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   Colaboración

Otra mirada del psicoanálisis en México:
  el derrumbe de la pirámide.
   
  Por Helí Morales
   
 
La historia puede ser pensada de diversas maneras. La que hace Herrera1 de la situación del psicoanálisis en México, es una de ellas. En ella se omite que la publicación de la traducción al castellano de los Escritos de Lacan se realizó en México (con el crisol de análisis que eso implica) o la importancia que el pensamiento de Freud y Lacan han tenido en obras culturales como las de Octavio Paz, Carlos Fuentes y Remedios Varo. Pero no se trata de errores u olvidos sino de la manera como se piensa la historia. Herrera hace su trabajo desde el discurso universitario y psicológico de la historia. Algunos ejemplos para sustentar lo anterior.
Para él, el psicoanálisis en México comienza con la primera tesis universitaria y “aparece en el ámbito nacional como un apéndice curricular de la psiquiatría que se enseñaba en la UNAM”. ¿Será?
El recuento histórico, además, se sostiene en la importancia de ciertos personajes. En la presentación aparecen citados los nombres de Erich Fromm, Marie Langer, Berta Blum, Braunstein, Pasternac, Sosa, los Plá, Perres y los Bleichmar. No se trata de negar su importancia sino de señalar una cosa curiosa: ningún mexicano ha participado en la historia del psicoanálisis en México. ¿Será?

Evidentemente la cuestión no tiene que ver con nacionalidades. Esto está ligado a una concepción metafísica de la historia donde los procesos históricos se explican por las acciones que tienen su sede en el individuo, se organizan en la lectura de una Historia y se sostienen desde una ideología del centro. Es altamente significativo que para Herrera no sólo en la universidad habría que situar el inicio del psicoanálisis que los personajes la configuren, sino que para él sólo existe la ciudad de México, es decir, la capital. Parece que nada ha sucedido en otros lugares de la república mexicana. No cuenta la importancia que tienen Monterrey o Guadalajara en el establecimiento del freudismo en nuestro país, Para él, tan universitario, parece que tampoco importa que universidades como la Autónoma de Querétaro, de San Luis Potosí, la Veracruzana y la Universidad de Guadalajara, por ejemplo, tengan programas de maestría y doctorado con una tradición muy importante en lo que se refiere a tiempo de funcionamiento y psicoanalistas que han participado en el campo docente. No sólo existe la institución sostenida por los Bleichmar. Que por cierto, tiene sus instalaciones en una plaza comercial del sur de la ciudad de México; sí, en un Mall.

Para Herrera parece que hay Una Historia: la que se cuenta desde el personaje y el centro. Nadie está diciendo que confunde sus transferencias con La Historia. Más bien, se trata de una posición política. Uno de los puntos más llamativos es la concomitancia de su lectura con posiciones preocupantes. Parece que tanto para él, como para la derecha en el poder, la historia no incluye los movimientos indígenas. Es decir, que las gestaciones indígenas no forman parte de la historia. Por indígena no se entiende aquí sólo la presencia de las culturas zapotecas, tzotziles, taramauras e, incluso, zapatistas sino a los movimientos que se gestan desde cierta singularidad específica de un territorio cultural y donde no necesariamente lo significativo se reduce a la acción de algún personaje.
Para pensar la cuestión histórica desde el psicoanálisis, me parece, se hace necesario relacionar el saber, el poder, las producciones de verdad y las formas subjetivas. Eso faculta leer de otro modo lo que aquí nos atañe. Permítasenos algunos apuntes desde esta perspectiva.

1. Tal vez la diferencia más marcada entre la historia del psicoanálisis en México y en otros países es que aquí no hubo un maestro que gestara un acto fundador. Freud funda en Viena el psicoanálisis y el movimiento que se encargará de sostenerlo. En París, Lacan hace lo mismo. Señalar que existe un acto fundador no reduce la historia a ese ejercicio pero marca un trazo unario. El acto y su fundador pueden ser refutados, cuestionados, mitificados, problematizados, pero imprimen un inicio específico. En México no hubo ni Maestro ni Acto fundador. Aquí hubo, en su lugar, una diversidad de fundaciones. Es decir, en vez de acto, movimientos; multiplicidades. El psicoanálisis en México se establece en distintos lugares, desde distintas coordenadas y diversas regiones. En los inicios, si bien es cierto que la Universidad Nacional Autónoma de México tiene un lugar prominente, no es exclusivamente en el ámbito de la academia. El Dr. José Meza Gutiérrez junto con le Dr. Francisco Miranda desde 1922, enseñan dentro de sus clases de psiquiatría ideas freudianas.2 El Dr. Meza era docente, sí, pero también fungía como director del primer Manicomio General de México. Además de este establecimiento de enseñanza y clínica, existen otras dimensiones: los movimientos culturales como el siniestrismo, el estridentismo o el surrealismo mexicano; las configuraciones de instituciones analíticas de niños, adolescentes, grupos y demás posibilidades; la formación de escuelas vinculadas a Francia, a Estados Unidos o a Inglaterra. El establecimiento de grupos de trabajo en distintas ciudades desde Durango hasta Villahermosa. De más está señalar, por otro lado, que el Círculo Psicoanalítico o la APM, la ELP o el CIEP, no son sólo sus fundadores, son también todos y todas quienes participan estudiando, supervisando, enseñando, discutiendo y sosteniendo en los vaivenes cotidianos la práctica del psicoanálisis. Uno por uno y cada cual con su nombre propio.

