Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Entrevista

Janine Puget
  Psicoanálisis de los vínculos
   
  Por Emilia Cueto
   
 
Siendo muy joven fue secretaria de Pichon Rivière en la clínica de la calle Copérnico. ¿Cómo llegó a ocupar ese lugar?
Así es. Era muy joven, necesitaba trabajar, y en esa época, hacía traducciones del inglés o francés al español. En el caso de Pichon se trataba del inglés –que le costaba más– dado que él hablaba bien francés. Pichon era un devorador de libros y de artículos interesantes, y quería leer rápido. En esa época yo tenía otro trabajo y, después, a la noche, hacía las traducciones en la clínica. Poco a poco, fui quedando no sólo para realizar traducciones, sino como secretaria de la clínica. En aquel entonces, se trataba de una clínica familiar, de amigos y colegas jóvenes; entre ellos, se hallaba quien después fue mi marido –García Reynoso–. Había un ambiente de aprendizaje permanente, con lo cual, si bien mi trabajo era de secretaria –yo no era profesional–, aprendí muchísimo de psicoanálisis y psicopatología, porque pasaba los historiales clínicos, hacía las admisiones de los pacientes que llegaban y asistía a las discusiones clínicas que se realizaban con Pichon Rivière y todos los colegas. Muchos de ellos, muy jóvenes. Estaba Mom, García Reynoso, Tallaferro, Rebe Álvarez de Toledo, que era un poco más grande. Era gente muy inteligente, con ganas de estudiar y aprender. Esa fue mi primera experiencia en las puertas del psicoanálisis.

¿Su participación en las reuniones clínicas estaba dada por su interés o a instancias de Pichon?
Era así, porque era una clínica muy especial. Había un clima y un tiempo de trabajo y estudio, de mucha efervescencia y entusiasmo.
Esta es la esencia de lo que aplicó Pichon en el hospicio y en las asambleas incluyendo pacientes, profesionales, personal de enfermería.
A Pichon lo llamábamos el Maestro (con mayúscula). Era un maestro, era de esas personas de las cuales por estar al lado uno aprende. Aprendía también de lo que él elegía para hacerme traducir, de su manera de elegir los textos y su interés permanente por transmitir sus enseñanzas. Lo que hacía poco era escribir, pero oralmente, era un verdadero maestro.

En el año 1988, usted participó, convocada por Ana Quiroga, de un homenaje que se le hizo a Pichon Rivière. En un texto muy emotivo usted rescataba la importancia de Pichon como maestro y que él le había posibilidado una apertura a lo grupal. ¿Su interés por lo vincular surge a partir del encuentro con Pichon o es anterior?
Mi encuentro con Pichon data de 1949. Yo empecé a ocuparme de lo grupal en un espacio que llamamos El grupo de los lunes con una serie de colegas con los que, después, formamos la Asociación de Psicoterapia de Grupo, que casualmente va a cumplir su cincuenta aniversario ahora, para lo cual estamos preparando un homenaje, un festejo. Mi interés por lo grupal surgió en ese grupo de estudio que empezó a reunirse para pensar qué pasa más allá del psicoanálisis individual. Allí había gente de distintos niveles, Marie Langer, Emilio Rodrigué, eran más grandes y con más formación psicoanalítica que la que podía tener yo, pero nos reuníamos para pensar qué era eso de los grupos. Y en 1954 se fundó la Asociación de Psicoterapia de Grupo con aval internacional. De ahí en más, yo seguí con los vínculos, por supuesto, dándole otras vueltas hoy. Hoy no pienso los grupos como los pensaba en esa época, pero es natural, pasan los años, y uno va modificando. Pero seguramente, la manera de encarar el trabajo de Pichon alguna influencia tuvo en mi interés por lo grupal, y darme cuenta de que no era lo mismo trabajar en análisis individual que con grupos. Hoy, en función de mis teorizaciones sobre los vínculos, pienso que, si bien no es lo mismo, porque cada situación crea sus propios sujetos y son escenarios singulares, estoy más cerca de pensar que se puede trabajar algo de lo vincular en una sesión individual, en la medida en que el analista es siempre un otro para el paciente y no es sólo un objeto sobre el cual el analizado proyecta sus propias situaciones internas, sino también, es un otro con función de alteridad que perturba, digamos, al paciente por su ser otro. Entonces hoy, en función de mis múltiples teorizaciones sobre lo vincular, no digo que sea lo mismo, pero sí que se puede pensar que algo de lo vincular, también, se puede trabajar en análisis individual, así como algo de lo singular se puede trabajar en un análisis vincular con distinto marco teórico.

