Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Entrevista

Sergio Rodríguez
  Por Emilia Cueto
   
 
En relación con el dispositivo del pase, no acuerda con la postura de Lacan sobre la figura de los pasadores, proponiendo que sean directamente los jurados quienes escuchen a los postulantes. El inconveniente que encuentra en la formulación de Lacan es que el relato -de quien se propone a realizar el pase- pasa por la propia subjetividad del relator incluyendo la transferencia. ¿Cuál es su planteo?
Mi posición alrededor del tema del fin de análisis en este momento contempla, primero que el análisis de cada uno de nosotros no termina nunca, en ese sentido comparto la perspectiva de Freud en Análisis Terminable e Interminable; lo que sí termina de resolverse es la relación transferencial con X analista. Eso puede dejarnos en posición de seguir analizándonos por nuestra cuenta (después voy a decir cómo) o no, pero eso va a depender de hasta dónde llegó ese análisis, lo cual no se puede prejuzgar.

Cuando veo que un análisis se aproxima a sus finales, promuevo que el paciente analice sus propios sueños. Cuando traen un sueño, una vez que brindan sus asociaciones les digo: “bueno, ¿cuál es tu interpretación?” En general la interpretación es muy cercana a la que yo puedo formular después, y en todo caso a veces afino un poco la misma. Pero cuando verdaderamente están en esa instancia, pueden analizar sus sueños, sus equívocos, sus actos fallidos. Considero que un análisis terminó cuando alguien está en condiciones de producir las operaciones necesarias para continuar su análisis por su propia cuenta. Lo que tomo como modelo en ese sentido, y lo llevo un poco más allá de hasta donde lo llevaron Octave Mannoni y Lacan, es el análisis de Freud. Ambos llegaron hasta la idea de que no había sido un autoanálisis, porque se había estructurado básicamente sobre las bases de las cartas de Freud a Fliess, cosa que es absolutamente cierta. Lo que agrego, es que ahí Freud tenía su transferencia imaginaria puesta en Fliess, porque verdaderamente tal como dice Lacan desde el punto de vista de la operación simbólica, Fliess era un absoluto incapaz. La operación simbólica de interpretación la producía luego el propio Freud. Justamente es un muy buen ejemplo en referencia a la división del sujeto. Una cosa era Freud soñando, otra Freud relatándole su sueño al papel en blanco para Fliess, escribiéndolo, contándole sus asociaciones, y otro era Freud lector, leyendo lo que Freud soñante y relator había producido. Claro, ¡había que ser un genio como Freud para hacer eso en aquella época! Pero a esta altura del desarrollo del psicoanálisis, creo que un psicoanalista que ha logrado ir lejos en su análisis lo puede hacer bastante bien. Eso creo que tiene que ver con algo también planteado por Lacan, que es muy importante, y que a veces a uno puede parecerle una tontería lacaniana, y es que los seres humanos suponen que piensan antes de hablar y en realidad hablan antes de pensar. Por lo tanto, mi posición con respecto al tema del fin de análisis es, que no estoy de acuerdo con la existencia de ningún jurado, ni nada por el estilo.

