Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Entrevista

Esther Díaz
  Deseo y poder
   
  Por Emilia Cueto
   
 
En el prólogo a la segunda edición de La filosofía de Michel Foucault expresa que nada conmovió tanto su vida profesional como haber recorrido los apasionantes caminos abiertos por este pensador, ¿cuáles fueron los alcances de esa conmoción?
Desde que me recibí de profesora de filosofía empecé a escuchar de algunos alumnos inteligentes –no de muchos por supuesto- la siguiente pregunta: ¿profesora si es que le sirvió, le sirvió para algo de la vida estudiar filosofía? La primera vez que me hicieron esa pregunta me descolocaron porque no me la había planteado. Si uno estudia odontología sabe que es para ganarse la vida –por un lado– y para que la gente sufra menos con las prácticas que uno le hace; pero si uno estudia historia del arte, filosofía o cualquier humanismo no se plantea la utilidad, uno lo hace porque le gusta aún a costa de saber que puede pasarla muy mal económicamente, etc. Agradezco esa pregunta de los alumnos porque empecé a reflexionar sobre el tema y me di cuenta que si de algo no me arrepiento (porque me arrepiento de muchas cosas que hice en la vida) es justamente de haber estudiado filosofía. Fui tomando conciencia, a partir de esas preguntas, de que a la filosofía la he tomado como un estado de vida, no como una profesión. Vuelvo al ejemplo del dentista, este profesional cierra el consultorio y deja de ser dentista, no va a estar todo el día pensando en los dientes, evidentemente se dedica a otras cosas. En cambio esta, profesión que significa tratar de pasar la realidad por el pensamiento o interpretar toda la realidad a partir de los conceptos es –por lo menos en mi caso– de veinticuatro horas. Todos los acontecimientos, todo lo que sucede en mi vida yo no puedo sino pasarlo por el concepto y al decir esto me refiero a pensar qué diría Kant de esto, qué diría Foucault, qué diría Hegel, aunque no me lo pregunte así tan escolarmente siempre está el referente de algún filósofo que me ayuda a pensar cosas de la vida cotidiana, de la vida política, etc. Pero aún con esta certeza que empecé a tener después de esta interrogación por parte de los alumnos yo sentía que había todavía una distancia entre la teoría y la aplicación que quería llevar de ella a la práctica. Mientras estudiaba Hegel pensaba, como es posible que con un vuelo filosófico tan enorme como el que tiene él (junto con Platón deben ser los filósofos de mayor vuelo teórico que hemos tenido en Occidente) yo no pueda instrumentar su pensamiento en la vida cotidiana. Cuando tuve que empezar a estudiar a Foucault por razones profesionales porque estaba en una cátedra donde el titular pedía que lo leyéramos, me encontré con que cada mañana cuando leía el diario empezaba a comprender lo que leía a partir de lo que decía Foucault.

¿Los filósofos bajos han existido en otros períodos o tienen que ver con determinado momento histórico?
Sí, existieron, lo que sucede es que siempre fueron rechazados, incluso no sabemos cuántos puede haber habido así como no sabemos cuántas filósofas hubo porque como nunca tuvieron el poder, los escritos que quedaron son los de los ganadores; como en las guerras la historia la escribe el que la gana. Remitámonos a los orígenes de la filosofía, Grecia desde el siglo VII al V a.C., hubo filósofos bajos entre los que se encuentran los estoicos que son un poco más cercanos a nosotros, pero ya hubo discípulos de Sócrates que eran estoicos. Los más conocidos son los del Imperio Romano, por ejemplo Lucio Séneca. En los manuales de filosofía muy tradicionales les dicen filósofos menores lo cual sí es despectivo, no es lo mismo decir bajos que menores. Decir bajos alude a estar con los pies en la tierra mientras que decir menores es decir que tienen poco nivel ¿y por qué la filosofía oficial les dice filósofos menores? Justamente porque se ocupan de cosas terrenas tales como: ¿Qué dieta me conviene seguir para sentirme mejor conmigo mismo y con los otros? ¿De que manera debo practicar mi sexualidad como para que realmente sea un placer y no dañe a los demás y sea un adorno en mi vida, no una carga ni un peso, ni un pecado?, ¿Cómo tengo que llevar adelante la amistad para que sea duradera? Son filósofos que tratan de aplicar su filosofía, en cambio los filósofos altos, como Kant, hasta piden perdón cuando dan un ejemplo, porque se supone que tendrían que trabajar solamente con el concepto.

