Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Problemas y controversias

Ambigüedad de la conciencia
  Por Juan Bautista Ritvo
   
 
Freud dijo en su “Esquema del psicoanálisis” (1938) con respecto a la conciencia: “El punto de partida para esta indagación lo da el hecho de la conciencia, hecho sin parangón, que desafía todo intento de explicarlo y describirlo. Y, sin embargo, si uno habla de conciencia, sabe de manera inmediata y por su experiencia personal más genuina lo que se mienta con ello”.

Y agrega en una nota al pie: “¡Una orientación extrema, como el conductismo nacido en Estados Unidos, cree poder edificar una psicología prescindiendo de este hecho básico!”.
En otro lugar habla de la conciencia como un “hecho asombroso”: el hombre es el único animal que tiene conciencia.
Hay que subrayar lo que habitualmente pasamos por alto: hay algo sorprendente, incomparable, enigmático, incluso misterioso, en el hecho de tener conciencia.
Y lo pasamos por alto porque tenemos una palabreja haragana a la mano: “imaginaria”.

La conciencia es imaginaria… y ya está. Sin duda, en su “Posición del inconsciente”, Lacan afirmó que la conciencia soporta el desconocimiento del Moi. Mas, ¿queda reducida a esta misión o posee una dimensión que la excede? Al parecer, se repite la lección de La carta robada de Poe: algo se oculta perfectamente a la vista, como le ocurre a quien busca los lentes perdidos mientras los lleva puestos.
Cometamos la herejía: la conciencia es, al menos en parte, real. Quiero decir: ignoramos todo lo que refiera a su causa. Se dirá: ¿y el significante? El lenguaje y sus estructuras reflexivas –hablo de mí, considero que yo mismo, etc., etc.– tanto como la diplopia propia del hablar, que es irreductible –soy yo quien dice “yo” para referirme a mí mismo, pongo por caso– son sin duda condición de posibilidad del psiquismo, pero en modo alguno condición de existencia de la conciencia. Algo que desconocemos y que no podemos atribuir a la neurofisiología excede las determinaciones que desde luego la determinan.
Mas es legítimo preguntarse de qué hablamos cuando hablamos de “conciencia”.

Freud (y tras sus pasos Lacan) se mostró renuente en extremo a conceder a la conciencia un estatuto homogéneo. Repásese por ejemplo “El yo y el ello” y se observará cómo Freud describe diversos planos que no unifica: la fugacidad cíclica de la conciencia, la inmediatez que acompaña siempre su emergencia y, sobre todo, esta diferencia esencial entre la “conciencia” en su papel tópico y el hecho de que algo llegue a la conciencia; la primera pertenece al aparato, la segunda al campo de la vivencia. ¿Son reductibles la una a la otra?

Podríamos seguir así largamente. En el Manuscrito K habla de la “conciencia-palabra” y de su vínculo con la “representación-palabra”. Reflexionemos sobre un fenómeno tan decisivo como mal estudiado; la atención: la capacidad de atender, de fijar un contenido conciente, ¿no forma acaso parte del proceso sublimatorio y no se articula con las vicisitudes de la negación?
No obstante, esta dispersión tiene un núcleo homogéneo que no se reduce al reflejo especular invocado por Lacan, homogeneidad única y que efectivamente no tiene parangón.
Sartre, en su El ser y la nada empleó una expresión plástica: “conciencia no tética (de) sí” para referirse al cogito prerreflexivo, es decir, a una forma de conciencia en la cual el que tiene conciencia no se convierte en objeto temático para sí mismo.