De todas maneras, es bastante complejo lo que postula. En referencia a cómo se autoriza un analista, desde su planteo se podría decir que hubo analista a partir de los efectos que se pueden observar en los pacientes, pero en referencia al lazo con los otros no me queda claro como se podría llevar esto a la práctica. Tanto la I. P. A. como Lacan a través del dispositivo del pase, trataron de idear ciertas condiciones que pudieran regular algo del proceso, ¿cómo sería en esta modalidad que propone?
La I. P. A. seguro y así le fue. Con respecto a Lacan me fui dando cuenta, en la medida en que lo fui leyendo más finamente –cosa que le pasa a uno con Freud y Lacan durante toda la vida– que en la Proposición del 9 de Octubre de 1967, él insiste en que propone jurado de pase para producir una investigación sobre el fin de análisis. Ahí lo que se nos escapó a todos, es que su planteo era para una investigación sobre el fin de análisis, no porque él creyera que ese era el punto de llegada con respecto a la cuestión de la verificación. Estoy hablando casi treinta años después de esa experiencia, entonces me guío por cosas que cita Ricardo Estacolchic en un artículo sobre este tema, donde expresa que Moustapha Safouan dice que ninguno de los que se presentó al pedido de pase en el jurado de la Escuela Freudiana de París estaba para el pase, que muchos de ellos en realidad eran demandas de análisis. Me guío por situaciones complejas, como algún suicidio que hubo como efecto de la experiencia del pase en París. Ojo, no acuso a nadie con esto, el tema es la situación que se armó en ese momento. Obviamente cuestiones políticas que llevan a Lacan a disolver la Escuela Freudiana de París y decir con todas las letras: he fracasado. Lo que sucede es que los lacanianos solemos no tomarnos en serio, a veces, las palabras de Lacan y creo que él se refería particularmente a cómo quedó estructurada su escuela, por eso la disolvió. Dice: he fracasado y le agradezco a mis compañeros de la Escuela (no es literal la cita pero esa es la idea), gracias a los cuales he tropezado y me he dado cuenta de que he fracasado. Lo que creo es que ahí, lo que nos acucia a todos nosotros es el imaginario, absolutamente necesario para cualquiera de nosotros y mucho más para las relaciones sociales, de encontrar una garantía en algún lado. Pero ahí también aparece una contradicción en Lacan, porque Lacan, que a partir de determinado momento dice que no hay garantía del Otro. Y tiene absoluta razón en eso, para el jurado de A.M.E. propone que dicho jurado va a dar garantías de formación suficiente del que salga A.M.E. Es muy difícil resignarse a que no hay garantías.

Vuelvo a la primera formulación de Lacan en el ‘67 –justamente– cuando además se quedó colgado del pincel, en tanto lo habían expulsado de la Internacional Psicoanalítica y plantea: un psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo. Esta es la traducción más precisa, incluso que la que circula por ahí que dice: un psicoanalista sólo se autoriza de sí mismo; el “no se autoriza” mete la típica negación de él que está en francés.

También en Des-con-cierto realiza un exhaustivo análisis de lo que sitúa como la crisis del psicoanálisis, crisis que habría empezado a manifestarse a partir de 1994. A más de diez años de aquel escrito, ¿Cuál es su evaluación actual?
Mi evaluación actual, la voy a decir con total franqueza: las instituciones psicoanalíticas se están avejentando, obviamente yo también, no excluyo lo que pueda estar influenciando de mi propio envejecimiento en esta creencia, pero lo que observo cuando voy a congresos o me cuentan, es que el promedio de edad es de 50 años para arriba. Los jóvenes que se inclinan por el psicoanálisis no entran a las instituciones. En la Argentina o en París, cuando lo hacen, ingresan a la institución milleriana, que les ofrece, en este momento, lo más parecido posible a un discurso universitario, en el sentido de una línea clara, precisa, coherente, ordenada desde arriba, etc. Creo que eso tiene que ver con varias cosas.

En primer lugar hay un tema que tiene que ver con la cultura actual que, como efecto de la explosión tecnotrónica, ha producido una aceleración brutal y una reproducción de la información, lo cual al mismo tiempo que hace aparecer a la sociedad como muy informada, en realidad a lo que tiende es a producir una gran desinformación. Tengamos en cuenta que, además, la existencia de Internet ha abierto mucho la información. Masivamente el carozo de la información lo tienen las grandes corporaciones de los medios masivos de comunicación y estas informan intencionadamente. Pero esta información intencionada no la pienso al estilo de como la pueden creer algunos pequeños grupos de la izquierda, en el sentido de para una línea política X.

Se está produciendo un fenómeno, por un lado de aplastamiento del sujeto, como efecto de este camino que ha tomado la información en la cultura actual, pero al mismo tiempo eso va muy ligado a una vía que en la Argentina y en América del Sur en este momento se está intentando revertir, pero que no va a ser fácil hacerlo, que es que la hegemonía del capital la ha tomado el gran capital financiero. Esto pone en el centro del ideal para la masa el dinero, y el dinero –como bien decía Lacan en el seminario de La Carta Robada– es el significante que mata todas las significaciones. Es decir, es el significante que, por ejemplo, mata la creencia que puede haber amor entre dos personas, que alguien pueda estar haciendo algo porque le gusta hacerlo, produce la suposición de que todo es por dinero y nada más; lo cual es una suposición falsa, pero que imaginariamente se ha extendido en la población.

