina está viviendo una crisis pavorosa. La recesión comenzada en 1998 se ha transformado en la mayor depresión de la historia argentina. El Producto Bruto Interno descendió, en 2001, un 4,5% con respecto a 2000, sumando así tres años consecutivos de caída absoluta. Esto es sólo comparable a la crisis de 1930, donde la economía argentina cayó en 1931, 1932 y 1933. Pero ahora estamos peor que en ese momento, ya que el cuarto año -2002- tendría indicadores negativos peores aún. El PBI por habitante de la Argentina (reducido a 1.732 U$S anuales por habitante) pone a la Argentina en el último lugar de Latinoamérica y en el puesto 124 del mundo.
La desocupación estaría oficialmente en el 21,5%, lo que implica 3.038.000 trabajadores sin empleo. Si le sumamos los números de subocupación podemos asegurar que el 50% de la clase trabajadora (5.666.000 personas) no trabaja, vive de changas o trabaja menos horas que las que necesita para vivir. La velocidad del aumento del desempleo es astronómica: los despidos crecieron un 3.183% con respecto al año pasado.

La Argentina acaba de sufrir la mayor devaluación del mundo de toda la década del ’90. Esta ha generado un fenomenal proceso inflacionario, que ha acumulado ya aumentos promedios del 65% en la canasta familiar, con muchos productos esenciales cuyos precios han crecido más de un 150%. Con una devaluación superior al 300%, el crecimiento de la inflación recién comienza, ya que todavía falta el aumento generalizado de las tarifas de los servicios públicos. Este proceso va camino a pulverizar el salario: hoy la Argentina tiene ya niveles en dólares del Sudeste Asiático: más de la mitad de la población ocupada gana menos de 400 pesos, o sea aproximadamente 114 dólares al mes, y el 25% menos de 200 pesos por mes.

La suma de desocupación, bajísimos niveles salariales e inflación ha arrastrado a la mitad de la población del país a la categoría estadística de “pobres”. Se han incorporado en 2002 3.813.000 nuevos pobres (familias tipo que ganan menos de $626 mensuales), llegando entonces a 18.219.000 personas que viven en 4.050.000 hogares (el 52,8% del total de la población).
Por primera vez son pobres en la Argentina no sólo los desocupados o subocupados, sino también los asalariados e incluso grandes sectores de la clase media (asalariada o cuentapropista). Toda la trama social argentina, asentada en la fuerte clase media urbana, con sus expectativas de ascenso social entre generaciones, con sus consumos culturales “a la europea”, se desmorona irremediablemente. Argentina se latinoamericaniza: su porcentaje de pobres es hoy, por primera vez en la historia, superior al de Brasil y se ubica entre los quince países con peor distribución del ingreso del mundo. En el futuro inmediato esto puede implicar una hambruna generalizada: vamos hacia una sociedad con entre 20 y 30 millones de pobres, que quedarían absolutamente excluidos de los circuitos capitalistas de producción, distribución y consumo.
Desde el punto de vista fiscal, el Estado argentino está quebrado: su deuda externa de más de 150.000 millones de dólares es un 257 % de su Producto Bruto y el Estado argentino no tiene crédito, ya no para obtener nuevos fondos, ni siquiera para renovar los vencimientos existentes.

¿Cómo llegamos a esto?
Lo que sucede en nuestro país es una fase aguda de una crisis crónica más amplia. El capitalismo mundial no funciona bien desde fines de la década del 60 a causa de la caída de la tasa de ganancia en las ramas más importantes de la economía mundial, transformando la crisis en crónica. Inmensas masas de capital, sin oportunidades de colocación buscan valorización por el planeta, asentándose, ya sea en la especulación financiera, bursátil o inmobiliaria, o en la compra de activos públicos ofrecidos a precio de remate, o en la explotación monopólica de algún servicio (gas, teléfono, agua potable, transporte) o explotación no renovable (gas, petróleo). Pero esta pseudo-valorización es ficticia, generando, a lo sumo, “burbujas” de crecimiento que luego estallan y sumen a los países presuntamente “modelos” en las crisis más agudas que podamos imaginar. Lo que hoy vivimos en la Argentina es, corregido y aumentado, lo de México en 1994, Tailandia, Malasia, Corea e Indonesia en el 97 o lo de Rusia en el ’98.