Dicho de otra manera, que es la suya por cierto, el para-sí no se convierte a sí mismo en un puro en-sí.
Hay algo indivisible que acompaña inmediatamente a la conciencia y que mal podríamos llamar auto-conciencia, salvo que entendamos este término como designador de una absoluta falta de distancia de sí a sí mismo.
Podemos decir y es una verdad que sólo el psicoanálisis afirma que esta indivisión oculta la fundamental división del sujeto. Sin embargo, este no quiere decir que la indivisión de la conciencia, indivisión tan frágil y recurrente, tan evidente como desvaneciente en el desmayo y en el dormir, sea efecto de la división subjetiva. No estoy hablando, es preciso aclararlo, de la conciencia como instancia sino de la conciencia en devenir, cuya temporalización se anuncia en el momento en que el sujeto sale del dormir y entra en la duermevela, cuando todos los signos se organizan en torno a la recomposición del esquema corporal o “Yo” y culminan de golpe en la presencia de sí a sí de la conciencia, instante en que se impone este hecho tan simple como irrefutable: lo único intransferible que tenemos es nuestra conciencia. Las cosas me ocurren a mí, exclusivamente a mí y es éste el momento plenamente trágico de la existencia humana, momento que una pretendida “objetividad” quiere borrar a cualquier costo.

Así la indivisión de la conciencia, soporte del inevitable aislamiento de cada cual en el seno de la universalidad grupal que indudablemente lo configura, no sólo oculta la división subjetiva, también la sostiene en ese punto extremo en el cual el circuito repetitivo, ignorado por la conciencia en devenir, le anuncia a ésta la fractura de la que vive para impulsar el instante de la decisión. El juego incesante y en equilibrio inestable entre indivisión y división no cesa de precipitar la decisión ante las alternativas de la vida.

(La decisión emerge de niveles más profundos que la conciencia, pero es impensable sin pasar por ella, precisamente porque la disposición a dejarse afectar por la verdad reclama una apertura que el término griego que se corresponde con el vocablo conciencia, dice de manera ejemplar syn-aisthesis, es decir “con-sensación”. Es el nivel más radical del cogito cartesiano, inmejorablemente expresado en sus “Meditaciones metafísicas” cuando sostiene que entre los distintos momentos de la conciencia el lazo es absolutamente contingente: vivo mientras pueda sentirlo y decirlo y el decir tiene valor no de significación sino de obstinación en el perdurar).
Quiero decir: como lo mostró ejemplarmente Hegel en su “Fenomenología del Espíritu”, la indivisión sentida, experimentada, se desvanece apenas intentamos aferrarla con palabras. El lenguaje de la autoconciencia que se transforma constantemente en héteroconciencia, justamente por esa razón deja tras de sí sin poder apoderarse de esa capa de sensación amortiguada como bajo continuo de la existencia que nos rodea a perpetuidad, sin que jamás podamos reducirla mientras vivamos.

Es la duplicidad de la conciencia la que oculta esta trama. La conciencia que forma parte del aparato psíquico –según Lacan y con razón, el inconsciente separa a la conciencia del preconciente–, es un sitio casi inerme de irrupción de lo reprimido, y también de supresión; empero, el devenir conciente, está en otro lado, del lado justamente del sujeto, porque es en última instancia, un índice angustiosamente real de esa inmediatez inexpresable que jamás podremos compartir con nadie.
Marx, se sabe, declaró en los Manuscritos económico-filosóficos de 1848, que el hombre es el único animal que se toma a sí mismo como objeto.
Esta aseveración, incuestionable, debe ser discriminada en sus planos constitutivos.

La fascinación por el yo ideal es una forma de objetivación que merece claramente el nombre de imaginaria; más precisamente, imaginariamente narcisista, para no confundirla con el imaginario fantasmático.
Pero cuando reflexiono sobre mis límites en el momento en que debo apostar a lo que sea, cuando calculo qué clase de objeto soy para el otro y desde allí conjeturo cuáles son mis posibilidades de acción, allí hay otra dimensión de la objetivación, que nunca se separa por completo de la anterior pero que es diversa.

