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   Entrevista

Ana María Fernández
  El género bajo la lupa del psicoanálisis
   
  Por Emilia Cueto
   
 
En la presentación de La diferencia desquiciada señalás la preocupación por el desconocimiento y los prejuicios en la Facultad de Psicología, y en los medios psi en general, respecto de las problemáticas que intentan, en los últimos años, la visibilización de las diversidades eróticas y amatorias. ¿Cuáles son los prejuicios más evidentes y cómo se ponen de manifiesto?

El mayor prejuicio es la extranjeridad, o sea esa idea o posición existencial de ajenidad con toda esta cuestión de las diversidades. Cuando doy seminarios sobre estos temas les aconsejo que vayan a leer el “SOY” todos los viernes (el suplemento del periódico Página12), que vayan a la Marcha del Orgullo, porque se desconoce mucho y la escucha está como en un automático que no sirve. Entonces, la extranjeridad, el desconocimiento, y el no poder escuchar lo que las organizaciones militantes han producido conceptualmente (hay mucha producción, sobre todo de los estudios Queer). Me parece que uno de los principales problemas es la extranjería, el desconocimiento, el no poder interpelar las propias teorías… tendríamos que ver si nuestras teorías son heteronormativas, o sea, si han naturalizado lo hetero.

Cuando decís “nuestras” teorías, ¿a qué te referís?

Nuestras teorías psicoanalíticas, de las distintas orientaciones. Porque creo que hay que hablar de “los psicoanálisis”.

Bueno, vos planteás que estos estudios en géneros interpelan al psicoanálisis y a los psicoanalistas.

Sí, deberían interpelarlos. No sé si los interpelan, porque antes ni leían las producciones, y ahora leen las producciones de los propios diversos, y dan muchas vueltas… Parten de que Foucault dice que es histórica la sexualidad y demás, para después tratar de meter esa diversidad en la fórmula de la sexuación sin interrogar si hay o no binarismo en la propia fórmula, si es una fórmula para la diferencia pero no para las diversidades. En fin, son problemas que yo no tengo resueltos para nada, pero sobre los que hay que hacerse preguntas. Es como ir y cerrar con algo que los maestros fundadores dijeron. Pero bueno, los maestros fundadores vivieron en otra época. En mi caso, sobre lo que trabajo es sobre lógicas colectivas, no sobre las lógicas significantes. Cuando analizo las transformaciones en esta época, las diversidades sexuales, los travestis, transexuales, intersexos, intergéneros, y voy mostrando cómo todo esto se va haciendo visible, estoy trabajando en un campo de problemas específico, que sería el de las lógicas colectivas referidas a la sexualidad en esta época.

Entonces me parece que lo que hay que pensar es si estas dos lógicas, estas lógicas colectivas sobre las sexualidades y estas lógicas significantes, las fórmulas de la sexuación, etcétera pueden entrar en interlocución, porque si no yo puedo decir: el psicoanálisis no entiende nada o puedo decir todas esas diversidades las puedo pensar con las fórmulas de la sexuación, sin revisar nada de mi teoría, o explico las subjetividades de época por las cosas que el psicoanálisis puede aportar: la caída del Padre, etc., etc. En realidad creo que no se puede subsumir una conceptualización en otra ni se puede mantenerlas extranjeras unas de otras, que habrá que encontrar el método, habrá que pensar cómo hay que armar los recaudos de método para pensar en el entre de estas dos lógicas, pero no explicar una por la otra o mantenerlas desconocidas. Por suerte éste será un camino que armen los más jóvenes.

¿Es posible pensar un sujeto sin ordenamiento en cuanto a la sexualidad o la filiación por ejemplo?

No sé, a mí me es más “natural” pensar en alguna cuestión identitaria que ancla, ¿Pero los Queer, por ejemplo?, ¿Cómo pensás a Beatriz Preciado que viene un año llamándose Beatriz y después durante dos años se pasa testosterona en gel y viene como Pablo? Es un varón, es identitario, pero de a ratos.

De todos modos sigue en la lógica binaria.

Binario si, identitario también, de a ratos.

Hay algo que hay que pensar de nuevo. Tenés algunos posicionamientos que están claramente en lo binario, aunque esté totalmente invertido quien lo porta, y otros que no entendés muy bien si hay un binarismo o no.

Desde un encuadre más tradicional se pensaría a esos casos del lado de la patologización.