La Argentina de los noventa
La Argentina semicolonial sufrió un salto en su dependencia durante la década de los noventa, a partir de los procesos de privatizaciones y extranjerización de la economía que se desarrollaron durante el menemismo.
La Argentina de comienzos de los noventa tenía un rol a jugar. Compartía junto con los países de Europa del Este, algunos otros latinoamericanos (México, Perú) y el sudeste asiático, el título de “mercados emergentes”: se ofrecían a precio de remate 40.000 empresas públicas en el mundo. En nuestro caso se trató de pasar a explotar servicios públicos monopólicos con las tarifas más altas del mundo, sin exigencia de grandes inversiones y en muchos casos con subsidios estatales.
Pero este plan de saqueo desarrollado a todo vapor en los primeros años noventa requería para sostenerse en el tiempo de dos condiciones:

a) la realización de lo que se llamaba entonces las “reformas de segunda generación”, básicamente la flexibilización laboral, la privatización de la salud y la educación y los ajustes y privatizaciones en las provincias. Sin embargo las luchas de la clase trabajadora impidieron avanzar en esta dirección. El Estado argentino no pudo seguir reduciéndose; más aún, la aparición del movimiento de desocupados hizo que los gastos del Estado empezaron a crecer por este nuevo “rubro” (Planes Trabajar).

b) La segunda condición consistía en que siguiera la corriente de capitales hacia los países dependientes. Pero esto se termina a fines de 1994, con el estallido de la crisis mexicana (efecto tequila), y luego se profundiza con la crisis asiática de 1997, y rusa de 1998. En la Argentina, cuando se acabaron los grandes negocios de las privatizaciones, comenzó un proceso de venta de empresas locales a firmas transnacionales. Ramas enteras de la producción pasaron a estar controladas en un 100% por el capital extranjero.

Ante la imposibilidad de avanzar en las reformas y ajustes, y debido al incremento de la resistencia popular, el gobierno de Menem, particularmente en su segundo mandato, optó por la huida hacia delante, financiándose con mayor endeudamiento, consiguiendo para ello fondos en los mercados financieros más especulativos. Así se pagaron tasas usurarias, se juntaron montones de vencimientos de corto plazo y la deuda externa se fue de 50.000 a 140.000 millones de dólares al final de su mandato.
En la segunda mitad de 1998 comienza “oficialmente” la recesión. Ya en mayo de 1999, se empieza a dar la dinámica que luego va a signar todo el gobierno de la Alianza. Ante el riesgo efectivo de default, el entonces ministro Roque Fernández lanza un ajuste salvaje, debiendo luego recular ante la masividad de la movilización que genera en su contra.
Todo el gobierno de De la Rua va a estar cruzado por esta lógica. Intentos salvajes de ajuste y rebelión popular que lo obligan a dar marcha atrás y por lo tanto, en el cortísimo plazo se coloca otra vez la necesidad de un nuevo ajuste, que nuevamente provoca respuestas de la clase trabajadora y obliga al retroceso, y así sucesivamente. Fueron nueve intentos de ajustes. Así se fue fogoneando durante todo 2000 y 2001 la insurrección que estalló el 19 y 20 de diciembre.
Todo el 2001 estuvo recorrido por la posibilidad de que la Argentina cayera en cesación de pagos de su deuda externa. El gobierno fue utilizando distintas ingenierías financieras, todas de corta duración: así cayeron el “blindaje” de fines de 2000 (que llevó a la caída de Machinea), el megacanje de junio, la promesa al Fondo de “déficit cero”. Finalmente, después que en el mes de noviembre fracasara el último intento de obtener dinero del FMI la crisis fue imparable. La última jugada de Cavallo fue la confiscación directa del dinero que estaba colocado en el sistema bancario.
Así la Argentina fue de hecho a la cesación de pagos, en un marasmo donde se unían la inexistencia física de fondos y la imposibilidad de obtenerlos por megaajustes ante la insurrección de diciembre.