Uno se podría preguntar por qué triunfan más los filósofos altos y es porque no molestan a nadie. Si se está hablando de un espíritu del mundo “con mayúsculas” que está en un lugar al que nadie puede acceder, como Platón por ejemplo, acá abajo se puede hacer lo que fuere y ningún filósofo se va a indignar. En cambio, si se está hablando de los excluidos de la tierra como Foucault que se ocupa concretamente del malestar en las cárceles, de los homosexuales, de la locura, de la exclusión de las mujeres, en fin de todos los que somos minorías respecto del poder eso sí joroba, eso sí embroma. Por ejemplo, durante la época del Proceso Militar en la Argentina hubo grupos filosóficos que –de ninguna manera estoy diciendo que fueron colaboradores, para nada, al contrario más bien era gente de izquierda– no fueron molestados porque se dedicaban a hacer filosofía de la ciencia pero sin relación con lo político social. Por esta razón no fueron molestados en tanto filósofos; algunos sí fueron perseguidos –incluso desaparecidos– pero por su militancia o su posición política. No fueron molestados en tanto esta es una filosofía que no perturba al poder.

En cambio una filosofía como la que humildemente intento llevar adelante es no sólo teoría (por sobre todas las cosas reivindico la filosofía como teoría sobre la realidad) sino que tiene aspiraciones militantes, pero no de partido ni de movimientos políticos ni de ideologías establecidas, sino militante micropolíticamente, microfísicamente. Desde los lugares donde estamos –en mi caso, el aula– tratar de hacer cobrar conciencia de que se podrían cambiar las cosas si quisiéramos, ya no a nivel universal como creía en los años ‘60 cuando tenía veinte años y pensaba que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, pero sí en los lugares de trabajo, de reunión, en nuestras instituciones, en los espacios en los que cada quien circula. Autores como Foucault son los que nos dan el pie porque ellos mismos lo han hecho, también él fue militante en este sentido. El problema de este tipo de militancia, como en cualquier militancia, es cuando te enamorás del poder. Cuando esto sucede se entra automáticamente en el mismo esquema de poder que se estaba criticando y voy a dar un ejemplo muy irritativo. Es el caso de las Madres de Plaza de Mayo. Cuando las Madres de Plaza de Mayo comenzaron a hacer su militancia hicieron una militancia micropolítica en el sentido profundísimo del tema, a punto tal que muchas de ellas perdieron la vida por ello. Ellas tenían un problema espantoso, como tantos argentinos, pero se atrevieron –como no nos atrevimos otros– a poner la cara e ir una vez por semana a dar una vuelta frente a los mismos represores, torturadores y asesinos de sus hijos. Ahí hicieron una militancia totalmente micropolítica, microfísica y consiguieron varias cosas porque al tener una actitud tan valiente esto traspasó los límites de la Argentina, empezó a conocerse en el mundo y las instituciones de derechos humanos empezaron a hacerse cargo. Muchos de los cambios que comenzaron a producirse hasta la llegada de la democracia se lo tenemos que agradecer a esta militancia micropolítica o microfísica. Pero hoy después de treinta años ¿es auténtico seguir manteniendo el mismo discurso y el mismo poder y no querer nunca dejarlo ni siquiera democráticamente rotándose quienes las manejan? ¿Se dan cuenta de cómo hubo un enamoramiento del poder? Por supuesto que no estoy en contra del discurso de estas personas, obviamente prefiero este discurso al de María Julia Alsogaray.

