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   Entrevista

Francois Leguil
  El objeto del psicoanálisis es el deseo
   
  Por Emilia Cueto
   
 
A los treinta años decidió trasladarse desde su provincia natal a Paris, ¿qué motivó esa migración?
¿Cómo sabe eso? Fue a los veintiocho años, hice un concurso hospitalario, el internado de hospitales psiquiátricos de París. Me recibí y aprobé ese concurso y fui al Hospital Sainte-Anne de Paris, para realizar ahí mi internado. Me había recibido hacía un tiempo pero como tuve que hacer el servicio militar llegué a París a los veintiocho años.

¿Ya existía su interés por el psicoanálisis?
Yo estaba haciendo un análisis desde hacía cinco años.

En l983 realizó el pase, ¿sus consideraciones respecto de este dispositivo siguen siendo las mismas después de veinte años?
Si. Es un dispositivo cuyo objetivo es obtener un saber sobre el psicoanálisis, por lo tanto no merece ser idealizado, considerado como una especie de iniciación de misterios secretos. Es un dispositivo inventado por Lacan con la esperanza de un plus de racionalidad para el psicoanálisis, al que se le puede criticar tal o cual aplicación, en el que se trata de ubicar el rigor y no la religión. Puedo constatar que desde ese dispositivo inventado por Lacan no se ha inventado nada más probatorio después y ha provisto a nuestro movimiento de un gran número de satisfacciones intelectuales, quiero decir en el orden de la racionalidad. También cada tanto algunas decepciones, esto es inevitable.

¿Qué le criticaría?
Sobre el dispositivo mismo verdaderamente no hago ninguna crítica. Quiero decir que en esta manera que Lacan tuvo de inventar un examen de la cura a partir del relato del analizante mismo en ausencia de su jurado, puesto que el analizante habla de su cura a dos pasadores que van a llevar este testimonio al jurado, yo siempre verifiqué -porque participé de muchos jurados a los que nosotros llamamos carteles-, que hay una virtud de claridad y de luz en ese dispositivo y de objetividad que siempre nos ha aportado muchísimo sobre la cuestión clínica. O sea que en relación al dispositivo mismo siempre nos ha probado su valor, y nadie ha inventado otra cosa. La crítica que podría hacer es la manera en que hemos utilizado el material producido, en ese sentido tenemos que hacer permanentes transformaciones y pensar cuestiones sobre los descubrimientos que nos ha permitido ese dispositivo.

Recientemente el Diputado Bernard Accoyer presentó ante la Cámara de Diputados de Francia una enmienda a la Ley de Salud Pública que apunta a reglamentar el ejercicio de las psicoterapias y el psicoanálisis. ¿Qué opinión tiene de lo acontecido y como ve el futuro del psicoanálisis en su país?
Tengo una opinión muy desfavorable. Primero porque esta enmienda fue votada en condiciones seguramente legales, sin embargo, muy cuestionables. Las cifras que tienen que ver con lo psi ascienden a millones en Francia y entonces se vota una enmienda de la noche a la mañana con solamente doce o trece diputados, hay algo aquí perfectamente extraño y no se trata de cuestionar la legalidad. Es la legalidad de la ley y todos los republicanos obedecen la ley, pero como ciudadanos podemos decir cuándo una ley no nos parece bien votada. Entonces doce diputados modifican de un solo golpe en el medio de la noche la condición de ejercicio del medio profesional, al que se dirigen millones de personas. Es sumamente peligroso.

¿Cuáles serán las consecuencias de esta medida?
Esta enmienda aún no ha sido definitivamente votada. En Francia una ley, una enmienda es votada por la cámara de diputados, luego debe ser sometida al voto de los senadores, para volver nuevamente a la cámara de diputados que la vota una última vez, a condición que sea constitucionalmente concebible. Nosotros llamamos a esto “la navette”, sería algo así como “el ferry”, los barcos que van de un punto a otro. Estamos en el primer tiempo de ese proceso, el senado aún no ha votado esa ley, esa enmienda. Esto ocurrirá al final de la primera quincena del mes de enero. Se trata de informar al máximo a lo ciudadanos, a los senadores y a los diputados, a los hombres políticos tanto de la oposición como de la mayoría, a todas las personas del gobierno para que estén abiertos sobre el gran peligro de esta enmienda. Este es el primer punto, el segundo punto que nos parece extremadamente extraño es que, aunque los autores se defienden de ello, esta enmienda está acompañada en el tiempo de un proyecto de refundación de toda la salud mental en Francia que apunta a darle a los psiquiatras el comando de todas las indicaciones de psicoterapia. No solamente legisla sobre el derecho de ejercicio de la psicoterapia, sino que serían los psiquiatras nombrados por decretos ministeriales aquellos a los que se les permitiría orientar a la gente hacia tal o cual especie de psicoterapia y hacia tal o cual psicoterapeuta. Nos parece que esto atañe a una libertad fundamental y es que cada ciudadano tiene el derecho de elegir la técnica psicoterapéutica que desee y el psicoterapeuta que quiera. Para cosas tan graves e íntimas como es el sufrimiento psíquico no se puede afectar esta libertad fundamental. El otro punto es que lo que esta enmienda propone corresponde a una medicalización del campo psicoterapéutico que nos parece absolutamente fuera del tiempo, desusada, obsoleta, que no corresponde a ninguna realidad objetiva; la medicina que posee medios científicos que entusiasman no tiene los medios necesarios y la autoridad para orientar a la gente en este sentido. La ciencia médica que se ha convertido en algo maravillosamente eficaz debe reconocer sus límites en el campo de la palabra y de lo psíquico. Hace ya más de medio siglo que toda la clase esclarecida que reflexiona sobre esto lo sabe y lo comprende, que restaurar allí un poder médico es completamente irrealista y peligroso.

