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   Entrevista

Alberto Sava
  La locura a escena
   
  Por Emilia Cueto
   
 
En Desde el mimo contemporáneo al teatro participativo, relata que, a raíz de la convocatoria que en el año 1984 le realizara José Grandinetti, nació poco tiempo después el Frente de Artistas del Borda, ¿Como surge esa iniciativa?
En la década del ’70 empieza en el mundo una experiencia desmanicomializadora. En Italia surge la primera experiencia, donde Franco Basaglia cierra por primera vez en el mundo un manicomio. Pero no lo cierra abruptamente, lo hace en forma progresiva, lo cual le llevó unos siete u ocho años y desde el Estado. Es decir, desde la Dirección de Salud Mental de Italia se armó un dispositivo básicamente comunitario; en lugar de estar toda la gente concentrada en un hospital, se abren cinco centros de salud mental en Trieste. La atención, la prevención y la internación de los pacientes se hace en los centros de Salud Mental.

Las personas fueron derivadas del hospital a familias, en el caso de que las familias los pudieran contener, de lo contrario a departamentos en la ciudad de Trieste. Se crearon cooperativas de trabajo, en función de las actividades que realizaban los pacientes internados. En estos momentos funcionan diecisiete cooperativas de trabajo. El Estado le da a la familia que sostiene ochovientos euros por mes, y los pacientes cobran ochocientos euros por mes. Todo ese recurso es el mismo que se utilizaba para mantener el manicomio. Las internaciones no superaban el promedio de quince días, hablan de doce días en este momento. Ellos consideran –y no solo ellos, la Organización Mundial de la Salud lo plantea– que una persona no tiene que estar más de treinta días internada. Los italianos dicen que treinta días habla de un fracaso terapéutico. Esa experiencia que empezó en los ’70, en Italia se completa con una ley nacional de Salud Mental. Se dictó una ley que prohibía la creación de nuevos manicomios y se sugería que desde el año 2002 no tendría que haber más manicomios en Italia, y así fue. Esta avanzada repicó en muchas partes del mundo, incluso acá, en Argentina. En el año 1984, durante el gobierno de Alfonsín, terminada la dictadura militar, desde la Dirección Nacional de Salud Mental, en la Argentina se intentó llevar a cabo una práctica parecida. Se designaron como experiencia piloto tres lugares, uno Río Negro, otro Córdoba y el tercero en el Hospital Borda.

En el Borda convocan a una serie de personas de distintas disciplinas, psicólogos, terapistas ocupacionales, psiquiatras, sociólogos, asistentes sociales y artistas. Dentro de estos últimos me convocan a mí. Me llama José Grandinetti porque yo había hecho algunos trabajos con él entre enero-febrero de 1975 y marzo de 1976 en el Hospital Moyano. Además, junto a Rodolfo Iuorno supervisaban mis trabajos fuera, es decir el trabajo de teatro participativo que tenía en mi escuela particular. Comenzamos a trabajar en el Hospital Moyano, el golpe militar frustró esa iniciativa y cuando se reabre esta posibilidad en el Borda me convoca. José Grandinetti y me dice: “Venite al Borda, vos que tenés experiencia en sacar el teatro a la calle, vamos a sacar los locos a la calle”.

¿Cuales son los efectos que con mayor frecuencia ha observado en los pacientes que participan del Frente de Artistas del Borda?
Generalmente, el manicomio produce un efecto en las personas con muchos años de internación, por el cual va dinamitando las capacidades que tiene un ser humano de pensar, de sentir y de hacer. Va destruyendo, estallando las pasiones, los deseos, los vínculos personales dentro y fuera del hospital, va convirtiendo progresivamente al sujeto en un objeto. Algunos dicen “somos un ladrillo más del hospital”.

El arte lo que hace es recuperar deseo, pasión, actitud, despierta aptitudes, comienza a producir vínculos grupales. La persona comienza a pensar, a sentir y a ocuparse de sí, de su cuerpo, empieza a proyectar al ver que puede cantar, pintar, actuar, escribir y después llega el momento en el que hay que salir. De esa posición paciente, pasiva, se pasa a una posición más activa. Dentro de un proyecto ideológico de construcción del pensar permanente entre todos, es decir que se posiciona al arte no solamente desde un lugar de entretenimiento –que puede serlo– sino también desde otra arista. Pichón Riviere decía que el artista tiene dos caminos: o afirma una estructura institucional, –social, o grupal– o es un transformador, un contestador, un revolucionario. Nosotros estamos en esta última línea, no solo hacer arte sino también por qué hacer arte, para qué hacemos arte, a quién se destina esta producción, qué efectos queremos que produzca. El Frente ha creado un clima de mucha discusión, de mucho debate, no sólo con respecto al manicomio, sino también de contenido social y político, no partidario. Esta salida de la producción genera una especie de ciclo, de abanico desde el principio hasta el final, por el cual éste, que era un proyecto de muerte, se convierte en un proyecto de vida para quienes participan. Esa es una de las cosas más importante que sucedieron con el Frente de Artistas y con el arte.

