Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Entrevista

Roberto Harari
  Un "torbellino" en la historia
   
  Por Emilia Cueto
   
 
Uno de sus maestros fue Raúl Sciarretta con quien estudió Althusser desde una lectura que incluía la perspectiva de Lacan, ¿tuvo alguna marca particular esta experiencia guiada por un pensador como Raúl Sciarretta, quien además no era analista?
Previamente tendría que ubicar esta experiencia –cosa que hice en el libro La pulsión es turbulenta como el lenguaje– que marca el momento de acercamiento a Raúl de cierta generación de psicólogos. Yo soy de la cuarta camada que viene de Psicología y de la ideología que planteaba la división de la práctica del psicólogo respecto del psicoanálisis. Esto chocaba con el hecho de haber entrado a la carrera de Psicología para ser psicoanalista, sin conocer los entresijos de la cuestión de APA, las limitaciones derivadas del asunto de no ser médico, etc. Por otra parte la marca de Bleger fue muy decisiva en toda la gente de mi generación. Él consideraba que los psicólogos tenían que hacer psicohigiene y los psicoanalistas médicos tenían que hacer psicoanálisis clínico. Eso impactaba con lo que era mi vocación, que era la de haber entrado para hacer psicoanálisis. Entonces, había un tironeo entre mi vocación y lo que era más compartido entre los que pertenecían a mi camada. Había una división fuerte en mí, por un lado entré a la Escuela de Psicoterapia para Graduados al mes de haberme recibido, ya que en ese momento parecía la única otra alternativa. Esto fue en 1965. Por otro lado, estaba tratando de trabajar la cuestión de la psicoterapia breve, que en ese entonces era con Kesselman. Él marcaba un rumbo psicoanalítico pero también psicodramático; lo que provocó una crisis en mí, ya que había una contraposición entre una metodología, un modo de trabajar y otro. En ese momento se produce mi encuentro azaroso con la obra de Lacan. Esto me conmueve mucho respecto de mis insatisfacciones con el kleinismo, que era la ideología dominante en ese momento. Klein primaba tanto en la facultad de la que soy egresado como en la Escuela de Psicoterapia. Si bien ahí, agradezco en particular cómo se había leído a Freud, lo cual para mí fue el primer contacto. Freud leído desde la llamada Escuela Argentina, con influencia “garmiana”, con influencia “rascovskyiana”, pero que también me ayudó mucho porque era ir al texto de Freud. La movilización que me provoca la lectura de Lacan me hace entrar en crisis respecto de la enseñanza de Kesselman, con quien incluso colaboré en uno de los primeros libros, llamado Psicoterapia breve. Ahí participamos un grupo de discípulos de él de ese tiempo. Justo antes de que saliera ese texto me llega la referencia de Raúl, por medio de un colega. Esto era por el lado del marxismo, pero de un marxismo donde Althusser incorporaba directamente a Lacan. Para mí era dar cierto cauce a la problemática social, y al mismo tiempo mostrar que el psicoanálisis no era esa práctica burguesa condenada desde esa perspectiva supuestamente ideológica, como reaccionaria porque no estaba al servicio de las clases populares. Eran los mitos políticos, donde se estaba gestando lo que ahora llaman “setentismo”.

Asimismo, mantuvo un intercambio epistolar y personal con el propio Louis Althusser ¿Cómo se produjo ese encuentro?
A partir de que tuve una descarada iniciativa juvenil, por la cual mandé a traducir al francés un texto que era una crítica a Bleger, que me era imprescindible para mi carrera. Tenía que hacer un ajuste de cuentas conceptuales, agradecer todo lo que dio, pero a la vez mostrar todas las inconsecuencias de la Psicología de la Conducta. La ocasión fue propiciada por un texto colectivo llamado Rol del psicólogo, del año 1973, una única edición, que sacó Nueva Visión. Yo escribo para ese libro un capítulo llamado “El objeto de la operación del psicólogo”. Entonces se me ocurre, por esas cosas de joven que uno tiene, dárselo a él y a otros pensadores. El único que contestó, una carta muy generosa y muy amable sobre lo que yo exponía, fue Althusser. A partir de ahí vino el intercambio. Le pregunté si autorizaba, ya que parecía un broche a mi escrito, que fuera una especie de epílogo. Estuvo de acuerdo, la editorial también. Nos vimos en el ‘75, en mi primer viajé a París. Otra vez, un poco antes del momento del crimen pasional público y notorio, en 1980. Tuvo una actitud para mí sorprendentemente generosa, muy amable, me dio libros e indicaciones para leer. Me insistió mucho con Spinoza, con la ética, y muy particularmente –por lo menos en el ‘75– con que ahondara en la lectura de Lacan, y que lo viera a Lacan. Ya no era tan así en el ‘80, fue justo en el momento de la disolución. Yo también estaba en París en ese entonces, y fue un maremagnum, una vorágine. Hay libros que dan cuenta de las cartas y los documentos.