En una entrevista que usted le realizara a Emilio Rodrigué –si mal no recuerdo en Psyche– disentía, con él respecto de la eficacia del psicoanálisis. Mientras Rodrigué afirmaba que el psicoanálisis tiene hoy en día menos efectos terapéuticos que en 1920, usted manifestaba que los aportes de Ferenczi, Lacan, Winnicott, y otros, lograron más efectos, sobre todo en el campo de las esquizofrenias. Lo que enuncia ahora va en esa misma línea.
Efectivamente, lo que plantea o planteaba Emilio ahí (ahora él tiene otra posición) hasta cierto punto tenía razón, en el sentido de que el psicoanálisis había excluido de su campo de acción lo que no fueran neurosis y en 1920 era el momento de oro de Freud.

Emilio Rodrigué lo ubicaba en relación a todo el movimiento que había producido Freud y el psicoanálisis con respecto a la cultura Victoriana, imperante en esa época y los efectos terapéuticos que eso producía.
Exactamente, por eso digo que en ese sentido él tenía razón, pero lo que vino después es otra historia. El otro elemento es el peso de la muerte de Lacan, que a los que abrevamos en él, por lo menos a mí, pero creo que a la mayoría, nos llevó por lo menos veinte años empezar a salir de ese impacto. Empezar a salir quería decir escribir, transmitir, decir en nombre propio. Hasta ese momento en general lo que hacíamos era transmitir lo que habíamos leído en Lacan, lo cual produjo hasta algunos fenómenos ridículos, como por ejemplo limitar el campo de lo que se hablaba a aquellas cuestiones sobre las que Lacan había escrito. Por supuesto fue un genio y abarcó una gran parte del psicoanálisis. Por ejemplo casi no lo había trabajado, pero vuelve con mucha mayor eficacia al tema de la psicosis recién en el año 1975. Ahora hay toda una dotación de psicoanalistas que está más capacitada y en mejores condiciones, para encarar esos problemas.
Los que siguen atados a las normativas de la I. P. A. o cambiándole un poco el barniz en algunos colegas lacanianos, que piensan que el silencio es el elemento fundamental del analista, lo cual no es así, o no se han preocupado en trabajar a fondo el tema del semblant, que es un tema clave para el establecimiento, el desarrollo, el trabajo y la resolución de la transferencia; entonces claro, los consultorios se les complican, pero para quienes se han metido en esas cosas al contrario, los consultorios mejoran cada vez más y mejora cada vez más la eficacia de ellos.

A caballo de ambas cuestiones se produce la reaparición de lo viejo, porque en verdad las terapias cognitivo-conductuales son un barniz de las terapias conductuales. Entonces logran un impacto primero, en una parte importante (porque no en toda) de la masa de estudiantes universitarios y de profesionales jóvenes, dando a creer que se pueden resolver los problemas psíquicos en mucho menor tiempo y con menor gasto, lo cual –por supuesto– es funcional a la relación costo beneficio en la cual están pensando permanentemente los pre-pagos y las obras sociales, en lugar de pensar qué está pasando con la salud y la enfermedad de sus pacientes. Todos esos elementos contribuyeron a dificultar este período del psicoanálisis, creo que en no mucho tiempo se saldrá de esa situación, y creo igual que Lacan, que el psicoanálisis jamás va a triunfar, porque eso sería suponer que podría haber una sociedad sin imaginario, lo cual es una tontería. El psicoanálisis va a tender a hacerse más poderoso en lo que tiene que serlo, que no es en la mayor o menor cantidad de miembros psicoanalistas que tenga, sino en la eficacia de sus instrumentos, de sus herramientas para la práctica psicoanalítica.