En el libro Lo vincular escrito junto con Isidoro Berenstein postulan la inoperancia del encuadre analítico bipersonal para conflictos que permanecen sin modificación. Dicen: “No todo encuadre es apto para toda transferencia”. ¿Cuáles son las limitaciones clínicas que presenta el encuadre formulado para el análisis individual?
Eso lo sigo manteniendo. Yo creo que en una época se pensaba que toda persona debía ser apta para analizarse y todo encuadre analítico debía ser apto para producir transferencias, y que si no las producía era por resistencia, pero que trabajando la resistencia se podía recuperar la capacidad de transferencia de un sujeto. A lo largo de estos años fui pensando que no, fui considerando que era una visión omnipotente de los analistas, que pensaban que no importaba quién fuera uno, porque transferencia se iba a producir. Después, reflexioné que si uno ve empíricamente cómo se produce el encuentro entre dos personas, no con toda persona hay un encuentro. Puede ver a alguien, pero no se origina lo que se llamaría una producción vincular. ¿A qué se debe? Es difícil decidirlo. Es similar a por qué dos personas se enamoran. Se puede explicar por la historia, por repetición, por identificaciones, pero en verdad, no hay una explicación última, sino que es puramente azaroso, ligado a cómo se hace un encuentro. Hay encuentros que se dan y otros que no se dan. Para que haya un efecto de encuentro, tiene que haber un efecto por el cual la alteridad –el ser otro– de cada una de las personas que integran un vínculo sea capaz de producir consecuencia al otro. A veces, hay situaciones en que el otro es tan otro, con una marca de alteridad de tal cualidad que no produce efecto en el otro, no lo afecta, sino que queda indiferente. En cambio hay otros en los que el efecto de alteridad produce curiosidad, interés, molestia también, porque la molestia es interesante ya que no deja indiferente. Entonces, pienso que, primero, no todo analista es apto para analizar cualquier paciente. Y segundo: si alguien viene con un conflicto que es eminentemente en el vínculo de pareja, por ejemplo, y se pasa en análisis individual hablando de ese otro ausente, que además no tiene derecho a la palabra porque no está, entonces, puede decir fulano me dijo, y yo le dije, y me hizo, y yo le hice, etcétera, pero el otro no está para decir: “no es así, yo soy otro”. Hay algo que está faltando como si fuera una silla a la que le falta una pata. En ese caso, creo que es mucho más eficaz hacer un análisis de pareja para proponer el trabajo sobre el conflicto tal como se plantea, y en todo caso, después, se abre a otras problemáticas que puedan tener las personas, pero que están taponadas por el conflicto vincular.

