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   Entrevista

Rubén Zuckerfeld
  La clínica de la escisión
   
  Por Emilia Cueto
   
 

Usted pertenece al Instituto Psicosomático de Buenos Aires ¿De qué manera se torna necesario ubicar a lo psicosomático como lo distintivo de una institución?
No es una respuesta fácil. En mi historia y en mi experiencia personal, fue y es tratar de producir cierto movimiento, cierta inquietud, revulsión en el psicoanálisis convencional. El campo de la psicosomática probablemente haya sido el campo donde por primera vez se pisó la noción de frontera o de límite del quehacer psicoanalítico. Empezó como una imposibilidad, como un tope a la formación tradicional, y se convirtió en un desafío. Si tomamos, por ejemplo, el concepto de regresión: el modelo tradicional de abordaje de las psiconeurosis de transferencia, utilizado a la manera habitual, con ciertos pacientes que entrarían dentro del campo psicosomático a secas, ha producido situaciones iatrogénicas, daños. Se produjo una especie de “aprocustamiento”, se trató de ajustar a un paciente con un funcionamiento psíquico particular a lo que hoy en día entendemos como modo de funcionamiento neurótico, cuando en realidad no eran pacientes con esas características. Se jerarquizó la familiaridad del analista en su hábitat en detrimento de la comprensión de pacientes donde el cuerpo atravesaba cuestiones, en última instancia, de vida o muerte.

¿Se refiere al encuadre teórico?
Al encuadre teórico y a ciertas posiciones de la técnica. Recuerdo situaciones más bien graciosas, sin trascendencia, que rozan el humor, si se quiere, y otras más severas. Cuando me inicié, el primer contacto que tuve con pacientes “del cuerpo” fueron pacientes obesos. Recuerdo que mi primer paciente obeso pesaba ciento cuarenta kilos, naturalmente, yo le planteé la regla fundamental, que era lo que había aprendido, y lo hice recostar en el diván: a los diez minutos, el diván se rompió y él quedó avergonzado, sin poder levantarse. A la distancia, parece una anécdota humorística, pero digamos que esta persona dramatizó, hizo literal justamente la cuestión. En este caso, por inexperiencia, pero en otros por una postura, digamos, ideológica, se recostó a pacientes que no debían estar recostados.

Pensaba en lo que plantea Lacan en relación con las entrevistas preliminares y la importancia que les empieza a dar en un momento donde el procedimiento era hacer un par de entrevistas y luego al diván.
Exactamente. Por otra parte, en relación con lo psicosomático hay otra cuestión que es la interdisciplina. Me refiero al delicado trabajo en una interfase con la medicina. Trabajamos cerca de los médicos, en un entrecruzamiento entre lo que serían los relatos hermenéuticos y los positivistas, en una zona que es muy compleja. Por ejemplo, hoy en día, atender diabéticos, hipertensos, ulcerosos u oncológicos es estar trabajando permanentemente con demandas y con ofertas terapéuticas que tienen un ritmo, una modalidad que en mi opinión tienen muy poco que ver con la formación psicoanalítica tradicional. Todo esto, nos provocó la necesidad de hacer revisiones teóricas importantes.

