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¿Qué tiene para decir el Psicoanálisis de las parejas separadas con hijos?
  Por Ramiro Ezequiel  Bosco
   
 

“No se tratará aquí de hablar de psicoanálisis, de indigestarlos, sino de soportar sus consecuencias y escribir”.

Partid en dos al niño vivo, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra. (Juicio Salomónico)

 

Insiste un fenómeno: La cantidad de casos de padres separados con hijos va en aumento. La mayoría de las veces se convierte en una guerra en donde vale todo con el objetivo de destruir al otro, y los hijos…en el medio (coincidiendo que la definición de sujeto del psicoanálisis). Me pregunto cómo “el deseo de un hijo” (genitivo objetivo: un niño al que se desea y genitivo subjetivo: es un niño que desea. Lo que abre a la pregunta ¿quién desea?) es encarnado en la pareja parental. ¿Deseo de tener un hijo, equivale al deseo de ser Padre o Madre? ¿El deseo de tener un hijo equivale a “estar embarazada”? ¿Qué –en relación al deseo- se juega en los “neuróticos” padres? Aunque los hijos necesariamente  por estructura advienen a un lugar de objeto: ¿Qué sucede cuando la pareja se rompe y quedan los hijos en lugar de objeto?

Partiendo de que el amor es lo que hace condescender el goce con el deseo, nos preguntamos entonces cómo juega el amor en la problemática que estamos abordando. El amor… ¿qué es el amor? Desde el psicoanálisis decimos que es pura falta. El amor es el efecto de esa falta, cuando alguien “nos hace falta” en el decir criollo. Por ello el amor de objeto está de la vereda de enfrente del narcicismo. Vamos  a desplegar ésta cuestión más adelante, pero por ahora diremos que el amor narcisista entendido vulgarmente como “amor propio”, no es el mismo, claro está, que el amor por otro. Es más, el amor por otro es aquel que pone un tope y límite al amor propio, amor narcisista, amor  Yoico entendido el objeto amado. Este último es un amor tramposo, egocéntrico, en donde se ama la imagen en el espejo o a su propio ideal.

Freud nos da un poco de luz en ese sentido, y dice sobre el complejo de Edipo y las diferencias en el caso de la mujer y el hombre:

 “la líbido de la niña se desliza –sólo cabe decir: a lo largo de la ecuación simbólica prefigurada pene = hijo a una nueva posición. Resigna el deseo de un pene para reemplazarlo por el deseo de un hijo, y con este propósito toma al padre como objeto de amor. La madre pasa a ser objeto de los celos, y la niña deviene una pequeña mujer (…) [y prosigue] Y si después esta ligazón-padre tiene que resignarse por malograda, puede atrincherarse en una identificación-padre con la cual la niña regresa al complejo de masculinidad y se fija eventualmente a él.”

Freud está afirmando que luego de constituirse en la niña, la ecuación simbólica pene = hijo -lo cual ya nos habla de la posterior lectura que hizo Lacan al respecto dándole valor significante a dicho “órgano” pasando a ser el falo, es decir el significante fálico-, esa que posibilita el falo (producto de la sustitución metafórica) la devenida pequeña mujer luego de una frustración real puede producir una regresión libidinal al estadío previo en el cual la niña rehusaba su castración y -si seguimos la línea de pensamiento de Freud- esta regresión no solo se produce por una frustración libidinal desde la realidad objetiva sino que, es atraída desde lo profundo inconsciente por la fantasía de tener un pene como el resto de los seres vivos (según el contenido de la fantasía del falo universal). Esto lo está diciendo Freud mismo: “Aunque la envidia del pene haya renunciado a su objeto genuino, no cesa de existir: pervive en el rasgo de carácter de los celos”, es decir persiste en lo inconsciente como una huella psíquica, aún como una huella psíquica que ha permitido el recorrido de la pulsión. Fíjense las palabras con las que Freud intenta describir el fenómeno: “Las consecuencias psíquicas de la envidia del pene (…) son múltiples y de vasto alcance. Con la admisión de su herida narcisista, se establece en la mujer –como cicatriz, por así decir- un sentimiento de inferioridad.¨ Ahora bien, lo importante aquí es destacar las coordenadas simbólicas e interpelarlas con la clínica misma. Dice Freud: “Mientras que el complejo de Edipo del varón se va al fundamento debido al complejo de castración, el de la niña es posibilitado e introducido por este último.” El varón termina con el complejo de Edipo por la amenaza de castración, es decir por el temor de la pérdida. Esto coincide plenamente con la clínica de los casos de neuróticos obsesivos, a saber la no aceptación de las pérdidas y un gran tramo de los análisis de estos sujetos consiste en la aceptación de las pérdidas que, simbólicamente remiten a una pérdida estructural. Pero sigamos avanzando un poco más. La gran mayoría de los casos de sujetos mujeres, evidencian un pedido (demanda) al otro de algo que a ellas ya de entrada les falta. El varón no quiere perder y se verá demandado a dar algo que nunca tendrá y a satisfacer una demanda que es imposible de satisfacer. La mujer no quiere aceptar su condición estructural de falta y persiste en su demanda de que el varón le dé el tan ansiado pene que nunca podrá tener. Clínicamente, esto se traduce de la siguiente manera: La histeria sostiene al Otro completo (como poseedor del pene) pero solo a condición de barrarlo, y el obsesivo (si ha entrado en el juego del deseo) se verá fatigado y se pondrá quejoso, por la demanda de eso que él nunca querrá perder.

