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   Colaboración

Construcciones, una versión abarcativa del concepto.
  Por Hugo Dvoskin
   
 
1.- Es bien conocida por el conjunto de la comunidad analítica la frase que el padre del Hombre de las Ratas enuncia con relación a su hijo: “este niño será un gran hombre o un gran criminal”. No es tan conocido que esta frase proviene de un recuerdo del cual el Hombre de las Ratas no tiene noticias más que por la madre. Pero es menos conocido aún que este recuerdo aparece en el análisis luego de la construcción freudiana sobre la prohibición del padre con relación a la práctica onanista infantil de su hijo. Esa frase prestada-recuerdo del Hombre de las Ratas, que marcó su infancia y organiza algunos aspectos de su vida posterior, llega al análisis como efecto de una construcción. La primera conclusión de este recorte clínico es que lo que Freud propone en el texto “Construcciones...” de 1937, está anticipado clínicamente en la primera década del siglo y no puede considerárselo como un efecto de cambios de la dirección de la práctica acaecidos en la tercera década. El texto del ’37 enfatiza la aparición de los recuerdos hipernítidos luego de las construcciones operadas por el analista.

Al hacer referencia a los veinticinco años de práctica psicoanalítica, Freud dice que “el psicoanálisis era sobre todo un arte de interpretación. Pero como así no se solucionaba la tarea terapéutica, enseguida se planteó otro propósito: instar al enfermo a corroborar la construcción mediante su propio recuerdo”1. Aunque la construcción aparece en un segundo tiempo con respecto a la interpretación, éste después no refiere a los cambios que surgirían por efecto del nuevo modelo pulsional o de la segunda tópica. Quedan situados desde la primera época del psicoanálisis como un suplemento necesario para poder avanzar con la tarea interpretativa. La construcción como artificio responde a un “no sabido” irrecuperable pero de consecuencias. Homologable a un agujero en la memoria que tiene efectos colaterales. Es tarea del analista darle un formato para poder seguir avanzando por nuevos pasadizos dado los límites que impone el arte de interpretar. La construcción allí puede ser leída como un modo de atravesar o ampliar ese límite.

2.- Sí es conocida la construcción freudiana en el caso del Hombre de los Lobos”. La diferencia es que no se encuentra en el historial del hombre de los lobos un conjunto de interpretaciones que funcionen como “indicios”. Es una construcción que viene a sustituir o a cubrir un campo a-representacional. No es una construcción que intenta continuar, sino una construcción que supone ser necesaria para iniciar el trabajo de interpretar. Funciona más como mito que como construcción. Dos vías diversas: la construcción como efecto de los indicios y la construcción como efecto de cierta “pobreza” en el campo simbólico. El segundo podría llevar al inconsciente colectivo, a variantes de la clínica junguiana y a ciertos modos de abordar la clínica de la psicosis. La otra vía tendrá particular interés pues conduce a pensar “la construcción del fantasma” y a los problemas del fin de análisis.

En la praxis de cada uno hay decisiones que se toman que son efecto de la apuesta que se tiene, de los conceptos que definen y determinan el campo sobre el que uno opera. Podrían mencionarse las entrevistas preliminares, alguna forma de diagnóstico o la interpretación. Estas decisiones ya han sido tomadas antes del encuentro con un paciente en particular. Son parte del haber teórico-práctico-técnico de nuestro quehacer aun cuando pueda haber diferencias sobre el qué y el cómo de cada una de ellas. Hubo otras decisiones que se tomaron pero que pudieron no haberse tomado. Son decisiones de las que habrá que dar cuenta, el porqué y el cuándo de haberlo hecho. Dentro de este campo entra la construcción. En el caso de la construcción freudiana del Hombre de las Ratas, la aparición del recuerdo posterior convalida, a mi criterio, el valor de la construcción en tanto “vale por una verdad” que se confirma con la asociación. La asociación da valor clínico a esta labor preliminar de construcción en tanto saca a la luz un recuerdo.

3.- En el texto del Fetichismo –1927–, Freud asevera que el fetiche es aquel objeto en el que la mirada del sujeto se detiene antes de ver la falta de pene en la madre y que, en consecuencia, “vale por él”. Lógicamente eso ha sido visto, si no no habría modo de detener la mirada antes. Este “antes de ver”, en rigor es “lo último que se vio antes de haber visto”. Lógica del fetiche que no es sino efecto de una construcción de Freud, a partir de aquellos indicios, de aquella relación de cercanía temporo-espacial entre el objeto fetiche y la visión de la falta de pene en la madre. Freud reconstruye un avatar de la vida de un fetichista y lo eleva a la dignidad de un concepto, alrededor del cual se organiza la clínica de la perversión. Esta “decisión” tomada por Freud ha pasado a ser, para el psicoanálisis, una decisión tomada. Uno no puede desconocer que en el corazón de la teoría que sostenemos existen construcciones hechas por otros analistas que tiene valor conceptual. Nuestro arte de interpretar ya ha abierto alguno de sus límites por la vía de la construcción, no sólo al fetiche sino a la fetichización de la vida erótica y quizás más extensamente a la degradación de la vida erótica.

