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   Creación y Locura

La locura del arte y el arte de la locura
  Por Mario Buchbinder
   
 
Fragmentos
¿Conocéis acaso el terror del que se adormece? Tiembla de pies a cabeza, porque siente que le falta el suelo, y comienza a soñar.
Os digo esto a modo de parábola. Ayer a la hora de mayor silencio, sentí que me faltaba el suelo, y comenzaron los sueños
”.
Nietzsche F.

En la creación artística se adormece una parte de la conciencia y otra despierta, situación que es sorpresiva aún para el que la ejerce. Es una mezcla aleatoria entre pasión y razón, el exceso de una u otra las acerca a la locura. Pero su elaboración las conjura. Así, en el Guernica de Picasso parece seguir latiendo la destrucción de las bombas, pero la configuración del cubismo, como estilo, permite disfrutarlo con ese grado de distanciamiento que pregonaba Brecht para su teatro épico.

Nureyev cuentan que se masturbaba en alguna de sus funciones. Bailaba en la frontera entre la pulsión y la sublimación.
Si Borges roza la perfección de la razón en sus poemas y cuentos, Horacio Quiroga traslada en cuerpo y obra, el amor, la locura y la muerte.
Es un hecho conocido la diferencia entre locura y psicosis. ¿Por qué una misma palabra, locura, designa significaciones opuestas? En una relacionada con la psicosis, en la otra con la creación. En la primera, las pulsiones de autodestrucción predominan. En la segunda, son las vicisitudes de las pasiones que pueden encontrar en el arte y no sólo en él, un cauce de elaboración. Independiente y dependientemente de aquello que pasa con la vida del creador. ¿Cuándo la obra es “apertura de mundo” en relación a la tierra (Heidegger) y cuándo es pura tierra o pulsión o sólo su envoltura obsesiva y mortuoria?

Arte, locura y psicosis
Luisa Valenzuela me relató que cuando un hospicio se transformó en un espacio de arte creado por los pacientes, ellos decían: “Yo antes no tenía identidad, era loco pero ahora soy artista.” El arte los sacó de la locura.
Cuando “los locos” del Frente de Artistas del Borda recitan sus poemas o actúan en teatro, quedo impactado por la contundencia al representar y por su relación con lo real. La locura cuando es arte es locura creativa.

Es arte cuando sale de las garras del encierro y accede al plano de la sublimación. Si no, es un estar atado a la pulsión. En este sentido, el arte puede ser uno de los destinos de la pulsión, pero si no, es la repetición, el predominio de las pulsiones de destrucción y la compulsión que lo acerca a la psicosis.
Requiere desde el modelo de Tótem y tabú un pacto simbólico entre los hermanos y la muerte simbólica del padre. También si se encuentra fragmentado el espacio transicional, desde Winnicott, el arte ayudará a reconstruir los lazos indispensables para el contacto entre el mundo interno y el externo.
El arte tiene una historia y una gramática. La creación las sobrepasa pero la tiene como punto de referencia. Si Picasso rompe con “una supuesta geometría” en “Las señoritas de Avignon” es porque logra sobrepasar esa historia estéticamente. A la metáfora delirante que es creativa se opone la metáfora creativa que es delirante. ¿Pero cuál es la diferencia? ¿No será la pasión, el cuerpo, y la afirmación o el cuestionamiento al pensamiento instituido aquello que aparece como locura? La pasión, como los afectos que sobrepasan la razón, el cuerpo, como aquello que no puede ser enmarcado y hace presente otras razones, y el pensamiento instituyente que no deja de interrogar.

¿Qué cura la locura?
Hay locuras que conviene no curarlas. Son fuente de inspiración y creación. Otras que son destructivas y seguramente tienen aspectos creativos. La cura debe tener arte para diferenciar en dónde dar el toque. El arte puede curar la locura, pero puede exacerbarla.

Gradientes de locura
La actuación, el asesinato, la guerra, la violencia, están entre los grados máximos de la pasión destructiva. El ataque histérico, la pasión amorosa, son un grado menor. La situación analítica tuvo momentos: en la prehistoria del psicoanálisis, cuando Breuer se enfrenta con el amor transferencial y no puede resolverla ni disolverla. Freud conjura y domeña la transferencia. El encuadre psicoanalítico se ve tironeado entre el desborde de la pasión y el control obsesivo de ésta.
El arte es un dispositivo que permite la simulación de máximas intensidades de pasión pero jugadas en el “como si”, aunque en relación con “el si” de lo real.

Gradientes del análisis
En los gradientes del encuadre se juega el destino del psicoanálisis, que no puede estar por fuera de las conmociones socioculturales y de la relación con la verdad, los afectos, el logos.
Quizás un modo en que se pretende conjurar la locura, con la que los psicoanalistas se enfrentan en su práctica profesional y cotidiana, sea la exigencia de las modas, de la jerga obsesiva y encerrante. El lenguaje repetitivo, ecolálico, de escuelas, frente a la locura de lo real y la pasión. Situación asfixiante que no sólo afecta al psicoanálisis, sino que atraviesa a toda la cultura.

La práctica con la locura es constitutiva para el analista, las máscaras desestructuran algo yoico y conectan con lo mítico, con lo otro. Se trata de desenmascarar lo real y a su vez darle coberturas. ¿Puede crear el psicótico, y en qué momento?
El arte no ha dejado de interrogarse sobre la relación entre la intensidad de los afectos y la significación. Es testimonio de la pasión que dormita y bulle en el corazón de la condición humana. La pasión es la energía potencial o en acto, de la locura o de la creación

Es un testimonio estructurado en un estilo que sobredetermina o condiciona la historia del arte y la cultura. Es el modo en el que la pasión se viste con vestidos que no dejan de tener las arrugas correspondientes y las hilachas de lo humano. Es molde y margen de la civilización, mal que le pese a quien desde el arte se sienta como opuesto y no manchado por ésta.
En la prima de placer a la que se refería Freud, al hacer presente con un disfraz potable aquello que resulta difícil de digerir por la conciencia, da condición para una denegación benigna.