Freud da cuenta de la semiología popular del comportamiento de la mujer en relación a la envidia del pene. Su…se “convertirse en motivo de extrañas acciones, de otro modo incomprensibles” y “en el adulto llevaría a una psicosis”es un fiel reflejo del comportamiento general, a su vez semiológicamente hablando una crisis histérica o una desestabilización histérica tranquilamente puede ser consecuencia de la desmentida de la castración simbólica. Y es simbólica por que en lo real de la diferencia anatómica de los sexos, no hay ninguna falta, en lo real a la mujer no le falta nada.

Ahora bien, ya que “Con la admisión de su herida narcisista, se establece en la mujer –como cicatriz, por así decir- un sentimiento de inferioridad¨ Vayamos entonces a “Introducción al narcicismo”, texto de 1914 en donde postula como una posible vía de acceso para abordar el problema del narcicismo el estudio de la vida amorosa del ser humano. Puntualmente se refiere al tipo de elección de objeto al que llama de “apuntalamiento”, el que se apoya fundamentalmente en las marcas de aquellas huellas que han dejado los primeros Otros, es decir la Madre mediante el pecho, y el apuntalamiento entre la función de la alimentación y la función sexual del chupeteo de la zona erógena que, -en otro lugar- postula como aquella que origina la corriente tierna y sensual a la vez de la vida amorosa. Postula además otro tipo de elección de objeto amorosa que es el tipo narcisista, como aquellas personas que se aman así mismas. Allí ubica el tipo del apuntalamiento de la elección de objeto como particular del hombre (sin proclamarlo como una ley universal por supuesto) y el del tipo de elección de objeto narcisista la ubica por general en la mujer, “Tales mujeres [no todas] sólo se aman, en rigor, a sí mismas, con intensidad pareja a la del hombre que las ama. Su necesidad no se sacia amando, sino siendo amadas, y se prendan del hombre que les colma esa necesidad.” En efecto, podemos afirmar la presencia de un goce autoerótico con la propia imagen especular. Pero “Aun para las mujeres narcisistas, las que permanecen frías hacia el hombre, hay un camino que lleva al pleno amor de objeto. En el hijo que dan a luz se les enfrenta una parte de su cuerpo propio como un objeto extraño al que ahora pueden brindar, desde el narcicismo, el pleno amor de objeto.” En efecto, la mujer narcisista, puede llegar al amor de objeto a través del hijo enfrentándose –es muy curioso el término- a una parte de su propio cuerpo como un objeto extraño. Es interesante, la mujer (narcisista) entra en un conflicto entre su amor narcisista a sí misma y el amor de objeto por el hijo. Es decir, a través del hijo puede llegar al amor de objeto, pero al costo de resignar (perder) parte de su propio narcicismo. En este punto voy a dar un ejemplo clínico: Recuerdo una paciente que comenzó sus sesiones “dedicándole” a su analista un embarazo; esa fue la lectura que hice en ese momento. Es decir, en el momento de comenzar su análisis ella se embaraza. Era muy bella y le dedicaba mucho empeño a verse muy bonita. Pero hete aquí que, a pesar de las quejas reiteradas sobre su pareja, ella necesitaba sentirse amada y deseada permanentemente y, al mismo tiempo cuando su pareja mostraba su deseo por ella, ésta se retiraba. Todo su embarazo rezó sobre su tontera conflictiva de que se veía más gorda, que no iba a poder recuperar su figura, etc. Peor se pusieron las cosas cuando nació su hijo varón, pues su pareja ejercía una paternidad muy cercana y amaba mucho a ese bebé. Es decir que, a la ya difícil pérdida de su propio narcicismo a través del amor de objeto por su hijo, se le sumaba que ya no era ella la amada predilecta por su pareja y, agreguemos ya no era amada –ahora sí- por el padre (de su hijo). En la realidad esto no ocurría, pues había suficientes pruebas de que éste hombre la amaba muchísimo, sin embargo la cuestión pasaba por lo difícil que era para ella aceptar que, ya no tenía el mismo lugar de ser “La” amada, ya no colmada su necesidad de ser amada por el hombre, entonces su narcicismo se vio debilitado por dos lados distintos, su hijo (perdida de su imagen corporal) y su pareja (pérdida de amor). Y hay que agregar que, por un lado comenzaron a surgir en esta paciente unos fuertes y muy intensos celos hacia su hijo por haberle robado el centro de la escena y por haberle sacado parte de su narcicismo –por un lado- y, por otro hacia su pareja que demostraba más amor a su hijo que a ella. ¿Qué lugar tiene ese hijo para el Deseo de esa madre?