A lo largo de sus libros se puede leer la importancia que le asigna al semblant y a los movimientos del analista en los comienzos de un análisis. En la trastienda de los análisis volumen 4 ubica, a partir de los discursos enunciados por Lacan, al que denomina: “discurso de apertura de la partida”. ¿Cuáles son las características de este discurso?
Las características de ese discurso tienen que ver con que el analista se encuentra ahí ante un paciente sufriente, que suele creer saber por qué sufre (cuando digo creer puede ser una creencia conciente, inconsciente o preconciente), eso hace que se haga representar por un significante. Por supuesto cuando uno dice eso está haciendo una reducción, es una oración, una frase, un relato completo, etc., que es a lo que Lacan llama “significante de la transferencia”. Eso se dirige hacia el analista, por lo cual es muy importante que el analista de entrada y rápidamente vaya encontrando cómo moverse, cómo situarse, cómo hablar, con qué voz hacerlo, con qué mirada, hasta a veces con qué modo de vestirse y, obviamente, qué pocas cosas decir, pero importantes, para que se establezca la transferencia y empiecen a producirse los giros de discurso. Lacan lo planteaba –y estoy completamente de acuerdo– con el grafo de inicio de la transferencia, subrayo lo de inicio porque muchas veces se lo apocopa diciendo grafo de la transferencia. Lo que planeaba Lacan –que es muy coincidente con otra cosa de Freud– es que se abría el juego si el analista, el significante cualquiera, era capaz de situarse a nivel del significado o sea al nivel de lo que está significando al sujeto hasta ese momento, que es un equivalente a lo que yo pongo como S1 en el de apertura de la partida. Dice que si es capaz de situarse ahí, entonces se va a abrir la cadena de significantes inconscientes y se va a ir desarrollando el análisis. Eso es parecido a algo que dice Freud en los Escritos Técnicos, cuando plantea que no hay que interpretar hasta que no empiece el análisis, a menos que sea una interpretación que sirva para el establecimiento de la transferencia, la cita no es literal pero la idea es esa. Como vemos la idea es parecida en los tres, obviamente yo me subsumo a lo desarrollado por ellos, no creo inventar nada, lo único que intento hacer es darle forma de letras y de matema a esa primera jugada.

¿Por qué diferenciarlo del discurso del analista propuesto por Lacan?
Porque en el discurso del analista, el analista está interpretando lo que es la división del sujeto en ese momento, mejor dicho: está convocando desde su saber como analista a que en el lugar del agente, la división del sujeto produzca un nuevo significante, en cambio acá todavía no hay condiciones para eso. Quien nos consulta viene con su significante, que cree es el que tiene que ver con su padecer.