La duración de la sesión analítica es un tema de su interés, ¿tratándose del análisis con niños también propone las sesiones cortas?
Propongo tanto para los niños como para los adultos la sesión que hace falta para cada uno. No estoy ni a favor de las sesiones cortas ni de las sesiones largas, sino que se encuentre para cada sujeto, es decir para cada sesión, la duración que hace falta para obtener algo. En el fondo hay algo un poco ridículo en la pretensión de darle una duración fija a cada sesión y pretender que esta duración fija sea algo científico. Imaginen que los cirujanos tuvieran la misma ideología, en tanto que un progreso en su método les permita operar en una hora lo que en otro momento les hubiera llevado tres horas, quién podría reprochárselos. La sesión debe tener el tiempo que hace falta para su operación, sesiones ultracortas sistemáticas son seguramente nocivas si se lo generaliza, pero cuando es necesario que una sesión tenga una duración corta que se nos deje hacerlo como se les deja hacer a todos los demás, a todas las demás práctica terapéuticas. Sostenerse en una duración fija es una posición religiosa, es una posición ritualizada. Lo importante no es tanto la sesión corta o larga, lo importante es que el analista pueda dar cuenta de sus resultados y de sus razones. Otro punto es que las sesiones cortas fueron posibles desde hace exactamente medio siglo porque los pacientes las aceptaron; hay que despreciar verdaderamente a los pacientes para pensar que nosotros les imponemos una práctica culpable. Los pacientes son seres humanos como todos, no podemos imponerles cualquier cosa, es ciertamente tratarlos como una población disminuida, retrasada si descuidamos su consentimiento. Los que practican desde hace medio siglo las sesiones con duración variable han testimoniado de sus resultados. Sería difamatorio decir que los resultados son peores que los otros y es un signo de desprecio para los pacientes considerar que ellos no tienen nada para decir. Son solamente aquellos que desarrollan la idea de un psicoanálisis como una imposición hacia las personas los que tratan de imponer esto. Aquellos que van a ver a los psicoanalistas son personas tan inteligentes como las otras, son personas que sufren como nos ha pasado a nosotros cuando hicimos un análisis. Si no actuamos con tacto nunca más nadie vendrá a vernos y si tuvieran la impresión de que nosotros no los escuchamos bien cambiando el tiempo de la sesión, no vendrían más a dirigirse a nosotros. Por lo tanto es un debate completamente ritualizado. Es así.

En Argentina, los servicios de Salud Mental, en la mayoría de los cuales se practica el psicoanálisis, están sostenidos por profesionales que no cobran por su tarea. Teniendo en cuenta la importancia del dinero en la regulación de los goces ¿qué efectos tiene esta realidad en los tratamientos?
Es una cuestión imposible de solucionar si queremos comparar las curas que ocurren, que se sostienen en el analista, y la oferta de escucha de los psicoanalistas en las instituciones. Me parece que en las instituciones el psicoanalista puede ofrecer esta escucha irreemplazable en el campo de la Salud Mental porque los sujetos que están en estas instituciones han tenido consecuencias demasiado dramáticas y catastróficas de su sufrimiento. Ya sea porque el sufrimiento ha sido tal que han desarrollado los síntomas que los han transformado en enfermos, ya sea porque este sufrimiento los ha desocializado completamente, ya sea porque al comienzo estaban en una precariedad social tal que no podían tener la libertad de elección de un psicoanalista como cualquiera que elige un analista en la ciudad. Entonces el deber de la escucha analítica en las instituciones es interesarse en ese sufrimiento. Y me parece que es confundir un poco las cosas comparar sistemáticamente lo que en la realidad se presenta de manera tan diferente. Hay un número muy grande de personas para quienes el sufrimiento es tal que no tendría ningún sentido proponerles que vayan a ver a un psicoanalista a su consultorio, que quizás lo pueden hacer más tarde pero no en el momento en que eso se presenta. Quizás hay algo que es necesario señalar y es que el psicoanálisis no se dirige más que a aquellos que lo desean, que lo quieren. El objeto del psicoanálisis es el deseo, es nuestro objeto de impacto y de estudio. Nosotros no somos eficaces más que si ese deseo es posible, y en las instituciones hay un número muy grande de personas que no quieren dirigirse a un psicoanalista. Lo que el psicoanálisis demuestra es que un psicoanalista puede ser muy útil aún con las personas que no quieren un psicoanálisis, puesto que el psicoanálisis puede cambiar la clínica de los psiquiatras y de los psicólogos y volverlos atentos de otro modo. Es decir, que sin hacer psicoanálisis podemos hacer que el psicoanálisis pueda hacer de alguien un mejor psiquiatra o un mejor psicólogo, o un mejor asistente social o un mejor enfermero. Entonces el psicoanálisis es extremadamente útil en las instituciones modificando al que cura.

_______________
Traducción a cargo de Silvia Baudini.
François Leguil nació en Francia en 1948. Realizó una formación en psiquiatría y trabajó en el Hospital Sainte-Anne de París hasta 1986. Ejerce el psicoanálisis desde 1978 y es miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com.
 
 
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