Freud habla de la ecuación simbólica pene = hijo. Qué quiere decir que sea simbólica? Que en ella opera una sustitución, y dicha sustitución es significante. La diferencia entre un término y el otro, es decir entre pene e hijo, es en términos simbólicos la de los lugares de objeto y sujeto. El pene es un objeto, el hijo es un sujeto. Si releemos a Freud nos damos cuenta que la envidia del pene se basa en los afectos que se generan en la mujer por dicha envidia, por no ser la poseedora de un pene igual al del niño, es decir por no poseer dicho objeto, se habla entonces de posesión, es decir del lado del tener y no del ser.

 Cuando encontramos casos de parejas separadas y de madres que no dejan al padre ver a sus hijos, estamos hablando de madres que sufren por la frustración de la pérdida de la separación de la pareja y, en efecto se pone en marcha el proceso defensivo de la regresión a la fase de la desmentida que habla Freud. Es decir, la mujer se posiciona en lugar hombre temiendo la pérdida del pene, del “falo”, es decir temiendo la castración. Desde ese lugar ponen a los hijos en el lugar de objeto, en el lugar de pene real, de pene en cuanto tal. Dicho movimiento del lado de la mujer consiste en la regresión a la fase de la desmentida de la castración cuando la niña percibía la diferencia anatómica entre los sexos. Concuerda con la frustración de la separación de la pareja (que implica una pérdida), su posterior desmentida y des-pecho, que provoca que la mujer se ponga en lugar de ser la poseedora del pene, dicho por Freud “regresa al complejo de masculinidad y se fija eventualmente a él.” “se rehúsa a aceptar el hecho de su castración, se afirma y acaricia su convicción de que empero posee un pene, y se ve compelida a comportarse en lo sucesivo como si fuera un varón.”

El des-pecho de la mujer, la furia de la mujer des-pechada remite a su dificultad de aceptar la castración y la pérdida de objeto que ésta implica. Es decir, su dificultad para asumirse castrada teniendo en cuenta que la asunción de la posición-Madre radica en haber hecho algún pasaje por la castración y engendrar así el deseo de hijo.

Cuando la ruptura de la pareja se da en malos términos y hay menores de por medio, si no hay Amor por ese Otro que es el hijo que ponga un límite a la agresión, amor entendido en el sentido de un Don más allá de todo narcisismo o posesión, los niños van a parar al lugar de objeto de disputa y no al lugar de sujeto; y es muy probable que esos niños sintomaticen expresando el conflicto de  la pareja parental. Estamos hablando de casos en los que, los padres se comportan como niños inmaduros que no pueden correrse de sus posiciones infantiles y no son conscientes del daño que les provocan a sus hijos.

Cuando un sujeto no puede elaborar la pérdida (y de eso se trata) no hay duelo posible. En efecto, luego de la separación el sujeto se encuentra encadenado al Otro en una relación agresiva de odio. Es decir, hubo ruptura de la pareja, pero no separación. O si se quiere separación de hecho, pero no en términos psíquicos, pues el odio indica que aún hay un lazo que sostiene dicho vínculo. La mayoría de las veces es la agresión lo que sostiene al sujeto para defenderse de la angustia. No puede salir de esa lógica y la sombra de la pérdida del objeto amado se transforma en agresión al Otro.