En el prólogo del libro: La Pareja. Encuentros, desencuentro, reencuentros, refiere que en la actualidad privilegia como paradigma del contexto social la oposición pobreza-abundancia, con diversos niveles de semantización. ¿Cuáles son las manifestaciones de ese paradigma?
Yo estoy trabajando mucho en las nuevas producciones sociales –nuevas, que se producen todos los días–, las que generan de un tiempo a esta parte, lo que llamo “la dictadura económica”, o sea, el nuevo poder político, que es el poder económico, ligado a la globalización, a sus efectos en cada país, cada región, cada pueblo. Por lo tanto estoy trabajando las consecuencias de la pérdida de la hegemonía del Estado-Nación en tanto poder político, y la constitución de las nuevas producciones sociales ligadas a un mundo que se constituye –tomando el concepto de Bauman de la modernidad líquida, o de Lewkowicz de la constitución en la fluidez, o mío que sería la constitución subjetiva sobre arenas movedizas–, que se contrapone o se superpone a las constituciones subjetivas en mundos estructurados. Mundos estructurados sería Estado-Nación y familia, donde hay lugares y funciones para cada habitante de esas estructuras que están determinadas por la misma estructura, mientras que estas otras producciones sociales se construyen en un mundo en el que no hay lugares fijos, sino que hay que inventarlos. Las nuevas producciones sociales que vengo tratando de pensar son todas aquellas que nacen de la fluidez, que se originan sobre un mundo que no está instituido por el Estado-Nación y que son constituciones espontáneas de personas que se reúnen para hacer algo, para salir de la pobreza, para no quedarse esperando que el Estado les dé, sino viendo sus capacidades de fundar nuevas estructuras sociales dentro de las cuales crear. Veamos lo que sucedió con la fábrica Brukman, o los diversos grupos de gente que ocupan fábricas para hacerlas funcionar cuando han sido abandonadas, otro ejemplo es el de los cartoneros, las asambleas, que ahora se han politizado mucho, o lo que en su momento fueron los lugares de trueque. Hoy leía un artículo sobre las huertas privadas que hacen algunas personas ganando, tal vez, cincuenta pesos por semana plantando algo en un rinconcito y produciendo. Luego se convirtieron en pequeñas empresas en las que cada uno de esos sujetos, que –de inicio– eran nada más que gente sin trabajo, se transformaron en gente con trabajo. O los microemprendimientos, en los que se le prestan diez pesos, a una persona que los devuelve en un año y que, poco a poco, va aprendiendo a fabricar cosas. Los sujetos terminan siendo, además de lo que eran, algo más. Ya no son, por ejemplo, madres de familia, sino operarias trabajando en la fábrica Brukman o en otros lugares, con alguna condición gerencial o empresarial de pequeñas empresas. Con lo cual, me parece que en Argentina, en relación con esta cuestión de abundancia-pobreza hemos conseguido crear nuevas formas de producciones sociales para salir de la pobreza. Esto va al punto de pensar cómo trato este paradigma abundancia-pobreza, no instalándome en el lamento “qué pobres que somos”, sino viendo a partir de ahí y de este paradigma, qué se puede hacer.

En las últimas décadas, se han producido modificaciones importantes en la constitución de las parejas y la familia. ¿Estas modalidades diferentes de relación plantean distintos modos de abordaje?
No sé qué es primero. Estos modelos heredados de la estructura familiar –diseñada de una manera que nos viene de la modernidad– con funciones fijas, donde los lugares están establecidos, no hay más que ocuparlos y darles alguna impronta personal, ya no tienen la solidez que tenían antes. Muchas de estas constituciones vinculares –para mí, hoy– no corresponden a la estructura armada de la familia tradicional, sino a las constituciones sobre espacios fluidos, o sea, constituciones que se van dando en base, por ejemplo, a lo que instituye el amor, lo que crea las dificultades y los conflictos vinculares. No está más prohibido divorciarse, y está permitido separarse de distintas maneras. Parejas que se separan, pero se siguen encontrando y son amigos, pero no duermen juntos o duermen juntos cada tanto, pero no siempre. No es más la familia que se separó y que nunca más se ven. Son otras formas que utilizan e inventan para ver cómo cuidar, por ejemplo, los hijos o cuidar un aspecto del vínculo que puede ser amistoso, pero no de amor, y que lo que predomina es diferenciar el amor como la pasión, el enamoramiento, de lo que es la relación amistosa. No importa ya si la relación de pareja es de distinto sexo, sino lo importante es el lazo de amor y como se constituye entre dos sujetos, alter, un vínculo sostenido por ese afecto. Esto nos obliga a volver a pensar cuáles son las múltiples formas que puedan tener los vínculos para fundar estructuras estables o estructuras menos permanentes. Entonces, hay que calificar amistad, amor, odio –por supuesto, cada uno tiene su opuesto–, relaciones definitivas, temporarias, para siempre, para un tiempo. Todo esto ha tomado un lugar distinto del que tenía antes. En la época de la modernidad, era muy fijo que uno se casa para siempre, palabras que hoy en día no existen más. Lo de para siempre es para hoy, y si hoy produce el mañana, está bien. Uno lo construye, porque es cómodo pensar que va a ser para siempre, pero no existe. Existe lo imprevisible, lo aleatorio, lo azaroso, y puede durar mucho, pero –insisto– no es para siempre.