Finalmente, es preciso volver al cogito prerreflexivo en el cual estoy conmigo sin objetivarme, mas siempre presto a hacerlo. La incuria habitual entre nosotros suele confundir todos estos planos.
Desde luego, no ignoro que colocar a la conciencia del lado del sujeto y al inconsciente del lado del aparato psíquico es un verdadero embrollo, pero responde en mí a la necesidad de llevar a sus últimas consecuencias la idea central de que el psicoanálisis es lo más opuesto a una perspectiva genética. Es la misma idea que me ha llevado a pensar que si bien la percepción posee una dimensión imaginaria que es central, su vínculo con lo real del traumatismo conserva su heteronomía y una falsa totalización del significante no podría ocultar sus paradojas. El clivaje entre lo escópico y el lenguaje que hace años mostró Masotta, sigue siendo una afirmación esencial.

La fugacidad, inmediatez e inminencia son dimensiones precisas y preciosas de la conciencia, o más precisamente del devenir conciencia, del hecho de la conciencia, las que están condicionadas por el rasgo estructural que descubrió Lacan en el aparato cuando interrumpe los lazos de la conciencia con el preconciente introduciendo allí la cuña perturbadora de lo inconsciente.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 194 | enero 2016 | Caricaturas de la paternidad 
» Imago Agenda Nº 193 | noviembre 2015 | Desde el látigo a la degradación 
» Imago Agenda Nº 192 | octubre 2015 | La sexualidad femenina (III) 
» Imago Agenda Nº 191 | septiembre 2015 | El silencio 
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | La sexualidad femenina: los atolladeros de la teoría (segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 189 | febrero 2015 | La sexualidad femenina: los atolladeros de la teoría 
» Imago Agenda Nº 188 | enero 2015 | ¿Hay un discurso capitalista? (V) 
» Imago Agenda Nº 187 | diciembre 2014 | ¿Hay un discurso capitalista? (IV) 
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | ¿Hay un discurso capitalista? (III) 
» Imago Agenda Nº 185 | octubre 2014 | ¿Hay un discurso capitalista? (II) 
» Imago Agenda Nº 184 | septiembre 2014 | ¿Hay un discurso capitalista? 
» Imago Agenda Nº 181 | junio 2014 | Dilemas de la psicopatología 
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Oscura libertad 
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | Metáfora e injuria 
» Imago Agenda Nº 178 | enero 2014 | Metáfora, enunciación, escucha (segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Metáfora, enunciación, escucha(1) 
» Imago Agenda Nº 175 | octubre 2013 | ¿Interesa la estética al psicoanálisis? (IV) 
» Imago Agenda Nº 174 | septiembre 2013 | ¿Interesa la estética al psicoanálisis? (III) 
» Imago Agenda Nº 173 | agosto 2013 | ¿Interesa la estética al psicoanálisis? (II) 
» Imago Agenda Nº 172 | julio 2013 | ¿Interesa la estética al psicoanálisis? 
» Imago Agenda Nº 171 | junio 2013 | Encrucijadas de la sexualidad y límites del igualitarismo 
» Imago Agenda Nº 170 | mayo 2013 | El eros romántico y su genealogía 
» Imago Agenda Nº 169 | abril 2013 | Incógnitas de la metáfora 
» Imago Agenda Nº 168 | marzo 2013 | Acerca de la certeza (tercera parte) 
» Imago Agenda Nº 167 | enero 2013 | Acerca de la certeza (segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | Acerca de la certeza (primera parte) 
» Imago Agenda Nº 165 | noviembre 2012 | Los engorros del significante 
» Imago Agenda Nº 164 | octubre 2012 | La memoria y el horror: la responsabilidad (Segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | La memoria y el horror: la responsabilidad (Primera parte) 
» Imago Agenda Nº 162 | agosto 2012 | La escatología como refugio 
» Imago Agenda Nº 161 | julio 2012 | “Un exceso de fuerzas…” 
» Imago Agenda Nº 160 | junio 2012 | Paradoja y reflexividad 
» Imago Agenda Nº 159 | mayo 2012 | Salto y aserción 
» Imago Agenda Nº 158 | marzo 2012 | Amor y erotismo 
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | La naturaleza del “Je” (Sexta parte) 
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | El psicoanálisis obturado 
» Imago Agenda Nº 155 | noviembre 2011 | La naturaleza del “Je” (Quinta parte) 
» Imago Agenda Nº 154 | octubre 2011 | La naturaleza del “Je” (Cuarta parte) 
» Imago Agenda Nº 153 | septiembre 2011 | La naturaleza del “Je” (Tercera parte) 