Los sujetos de posicionan en lugares subjetivos, una mujer que tiene un hijo es madre, pero es madre en el sentido de ser progenitora, para que esa madre esté en posición de madre con eso no alcanza. No se es madre solo con parir un hijo ni con haber atravesado un embarazo. No se desea un hijo cuando de lo que se trata es de no querer perder-se un embarazo por ejemplo. Recuerdo el caso de una paciente que pasadas ya varias sesiones no lograba salir del lugar de la queja insoportable, víctima absoluta de la separación (aunque ella decidió dejar al padre de su hijo). “No quiere aportar dinero por mi hijo” decía (siendo que ella impedía por todos los medios que ello pase), “no lo quiere” (cuando le negaba verlo). En éste caso pude colegir que se trataba de un sujeto que transitaba su vida en una competencia a todo o nada con el Otro encarnado en el padre de su hijo. Competencia que la llevaba a redoblar la apuesta permanentemente hasta extremos muy peligrosos. Competencia y un deseo de la mano de la exigencia más cruel que puede experimentar en mi consultorio. Exigencia del lado del Ideal. En efecto el padre de su hijo, al no cumplir con ese Ideal de Padre perfecto, de marido perfecto, Ideal fálico y totalizador en donde ella ocupaba el lugar de amada y recibidora de todos los dotes fálicos de ese hombre que (sabemos) es un subrogado de su propio padre, pasaba de ser ese hombre idealizado y amado de todos colores a, ser odiado con una furia atroz. Vemos aquí el amor narcisista, amor imaginario, amor en el espejo y el consecuente lazo al Otro a través del odio. Le digo: Debe ser muy difícil ser ud… pues no para de arrojarse odio y de tratar a su hijo como una cosa, en lugar de agradecer-se haber recibido tan hermoso hijo. Percibí que pudo darse cuenta de algo del efecto rebote que implica el decir-se. El acto de hablar y de hablar-se, de escucharse. Esto hizo que pueda preguntarse sobre su sufrimiento y por lo menos dejar un poco de lado al goce masoquista.

Concluyamos: Un hijo se da y se recibe, un hijo implica mucha renuncia y responsabilidad, pero por sobre todas las cosas un hijo implica una relación al Otro. Ese lugar que desea, que brinda las bases para la producción de un sujeto deseante y, una relación a la Otredad en el más sentido pleno de la palabra. Un hijo implica la aceptación de la castración.

Hay algo de sabiduría en aquel saber popular o mítico sobre el Rey Salomón. Seguramente conocen la historia, aquella que dice que aquel rey de Israel tuvo la encomienda de juzgar un caso en donde dos madres se disputaban la tenencia de un hijo. Salomón dictaminó que debía partirse al niño a la mitad y darle una mitad a cada una. Esta sentencia provocó en una de las madres que se acercara al estrado para decirle al rey que renunciaba a su pedido y cedía a su hijo para que no muriera. Salomón al ver este gesto dictaminó que le dieran el niño a ésta mujer por el hecho de haber estado dispuesta a perderlo para salvarle la vida. Bellísima historia y sabio relato que nos muestra el lugar materno en cuanto tal, lugar del Don, el lugar de la pérdida y del sujeto.

 

Bibliografía:

Lacan. J. El seminario de Jacques Lacan: Libro 19: “…o peor”.-1° ed. Buenos Aires 2012  Paidos

FREUD, Sigmund: “El yo y el ello y otras obras: 1923-1925 , “Consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos” vol. XIX Obras completas, 2ª ed., 12° reimp.- Buenos Aires: Amorrortu 2008

FREUD, Sigmund: “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras 1914-1916”, “Introducción al narcicismo”, vol. XIV Obras completas, 2ª ed., 10° reimp.- Buenos Aires: Amorrortu 2003, pp. 86

 

 

 1- Alejandro Ariel/Carlos Cobas. Arte y Psicoanálisis, Argentina, Cap. Fed., Catálogos, 1989, Reunion 1., 28/08/1989. P 17

2 -  FREUD, Sigmund: “El yo y el ello y otras obras: 1923-1925  vol XIX Obras completas, 2ª ed., 12° reimp.- Buenos Aires: Amorrortu 2008, pp. 268.

 3 - El destacado me pertenece.

4 -  Op.cit., p.272

5 -  Remítase al lector a “La pulsión y sus destinos”.

6 -  La cursiva me pertenece.

7 -  La cursiva me pertenece.

8 -  Op.cit., p.272

9 -  Ibid., p.275

10 -  Op.cit., p.272

11 -  Ibid., p.275

12 - La cursiva me pertenece.

13 -  La cursiva me pertenece.

14 - Op.cit., p.272

15 -  La cursiva me pertenece

16 -  FREUD, Sigmund: “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras 1914-1916  vol XIV Obras completas, 2ª ed., 10° reimp.- Buenos Aires: Amorrortu 2003, pp. 86

17 -  Sigmund Freud Op.cit p. 86.

18 - Ibid., p.274

19 -  Ibid., p.272

 
 
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