¿Y esto, en la práctica clínica produce efectos?
Y sí. Primero hay que desmitificar el para siempre y ver el peso pernicioso de lo instituido, el suponer que porque no se hace como hacían antes está mal, esto sería la cultura de la culpa. Uno se siente culpable, porque no repite modelos anteriores como nos enseñaron nuestros padres. Eso me parece que hay que trabajarlo, diluirlo, ver que cada época genera sus propios sujetos y sus propias formas de producción social y familiar. Uno construye su familia hoy con los modelos de hoy.

¿Entonces, usted diría que en la actualidad se funda otro modelo de familia?
Otros, en plural.
Pero no diría entonces que la familia está desapareciendo.
No. Los que dicen eso es porque no se terminan de dar cuenta que no tenemos por qué repetir modelos que ya no son adecuados en esta época. Son tiempos en que, por ejemplo el trabajo, el poder económico, es tan fuerte que más de una vez las familias están más ocupadas en generar su diario vivir económico que en su lazo de amor. Lo que no impide que lo tengan, pero lo económico ocupa un lugar con lo impredecible del trabajo y del poder económico que no ocupaba en la modernidad. En la modernidad, uno tenía trabajo. Si estudiaba bien y se empleaba bien, tenía trabajo y era seguro. Esto no existe más. Entonces, las familias no se pueden constituir por igual, pero son las familias de hoy, porque la idea de familia sigue estando, sigue habiendo relaciones con diferencia generacional. Padres, hijos, nietos, todo eso existe. Parece que esas visiones según las cuales se acabó la familia son apocalípticas y que la gente no renuncia a que se repita la historia. Si no es como cuando era chiquita no existe. No es verdad. Tenemos que aprender un montón de las generaciones actuales. Yo veo fascinada lo que están haciendo, porque aprendo. No es como me enseñaron de chiquita, pero creo que me gusta más. Es más dinámico. Pasan cosas.

