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   Problemas y controversias

El ternario R.S.I y el nombre del padre: Encrucijadas y atolladeros
  Por Juan Bautista Ritvo
   
 
En La ciencia y la verdad1 Lacan establece dos proposiciones complementarias: que la praxis del psicoanálisis implica exclusivamente el sujeto de la ciencia (842), y que el psicoanálisis se caracteriza “esencialmente” porque reintroduce2 la cuestión del Nombre del Padre en la consideración científica (853).
Y si hablamos de sujeto de la ciencia, hay que entender por ello, el sujeto forcluido por la ciencia (853)3; expresión que, al menos en principio, es fácilmente inteligible: los enunciados formalizados de la ciencia que nace en el siglo XVII ( la física matemática), ya sea porque son formalizados en el sentido matemático de la expresión, o bien porque llegan a ser despojados quizá no de todo contenido semántico4, pero sí de capacidad de mostración. Para simplificar: son enunciados que se prestan a la permutación y combinación de sus elementos, pero de los cuales ha sido radicalmente excluído el proceso de enunciación.

Pero aquí hay una anfibología sintomática, porque una de dos: o la ciencia se limita a no dejar entrar lo que se gesta en otro lado, y en ese caso el acento puesto en el sujeto de la ciencia focaliza mal el problema, como si dijéramos el objeto de la ciencia es el objeto del fútbol, porque éste no contiene ni un átomo de cientificidad, o bien Lacan sostiene que la ciencia produce el sujeto que forcluye, pero en este caso cometemos un paralogismo bastante evidente, por no decir grosero. Si admitimos con Lacan5 que el sujeto es un producto histórico, algo que nace en el siglo XVII (el siglo de la ciencia pero también el del capitalismo, que destruye la comunidad campesina, que libera a los cuerpos de las servidumbres feudales, pero al precio de lanzarlos al vacío de la competencia y de las abruptas diferencias sociales), es fácil comprobar que la ciencia no actúa sobre él, ni en el siglo XVII ni el siglo de la termodinámica, el XIX6, ni nunca sino mediada, profundamente mediada, por las ideologías y la técnica. La ciencia alcanza al sujeto a través de la propaganda –y los epistemólogos deben contarse entre los primeros propagandistas, junto a los periodistas y difusores varios–, a través de la tecnología, de los cambios religiosos –recuérdese el cisma religioso que dio nacimiento a la Reforma–, a través de las modificaciones de las redes del poder; también a través de las formas de disciplinamiento del cuerpo que Foucault estudió desde diversos ángulos. La condición histórica para que exista lo que llamamos “sujeto”, ese punto radical de vacilación y de decisión que no coincide, de ninguna manera, con lo que suele llamarse “ser humano”, es el nacimiento del “individuo” –término que oculta lo que muestra, porque evoca la no división– es decir, el que está liberado de las sujeciones a la tierra, a la sangre, a la estratificación legal y moral feudo-vasallática; el que está expulsado del tríangulo tradicional de la vida campesina inmemorial: tierra, tumba, hogar.

La ciencia no tiene memoria, dice Lacan; mas si no tiene memoria, ¿cómo puede producir y al mismo tiempo forcluir al sujeto? Lacan enfatiza que la ciencia proporciona recursos para pensar “nuestra ciencia” y al mismo tiempo que su advenimiento histórico es condición del advenimiento del psicoanálisis. Pero, ¿esta apelación a la ciencia no es un síntoma que excluye otras cuestiones más apremiantes, la de la religión cristiana, fundamentalmente?
No obstante, no creo que el texto de Lacan sea arbitrario; es más, encuentro en “La ciencia y la verdad” el punto de flexión que anuncia muy claramente el seminario R.S.I. Cuando él dice “nuestra ciencia” dice ese aspecto de la ciencia que ha sido modificado por la recepción del Nombre del Padre, que pertenece no sólo al léxico sino también a la sintaxis y a la semántica de la religión. Los mathemas y los nudos retendrían, para el psicoanálisis, cierta cuestión esencial de la combinatoria científica, cuya herencia está perfilada en esta expresión que usa Lacan: “matemática significante”.
La ciencia, diríamos con fórmula políticamente correcta, para no quedar sometidos a la religión.
Ahora bien, para comenzar a sentar posición en torno a estos problemas límites, que merecen un análisis pormenorizado y que poco a poco iré desplegando, voy a enunciar algunos juicios:

1) Lo que llamamos ciencia es una máquina acéfala, y como tal nunca ha sido traba alguna a la religión. No se puede confundir la ciencia con las ideologías cientificistas y con los dispositivos tecnológicos desplegados por el poder político.
2) Es más, quizá el uso de “ciencia” en singular sea un forzamiento inaceptable a la tremenda disparidad de las llamadas ciencias. Existe la física, pero también la biología y la paleontología y podríamos enumerar infinidad de campos.
3) La formación discursiva suscintamente evocada por la expresión “Nombre del Padre”, presenta un límite estricto e insuperable tanto para el concepto como para la formalización.
4) En cualquier caso, el ternario R.S.I. si evoca en primera instancia a cierto aspecto de reducción de su campo propio de la ciencia, es, en verdad de naturaleza religiosa. ¿Para contener a la religión se elige un dispositivo marcado por ella?

Quiero aportar, por ahora, un solo elemento de prueba. Lacan dice que lo real es lo que no cesa de no inscribirse; que no se inscriba es una perogrullada, sabida desde siempre; siempre se supo que hay cosas que no se inscriben, ¿o la humanidad fue imbécil hasta que un iluminado la despertó? Lo interesante es decir que “no cesa de no”; es decir, si se inscribe sólo se inscribe la imposibilidad de inscribir. Pero así, el registro que Peirce llama el “potencial” –el lugar de inscripción de todas las imposibilidades– destruye las taxonomías, destruye el simple postulado de que hay tres. Hay un real constituido y un real constituyente; un real que es registro, un real ficto, y otro insondable. Y por eso mismo ya no hay dos; porque el real-real, nombrado así, ya no es real; y el primero tampoco, por ser ficción; porque se revela como algo simbólico. No, no hay tres; es que hay algo que no puedo contar, incontable en toda cuenta, puedo decir enfrentando a Lacan con Lacan, a Lacan contra Lacan, a Lacan más allá de Lacan sin dejar de ser Lacan; porque si cuento dejo de contar lo que hay que contar y eso que se descuenta, me hace señas y vuelve cojo mi razonamiento. Hay dos registros que se multiplican o más bien se desmultiplican, es una multiplicidad atravesada por una diagonal que la tacha y al hacerlo la descompone, y un intervalo entre ellos que perturba toda combinatoria y sólo deja expedita la puerta a la retórica, a la retórica de lalangue. Para decirlo de alguna manera, no puedo hacer con semejante hay tres y sus posibles combinaciones –confusas y elementales, porque esas letras no son letras matemáticas sino abreviaturas que encierran infinidad de nudos indespejados– una suerte de trípode –Santísima Trinidad– que domine y señorée toda la construcción de los conceptos analíticos y su consiguiente praxis.
____________
1. En lo sucesivo citaré a este texto según la paginación corrida y dividida en dos tomos de las ediciones castellanas de siglo XXI a partir de 1985.
2. Lacan dice, literalmente que el psicoanálisis réintroduit; pero si reintroduce, ¿cuándo fue introducido?
3. Desde luego, he simplificado las líneas argumentales para ir a lo decisivo; ya se sabe que las páginas 852 y la citada en el texto, especialmente por la referencia al quiasmo de la ciencia y el Nombre del Padre y la referencia a la paranoia, complica, por sus meandros, el tapiz discursivo.
4. Ambos sentidos del término “formalización” no coinciden, aunque suele confundírselos. Una fórmula química no está formalizada en el mismo sentido que una fórmula algebraica. La noción de mostración (recuérde la oposición de Wittgenstein entre decir y mostrar) es decisiva. Aquí sólo puedo decir que mostrar no es indicar algo empírico que se manifiesta, sino indicar aquello que se sustrae y al hacerlo deja su huella. Es la mostración lo que en definitiva proscribe la ciencia, justamente porque no deja huella.
5. En los Cuatros Conceptos lo afirma explicitamente.
6. Lacan indica en el citado texto que la termodinámica es un precedente de Freud, porque prepara el advenimiento del psicoanálisis. Sorprende este juicio, tan endeble y contradictorio con lo que el Lacan “humanista” sostenía en su primer seminario. Freud sólo ha tomado el léxico termodinámico y las coincidencias son sólo meras analogías. No me cabe la menor duda que la tendencia a la “nivelación térmica” del universo produjo un inmenso impacto, pero entre ese impacto que pone en juego la imaginación de la muerte y de la extinción cósmica, y la ley misma, hay un abismo. ¡Lo que hay que introducir allí es a Schopenhauer, también a Nietzsche, y no a Helmholtz! Ciertamente: Lacan nunca renunció a autorizarse en la ciencia, aunque en su boca y en su pluma esta palabra era una suerte de palabra murciélago.
 
 
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