¿Por qué no se pudo aplicar la desmanicomialización en el Borda?
En el Borda no se pudo hacer por razones ideológicas y económicas. En referencia a las razones ideológicas no hubo desde ningún lugar, ni desde la dirección del hospital, los sindicatos o la superestructura política, una política –como hubo en Trieste– de información, de debate, de discusión sobre las desventajas que tiene un manicomio y las ventajas que tiene un proceso de desmanicomialización. Lo ideológico es que los sindicatos dicen que la gente se queda en la calle, cosa que no es real, por el contrario tanto en la experiencia de Italia, como la de Río Negro o San Luis, tuvieron que tomar más gente, más personal. En el hospital un enfermero cuida durante seis horas a cincuenta personas, un solo enfermero no puede hacer un trabajo diario en la calle visitando a la gente, controlando la medicación y demás. Necesitan tres o cuatro veces más empleados, lo mismo sucede con los médicos. Creo que también tiene que ver con una cuestión económica. Los laboratorios presionan mucho para que los manicomios existan, porque según dicen en un manicomio un paciente consume un 60 ó 70% más de medicación que en tratamiento ambulatorio. Pensemos en las 1000 o 1200 personas que hay internadas en el Hospital Borda. Las corporaciones médicas, creo que por una concepción ideológica –dado que algunos de sus integrantes piensan que la única forma de atender la Salud Mental es en un manicomio– y una cuestión económica también, hacen fuerza para que sigan existiendo. No hay a nivel político, información, ni discusión, recién ahora se están empezando a abrir debates. Buenos Aires tiene una ley de Salud Mental, los legisladores comienzan a poner sobre el tapete el tema de la Salud Mental. Pienso que es un proceso que va muy lento. De aquí a cinco o diez años vamos a tener proyectos de desmanicomialización en Buenos Aires y en otras partes del país. También en el hospital funcionan empresas privadas. La comida está privatizada, la seguridad, la limpieza, los medicamentos los brindan los laboratorios, que son privados. Es decir que lo único que es estatal son los empleados, pero después todo el mecanismo interno es privado y estas empresas pugnan para que exista el manicomio, porque si se cierra se quedan sin trabajo. En Trieste, Basaglia estuvo siete años hablando con los profesionales, los empleados, los pacientes, la prensa, los jueces, la policía; es un proceso largo, hay que reconvertir una estructura de cientos de años totalmente vieja.

En 1989 se realizó el Primer Festival Latinoamericano de Artistas Internados en Hospitales Psiquiátricos, siendo el primer y único evento de estas características a nivel mundial.
Sí, no existe una experiencia parecida en el mundo, incluso tenemos un reconocimiento de la UNESCO por la trayectoria del Frente de Artistas y por la experiencia del festival. Hay en Brasil un museo de pintura, en Holanda también, pero un evento que congregue todas la actividades artísticas durante una semana y donde todo el mundo conviva en ese lugar, intercambien experiencias, no tiene precedentes.

¿Cómo surgió la idea del Festival?
La idea del festival fue consecuencia del Frente de Artistas y de cómo repercutió en otros hospitales, pero también a mi me surgió a partir de una película actuada por Ubaldo Martínez, un actor uruguayo residente en la Argentina que tenía un personaje cómico, simpático, llamado “Ubaldino” que era un borrachín. Yo estaba viendo la película por televisión y la trama consistía en que recibía un telegrama de una supuesta herencia, que después no fue verdad, fue un equívoco y a él se le ocurre en la dramaturgia de la película traer a todos lo borrachos del mundo y hacer una convención de borrachos en Buenos Aires, era muy cómico ver a los borrachos bajar de los aviones, etc. A partir de esto pensé que era una buena idea hacer una convención de artistas locos y así fue. Lo presenté a la asamblea como propuesta y uno de los integrantes dijo: “¡Tenemos uno más acá adentro!”, refiriéndose a que era una locura hacerlo.

¿Y a pesar de todos los estímulos, las situaciones nuevas y las emociones no hay descompensaciones?
Descompensaciones grandes no hubo nunca, jamás tuvo que volverse un profesional con un paciente, puede haber una estimulación, una cierta excitación, pero eso es muy común en los artistas, yo vengo del teatro y sé como se sienten esas cosas. Previo a la presentación, al estreno hay nerviosismo, una excitación que se trasunta en cierto histerismo... que no te hablen, que no te jodan, pero nunca hubo una descompensación. Lo que nosotros hacemos es que cada coordinador artístico trabaje con un coordinador psicológico que va acompañando toda la tarea. Eso se va hablando, se va conteniendo. Es más, se produce una cosa interesantísima que hemos constatado con el Dr. Postare. Cada delegación tiene que ir con un psicólogo, un enfermero y un médico porque la mayoría son pacientes medicados y él ha hecho una evaluación en los dos últimos festivales que se hicieron en Mar del Plata por la cual llegó a la conclusión de que se ha bajado hasta en un cincuenta por ciento la dosis de la medicación en los pacientes estando fuera del hospital. También hay un pedido nuestro, porque generalmente los pacientes cuando están muy medicados no están aptos para producir una actividad artística plena, están contracturados muscularmente, emocionalmente, por lo tanto hay un pedido desde nuestro lado de que vayan contemplando la posibilidad de que no se siga con la misma medicación que tienen en el hospital, y en general se baja la medicación. Además hay otra calidad de vida que no tienen en el hospital. Hay una película de Milos Forman, protagonizada por Jack Nicholson que se llama Atrapado sin salida. Pagina 12 tituló una nota sobre el festival: “Atrapados con salida”. 


Alberto Sava es artista y psicólogo social. Fundador y director del Frente de Artistas del Borda. Fundador y presidente de la Red Argentina de Arte y Salud Mental.
 
 
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