El enamoramiento por el poder se podría pensar como algo a lo que el ser humano tiende y ha tendido (lo acompaña y lo ha acompañado) a lo largo de toda la historia de la humanidad.
A usted que es psicoanalista qué le voy a hablar de amor. Pensemos en el tema de Edipo. Todo absolutamente fue una historia de poder, primero Layo quien decía que esa criaturita que recién había venido al mundo, que no sabía bastarse a sí mismo le iba a sacar el poder. Y claro que le iba a sacar el poder, a todos los padres del mundo nos pasa lo mismo, si nos sobreviven nuestros hijos finalmente se van a quedar con el poder nuestro. Lo que Deleuze y Guattari le critican a Freud es por qué considerar neurótico a Edipo, a lo que hay que apuntar es a que Layo es paranoico. Como será de paranoico que piensa que esta criaturita le va a sacar la mujer y se va a acostar en su cama (para hacerlo más claro en relación al ejemplo que quiero dar) y le va a sacar el poder. Todas las criaturitas del mundo, si hacen una vida normal, van a llegar a eso, a ocupar los lugares de sus padres y a tener el poder de ellos. Es tanta la desesperación de Layo por no perder el poder que manda a matar a su propio hijo. Y hay algo más, Yocasta es cómplice en esto, porque le mandan matar a su hijo y ella no se mata por eso; sin embargo, cuando pierde el poder porque se sabe todo se mata. En el fondo la historia de Edipo es la historia del poder y la verdad. Primero en el caso de sus padres y luego en él mismo, fue toda una historia de luchar por el poder. Se podría plantear que también hay una historia de sexo y bien, el sexo es el arma más poderosa que tenemos para aplicar poder.

En Buenos Aires, un mirada filosófica describe como los mecanismos de control y represión acrecientan el deseo y generan la búsqueda de nuevos caminos para la satisfacción. Esto lo ubica como un plus que se obtendría de los efectos de la represión, ¿Cuáles son los avatares que seguiría en nuestra época este beneficio cuando (por lo menos en apariencia) no habría tal represión, en el sentido moral, del deseo?
El ejemplo es muy claro con lo moral porque durante la época victoriana se reprimió tanto el deseo que se produjo mucho más deseo. Se habla de la figura del amante latino, que de todos los hombres del universo es el más apasionado (desgraciadamente no los probé a todos pero es lo que se dice) y supongamos que es cierto, que los latinos sean realmente los más apasionados desde el punto de vista sexual. ¿No será justamente porque la religión católica es la única religión que se ocupó hasta las últimas consecuencias de reprimir el sexo? ¿Hasta qué punto el latino que es católico (latino y católico casi vienen juntos) es apasionado y el sajón no? Las religiones protestantes (si bien hay algunas que son muy puritanas) no se han metido con la meticulosidad que lo ha hecho el cristianismo con el deseo del otro. San Agustín, para citar un ejemplo, tenía más de ochenta años y todavía se torturaba pensando si ese amor que sentía por un compañero suyo cuando era adolescente era un amor de Dios, un amor verdadero o era un amor de Diablo, un amor que tenía que ver con la atracción sexual. Tenía ochenta años y se preocupaba por algo que había sucedido en la adolescencia.