Pero eso es lo que hay que evitar. Ahí se produce lo que Lacan dice del mal decir. Él dice que un “mal decir” en la clínica puede producir un “maldecir”, te maldigo. Me parece que ahí ya se está estigmatizando. Hay que salir de que eso sea lo patológico. Patológico será otra cosa. Ahí radica nuestra extranjería, no entendemos nada de eso. Hay que ser muy cautos, durante años se pensó que los transexuales que se operaban eran psicóticos, también durante años se pensó que todos los homosexuales eran perversos, me parece que todo eso hay que revisarlo. Lo que rescato es la idea de interrogar, de interpelar lo que nos parece que sabemos más. Hablamos de las certezas del transexual, ¿y las nuestras?, y no pensamos que seamos psicóticos. La escucha clínica todo el tiempo desborda eso. Yo no tengo certeza, tengo certidumbre de criterio metodológico acerca de que hay que interrogar e interpelar lo ya sabido en relación con las diversidades sexuales, pero en realidad debería ser una actitud permanente que uno tiene que tener frente a la realidad de nuestra profesión y de cualquier otra cosa. Por ejemplo en el plano económico, estos modos en que el capitalismo se ha ido reestructurando no los hubiéramos imaginado cuarenta años atrás, este capitalismo financiero que estalla las economías nacionales periféricas. Eran otros modos, metían dictaduras militares, pero frente a nuevas realidades hay que armar pensamiento. Uno tiene que instalarse pero en un pensar incómodo, no instalarte en lo que ya se sabe.

Hace pocas semanas asistimos en distintos lugares de Argentina a una convocatoria sin precedentes mudiales bajo la consigna “Ni una menos”. Convocatoria con fuertes repercusiones en los medios de comunicación y en la cantidad de gente que concentró. ¿Cuáles son tus apreciaciones al respecto?

Fue muy conmovedor. Hay una cosa que los psicoanalistas no hemos pensado aún, por eso no siempre se comprende con qué tipo de dispositivo hay que trabajar con estas mujeres. En ellas hay -como hubo y hay en las víctimas de la represión-, algo que tiene que ve con el contar. Dar testimonio arma una cosa restitutiva de la subjetividad arrasada y ahí es fundamental el testimonio y nosotros tenemos que entender eso. De ahí que el primer abordaje tiene que ser grupal, al estilo de Alcohólicos Anónimos, porque hay algo del dar testimonio que restituye, que es distinto al uno por uno. Más allá de que en algún momento creo que hay que armar dispositivo psicoanalítico. Pero una mujer que viene reventada, estallada, que casi la matan, ese no es momento para interrogarse, ese es momento para ver cómo sobrevive, entonces ahí hay que pensar dispositivos más específicos. Esto viene a cuento de cómo relataban. Por ejemplo: yo iba caminando, me paraban mujeres con el cartelito y me contaban lo que les había pasado, o la hija que le habían matado y yo decía: ¿qué es esto? ¿Cómo lo pienso? Y ahí me acordé de lo restitutivo del relato frente a otros. Fue una multitud, algunas medidas de gobierno se están tomando en el Poder Judicial, aparatos del Estado, pero me parece que lo más importante es que cada profesión revise sus herramientas para facilitar modos de abordaje específicos. La justicia tiene que modificar todo su aparataje, ¿qué vas a poner una restricción? Si el tipo pudiera respetar una restricción no le hubiera pegado a esa mujer, es así de simple. No la va a respetar nunca. No es que necesita más control de la orden de restricción. Hay que pensar otro modo de ponerlas a salvo. Las mujeres hacen mil denuncias y terminan matándolas. Toda el área judicial tiene que repensar lo específico; y el área de la Salud Pública y nosotros en nuestra profesión también.
A todos y a todas con el mismo dispositivo no sirve. Lo cual no quiere decir que tenga que abandonar su dispositivo de escucha, pero hay que ver de qué forma, en qué manera. Así como viene esta cosa casi ritual, una práctica ritualizada no nos sirve. Pero fue magnífico, creo que habla de un punto de inflexión en la sociedad, me parece que la gente empieza a estar cada vez más advertida de los machismos que no se veían, de cuando un periodista habla desde un lenguaje que ya no se acepta (crimen pasional, ya ni los periodistas más tradicionales pueden decir eso). Me parece que habla de una sociedad que más allá de las organizaciones militantes del tema y de los partidos políticos, se puso en movimiento.

Me resultó muy interesante la investigación que incluís en La diferencia desquiciada, sobre femicidio. Cómo aquellas provincias en las que había mayor cantidad de suicidios por ahorcamiento o sofocación, eran las que menos cantidad de homicidios contabilizaban. El código entonces permitía diluir los homicidios.