» Imago Agenda Nº 152 | agosto 2011 | La naturaleza del “Je” (Segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 151 | julio 2011 | La naturaleza del “Je”  
» Imago Agenda Nº 150 | junio 2011 | La ficción no es ficticia 
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | Generalidad y singularidad en la masa 
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | La eliminación del sujeto 
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | ¿Izquierda lacaniana? 
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | El delirio suicida 
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Amar al prójimo 
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | El vínculo religioso: expiación y purificación 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | La intromisión del prójimo 
» Imago Agenda Nº 142 | julio 2010 | El lugar de la sublimación (segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | El lugar de la sublimación 
» Imago Agenda Nº 140 | junio 2010 | Matrimonio homosexual y neurosis 
» Imago Agenda Nº 139 | mayo 2010 | Un significante demasiado pesado: Escuela 
» Imago Agenda Nº 138 | abril 2010 | Hablar, escribir 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | La acción colectiva 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | La sección del equívoco 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Versiones del padre* 
» Imago Agenda Nº 134 | octubre 2009 | Fetichismo y sublimación 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Posmodernidad (IV) 
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Posmodernidad (III) 
» Imago Agenda Nº 131 | julio 2009 | Posmodernidad (II) 
» Imago Agenda Nº 130 | junio 2009 | Posmodernidad 
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Apariencia y desnudez: la fuerza 
» Imago Agenda Nº 128 | abril 2009 | La misteriosa (y cómica) diferencia 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | El analista: humor y santidad 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | El tiempo y la causa (cuarta parte) 
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | El tiempo y la causa (tercera parte) 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | El tiempo: entre la causa y el límite (segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | El tiempo: entre la causa y el límite 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | La clase media: política y saber 
» Imago Agenda Nº 121 | julio 2008 | El juego de los sexos 
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | La obsesión topológica y la llamada transmisión integral 
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | Equívoco y elipsis 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | Abuso de metáfora  (segunda parte)
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Abuso de la metáfora 
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | Enigmas lacanianos 
» Imago Agenda Nº 115 | noviembre 2007 | El perdón imperdonable 
» Imago Agenda Nº 114 | octubre 2007 | ¿Hay biopolítica? 
» Imago Agenda Nº 113 | septiembre 2007 | El duelo incurable 
» Imago Agenda Nº 112 | agosto 2007 | ¿Pensar la muerte? 
» Imago Agenda Nº 111 | julio 2007 | El falo se dice de varias maneras (Segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | El falo se dice de varias maneras 
» Imago Agenda Nº 109 | mayo 2007 | Mujeres 
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | "Yo soy freudiano... 
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | El poder 
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Monoteísmo y nihilismo (Tercera parte) 
» Imago Agenda Nº 105 | noviembre 2006 | Monoteísmo y nihilismo (Segunda parte) 
» Imago Agenda Nº 104 | octubre 2006 | Monoteísmo y nihilismo  
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | Variaciones sobre la expresión lalangue 
» Imago Agenda Nº 102 | agosto 2006 | Israel 
» Imago Agenda Nº 101 | julio 2006 | Erotismo público y salud de Estado 
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | Moral corporativa, moral del super-yo 
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | El hastío de Freud 
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | Tóxicos y pecados argentinos. 
» Imago Agenda Nº 97 | marzo 2006 | Del padre y de otras viejas novedades 