Janine Puget es médica, psicoanalista, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) y de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, directora científica en ambas instituciones del Departamento de Psicoanálisis de Pareja y Familia.
_________________________
La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 192 | octubre 2015 | Ana María Fernández  El género bajo la lupa del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | Eduardo Said  UN PSICOANALISTA EN LA POLIS
» Imago Agenda Nº 187 | diciembre 2014 | Leonardo Leibson  Las psicosis después de Lacan
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | PAULA SIBILIA  Las mutaciones del sujeto, la “descorporificación” y la intimidad como espectáculo
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Pablo Zunino Spitalnik  El doctor Lacan en las tablas
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | Diana Sahovaler de Litvinoff  “Sujeto, intimidad y tecnología”
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Carlos Gustavo Motta  El cine y la subjetividad de la época
» Imago Agenda Nº 175 | octubre 2013 | Martín Alomo  Elección y goce
» Imago Agenda Nº 173 | agosto 2013 | Alicia Stolkiner  Política social en Salud Mental: no tratar a nadie como mercancía
» Imago Agenda Nº 172 | julio 2013 | Sergio Zabalza  La “hospitalidad” del psicoanálisis y las articulaciones del discurso
» Imago Agenda Nº 170 | mayo 2013 | Silvia Wainsztein  De la adolescencia al tercer despertar sexual
» Imago Agenda Nº 169 | abril 2013 | Ana Rozenfeld  “La resiliencia, esa posición subjetiva ante la adversidad”
» Imago Agenda Nº 168 | marzo 2013 | Verónica Cohen  “No hay que confundir a los maestros con amos, es un rechazo de la transferencia al discurso”
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | Roberto Rosler  “De la neurobiología de la afectividad al psicoanálisis”
» Imago Agenda Nº 165 | noviembre 2012 | Rebeca Hillert  Niños y analistas en análisis
» Imago Agenda Nº 164 | octubre 2012 | Alfredo Eidelsztein  “Del Big Bang del lenguaje y el discurso en la causación del sujeto”
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | Amelia Imbriano  ¿Por qué matan los niños?
» Imago Agenda Nº 162 | agosto 2012 | Creencia y sacrificio en el capitalismo salvaje 
» Imago Agenda Nº 161 | julio 2012 | Carina Kaplan  “No existe un gen de la violencia”
» Imago Agenda Nº 159 | mayo 2012 | Psicoanálisis y ceguera  Entrevista a Cristina Oyarzabal
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | Julio Granel  Lecturas psicoanalíticas del accidentarse
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | Susana Kuras de Mauer  Acompañamiento Terapéutico: de la prehistoria a los dispositivos actuales
» Imago Agenda Nº 154 | octubre 2011 | Marcelo Percia  “Estar psicoanalista en situación numerosa”
» Imago Agenda Nº 152 | agosto 2011 | Hugo Dvoskin  Un psicoanalista… fotograma por fotograma
» Imago Agenda Nº 151 | julio 2011 | Edgardo Feinsilber  Tras las constelaciones pulsionales
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | Haydée Nodelis  De Masotta y Sciarreta al Hospital Moyano y los test mentales
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | Entrevista a Patricia Alkolombre  Reproducción asistida: un campo fértil para el psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Isidoro Berenstein  Lo vincular frente al psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | Moty Benyakar  Lo disruptivo en psicoanálisis: de la trinchera al diván
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Leandro Pinkler  filosofía y Psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Alfonso Luis Masotti 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | Juan Dobón 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | Rubén Slipak 
» Imago Agenda Nº 140 | junio 2010 | Daniel Paola 
» Imago Agenda Nº 139 | mayo 2010 | José E. Abadi 
» Imago Agenda Nº 138 | abril 2010 | Eduardo Foulkes 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | Héctor Rupolo 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Mariam Alizade 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Juan Jorge Michel Fariña 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Homenaje a Oscar Masotta   Palabras de Norberto Ferreira y Teodoro P. Lecman
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Esteban Levin 
» Imago Agenda Nº 130 | junio 2009 | Gabriel Rolón 
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Nora Trosman 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Stella Maris Rivadero 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | Jorge Rodríguez  El saber está, ineludiblemente, entre el poder y el dinero
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | Acerca de la vejez, también del analista 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | Liliana Donzis 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | Giolu García Reinoso 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | Norberto Ravinovich   de Masotta a Letrafonía
» Imago Agenda Nº 121 | julio 2008 | Mario Buchbinder  Psicoanálisis y Máscaras
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | "Vivir hasta la muerte"  Homenaje a Fernando Ulloa
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | Jorge Baños Orellana 
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | Luis Kancyper 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | Héctor López 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Pablo Peusner 