Freud ya había propuesto algunas construcciones que constituyen el nudo de la teoría. Provienen de su “propio caso” y encuentran en el Complejo de Edipo los significantes y el relato que mejor se ajustan. Complejo de relaciones que de ningún modo el sujeto recuerda, pero que por el conjunto de indicios, por el conjunto de interpretaciones, requieren de un punto de fuga, que aúne piezas que andaban sueltas. Es la construcción que mejor se adecua a los indicios del auto-análisis de Freud. El Edipo podría quedar fuera de la teoría, pero no podría quedar fuera del análisis de Freud en tanto construcción necesaria y lógica de sus síntomas.
Existe además otra gran construcción freudiana, su gran momento de inspiración, Tótem y tabú. Allí el conjunto de indicios clínicos, teóricos y antropológicos lo llevan a postular el parricidio en y como origen de la cultura. Los muchos límites que esta construcción ha encontrado no implican que los conceptos que de ella se desprendan hayan perdido validez, ni que no se universalicen en la clínica de la neurosis obsesiva. El mito de la horda es una construcción que proviene de la clínica cuya validez va más allá de ser verdadera, su valor proviene de valer como verdad.

4.- La construcción clínica freudiana más conocida es la que ha quedado nominada como fantasma fundamental2 y que refiere a los finales del análisis. Esta construcción liga a través de la frase “no sé nada sobre”, lo a-representacional en sus versiones fenoménica y estructural: por un lado, aquello que refiere a la represión originaria, que pertenece a lo inconsciente pero nunca fue reprimido –lo lógicamente reprimido–; por el otro, al sujeto en particular, a su armado fantasmático, a su identificación última con ese objeto caído, a sus condiciones eróticas que lo singularizan, que no son sino el resultado de los indicios que a lo largo de todo un análisis permiten construirla. Que el fantasma sea efecto de un hilván a través del análisis da validez a que, de esta construcción, se hable de travesía que remite a recorrido, más que de atravesamiento que remitiría a momento. De modo que así como se utiliza el término analizante, cabría el término atravesante, en tanto es quien está haciendo un “a través de”. El analizante en posición activa y es quien realiza el trabajo. “Todos sabemos que el analizado debe ser movido a recordar algo vivenciado y reprimido por él, y las condiciones dinámicas de este proceso son tan interesantes que la otra pieza del trabajo, la operación del analista, pasa en cambio a un segundo plano”. Freud remata la cita con una interrogación: “El analista no ha vivenciado ni reprimido nada de lo que interesa; su tarea no puede ser recordar algo. ¿En qué consiste pues su tarea?” Concluye “Tiene que colegir lo olvidado desde los indicios que esto ha dejado tras sí; mejor dicho; tiene que construirlo”. Cabe entonces decir que el analista es un interpretante y un construyente. El analista construirá algo nunca sucedido, algo que no tiene “un lugar legítimo en la ensambladura de la neurosis”3, pero que es necesario lógicamente.

5.- Las construcciones freudianas atraviesan la clínica en el Hombre de las Ratas y en el Hombre de los Lobos, los conceptos en la cuestión del fetichismo, la dirección de la práctica como construcción preliminar o el fantasma con relación a sus confines, pero también al núcleo de la teoría y sus axiomas en el Edipo y el mito de la horda. Acaso la construcción se transforme en un “lecho de Procusto”, que todo lo abarca. Pero es justamente el propósito de este trabajo darle su carácter más abarcativo a fin de desentrañar lo que la construcción tiene y ha aportado al corpus, “lo ya decidido”, para poder diferenciarlo de lo “a decidir en cada caso”.