Althusser participó, Lacan le responde en un texto llamado Monsieur A. (A es Althusser) Ese fue un momento de puja entre ellos. Para mí fue un momento de mucho respaldo. Pensé, si él me da este apoyo, por lo menos lo que hice no está tan mal. Fue una de las cosas que iba reafirmando mi lugar de analista. Y ya mucho más inserto en la enseñanza de Lacan.

Entre los años 1969 y 1971 fue presidente de la Asociación de Psicólogos, años políticos muy complicados, período en el cual regía la ley 17132 que había dictado el gobierno de Onganía por la cual se prohibía a los psicólogos el ejercicio de la psicoterapia. ¿Cómo vivió estas circunstancias?
Ese fue uno de los motivos fundamentales de la gestión. En realidad venía de antes. Empezamos desde la gestión anterior, en la que estuvo Osvaldo Debries, y de la cual fui el secretario general. Hubo varios embates. Hubo un momento de trabajo conjunto con la Federación Argentina de Psiquiatras. Hicimos varias presentaciones públicas, conferencias de prensa con Marie Langer y Emilio Rodrigué –en la Asociación de Psicólogos junto con nosotros–, fue a comienzos del ‘71, justo antes de que yo terminara la gestión.

A raíz de la muerte de Lacan produjo un escrito publicado en su libro Discurrir el psicoanálisis. Hacia el final, a partir de una reflexión sobre algunos analistas lacanianos que tienden a aumentar sus horas de enseñanza e ir dejando poco a poco la práctica clínica en función de la docencia, como si se tratara de una reorientación vocacional, y no, como usted sitúa, una huída de la práctica cotidiana con los analizantes, se pregunta: ¿qué queda, en los discursos de la Universidad así gestados, del psicoanálisis?, ¿Habrá algo en la teoría de Lacan que favorezca este suceder, o ello obedece a peculiaridades del medio local? Luego agrega que cree prematuro abrir juicio. Hoy, a más de veinte años de la publicación: ¿qué reflexión le merecen aquellas preguntas suyas?
Ya me había olvidado de esas preguntas, así que agradezco que me las recuerde. Me parece que fui injusto y demasiado severo con la concepción de Lacan, porque veo que en general, algo, no sé por qué de los analistas, se está volcando a la universidad. No sé si es por algo del psicoanálisis o por una cuestión de obtener en otro lugar lo que aparentemente no se obtiene por el lado de las instituciones psicoanalíticas. ¿A qué me refiero? A que empiezan a aparecer las maestrías, carreras de especialización, cursos de postgrado, doctorados. ¿Qué tiene de malo? Me parece excelente que se trabaje de modo universitario y que, como decía Freud, la formación dogmático-crítica se imparta en las universidades. Pero observo que repentinamente, esta especie de referencia al psicoanálisis como teoría generara cierta confusión y empieza a aparecer lo que decía antes de la Asociación de Psicólogos. No solamente, sino también entidades: APA, APdeBA, creo no equivocarme, la Escuela de Psicoterapia, empiezan a tener convenios con las universidades. Tengo que pensar que hay una cuestión que va más allá de la voluntad de los analistas y que es una suerte de lógica del mercado donde el título universitario parece más prestigiado que el que se obtiene en una institución.

Esto que parecía únicamente una referencia a Lacan, considero que va mucho más allá, y que de golpe el psicoanálisis aparece como una disciplina en ramas, en especializaciones. Por ejemplo: pareja-familia, niños, adolescentes, forense, etc., siempre con orientación psicoanalítica –entre comillas– en muchas universidades. El punto es cómo diferenciar ahí el otorgamiento de un título que se dice que no es habilitante, pero que queda en una zona intermedia y aunque se lo legisle como no habilitante, pareciera ser como un título que autoriza a cierta práctica. En eso veo un riesgo.