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | Robert Lévy 
» Imago Agenda Nº 115 | noviembre 2007 | Néstor Braunstein 
» Imago Agenda Nº 113 | septiembre 2007 | Leopoldo Salvarezza  La medicalización de la vejez
» Imago Agenda Nº 111 | julio 2007 | Homenaje a Pichon Rivière 
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | Marta Gerez Ambertín  Los registros de la culpa
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | Juan Vasen  El niño programado
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | Enrique Millán  La adolescencia y el
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Eric Laurent  Psicoanalista a partir de Lacan
» Imago Agenda Nº 105 | noviembre 2006 | Jorge Alemán  Embajador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | Alberto Sava  La locura a escena
» Imago Agenda Nº 102 | agosto 2006 | Sergio Rodríguez 
» Imago Agenda Nº 101 | julio 2006 | Silvia Ons  Psicoanálisis y cultura
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | El horror ante la vejez 
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | Conmemoraciones freudianas  Cinco diálogos a propósito de los 150 años del nacimiento del fundador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | Horacio Etchegoyen  Un didacta del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 97 | marzo 2006 | Charles Melman  Transmitir sin religión
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Alfredo Eidelsztein  Psicoanalista Didáctico
» Imago Agenda Nº 95 | noviembre 2005 | Pura Cancina  La fábrica del caso
» Imago Agenda Nº 94 | octubre 2005 | Esther Díaz  Deseo y poder
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | Gabriel Lombardi  La posición del analista
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Silvia Bleichmar  La sociedad al diván
» Imago Agenda Nº 91 | julio 2005 | Rudy  Analista retirado
» Imago Agenda Nº 90 | junio 2005 | Juan Bautista Ritvo  Un analista en controversia
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | Norberto Marucco  El trabajo del psicoanalista
» Imago Agenda Nº 88 | abril 2005 | Ana María Gómez  El pago en psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | José Schavelson  Freud, un paciente sin cáncer
» Imago Agenda Nº 86 | diciembre 2004 | Alicia Hartmann  Psicoanalizar niños
» Imago Agenda Nº 84 | octubre 2004 | José Grandinetti  Psicoanálisis en el Borda
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Hugo Vezzetti  Tras las huellas de Freud en Argentina
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Colette Soler  De rupturas y construcciones
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | Carlos Ruiz  Topología y psicoanálisis: articulaciones
» Imago Agenda Nº 80 | junio 2004 | Armando Bauleo  De Pichon a Italia y de lo grupal a la desmanicomialización
» Imago Agenda Nº 79 | mayo 2004 | Roberto Harari  Un "torbellino" en la historia
» Imago Agenda Nº 78 | abril 2004 | Beatriz Sarlo  Sintáxis del zapping y postmodernidad
» Imago Agenda Nº 77 | marzo 2004 | Francois Leguil  El objeto del psicoanálisis es el deseo
» Imago Agenda Nº 76 | diciembre 2003 | Fernando Ulloa  El oficio de psicoanalista
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | Silvia Amigo 
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Eva Giberti  Pensando la adopción
» Imago Agenda Nº 70 | junio 2003 | Eduardo Grüner  La democracia es el objeto a de la política
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | Eduardo Pavlosky  Pasión por los grupos
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Silvio Maresca  La declinación argentina
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | Ricardo Rodulfo  El psicoanálisis en la universidad
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Héctor Yankelevich  Nos hay psicoanalista de niños
» Imago Agenda Nº 65 | noviembre 2002 | Rubén Zuckerfeld  La clínica de la escisión
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | José Milmaniene  La escritura y la ley
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Rolando Karothy  No hay un goce para todos
» Imago Agenda Nº 62 | agosto 2002 | Carlos Brück  Los psicoanalistas podemos ser escépticos
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | Juan Carlos Indart 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Raúl Yafar 
» Imago Agenda Nº 59 | mayo 2002 | Tomás Abraham  La censura del lacanismo
» Imago Agenda Nº 57 | marzo 2002 | Emilio Rodrigué 
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | Isidoro Vegh  Descubrir nuevos campos de goce
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | Juan David Nasio  La femineidad sigue siendo un enigma
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Élida E. Fernández  La psicosis no es otro idioma
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | Betty Garma 
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Juan Carlos Volnovich 

 

 
» Fundación Foro
Charla Gratuita sobre Inserción Laboral para profesionales de la Salud  charlas en Octubre
 
» Centro Dos
Seminario 7 de Jacques Lacan  viernes de 14 a 15:30hs
 
» Fundación Tiempo
Borges y el Psicoanálisis  TERCEROS VIERNES DE CADA MES, de 19 a 20.30 hs.
 
» Centro Dos
Conferencias  segundo cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» Fundación Tiempo
SEMINARIOS DE PSICOANÁLISIS   Comienzan en Octubre
 
» Centro Dos
Seminarios   segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com