Era muy importante el compañerito.
Si, fue muy importante y el tema de la confesión católica tiene que ver con estar continuamente desmenuzando el deseo, eso forzosamente produce más deseo. El pobre viejo tenía más de ochenta años y todavía se perseguía porque tenía poluciones nocturnas, se sentía culpable por eso, culpable hasta de lo que no hacía concientemente. Yo soy de familia católica, tomé la primera comunión, incluso fui monja de clausura durante un breve tiempo. Puedo contar (no sé como son ahora) como eran los catecismos antes del Concilio Vaticano. Había una serie de preguntas que se le hacían aún a una nenita de siete años que se estaba preparando para su primera comunión y que como en mi caso ni siquiera conocía otros a varones en su casa (a excepción de su papá) de la edad de uno que pudieran permitir haber visto alguna vez desnudo a un chico o tener idea de lo que era un cuerpo masculino (yo lo ignoré hasta que fui grande, lo ignoré absolutamente). En el catecismo que teníamos que aprender para tomar la primera comunión se podían leer preguntas tales como: ¿hizo cosas malas? En esa edad por las pocas cosas que pescan los chicos “hizo cosas malas” inmediatamente se identifica con el sexo a pesar de que todavía no existía la televisión. Hasta ahí estaría más o menos bien pero después venía la segunda pregunta: ¿Con hombre? Que en mi caso me escandalizaba un poco porque siendo una nena como iba a estar con hombres, pero se podía pensar que algún día esa nena iba a ser grande. Luego preguntaba: “¿Con mujeres?” Entonces te hacían dar la idea, ¡quiere decir que una mujer también puede con mujeres! Y después venía la tercera pregunta que hay gente que no me lo quiere creer –lástima que no guardé esos catecismos–: “¿con animales?” En una criatura esto hace que desde ese día empiece a mirar con cariño al perrito. El mismo discurso que aparentemente reprime está produciendo deseo. A eso llamo, siguiendo a Foucault, plus. Incluso esa idea de plus la tomo de una idea de Hegel que él llama astucia de la razón. Él piensa en la razón histórica, sería una razón con mayúsculas, la razón absoluta, la razón que maneja el mundo. Y dice que hay una astucia de la razón. Que la razón es tan astuta que hay personas que hacen cosas por los otros pero no porque realmente les interesen los otros sino por vanidad, por interés personal . Él estaba pensando en Napoleón. Quizás Napoleón no tenía un cariño tremendo por la humanidad, a lo mejor lo que quería era ser adorado y tener mucho poder, muchas mujeres, etc. pero la razón es tan astuta que se valió de este hombrecito para desparramar los ideales de la Revolución Francesa por todo Occidente. Esa es la astucia de la razón, ese es el plus. Nosotros no sabemos si Napoleón lo hizo por aspiración personal o porque realmente amaba a la humanidad. Sin embargo sabemos seguro que él, sus tropas y sus escritos llevaron los ideales de una revolución que terminó con un viejo régimen muy injusto al difundir la idea en todo Occidente de que todos los seres humanos somos iguales ante la ley.

Esther Díaz es Doctora en Filosofía por la UBA; Directora de la Maestría en Metodología de la Investigación Científica de la Universidad Nacional de Lanús; y autora de varias publicaciones nacionales e internacionales; últimos títulos: L´Esprit de Buenos Aires, una ville y ses dèmons, Posmodernidad, La posciencia, y La filosofía de Michel Foucault.