La política del FMI
Resulta clarísimo que fue madurando durante todo 2001 y finalmente decantó en el mes de noviembre una decisión política del Imperialismo, expresado en la voz del FMI: no otorgar más dinero a la Argentina.
Debemos tratar de precisar las causas por las que se da esta negativa:
a) Lo más importante: no ven en el gobierno argentino la mínima fortaleza para imponer el ajuste a su clase trabajadora, en el marco de la revolución en curso. Dudan que cualquier envío de dinero, ante la debilidad del gobierno, no termine siendo quemado en resolver las demandas populares, ante la presión insoportable en esta dirección.
b) El mini boom de la economía norteamericana que comenzó en 1992, culminó con una recesión en 2001. Independientemente del debate sobre si esa recesión se terminó o no, lo que es claro es que hay un pavoroso déficit fiscal en los Estados Unidos y que entonces no es tan fácil el envío automático de fondos a la Argentina. Sumémosle a ello que la actual administración norteamericana a través del Departamento del Tesoro (Paul O’Neill y John Taylor), la Reserva Federal (Alan Greespan), y la propia conducción del FMI (Khoeler y Krueger), tienen la política de no hacer más mega-rescates de los países que han caído en crisis aguda, luego de la crítica que recibieron por su intervención en Asia y Rusia.
c) Una política de crisis, devaluación acelerada y eventual hiperinflación les conviene a los EE.UU., particularmente en su pelea por el control de capitales con Europa, para quedarse por monedas con sectores enteros de la economía argentina. Es importante tener en cuenta que se ha desatado una lucha interburguesa por la apropiación tanto de activos físicos hoy desvalorizados en la Argentina, como por la toma de posiciones monopólicas estratégicas para el futuro: en los multimedia –intentos por apropiarse del Grupo Clarín–, en los servicios públicos privatizados, en los bancos, en las industrias extractivas –compra de Pérez Companc por Petrobrás–.

Cabe preguntarse cuál es el límite de todo esto: ¿Dejará caer definitivamente Estados Unidos a la Argentina? La respuesta no es económica, sino política, y depende del ritmo y particularidades de la crisis argentina y de la situación continental. Argentina empieza a contagiar al resto de Latinoamérica. Por eso no podemos descartar sin más que no haya un viraje de la política americana y se decida un envío de fondos a la Argentina. Sin embargo, aún en este caso, sería difícil que esta “ayuda” sea en el monto requerido para permitir algún funcionamiento medianamente normal de la economía argentina. Para que ello sucediera serían necesarios entre 30.000 y 40.000 millones de dólares de libre disponibilidad, cifra hoy impensable de ser volcada sobre Argentina. Esos fueron los montos con los que se estabilizó la situación en México en el ’94, o en el Sudeste Asiático en el 97, también a costa de una feroz transferencia de capitales.
Lo central es la extrema debilidad de un gobierno bamboleante ante una movilización popular que no cede, grupos económicos locales y extranjeros que no están dispuestos a pagar ellos la crisis y el FMI que no ve la más mínima capacidad política en el gobierno para implementar el ajuste y disciplinar a los trabajadores. La resolución de la crisis económica argentina será eminentemente política.

 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



 

 
» Centro Dos
Talleres Clínicos - Segundo cuatrimestres  Actividad no arancelada
 
» Centro Dos
SEMINARIOS "La transferencia"  Actividad No Arancelada / Requiere inscripción previa
 
» Centro Dos
Conferencias 2014  Historiales Clínicos de Freud a Lacan
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com