La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com

Sergio Rodríguez fue miembro de la Comisión Directiva del Centro de Docencia e Investigación de la Coordinadora de Salud Mental. Fundador y codirector de Psyche desde 1986 a 1990. Miembro del Consejo directivo de la Escuela de Psicoanálisis del Borda en 1990/91. Presidente de Herramienta Freudiana Transdisciplinaria entre 1990 y 1996. Fundador y director de www.psyche-navegante.com desde su fundación hasta fines del 2004. Fundador y director de www.televerdades.com hasta comienzos del 2005. Creador y conductor del programa de radio Descolgados en Palermo en FM 99.5, en el que actualmente sólo conduce un reportaje mensual. Publicó cinco libros de autor, dos en coautoría con Ricardo Estacolchic. Participó de diversos programas en televisión y radio, tuvo columnas en Radio Municipal y La Isla AM, fue co-conductor de Migas de media luna en FM Palermo 96.4. Tiene más de trescientos artículos publicados en diversos diarios y revistas, conduce su propio seminario desde 1992.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 192 | octubre 2015 | Ana María Fernández  El género bajo la lupa del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | Eduardo Said  UN PSICOANALISTA EN LA POLIS
» Imago Agenda Nº 187 | diciembre 2014 | Leonardo Leibson  Las psicosis después de Lacan
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | PAULA SIBILIA  Las mutaciones del sujeto, la “descorporificación” y la intimidad como espectáculo
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Pablo Zunino Spitalnik  El doctor Lacan en las tablas
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | Diana Sahovaler de Litvinoff  “Sujeto, intimidad y tecnología”
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Carlos Gustavo Motta  El cine y la subjetividad de la época
» Imago Agenda Nº 175 | octubre 2013 | Martín Alomo  Elección y goce
» Imago Agenda Nº 173 | agosto 2013 | Alicia Stolkiner  Política social en Salud Mental: no tratar a nadie como mercancía
» Imago Agenda Nº 172 | julio 2013 | Sergio Zabalza  La “hospitalidad” del psicoanálisis y las articulaciones del discurso
» Imago Agenda Nº 170 | mayo 2013 | Silvia Wainsztein  De la adolescencia al tercer despertar sexual
» Imago Agenda Nº 169 | abril 2013 | Ana Rozenfeld  “La resiliencia, esa posición subjetiva ante la adversidad”
» Imago Agenda Nº 168 | marzo 2013 | Verónica Cohen  “No hay que confundir a los maestros con amos, es un rechazo de la transferencia al discurso”
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | Roberto Rosler  “De la neurobiología de la afectividad al psicoanálisis”
» Imago Agenda Nº 165 | noviembre 2012 | Rebeca Hillert  Niños y analistas en análisis
» Imago Agenda Nº 164 | octubre 2012 | Alfredo Eidelsztein  “Del Big Bang del lenguaje y el discurso en la causación del sujeto”
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | Amelia Imbriano  ¿Por qué matan los niños?
» Imago Agenda Nº 162 | agosto 2012 | Creencia y sacrificio en el capitalismo salvaje 
» Imago Agenda Nº 161 | julio 2012 | Carina Kaplan  “No existe un gen de la violencia”
» Imago Agenda Nº 159 | mayo 2012 | Psicoanálisis y ceguera  Entrevista a Cristina Oyarzabal
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | Julio Granel  Lecturas psicoanalíticas del accidentarse
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | Susana Kuras de Mauer  Acompañamiento Terapéutico: de la prehistoria a los dispositivos actuales
» Imago Agenda Nº 154 | octubre 2011 | Marcelo Percia  “Estar psicoanalista en situación numerosa”
» Imago Agenda Nº 152 | agosto 2011 | Hugo Dvoskin  Un psicoanalista… fotograma por fotograma
» Imago Agenda Nº 151 | julio 2011 | Edgardo Feinsilber  Tras las constelaciones pulsionales
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | Haydée Nodelis  De Masotta y Sciarreta al Hospital Moyano y los test mentales
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | Entrevista a Patricia Alkolombre  Reproducción asistida: un campo fértil para el psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Isidoro Berenstein  Lo vincular frente al psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | Moty Benyakar  Lo disruptivo en psicoanálisis: de la trinchera al diván
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Leandro Pinkler  filosofía y Psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Alfonso Luis Masotti 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | Juan Dobón 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | Rubén Slipak 
» Imago Agenda Nº 140 | junio 2010 | Daniel Paola 
» Imago Agenda Nº 139 | mayo 2010 | José E. Abadi 
» Imago Agenda Nº 138 | abril 2010 | Eduardo Foulkes 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | Héctor Rupolo 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Mariam Alizade 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Juan Jorge Michel Fariña 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Homenaje a Oscar Masotta   Palabras de Norberto Ferreira y Teodoro P. Lecman
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Esteban Levin 
» Imago Agenda Nº 130 | junio 2009 | Gabriel Rolón 
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Nora Trosman 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Stella Maris Rivadero 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | Jorge Rodríguez  El saber está, ineludiblemente, entre el poder y el dinero
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | Acerca de la vejez, también del analista 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | Liliana Donzis 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | Giolu García Reinoso 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | Norberto Ravinovich   de Masotta a Letrafonía