La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 192 | octubre 2015 | Ana María Fernández  El género bajo la lupa del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | Eduardo Said  UN PSICOANALISTA EN LA POLIS
» Imago Agenda Nº 187 | diciembre 2014 | Leonardo Leibson  Las psicosis después de Lacan
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | PAULA SIBILIA  Las mutaciones del sujeto, la “descorporificación” y la intimidad como espectáculo
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Pablo Zunino Spitalnik  El doctor Lacan en las tablas
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | Diana Sahovaler de Litvinoff  “Sujeto, intimidad y tecnología”
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Carlos Gustavo Motta  El cine y la subjetividad de la época
» Imago Agenda Nº 175 | octubre 2013 | Martín Alomo  Elección y goce
» Imago Agenda Nº 173 | agosto 2013 | Alicia Stolkiner  Política social en Salud Mental: no tratar a nadie como mercancía
» Imago Agenda Nº 172 | julio 2013 | Sergio Zabalza  La “hospitalidad” del psicoanálisis y las articulaciones del discurso
» Imago Agenda Nº 170 | mayo 2013 | Silvia Wainsztein  De la adolescencia al tercer despertar sexual
» Imago Agenda Nº 169 | abril 2013 | Ana Rozenfeld  “La resiliencia, esa posición subjetiva ante la adversidad”
» Imago Agenda Nº 168 | marzo 2013 | Verónica Cohen  “No hay que confundir a los maestros con amos, es un rechazo de la transferencia al discurso”
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | Roberto Rosler  “De la neurobiología de la afectividad al psicoanálisis”
» Imago Agenda Nº 165 | noviembre 2012 | Rebeca Hillert  Niños y analistas en análisis
» Imago Agenda Nº 164 | octubre 2012 | Alfredo Eidelsztein  “Del Big Bang del lenguaje y el discurso en la causación del sujeto”
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | Amelia Imbriano  ¿Por qué matan los niños?
» Imago Agenda Nº 162 | agosto 2012 | Creencia y sacrificio en el capitalismo salvaje 
» Imago Agenda Nº 161 | julio 2012 | Carina Kaplan  “No existe un gen de la violencia”
» Imago Agenda Nº 159 | mayo 2012 | Psicoanálisis y ceguera  Entrevista a Cristina Oyarzabal
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | Julio Granel  Lecturas psicoanalíticas del accidentarse
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | Susana Kuras de Mauer  Acompañamiento Terapéutico: de la prehistoria a los dispositivos actuales
» Imago Agenda Nº 154 | octubre 2011 | Marcelo Percia  “Estar psicoanalista en situación numerosa”
» Imago Agenda Nº 152 | agosto 2011 | Hugo Dvoskin  Un psicoanalista… fotograma por fotograma
» Imago Agenda Nº 151 | julio 2011 | Edgardo Feinsilber  Tras las constelaciones pulsionales
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | Haydée Nodelis  De Masotta y Sciarreta al Hospital Moyano y los test mentales
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | Entrevista a Patricia Alkolombre  Reproducción asistida: un campo fértil para el psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Isidoro Berenstein  Lo vincular frente al psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | Moty Benyakar  Lo disruptivo en psicoanálisis: de la trinchera al diván
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Leandro Pinkler  filosofía y Psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Alfonso Luis Masotti 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | Juan Dobón 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | Rubén Slipak 
» Imago Agenda Nº 140 | junio 2010 | Daniel Paola 
» Imago Agenda Nº 139 | mayo 2010 | José E. Abadi 
» Imago Agenda Nº 138 | abril 2010 | Eduardo Foulkes 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | Héctor Rupolo 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Mariam Alizade 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Juan Jorge Michel Fariña 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Homenaje a Oscar Masotta   Palabras de Norberto Ferreira y Teodoro P. Lecman
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Esteban Levin 
» Imago Agenda Nº 130 | junio 2009 | Gabriel Rolón 
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Nora Trosman 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Stella Maris Rivadero 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | Jorge Rodríguez  El saber está, ineludiblemente, entre el poder y el dinero
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | Acerca de la vejez, también del analista 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | Liliana Donzis 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | Giolu García Reinoso 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | Norberto Ravinovich   de Masotta a Letrafonía
» Imago Agenda Nº 121 | julio 2008 | Mario Buchbinder  Psicoanálisis y Máscaras
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | "Vivir hasta la muerte"  Homenaje a Fernando Ulloa
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | Jorge Baños Orellana 
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | Luis Kancyper 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | Héctor López 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Pablo Peusner 