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Acto e interpretación: la falsa oposición. 
» Imago Agenda Nº 95 | noviembre 2005 | Enigmas del "yo pienso" (2º Parte) 
» Imago Agenda Nº 94 | octubre 2005 | Enigmas del "yo pienso"  
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | El matrimonio homosexual 
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Acerca de la escritura demoninada "femenina" 
» Imago Agenda Nº 91 | julio 2005 | El "goce" o la banalización de un término 
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | ¿Decadencia del padre? 
» Imago Agenda Nº 88 | abril 2005 | Acto analítico 
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | El horror y la ética de las imágenes 
» Imago Agenda Nº 86 | diciembre 2004 | La desaparición de los desaparecidos 
» Imago Agenda Nº 85 | noviembre 2004 | El estallido del reclamo de prevención 
» Imago Agenda Nº 84 | octubre 2004 | El analista en regla 
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Cuestionamiento del "hay tres" 
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Hacerse autorizar 
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | ¿Salud mental? 
» Imago Agenda Nº 80 | junio 2004 | Tres modos de Carencia: vacío, agujero, abismo 
» Imago Agenda Nº 79 | mayo 2004 | El ternario R.S.I y el nombre del padre: Encrucijadas y atolladeros 
» Imago Agenda Nº 76 | diciembre 2003 | Aventuras y desventuras borromeas 
» Imago Agenda Nº 75 | noviembre 2003 | El rechazo de la patología rechaza al sujeto 
» Imago Agenda Nº 74 | octubre 2003 | El "poco de libertad" 
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | Vindicación de la psicopatología 
» Imago Agenda Nº 72 | agosto 2003 | La estructura no es la taxonomia 
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Agamben o el patetismo sin salida 
» Imago Agenda Nº 70 | junio 2003 | ¿Por qué el goce? (sus paradojas)  Segunda parte
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | ¿Por qué el goce?  Sus paradojas
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Los dioses de la guerra 
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | La nueva virilidad y el falo materno 
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Analistas: celebremos la unidad 
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | La Guerra Santa y el economicismo 
» Imago Agenda Nº 65 | noviembre 2002 | Política y subjetividad (6ª parte) 
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | Política y subjetividad (5º entrega) 
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Política y subjetividad (4ª parte) 
» Imago Agenda Nº 62 | agosto 2002 | Política y subjetividad (3ª parte) 
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | El decir en las letras. Psicoanálisis en literatura  Letra Viva editorial, 2002
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | Política y subjetividad (2º parte) 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Política y subjetividad (1ª parte) 
» Imago Agenda Nº 59 | mayo 2002 | Multitud y subjetividad 
» Imago Agenda Nº 58 | abril 2002 | La ilusión de la multitud 
» Imago Agenda Nº 57 | marzo 2002 | ¿Qué puede decir el psicoanálisis? 
» Imago Agenda Nº 56 | diciembre 2001 | ¿Qué agrega lalengua? 
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | El retorno de la traducción 
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | ¿Y ahora? La irrupción de la historia 
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | "¿Desde dónde habla usted?" 
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | La síncopa del fantasma 
» Imago Agenda Nº 46 | diciembre 2000 | ¿Hay un discurso capitalista? (V) 

 

 
» Secretaria Apertura
Jornadas Internacionales: "Apertura para otro Lacan"  16 y 17 de Noviembre
 
» La Tercera
Programa de formación integral en Psicoanálisis  Ingreso Permanente
 
» La Tercera
Seminarios Octubre y Noviembre  Sábados 10hs
 
» Centro Dos
Seminario 7 de Jacques Lacan  viernes de 14 a 15:30hs
 
» Fundación Tiempo
Borges y el Psicoanálisis  TERCEROS VIERNES DE CADA MES, de 19 a 20.30 hs.
 
» Centro Dos
Conferencias  segundo cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» Fundación Tiempo
SEMINARIOS DE PSICOANÁLISIS   Comienzan en Octubre
 
» Centro Dos
Seminarios   segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com