Claro, pero además, por ejemplo: Sala de guarda, médico. El médico tiene que poner heridas leves, heridas graves o gravísimas. Pero, ¿cómo se define una herida leve, grave o gravísima? Cuánto tiempo tarda en curarse el moretón, por decírtelo mal. Entonces, la mina llega hecha puré de los golpes y es herida leve. Pero si es herida leve lo que el médico puso, el fiscal no puede detener al agresor, porque solo con heridas graves lo podría detener. Entonces, no es que el médico mienta, sino que en ese código que tiene se arma el agujero de la red por el que el tipo se escapa. Y no es que el fiscal mienta (imaginemos que todos estén trabajando bien, porque hay mucha desidia y también corre dinero, hay que decirlo). El fiscal decide que quiere poner preso a ese hombre y está esperando el informe del médico para lograrlo, pero el médico le tiene que poner leves porque en un mes se le va a ir el moretón o soldar la costilla rota. Se tiene que estar muriendo, y muchas mujeres llegan muy malheridas ¡pero en un mes se van a curar!

¿Pensás que hay un aumento de femicidios o una mayor visibilización de los casos?

Sí, hay aumento de los femicidios, de los abusos de niños y niñas… hay aumento de todas las violencias.

¿Tenés alguna lectura acerca de por qué está sucediendo?

Y si, nunca una lectura que dé todas las causas. Yo lo escribí hace un tiempo como la barbarización de los lazos sociales, que está en relación con un capitalismo cada vez más salvaje, a democracias representativas que no logran tensar con el mercado sino que están a su servicio, todo eso es violencia. Entonces hay violencia desde el propio capitalismo, desde el Estado, desde los gobiernos, cada vez más excluidos, cada vez más gente caída del mapa. Ahora, eso tampoco explica todo. Esas son condiciones que arman después, como dirían Eric Laurent y Miller, esta idea del imperativo a gozar de la época. Entonces, si quiero abusar de mi nena por qué me voy a prohibir. Si quiero tener millones y millones de dólares como Paul Singer, por qué me voy a restringir. Me parece que es una sociedad en la que en el paso de la modernidad temprana a la tardía no solo se desreguló el capitalismo. No solo el capitalismo se hizo financiero más que productivo, sino que todo se fue desregulando. Las instituciones fueron dejando de ser esas anclas que, como diría Castoriadis, daban sentido a la psique. Entonces hay algo de la psique que se arma sin brújula en algunos casos. Eso lo desarrollo en un librito que se llama Jóvenes de vidas grises. Esos chicos sobreadaptados, en plusconformidad (lo llamo ahí) o en el exceso pulsional. En las dos situaciones queda obturada la pregunta por el deseo. Si hago todo lo que se supone que está bien no me pregunto nada. No elijo nunca, sino que hago lo que se espera de mí. Puedo casarme porque se espera eso de mí, tener hijos y nunca preguntarme si es lo que deseo. Eso yo lo veo claramente en la clínica. O la cultura del exceso, donde la satisfacción de la pulsión es tan imperiosa que no hay pregunta ninguna por el deseo. Hay algo que está ahí como arrasado. También es interesante la cuestión, en ese tema, de la caída del nombre del padre. Pero lo que me parece es que se hace un mal uso de un buen concepto, porque estamos hablando de eso cuando decimos todo esto que veníamos desarrollando. En un sentido bien literal, de esos padres abusadores, donde no hay función padre o función ley ninguna, o en un sentido más amplio porque ese padre que abusa de su hija o de su hijo ha desestimado la función ley, porque ha preferido ese goce horrible, ese goce inmundo para nosotros. O no ha podido sustraerse, más que ha preferido. Pero una cosa es decir eso y otra explicar un histórico social a través de un concepto, porque sino explicás todo por la caída del nombre del padre. No, lo que explica todo no explica nada. Y además está haciendo una traspolación de un concepto totalmente legítimo e importante en un campo conceptual y clínico, a explicar un histórico social que tiene un montón de otras variables. Entonces se arman explicaciones fáciles. Por eso decía que uno como psicoanalista tiene que ser muy culto, porque si sabés algo de la economía del capitalismo no podés explicar todo con el Nombre del padre. Si desconocés cómo se reproduce el capitalismo (o el sistema económico, porque es el único que hay) entonces no es tan sencillo repetir ese enunciado como explicativo, pero no puede estar ausente del análisis. Eso es lo que aludía con trabajar en el entre, en la tensión. Porque si no armás un psicoanálisis que da cuenta de casi todo, por lo tanto, que se ofrecería al mundo como la disciplina capaz de dar el fundamento de lo humano, como lo fue la filosofía en otra época: “yo te cuento qué es el ser”, y no es así. Lo cual no quiere decir que no sea una disciplina que revolucionó el siglo XX y que cambió el modo de pensar la filosofía y la política. No puedo explicar con ella el histórico social, pero tampoco puedo ignorar lo que esa teoría ha producido.

    Más información sobre Ana María Fernández en http://www.anamfernandez.com.ar.
 
 
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