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | Robert Lévy 
» Imago Agenda Nº 115 | noviembre 2007 | Néstor Braunstein 
» Imago Agenda Nº 113 | septiembre 2007 | Leopoldo Salvarezza  La medicalización de la vejez
» Imago Agenda Nº 111 | julio 2007 | Homenaje a Pichon Rivière 
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | Marta Gerez Ambertín  Los registros de la culpa
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | Juan Vasen  El niño programado
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | Enrique Millán  La adolescencia y el
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Eric Laurent  Psicoanalista a partir de Lacan
» Imago Agenda Nº 105 | noviembre 2006 | Jorge Alemán  Embajador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | Alberto Sava  La locura a escena
» Imago Agenda Nº 102 | agosto 2006 | Sergio Rodríguez 
» Imago Agenda Nº 101 | julio 2006 | Silvia Ons  Psicoanálisis y cultura
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | El horror ante la vejez 
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | Conmemoraciones freudianas  Cinco diálogos a propósito de los 150 años del nacimiento del fundador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | Horacio Etchegoyen  Un didacta del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 97 | marzo 2006 | Charles Melman  Transmitir sin religión
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Alfredo Eidelsztein  Psicoanalista Didáctico
» Imago Agenda Nº 95 | noviembre 2005 | Pura Cancina  La fábrica del caso
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | Gabriel Lombardi  La posición del analista
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Silvia Bleichmar  La sociedad al diván
» Imago Agenda Nº 91 | julio 2005 | Rudy  Analista retirado
» Imago Agenda Nº 90 | junio 2005 | Juan Bautista Ritvo  Un analista en controversia
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | Norberto Marucco  El trabajo del psicoanalista
» Imago Agenda Nº 88 | abril 2005 | Ana María Gómez  El pago en psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | José Schavelson  Freud, un paciente sin cáncer
» Imago Agenda Nº 86 | diciembre 2004 | Alicia Hartmann  Psicoanalizar niños
» Imago Agenda Nº 85 | noviembre 2004 | Janine Puget  Psicoanálisis de los vínculos
» Imago Agenda Nº 84 | octubre 2004 | José Grandinetti  Psicoanálisis en el Borda
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Hugo Vezzetti  Tras las huellas de Freud en Argentina
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Colette Soler  De rupturas y construcciones
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | Carlos Ruiz  Topología y psicoanálisis: articulaciones
» Imago Agenda Nº 80 | junio 2004 | Armando Bauleo  De Pichon a Italia y de lo grupal a la desmanicomialización
» Imago Agenda Nº 79 | mayo 2004 | Roberto Harari  Un "torbellino" en la historia
» Imago Agenda Nº 78 | abril 2004 | Beatriz Sarlo  Sintáxis del zapping y postmodernidad
» Imago Agenda Nº 77 | marzo 2004 | Francois Leguil  El objeto del psicoanálisis es el deseo
» Imago Agenda Nº 76 | diciembre 2003 | Fernando Ulloa  El oficio de psicoanalista
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | Silvia Amigo 
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Eva Giberti  Pensando la adopción
» Imago Agenda Nº 70 | junio 2003 | Eduardo Grüner  La democracia es el objeto a de la política
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | Eduardo Pavlosky  Pasión por los grupos
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Silvio Maresca  La declinación argentina
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | Ricardo Rodulfo  El psicoanálisis en la universidad
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Héctor Yankelevich  Nos hay psicoanalista de niños
» Imago Agenda Nº 65 | noviembre 2002 | Rubén Zuckerfeld  La clínica de la escisión
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | José Milmaniene  La escritura y la ley
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Rolando Karothy  No hay un goce para todos
» Imago Agenda Nº 62 | agosto 2002 | Carlos Brück  Los psicoanalistas podemos ser escépticos
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | Juan Carlos Indart 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Raúl Yafar 
» Imago Agenda Nº 59 | mayo 2002 | Tomás Abraham  La censura del lacanismo
» Imago Agenda Nº 57 | marzo 2002 | Emilio Rodrigué 
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | Isidoro Vegh  Descubrir nuevos campos de goce
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | Juan David Nasio  La femineidad sigue siendo un enigma
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Élida E. Fernández  La psicosis no es otro idioma
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | Betty Garma 
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Juan Carlos Volnovich 

 

 
» Grama Editorial
Conocé las últimas novedades   Tienda on line y envíos a todo el mundo
 
» ACADP
Programa de formación en crianza  Inicio Agosto 2018
 
» Centro Dos
Formación clínica en Psicoanálisis  charlas informativas
 
» Lacantera Freudiana
Cursos 2018  CABA - ZONA OESTE
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com