» Imago Agenda Nº 121 | julio 2008 | Mario Buchbinder  Psicoanálisis y Máscaras
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | "Vivir hasta la muerte"  Homenaje a Fernando Ulloa
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | Jorge Baños Orellana 
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | Luis Kancyper 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | Héctor López 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Pablo Peusner 
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | Robert Lévy 
» Imago Agenda Nº 115 | noviembre 2007 | Néstor Braunstein 
» Imago Agenda Nº 113 | septiembre 2007 | Leopoldo Salvarezza  La medicalización de la vejez
» Imago Agenda Nº 111 | julio 2007 | Homenaje a Pichon Rivière 
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | Marta Gerez Ambertín  Los registros de la culpa
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | Juan Vasen  El niño programado
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | Enrique Millán  La adolescencia y el
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Eric Laurent  Psicoanalista a partir de Lacan
» Imago Agenda Nº 105 | noviembre 2006 | Jorge Alemán  Embajador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | Alberto Sava  La locura a escena
» Imago Agenda Nº 101 | julio 2006 | Silvia Ons  Psicoanálisis y cultura
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | El horror ante la vejez 
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | Conmemoraciones freudianas  Cinco diálogos a propósito de los 150 años del nacimiento del fundador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | Horacio Etchegoyen  Un didacta del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 97 | marzo 2006 | Charles Melman  Transmitir sin religión
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Alfredo Eidelsztein  Psicoanalista Didáctico
» Imago Agenda Nº 95 | noviembre 2005 | Pura Cancina  La fábrica del caso
» Imago Agenda Nº 94 | octubre 2005 | Esther Díaz  Deseo y poder
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | Gabriel Lombardi  La posición del analista
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Silvia Bleichmar  La sociedad al diván
» Imago Agenda Nº 91 | julio 2005 | Rudy  Analista retirado
» Imago Agenda Nº 90 | junio 2005 | Juan Bautista Ritvo  Un analista en controversia
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | Norberto Marucco  El trabajo del psicoanalista
» Imago Agenda Nº 88 | abril 2005 | Ana María Gómez  El pago en psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | José Schavelson  Freud, un paciente sin cáncer
» Imago Agenda Nº 86 | diciembre 2004 | Alicia Hartmann  Psicoanalizar niños
» Imago Agenda Nº 85 | noviembre 2004 | Janine Puget  Psicoanálisis de los vínculos
» Imago Agenda Nº 84 | octubre 2004 | José Grandinetti  Psicoanálisis en el Borda
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Hugo Vezzetti  Tras las huellas de Freud en Argentina
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Colette Soler  De rupturas y construcciones
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | Carlos Ruiz  Topología y psicoanálisis: articulaciones
» Imago Agenda Nº 80 | junio 2004 | Armando Bauleo  De Pichon a Italia y de lo grupal a la desmanicomialización
» Imago Agenda Nº 79 | mayo 2004 | Roberto Harari  Un "torbellino" en la historia
» Imago Agenda Nº 78 | abril 2004 | Beatriz Sarlo  Sintáxis del zapping y postmodernidad
» Imago Agenda Nº 77 | marzo 2004 | Francois Leguil  El objeto del psicoanálisis es el deseo
» Imago Agenda Nº 76 | diciembre 2003 | Fernando Ulloa  El oficio de psicoanalista
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | Silvia Amigo 
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Eva Giberti  Pensando la adopción
» Imago Agenda Nº 70 | junio 2003 | Eduardo Grüner  La democracia es el objeto a de la política
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | Eduardo Pavlosky  Pasión por los grupos
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Silvio Maresca  La declinación argentina
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | Ricardo Rodulfo  El psicoanálisis en la universidad
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Héctor Yankelevich  Nos hay psicoanalista de niños
» Imago Agenda Nº 65 | noviembre 2002 | Rubén Zuckerfeld  La clínica de la escisión
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | José Milmaniene  La escritura y la ley
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Rolando Karothy  No hay un goce para todos
» Imago Agenda Nº 62 | agosto 2002 | Carlos Brück  Los psicoanalistas podemos ser escépticos
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | Juan Carlos Indart 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Raúl Yafar 
» Imago Agenda Nº 59 | mayo 2002 | Tomás Abraham  La censura del lacanismo
» Imago Agenda Nº 57 | marzo 2002 | Emilio Rodrigué 
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | Isidoro Vegh  Descubrir nuevos campos de goce
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | Juan David Nasio  La femineidad sigue siendo un enigma
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Élida E. Fernández  La psicosis no es otro idioma
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | Betty Garma 
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Juan Carlos Volnovich 

 

 
» Grama Editorial
Conocé las últimas novedades   Tienda on line y envíos a todo el mundo
 
» ACADP
Programa de formación en crianza  Inicio Agosto 2018
 
» Centro Dos
Formación clínica en Psicoanálisis  charlas informativas
 
» Lacantera Freudiana
Cursos 2018  CABA - ZONA OESTE
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com