Uno de los frutos de esa revisión es la “tercera tópica” ¿En qué consiste?
En darle jerarquía tópica, estructural y fundante a la noción de escisión freudiana. Freud pasa de su descubrimiento princeps en la clínica de la histeria de conversión, la clínica de la psiconeurosis, a la teoría de la represión. En un principio, el concepto de represión daba cuenta de una patología, después se convirtió en un concepto general propio del sujeto humano, del funcionamiento del inconsciente. En ciertas lecturas de Freud, lo que me pareció interesante es la secuencia histórica en la cual él introduce la escisión. Primero en el fetichismo y después en las últimas lecciones, sobre todo en “La escisión del Yo y los mecanismos de defensa”, un trabajo que queda inconcluso. Daría la impresión, tal vez esto desde una perspectiva epistemológica, de que él también estaba recorriendo el mismo camino. Es decir, estaba yendo de un mecanismo descrito en la patología a introducir un mecanismo que podría dar cuenta de un funcionamiento general, universal. En realidad, utilizamos la terminología “inconsciente escindido” en condiciones de coexistencia estructural con el inconsciente reprimido y con sus modos de producción. Esto es darle un nombre con más raigambre freudiana frente a múltiples nombres que han surgido en muchos posfreudianos que han trabajado con otros modelos del aparato psíquico. En el campo de la psicosomática en particular, es interesante ver las correspondencias, desde el punto de vista epistemológico, que se pueden encontrar entre ciertas nociones metapsicológicas y ciertos avances o planteos de las neurociencias modernas, éste es un tema muy polémico. Por ejemplo, hoy en día, para cualquier neurocientífico actualizado, la mente es modular, trabaja en módulos. Existen complejas tramas articuladas, pero no hay una uniformidad de funcionamiento. La noción de inconsciente es una muy buena base para la comprensión de las memorias. En neurociencia, se distingue entre memorias declarativas, o sea, memorias capaces de ser memorizadas y declaradas, que alcanzan la representación de palabra y pueden hacerse inteligibles, de lo que llaman memorias procedurales, memorias que tienen que ver con hábitos que no llegan a formularse primariamente en términos de palabras. Pero sobre todo se las diferencia de las memorias emocionales, a las que incluso les adscriben circuitos neuronales absolutamente diferenciados. Uno puede preguntarse, como ha hecho Hugo Bleichmar, por ejemplo, hasta dónde ciertas nociones que vienen del psicoanálisis no tienen grados de correspondencia con esto. Los neurocientíficos modernos hablan de una estructura que llaman hipocampo que, conectada con la corteza frontal permite o es la base de los recuerdos, en el sentido tradicional de la palabra. Pero ubican otra zona que se llama amígdala que tiene algunas conexiones con el hipocampo, con el hipotálamo, de donde surgen todas las hormonas del cuerpo y que son memorias emocionales. En un caso, se recuerda con palabras y en otro, es imposible recordar con palabras, pero sigue siendo memoria. Con esto, me están diciendo de otro modo lo que estamos planteando cuando decimos que necesitamos una tercera tópica. Es decir, mantener el funcionamiento de la segunda tópica freudiana pero hacerla coexistir, por lo menos teóricamente, con otro modo de funcionamiento donde las huellas mnémicas no son evocables, sino que pueden activarse.

¿Cuáles serían las manifestaciones clínicas del inconsciente escindido?
La idea del inconsciente escindido es que es universal, no está planteado en términos de psicopatología, sino como estructuración del psiquismo. Cuando hablamos de modos que coexisten estamos hablando de un funcionamiento psíquico de cierta fluidez. Hablar de tercera tópica es simplemente incorporar al esquema propuesto por Freud de la segunda tópica la barra de la escisión, junto a la de la represión primaria. Hay una cantidad de magnitudes que de alguna manera quedan reprimidas y van a operar de acuerdo con lo que llamamos las reglas de la estructura del Edipo y del conflicto. Pero lo que llamamos inconsciente escindido no presenta una estructura representacional. Desde el punto de vista económico, hay fenómenos de carga y descarga, es decir, huellas que se activan y se descargan. En condiciones normales neuróticas, en todos nosotros hay procesos que constituyen los productos del inconsciente reprimido: lapsus, actos fallidos, transferencias, vale decir, las clásicas formaciones del inconsciente. Pero paralelamente existen descargas en comportamientos y en funcionamientos propios del cuerpo, somáticos. Lo que sucede es que la dinámica de la represión, desde el punto de vista tópico, es vertical, pero hay una dinámica de la escisión que, metafóricamente, consideramos horizontal. Si esto tiende a cristalizarse en esta posición, es como decir que la mayor parte del funcionamiento psíquico queda a expensas de fenómenos de carga y descarga.

Esos fenómenos pasarían la barrera de la escisión y entrarían en el campo de la represión.
Claro, para la Escuela Psicosomática de París sería lo mismo, pero lo dirían de otro modo: se produce un aplastamiento del preconsciente y la percepción-conciencia, y el aparato psíquico en términos generales queda dominado, controlado por fenómenos de carga y descarga desde el punto de vista económico. Si uno lo estudia desde el punto de vista de la teoría del narcisismo, el ideal del yo aparece ligado a fenómenos que tienen que ver con el Edipo, con la alteridad, con la identificación, con la intersubjetividad. Pero por definición, siempre hay un remanente del yo ideal cuya sede es el inconsciente escindido.


La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com
Fotografía: Carol Totah.

 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



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