2. La historia del psicoanálisis en México está ligada al exilio. Exilio en dos vertientes. Aquella de “los que vienen” y la otra de “los que van”. En el primer caso se inscribirían aquellos y aquellas colegas que vinieron de otras coordenadas, sea Argentina o Uruguay pero también Suiza, España, Paraguay, Bolivia, Bélgica, Colombia, etc. En el segundo caso son todos aquellos que se trasladaron a otros países para seguir o afianzar la formación. En el caso de la APM, las ciudades fueron Nueva York y Buenos Aires; en el caso de los lacanianos, fue fundamentalmente París y Madrid. El exilio nutre la historia de México porque lo atraviesa la experiencia de la otredad. La historia del psicoanálisis en México es impensable sin la otredad porque ella es su movimiento mismo. Los que vinieron se vincularon con los que estaban. Muchos de ellos fundaron, pero no sin los otros. Los que salieron y regresaron se incluían con los que se quedaron. Algunos fundaron pero tampoco fue sin los que ya estaban, no importando nacionalidad sino apuesta.

3. La historia que aquí se refiere tampoco puede ser pensada sin la dimensión política. Muchos colegas sudamericanos salieron de sus lugares de origen debido a la persecución y la represión de las dictaduras militares. A pesar de que venían de otros lugares no eran extranjeros ya que habitábamos un país común: la lengua castellana. La especificidad de su formación, la época histórica que se vivía (finales de los setentas y principios de los ochenta) y sus inscripciones políticas marcarán de cierta manera el rostro de esta historia En el caso de Lemercier y su vinculación con psicoanalistas, la incidencia de la política de la iglesia y de la IPA generó la critica y la persecución desde ambas instituciones.
Pero lo político no se circunscribe a coordenadas espaciales o crisis instituyentes en los caminos del poder. Antes comentamos que la lectura de Herrera se asemeja la que hace la derecha: no reconoce en la historia los movimientos indígenas. Lo indígena no se circunscribe a una cuestión étnica sino aquellos movimientos nacidos en cierto territorio con cierta especificidad cultural. La ceguera de la historia oficial es creer que ésta la hacen los caudillos y se gesta únicamente en la Capital y sus instituciones establecidas.

En México existen movimientos en distintas ciudades y con distinto signo histórico. Pero me referiré a uno sólo ya que de psicoanálisis hablamos. En México hace ya casi cinco años que se gesta la Red Analítica Lacaniana (REAL). Se trata de un movimiento cuya arquitectura no se sostiene en la pirámide del poder sino en la negación política del centro. Es un movimiento que, configurado como vasos comunicantes, congrega colectivos de distintas ciudades de la república mexicana. Hay colegas de Oaxaca, Xalapa, Poza Rica, San Luis Potosí, Morelia, Guadalajara y la ciudad de México. Es un movimiento que no se sostiene en un jefe que mande sino en la transferencia a la obra de Freud y la enseñanza de Lacan. REAL es un movimiento indígena. No porque algunos de su miembros tengan como lengua natal el zapoteco o porque su configuración de lazo se asemeje a dispositivos sociales de algunos pueblos indígenas e incluso de formas zapatistas, sino porque surge con su singularidad propia en un espacio y un tiempo determinados a partir de una propuesta inédita. No se lea en ello una propuesta nacionalista. En la Red Analítica Lacaniana, desde su fundación han participado psicoanalistas de países como son Argentina, Brasil, Suiza y, por supuesto, México. REAL, además, se inscribe en el marco de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano que apuesta por una estructura sin centro, jefatura ni capital política. ¿Por qué Herrera no puede incluir a REAL en la historia de México? No es porque no conozca su existencia ya que fue alumno de alguno de nosotros, sino porque no encuadra dentro de la lectura oficial, psicologista y metafísica de la historia. Tampoco para el gobierno de derecha de mi país, las comunidades indígenas ni el movimiento zapatista se incluyen en la Historia.

Herrera insiste en que en México el psicoanálisis ha fracasado. Pero no se trata de fracaso o triunfo. El psicoanálisis ha abierto una serie de espacios que difícilmente pueden ocultar su importancia. Sí, en las universidades, pero también en la cultura y dentro del mismo movimiento de ciertas prácticas radicales en el campo de la clínica y lo social. ¿Será que REAL no tiene presencia en estos ámbitos? Lo dudo. Un ejemplo para terminar. Los días 18, 19 y 20 de febrero, REAL junto con la Escuela Freudiana de Buenos Aires y la Institución Psicoanalítica de Buenos Aires, dentro del Marco de Convergencia, realizaron en la ciudad de México las segundas jornadas internacionales en torno al texto freudiano de Tres ensayos de Teoría sexual. A dicho evento asistieron alrededor de 650 personas. Parece ser que se trata del evento donde más participantes han asistido en la historia del psicoanálisis en México. Intervinieron además, colegas no sólo de instituciones de Convergencia sino de distintas escuelas y asociaciones radicadas en México. Entre el público había gente venida de casi todos los estados de la república, así como de Francia, de Bolivia, de Colombia, de Argentina, de Cuba y de otros países americanos. Con todo lo anterior, ¿será cierto que en México el psicoanálisis no ha sentado sus reales?

1. Alfonso Herrera, “Psicoanálisis en México”, Imago Agenda, N° 86. Verano 04/05
2. El Dr. Juan Capetillo lleva a cabo en estos momentos una rigurosa investigación sobre la historia el psicoanálisis en México. A él debo las fuentes utilizadas.
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Helí Morales. Psicoanalista mexicano. Miembro de REAL. Doctor en filosofía y ciencias sociales por la Escuela de Altos estudios en Ciencias Sociales de París.
 
 
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