El riesgo de la construcción es el pasaje de aquello que “vale por” lo verdadero a aquello que tiene pretensión de serlo, que en Freud queda realzado en “Construcciones” al abordar la cuestión de la psicosis donde la construcción delirante del psicótico contendría un “núcleo de verdad”. Este “núcleo de verdad” establece un puente con Tótem y tabú que concluye con el sintagma “uno tiene derecho a suponer que en el comienzo fue la acción”. Esta frase no sólo tiene valor de verdad sino que se da por válida la construcción histórica. En Moisés..., el procedimiento se reitera. Ya no es una hipótesis lógica sobre lo sucedido, sino que tiene pretensión de certeza. Deslizamiento “cientificista” de Freud hacia lo verdadero.
Sin embargo, el aparato psíquico es “ilimitadamente receptivo para percepciones siempre nuevas, (…) –aunque no inalterables–”4. Esto significa que la incorporación de una lectura innovadora no supone haber accedido a lo “verdadero y sucedido” sino que es la posibilidad de organizar el campo y ver nuevos detalles (los recuerdos hipernítidos). Es un necesario ordenamiento de las piezas por agotamiento discursivo e interpretativo en el transcurso del tratamiento. Si el nuevo ordenamiento no ha servido, “... no produce daño alguno equivocarnos en alguna oportunidad y presentar al paciente una construcción incorrecta como la verdad histórica”5. La construcción para Freud, lejos de ser un elemento resistencial, es un modo de realizar su travesía, de eludir el campo resistencial al ampliar la perspectiva.

6.- Existe sí, una clara diferenciación entre el estilo de las construcciones freudianas y las construcciones lacanianas. Las primeras tienden a ubicar al sujeto como víctima. El armado de la posición de víctima de las construcciones podría llevar a una actuación fuera del ámbito del consultorio, quedando el analista como aquel que reparte y distribuye las culpas, produciendo una vía de des-implicación. Esto explica el rizo que operará la escuela francesa. A la vez, la construcción instituye al analista no sólo como saber supuesto sino, en cierta medida, como saber propuesto. La construcción sitúa al analista ante su analizante sabiendo lo que él no sabía, teniendo un armado de la vida de su paciente más sustentable que los que él tenía. “Nunca lo había visto del modo en que usted lo ve”. Si el Hombre de las Ratas no sabe si se masturbaba, Freud “sabe” no sólo que lo hacía sino que el padre en alguna oportunidad tomó cartas en el asunto. En ese sentido, la construcción no es la vía más adecuada para la disolución de la transferencia, quizá por el contrario, el analista se hace amar aún más por ese saber.

En Lacan hay un intento de encontrar el punto de implicación, su condición de victimario, de la que el paciente obtiene beneficios aunque lamente la situación. Cuando en las entrevistas preliminares se apunta a buscar la implicación del sujeto, aunque no lo sepamos, estamos haciendo una construcción o una conjetura de construcción. Estamos diciendo que el relato requiere de un protagonista más, justamente el de quien está produciendo el relato y se está quedando afuera: “Este rompecabezas no cierra si no lo agregamos a usted”. Es una construcción bajo la forma de la hipótesis. No es una construcción dicha, sino la apuesta a que el analizante la reconstruya. Que el sujeto es parte de la escena no es una interpretación, es una suposición de un otro en la escena. Es una inferencia por las miradas de los que están en el escenario, que hay alguien que aún no se ha dado a conocer. La interrogación por la implicación subjetiva es una construcción en acto sin necesidad del relato de un armado escénico.

El armado también tiene su costo en términos de análisis pues como toda construcción impedirá algunas visuales. Sin embargo, el problema que se plantea es que sin ese costo el tratamiento se empantana y no sigue. Por eso los analistas se han visto –y se ven– llevados y forzados a construir y reconstruir fragmentos, incluso de la teoría. Es la clínica y la teoría del caso por caso que implica también poder desarmar aquellas construcciones que al analista le funcionan como obstáculo epistemológico. Así el Edipo, por ejemplo, ha impedido pensar la contradicción que hay en sostener la institución de la adopción y decir a la vez que Yocasta era su madre y Layo su padre. Así, también, Massotta se atreve con el mito de la horda. Del mismo modo, a su tiempo, propuse reconstruir los tiempos del fantasma a la luz del cambio freudiano que invierte la cronología lógica del sadismo y el masoquismo6

1. Freud, S. “Más allá del principio del placer”, en A.E., Tomo XVIII, p. 18.
2. Véase en Los mismos-distintos lugares, el trabajo “Pegan a un niño, todavía”, en Xavier Bóveda, p. 83 y ss.
3. Freud, S. “Pegan a un niño”, en A. E., tomo XVII, p.169.
4. Freud, S. “Notas sobre la pizarra mágica”, en A. E. Tomo XIX, p. 244
5. Freud, S. “Construcciones”, en A. E. Tomo XXIII, p. 263.
6. Dvoskin, H. Pegan a un niño, todavía. Los mismos distintos lugares, en Xavier Bóveda
 
 
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