Uno de sus desarrollos teóricos más interesantes es el concerniente al “psicoanálisis caótico” ¿nos podría explicar brevemente en qué consiste?
Viene de la físico–matemática y apunta fundamentalmente a cuestionar la legalidad clásica, la legalidad determinista. O sea, en el sentido habitual de “a tal causa le corresponde tal efecto”. Trabaja con fenómenos que parecieran propios del desorden. Toman lo que yo llamé en un texto, casi de modo risueño, físico–patología de la vida cotidiana. ¿A qué me refiero? Por ejemplo, se pone un cigarrillo en el cenicero, la voluta de humo va subiendo. ¿Se puede hacer una predicción de cómo va a ser su recorrido, su trayectoria? Vamos a decirlo al revés: se desprende una hoja del árbol, ¿cómo va a caer? Parecen, efectivamente, fenómenos que estaban fuera de la legalidad de la física. Como toda disciplina, la física también, para hablar de ciertas cosas tiene que no hablar de otras. Así se define un campo del saber. Estas otras son las que introduce la teoría del caos, intentando estudiarlas.

Trasladando esto a nuestra disciplina se podría interrogar ¿cómo suceden los cambios en un análisis –uno puede sorprenderse–, un acting out, un pasaje al acto, o la emergencia de un sueño que marca una inflexión novedosa y muy definitoria del porvenir de un cierto análisis, que en un algún sentido se podría decir “nada lo presagiaba?” Se puede plantear, porque el analista no estaba abierto, no entendió, no supo captar, no hizo una lectura. Pero me parece que eso no basta y que hay, efectivamente, otra dimensión en juego. Esto vino a partir de una lectura del último Lacan, donde decía, de modo autocrítico, que él se había centrado en la dialéctica hasta ese momento, en 1975. Se había vanagloriado, dice textualmente, y la dialéctica le parece, en ese entonces, substancialista, predicativa y antinómica. Dice, “y es porque yo no había dado con el torbellino”. Lacan muere seis años después, creo que no llegó a desarrollarlo, pero tocaba cerca esta concepción torbellino–turbulencia, sumado a otra concepción, que es una teoría cercana a la del caos.

A mí me sirve mucho para ver sobre todo las concepciones del cambio repentino, para, por otro lado, salir de la concepción dialéctica y en particular porque hay, me parece, un corolario de esta teoría, que es la paradoja como oposición a la dialéctica siguiendo la enseñanza de Lacan. Con la dialéctica, ¿cuál es la trampita? Uno dice, siempre son las dos cosas, una cosa y la opuesta. Pero la opuesta está pre–contenida en la previa, la tesis presagia cuál va a ser la antítesis. Por lo tanto, ahí estamos en el determinismo clásico. Creo que ésto es a lo que Lacan se refiere cuando dice “no había encontrado el torbellino”, como un cierto desorden benéfico. Eso es fuerte, porque en Lacan está subversión del sujeto y dialéctica del deseo, ahí está la dialéctica. Para mí esto es algo que todavía está en gestación, si bien yo le dediqué dos libros, que son Las disipaciones del inconsciente y, sobre todo La pulsión es turbulenta como el lenguaje, que en su título pretende, quizá un poquito vanidosamente contestar la hipótesis famosa, el apotegma de Lacan de “lo inconsciente es estructurado como un lenguaje”. Me parece que a la pulsión no se la entiende sin la turbulencia, en particular la danza de los objetos a, el modo en que se relevan entre sí las pulsiones, cómo aparece esto en el análisis. Siempre por el lenguaje. El lenguaje también es turbulento, no tiene la estructura binaria, dialéctica.

¿Guarda alguna relación o articulación con lo planteado por Lacan en términos de: encuentro fallido de y con lo Real bajo la forma del azar?
Efectivamente, el azar es otro de los capítulos. Da muy en la tecla de algo que toca la enseñanza de Lacan con esta concepción, porque es el azar como causa, justamente. También Illya Prigogine, con el que tuve un encuentro y cierto carteo me alentó bastante a que siguiera. De manera muy generosa, me decía “yo no entiendo su desarrollo, pero siga.” Hasta poco antes de morir fue así, muy estimulante realmente, pero no dejaba de responder. El principio de reducción es crucial para la ciencia pre–caótica. Con la inclusión del azar, creo que Lacan da ahí con otra clave importantísima, justamente como un encuentro no predecible. Con lo real no hay cita, hay encuentro. Por lo menos, en esa versión de Lacan al final, porque cuando él decía al comienzo real, me parece que casi era un real simbólico–imaginario.

