Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Colaboración

Perversión polimorfa infantil
  Por Liliana Donzis
   
 
La clínica con niños nos invita a renovar interrogantes. Entre ellos hoy deseo comentar una reiteración producida en los últimos tiempos en las consultas en las que insisten diagnósticos que parecen requerir más de los laboratorios medicinales que de la palabra.

Me he preguntado por la generalización de dichos trastornos, incorrectamente formulados que conllevan la omisión y el olvido de la singularidad de cada niño, en aquellos con dificultades de atención o hiperactividad que los sindican como incurables “para toda la vida”. Desde ya esta estandarización comporta per se cierto grado de iatrogenia y va en detrimento de lo singular de cada niño y de cada hijo en relación a sus padres. Pero no sólo destaco esta arista sino también el hecho más que comprobado que por los carriles de la medicalización –las más de las veces innecesaria– un niño pierde la chance de viabilizar entre cuerpo y lenguaje las vicisitudes de su organización pulsional, es decir sexual. Al quedar desdibujado lo íntimo y particular puede quedar extraviado el horizonte de los destinos pulsionales, es decir de su historia, en la medida que queda fuera la interrogación del sujeto en el camino a la neurosis.
Muchos de los padecimientos de los niños por quienes se consulta a un analista se encuentran enclavados en el montaje pulsional, en el automatismo como reverberancia corporal que no encuentra un modo de escribir la negación. La pulsión que no encuentra una escena, aun la escena lúdica más primitiva, resuelve el Drang pulsional como compulsión. En esta se puede hacer un conteo del golpe pero no de la palabra.

En niños pequeños sucede que la vacilación del Otro de la demanda no permite resolver la tensión en un montaje de escena. La hiperactividad como tendencia a la descarga es la prima de placer que el niño encuentra en el desorden motor. En esta vacilación del Otro, ciertamente un tanto distraído, el niño cae de la red significante sin poder hacer del sufrimiento una espera. La tendencia a la descarga de la pulsión es el sufrimiento, el apremio que no halla la demora que el fantasma aporta. Aporte que en la niñez queda subsumido en lo fantasmático del otro materno. No se trata de que la madre no presente una estructura neurótica para que el fantasma materno colapse sino que en ocasiones esta estructura de demora del Otro no llega a formularse para ese niño.

Precisamente Jacques Lacan al plantear la relación entre repetición y pulsión toma el término francés souffrance que tiene una doble acepción: sufrir y esperar.
El fantasma materno, que definí, en otra ocasión, como la constelación pulsional de una madre para con cada uno de sus hijos nos ofrece una vertiente de interés para reflexionar sobre el andamiaje en el que advienen las desatenciones. Una vez más el montaje pulsional, en este caso del lado parental nos permite iluminar las dificultades de aprendizaje. Sin anclaje en el Otro, algunos niños deambulan en el lenguaje gobernados por los rodeos de lo intemporal del proceso primario. Manifiestan una continuidad sin discontinuidad, sin el corte propio de la función de la palabra enlazada a la pulsión. En estas situaciones el no de la denegación no alcanza a escribir un límite en la errancia del lenguaje.
Freud nombró perversión polimorfa infantil a un tiempo de la niñez en el que las pulsiones aun no están intrincadas, es decir enlazadas bajo el imperio del complejo de Edipo. Tiempo de la niñez altamente pulsional, en el que se constituye una zona de juego no ajena a las consecuencias de la constitución del yo y sus efectos de unificación imaginaria del cuerpo. Imagen que auspicia el reflejo del semejante y el inicio del lazo con los otros. Campos orales, escópicos, anales e invocantes enlazan la excitación al intento de explicación del mundo, especialmente del mundo sexual. Freud denominó a este enlace entre pulsión, cuerpo y lenguaje: investigación sexual infantil.

El pequeño Juanito del historial freudiano en sus vacaciones en Gmunden juega, hay una intensa actividad lúdica cuya fuente es la excitación sexual directa enlazada al semejante. Con los otros niños se miran, se tocan, se ríen de sus piruetas corporales y aún de aquellas escenas que luego alimentarán la emergencia de angustia y la constelación de la fobia al caballo.
Deseo destacar lo instituyente de la perversión polimorfa y la identificación al trazo que ordena el lenguaje a la pulsión permitiendo que el trazo quede alineado a la imagen proveniente de aquello que fue propiciatorio y fundante de la eficacia del yo. Las dificultades y tropiezos de este tiempo instituyente en el que Freud funda las raíces tanto del fetiche como del síntoma nos permite diferenciar y reflexionar sobre lo que suelo nombrar no neurosis, así como también redimensiona una clínica de la pulsión en la niñez.

Es así que la perversión propia del tiempo niño nos indica que aún no se organiza la pulsión bajo el falo y el nombre del padre constituyendo una de las fuentes estructurantes del sujeto ya que se conjuga el “no pienso” de la pulsión a la articulación de la sexualidad en el campo del Otro. No se trata aún de la Bedeutung del falo sino de su preludio.
En el tiempo de la perversión infantil la pulsión se envuelve de lalangue, el niño que pendía de la lengua materna juega con los retruécanos que la lengua le ofrece albergando un saber en ciernes.
Cuando lo pulsional se desintrinca, cuando se autonomiza un haz pulsional este puede fijarse deteniéndose como un rasgo que, proveniente de la identificación, hará a la formación del carácter, o bien el objeto de la pulsión al estañarse en una fijación de goce impedirá que la perversión infantil se transforme por efecto del nombre del padre. Asimismo en el fracaso de la hendidura que el otro materno no pudo significar el niño no podrá conjugar el verbo al acto o bien buscará, antes que el límite psicologizante o la miel artificial del medicamento, el desgarro entre cuerpo y palabra.
El territorio de la letra freudiana nos ofrece, una vez más, razones de fundamento en la práctica del psicoanálisis también con los niños.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | Maud Mannoni. Nuestros primeros pasos 
» Imago Agenda Nº 167 | enero 2013 | Jugar… De un Otro a los otros 
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | Eslabones de un análisis 
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | El porvenir del goce 
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | Muerto bien muerto  Consideraciones sobre el pasaje al acto
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Los fracasos del amor. Impedimentos del deseo y enclaves de goce.  de Stella Maris Rivadero (Letra Viva, 2008)
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | Lectura de L´étourdit  de Isidoro Vegh, Editorial de la EFBA. 2008
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | La verdad no tiene remedio. 
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | Ideal, ideales en la práctica psicoanalítica 
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Tiempo sin relojes 
» Imago Agenda Nº 76 | diciembre 2003 | Hijos y padres 
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | Las primeras entrevistas con niños y padres 
» Imago Agenda Nº 56 | diciembre 2001 | Mami: la magia de la palabra. 

 

 
» Institución Fernando Ulloa
Ciclo de Conferencias 2014: Carlos Córdova  La fecha del mismo es el 7/10 a las 20:30 hasta las 22:00
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos - Segundo cuatrimestres  Actividad no arancelada
 
» Centro Dos
Seminarios 2014  Segundo cuatrimestre 2014
 
» Centro Dos
SEMINARIOS "La transferencia"  Actividad No Arancelada / Requiere inscripción previa
 
» Centro Dos
Conferencias 2014  Historiales Clínicos de Freud a Lacan
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com