Si Platón dejaba afuera de la república a los poetas posiblemente se debía al núcleo de verdad que éstos hacían presente en sus construcciones ficcionales. Él decía que se alejaban de la verdad ¿pero no era lo contrario? Cuando Heidegger utiliza la palabra aletheia para describir el modo de acceso a la verdad juega con el cubrir y el descubrir que está implícito en esta palabra y en la palabra en general, como en Los zapatos de Van Gogh que él analiza...
Es que lo poético hace presente lo magmático, el imaginario radical.

Aspectos en común y diferenciales del arte y la locura
En la psicosis la creación es con ruptura de las significaciones imaginarias sociales; en el arte o locura benigna es cuestionamiento de las significaciones imaginarias sociales, pero no ruptura con la construcción de un mundo compartido. En la primera hay ruptura de puentes, en la segunda es la exploración de puentes de comunicación y de existencia.

Locura en / y de la contemporaneidad
Pichón Riviere decía que había locos buenos y locos hijos de puta. Los buenos interrogan al mundo que inventan, descubren, crean. Pero están los otros en los que prima la destrucción de sí mismos, y del mundo. Tiene que ver con: la guerra, la paranoia, el genocidio, el consumismo, la esbeltez-mercantilización de los cuerpos, la tortura, la hipertecnología, la inequidad social, el chovinismo, etc.

Cuando Adorno afirma la imposibilidad de escribir poesía después de Auschwitz, hace presente el quiebre de la modernidad en el proyecto de la “solución final”. La utilización de todos los recursos de la modernidad sirvieron para la destrucción. ¿Hay palabra de redención o sólo queda el vacío del campo?
Uno de los aspectos desconcertantes de la palabra locura es que en sí, encierra una paradoja. Se relaciona con el crear, pero la creación puede ser para el bien o para el mal. Una locura puede ser elogiada y otra denostada. Entonces, es loco un artista creador como un genocida. Si el psicótico da cuenta de la imposibilidad del lenguaje para contener su ser, el artista da cuenta de la imposibilidad del ser del lenguaje e inventa otro. Habrá que salir del reduccionismo de la oposición binaria entre locura y normalidad y razón y sinrazón.

En el tema del arte y la locura se hace presente una problemática del sujeto. El teatro contemporáneo se plantea un teatro no psicológico. No es sobre la razón, ni sobre su sentir sobre lo que asienta el personaje y la ficción, sino sobre el ser que se hace presenta en la pura ficcionalidad. Esa ficcionalidad de la nada, del escenario vacío, da un mentís al sentido de la metafísica para construir el sentido de la escena.
Ya la sinrazón no es sólo la del loco, sino que la sinrazón adquiere ciudadanía en la contemporaneidad y el arte dialoga con ésta y da razones que también tiene el lenguaje del loco, con la diferencia de que el arte construye puentes entre cultura y subjetividad, más que rupturas. De allí que el arte deja de ser la consagración de la belleza de la razón para construir un goce de la creación en sí, del lenguaje que crea sentido en su decir.

La cura
El arte de la cura en la locura implica que junto con la palabra se incluyan otras prácticas como la psicofarmacología, la terapia familiar, la ocupacional, la expresión corporal, el teatro, el psicodrama, etc.
¿No será que la cura psíquica, el trabajo del psicoanálisis, pasa simultáneamente por estas prácticas? Quiero decir que frente a la fragmentación y la destrucción, por ejemplo, moldear la arcilla o la escena dramática generan elementos elaborativos y creadores de simbolización. No se trata, en la cura, frente a un sentido consolidado de oponer otro sentido vestido de un conocimiento o un saber, sino a la creación de sentidos. Tampoco se trata de una exaltación del poder del arte, ni de lo que vislumbra el psicótico como visionario de las tinieblas.

La locura en su “plenitud” se consume en el encierro de una pequeña comarca; cuando hace obra sale del encierro y alcanza (como suele suceder en general con el arte) el universo. En esa situación la locura se tiñe y realza la genialidad, como el campo de girasoles sin oreja de Vincent. No se trata de darle un sentido al loco, sino poder descubrir y crear donde hay agujero, dictadura y/o falta de sentido.
La poesía es creación de sentido en su propia textualidad y en el placer del texto. Por eso Barthes recupera la epifanía del texto en el haiku y Baudrillard en el relato corto. Por esto la poesía se interroga, desarma y recrea el lenguaje.
Van Gogh ¿es creador por loco o porta una doble locura: la de la creación artística y la de la creación psicótica? Pero una abreva en la otra y a Van Gogh no lo cura la artística.

La obra de arte es una escultura, una concretización no sólo del inconsciente sino de la estructura psíquica. La locura parece el parásito nunca hallado (aquel que encuentra Horacio Quiroga en el cuento “El almohadón de plumas”) que le come la sangre al enfermo. La obra paraliza al parásito. El arte simula lo que la locura actúa. De esta manera el arte distancia aquello que la locura agarra y destruye o construye.
La nada y la banalidad tienen como referente el espectáculo de terror y miseria que asola nuestra historia y por ende la subjetividad. Cuando el arte lo representa, lo real es “agarrado” por el imaginario, re creado y transformado. Se fundan condiciones para la elaboración y la simbolización.
A la hora de mayor silencio, parafraseando a Nietzsche, el arte construye suelo a partir de donde los sueños vuelan.
 
 
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