_____________
La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com.

Roberto Harari es Fundador (1977) y ex presidente de Mayéutica. Es uno de los iniciadores de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano (1998), y de los escritores más prolíficos del medio psicoanalítico local; su última obra: Intraducción del psicoanálisis. Acerca de L’insú..., de Lacan. Síntesis, Madrid, 2004.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 192 | octubre 2015 | Ana María Fernández  El género bajo la lupa del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | Eduardo Said  UN PSICOANALISTA EN LA POLIS
» Imago Agenda Nº 187 | diciembre 2014 | Leonardo Leibson  Las psicosis después de Lacan
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | PAULA SIBILIA  Las mutaciones del sujeto, la “descorporificación” y la intimidad como espectáculo
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Pablo Zunino Spitalnik  El doctor Lacan en las tablas
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | Diana Sahovaler de Litvinoff  “Sujeto, intimidad y tecnología”
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Carlos Gustavo Motta  El cine y la subjetividad de la época
» Imago Agenda Nº 175 | octubre 2013 | Martín Alomo  Elección y goce
» Imago Agenda Nº 173 | agosto 2013 | Alicia Stolkiner  Política social en Salud Mental: no tratar a nadie como mercancía
» Imago Agenda Nº 172 | julio 2013 | Sergio Zabalza  La “hospitalidad” del psicoanálisis y las articulaciones del discurso
» Imago Agenda Nº 170 | mayo 2013 | Silvia Wainsztein  De la adolescencia al tercer despertar sexual
» Imago Agenda Nº 169 | abril 2013 | Ana Rozenfeld  “La resiliencia, esa posición subjetiva ante la adversidad”
» Imago Agenda Nº 168 | marzo 2013 | Verónica Cohen  “No hay que confundir a los maestros con amos, es un rechazo de la transferencia al discurso”
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | Roberto Rosler  “De la neurobiología de la afectividad al psicoanálisis”
» Imago Agenda Nº 165 | noviembre 2012 | Rebeca Hillert  Niños y analistas en análisis
» Imago Agenda Nº 164 | octubre 2012 | Alfredo Eidelsztein  “Del Big Bang del lenguaje y el discurso en la causación del sujeto”
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | Amelia Imbriano  ¿Por qué matan los niños?
» Imago Agenda Nº 162 | agosto 2012 | Creencia y sacrificio en el capitalismo salvaje 
» Imago Agenda Nº 161 | julio 2012 | Carina Kaplan  “No existe un gen de la violencia”
» Imago Agenda Nº 159 | mayo 2012 | Psicoanálisis y ceguera  Entrevista a Cristina Oyarzabal
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | Julio Granel  Lecturas psicoanalíticas del accidentarse
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | Susana Kuras de Mauer  Acompañamiento Terapéutico: de la prehistoria a los dispositivos actuales
» Imago Agenda Nº 154 | octubre 2011 | Marcelo Percia  “Estar psicoanalista en situación numerosa”
» Imago Agenda Nº 152 | agosto 2011 | Hugo Dvoskin  Un psicoanalista… fotograma por fotograma
» Imago Agenda Nº 151 | julio 2011 | Edgardo Feinsilber  Tras las constelaciones pulsionales
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | Haydée Nodelis  De Masotta y Sciarreta al Hospital Moyano y los test mentales
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | Entrevista a Patricia Alkolombre  Reproducción asistida: un campo fértil para el psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Isidoro Berenstein  Lo vincular frente al psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | Moty Benyakar  Lo disruptivo en psicoanálisis: de la trinchera al diván
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Leandro Pinkler  filosofía y Psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Alfonso Luis Masotti 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | Juan Dobón 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | Rubén Slipak 
» Imago Agenda Nº 140 | junio 2010 | Daniel Paola 
» Imago Agenda Nº 139 | mayo 2010 | José E. Abadi 
» Imago Agenda Nº 138 | abril 2010 | Eduardo Foulkes 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | Héctor Rupolo 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Mariam Alizade 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Juan Jorge Michel Fariña 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Homenaje a Oscar Masotta   Palabras de Norberto Ferreira y Teodoro P. Lecman
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Esteban Levin 
» Imago Agenda Nº 130 | junio 2009 | Gabriel Rolón 
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Nora Trosman 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Stella Maris Rivadero 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | Jorge Rodríguez  El saber está, ineludiblemente, entre el poder y el dinero
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | Acerca de la vejez, también del analista 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | Liliana Donzis 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | Giolu García Reinoso 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | Norberto Ravinovich   de Masotta a Letrafonía
» Imago Agenda Nº 121 | julio 2008 | Mario Buchbinder  Psicoanálisis y Máscaras
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | "Vivir hasta la muerte"  Homenaje a Fernando Ulloa
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | Jorge Baños Orellana 
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | Luis Kancyper 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | Héctor López 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Pablo Peusner 
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | Robert Lévy 
» Imago Agenda Nº 115 | noviembre 2007 | Néstor Braunstein 
» Imago Agenda Nº 113 | septiembre 2007 | Leopoldo Salvarezza  La medicalización de la vejez
» Imago Agenda Nº 111 | julio 2007 | Homenaje a Pichon Rivière 
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | Marta Gerez Ambertín  Los registros de la culpa
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | Juan Vasen  El niño programado
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | Enrique Millán  La adolescencia y el
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Eric Laurent  Psicoanalista a partir de Lacan
» Imago Agenda Nº 105 | noviembre 2006 | Jorge Alemán  Embajador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | Alberto Sava  La locura a escena
» Imago Agenda Nº 102 | agosto 2006 | Sergio Rodríguez 
» Imago Agenda Nº 101 | julio 2006 | Silvia Ons  Psicoanálisis y cultura
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | El horror ante la vejez 
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | Conmemoraciones freudianas  Cinco diálogos a propósito de los 150 años del nacimiento del fundador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | Horacio Etchegoyen  Un didacta del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 97 | marzo 2006 | Charles Melman  Transmitir sin religión
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Alfredo Eidelsztein  Psicoanalista Didáctico
» Imago Agenda Nº 95 | noviembre 2005 | Pura Cancina  La fábrica del caso
» Imago Agenda Nº 94 | octubre 2005 | Esther Díaz  Deseo y poder
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | Gabriel Lombardi  La posición del analista
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Silvia Bleichmar  La sociedad al diván
» Imago Agenda Nº 91 | julio 2005 | Rudy  Analista retirado
» Imago Agenda Nº 90 | junio 2005 | Juan Bautista Ritvo  Un analista en controversia
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | Norberto Marucco  El trabajo del psicoanalista
» Imago Agenda Nº 88 | abril 2005 | Ana María Gómez  El pago en psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | José Schavelson  Freud, un paciente sin cáncer
» Imago Agenda Nº 86 | diciembre 2004 | Alicia Hartmann  Psicoanalizar niños
» Imago Agenda Nº 85 | noviembre 2004 | Janine Puget  Psicoanálisis de los vínculos
» Imago Agenda Nº 84 | octubre 2004 | José Grandinetti  Psicoanálisis en el Borda
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Hugo Vezzetti  Tras las huellas de Freud en Argentina
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Colette Soler  De rupturas y construcciones
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | Carlos Ruiz  Topología y psicoanálisis: articulaciones
» Imago Agenda Nº 80 | junio 2004 | Armando Bauleo  De Pichon a Italia y de lo grupal a la desmanicomialización
» Imago Agenda Nº 78 | abril 2004 | Beatriz Sarlo  Sintáxis del zapping y postmodernidad
» Imago Agenda Nº 77 | marzo 2004 | Francois Leguil  El objeto del psicoanálisis es el deseo
» Imago Agenda Nº 76 | diciembre 2003 | Fernando Ulloa  El oficio de psicoanalista
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | Silvia Amigo 
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Eva Giberti  Pensando la adopción
» Imago Agenda Nº 70 | junio 2003 | Eduardo Grüner  La democracia es el objeto a de la política
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | Eduardo Pavlosky  Pasión por los grupos
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Silvio Maresca  La declinación argentina
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | Ricardo Rodulfo  El psicoanálisis en la universidad
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Héctor Yankelevich  Nos hay psicoanalista de niños
» Imago Agenda Nº 65 | noviembre 2002 | Rubén Zuckerfeld  La clínica de la escisión
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | José Milmaniene  La escritura y la ley
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Rolando Karothy  No hay un goce para todos
» Imago Agenda Nº 62 | agosto 2002 | Carlos Brück  Los psicoanalistas podemos ser escépticos
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | Juan Carlos Indart 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Raúl Yafar 
» Imago Agenda Nº 59 | mayo 2002 | Tomás Abraham  La censura del lacanismo
» Imago Agenda Nº 57 | marzo 2002 | Emilio Rodrigué 
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | Isidoro Vegh  Descubrir nuevos campos de goce
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | Juan David Nasio  La femineidad sigue siendo un enigma
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Élida E. Fernández  La psicosis no es otro idioma
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | Betty Garma 
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Juan Carlos Volnovich 

 

 
» Fundación Foro
Charla Gratuita sobre Inserción Laboral para profesionales de la Salud  charlas en Octubre
 
» Centro Dos
Seminario 7 de Jacques Lacan  viernes de 14 a 15:30hs
 
» Fundación Tiempo
Borges y el Psicoanálisis  TERCEROS VIERNES DE CADA MES, de 19 a 20.30 hs.
 
» Centro Dos
Conferencias  segundo cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» Fundación Tiempo
SEMINARIOS DE PSICOANÁLISIS   Comienzan en Octubre
 
» Centro Dos
Seminarios   segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com