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   Entrevista

Diana Sahovaler de Litvinoff
  “Sujeto, intimidad y tecnología”
   
  Por Emilia Cueto
   
 
Las nuevas tecnologías posibilitan diversas formas de comunicación entre los seres hablantes. Conforme a su experiencia, ¿esto genera cambios en el lazo social? De ser así. ¿Por qué y cuáles destacaría?

Le diría que ahora resulta difícil recordar cómo eran las formas de comunicación previas a esta explosión tecnológica. La inmediatez en cuanto al tiempo, el acortamiento de distancias, la facilidad de conexión, son elementos cotidianos. A un psicoanalista no le resulta extraño actualmente recibir el pedido de una primera entrevista por WhatsApp y contestar por el mismo medio. Hoy los mails ya nos parecen demasiado formales en relación a la proliferación de los mensajes por celular. Esto en cuanto al aspecto práctico y facilitador de la tecnología en la comunicación cotidiana. Después está otra cuestión que ahonda en una característica de la época y que es el restablecimiento del lazo social en un contexto donde se promueve el individualismo y el otro es considerado potencialmente peligroso o contagioso.

Más que cambios podríamos decir recuperación del lazo social. A través de un medio que no fue imaginado para tal fin como es la computadora, comenzaron a circular vínculos amistosos y eróticos que muestran cómo el ser humano busca compartir y comunicarse. Se suele hablar de la chatura del chat y muchas veces es así, pero en las redes sociales también circulan pensamientos políticos, filosóficos, descubrimos que los jóvenes no solo leen sino que escriben poesías que son comentadas por otros. Los medios masivos generan tendencias, buscan modelar opiniones y deseos, pero lo interactivo ha promovido el debate, el disenso y se da un fenómeno de reversión de la tendencia pasivizante, los conectados en red no son meros receptores o espectadores sino que producen a su vez sus propias significaciones.

En “La intimidad está en otra parte”, texto publicado en la Revista Imago Agenda, propone que hay un cambio y ampliación del concepto de intimidad, ¿esta modificación supone efectos en relación con los diques pulsionales? De ser así, ¿cuáles serían sus manifestaciones más habituales?

Ha cambiado el concepto de lo considerado como íntimo, que varía de acuerdo a las distintas épocas y culturas, y en nuestra cultura esto se ha ampliado ostensiblemente, no solo por la liberación del cuerpo y lo sexual, en lo que el psicoanálisis ha tenido su papel, sino porque el diario íntimo o las confesiones al oído de otros momentos ha dado lugar a lo publicado en los distintos blogs o redes sociales muchas veces en forma anónima. El empuje a la exhibición de esta época donde todo tiene que ser mostrado para satisfacer las necesidades de un mercado de consumo que necesita conocer a sus potenciales clientes y donde se exalta la fama por sí misma, o sea, figurar en las pantallas como una forma de existencia, donde la vida misma tiende a ponerse en una vidriera o convertirse en espectáculo, genera la ilusión de que se ha perdido la intimidad, que ésta se muestra a cielo abierto o que existe una especie de “intimidad compartida”. Pero se trata de una fachada, lo que se expone generalmente es aquella imagen que se quiere aparentar, el ideal de quién se querría ser, lo que el otro desea ver para ser querido, reconocido. Esto desnuda nuestra dependencia con respecto a la mirada de los otros, mirada que de alguna manera ha influido y moldeado nuestra subjetividad. “Extimia” llama Lacan a eso tan íntimo y tan ajeno que nos habita. De todos modos tenemos nuestro margen de elección y nuestro derecho a preservar de la sanción de los otros la relación con el propio goce y con nuestros fantasmas primitivos, que de eso trata la intimidad. Hay contenidos que deben permanecer inconscientes para que puedan fructificar en sueños o sustitutos metafóricos, y sus retoños suelen ser guardados en secreto. Un niño que no tiene secretos para sus padres, no crece ni desarrolla su subjetividad, un adulto compelido a exponer la intimidad estaría en la posición de quien tiene que revelar las estrategias de supervivencia al enemigo.

En El sujeto escondido en la realidad virtual destaca que es posible enamorarse a través de la web y puntúa: “El develamiento acostumbra quitar la magia del misterio, pero el juego de enamorarse por Internet no deja de ser una realidad que moviliza, permite una serie de ensayos y errores sin exponerse en un vínculo cuerpo a cuerpo pero generador de erotismo”. ¿Cómo se podría pensar este planteo en relación con lo enunciado por Freud en “Consideraciones sobre la guerra y la muerte”, donde dice que la vida se empobrece cuando no se la arriesga, y agrega que se busca en la ficción, en la literatura, una sustitución a tales renuncias?

Los amores virtuales tienen mucho del amor cortés o el amor platónico; esto es algo llamativo, porque como a través de la web circulan muchos contenidos de sexo explícito, se suele asociar a este medio con la difusión de pornografía. Y sin embargo en muchos casos parece haberse retornado al romanticismo de otras épocas, a la búsqueda de ilusiones en un mundo pragmático que exalta al objeto, al intento de una relación de sujeto a sujeto. El amor virtual crece y se idealiza en la distancia y la frustración. Así como se pregunta Freud si el amor de transferencia puede ser considerado un amor real, y responde que así es efectivamente, también en este caso podemos decir que el enamoramiento tiene los mismos efectos que los que suscita un encuentro cara a cara…, o cuerpo a cuerpo. Claro que hay que tener en cuenta la cita que traía Freud cuando Juanito suspiraba por una nena que veía en el balcón de enfrente: ¡el amor a distancia no me gusta nada! El encuentro personal no se reemplaza con la relación virtual, el cuerpo pide su satisfacción en la realidad. Y como bien dice, hay empobrecimiento vital cuando la fobia y el temor al rechazo impiden que se concrete el encuentro. De todos modos los amores virtuales son experiencias válidas como todas aquellas que generan erotismo, despiertan afectos fuertes y dan sentido a la vida. No decimos que la experiencia virtual sea más o menos excitante, que sea mejor o peor, no decimos que la experiencia virtual es falsa y que no hay encuentro con el otro, la experiencia virtual es válida y tiene efectos. Lo que decimos es que lo virtual no reemplaza lo real, que en ocasiones se puede transformar en refugio para evitar encarar los miedos a encontrarse con los otros, que puede ser una manera de evitar jugarse por el propio deseo y lograr las transformaciones y los cambios en uno mismo y en el entorno para lograr lo que se desea.

Por su parte los adultos, cada vez de forma más masiva, se han volcado a juegos on line. Más allá de la apoyatura en la propuesta tecnológica, ¿qué lectura se podría hacer entre el juego y el fantaseo –tal el planteo freudiano– y la política de consumo actual que empuja a taponar el vacío con objetos?


Si bien hay muchos tipos de juegos, elegiría uno porque me parece muy representativo de lo que es la inmersión en la realidad virtual, representativo desde su nombre, que es Second life. A partir de este juego es posible desplegar y actuar fantasías, dar rienda suelta a deseos ocultos o alternativas que no se han elegido en la vida real; la joven inhibida puede adoptar la forma de la vedette glamorosa, el empleado martirizado por su jefe puede ser el empresario exitoso. De este modo parece achicarse la brecha entre la realidad e ideales de felicidad que la historia personal y el entorno social proponen, ligados por lo general a la sobre-exposición, el consumo, el destape sexual y el éxito. Es a través de lo virtual, que el sujeto puede arrojarse a extremos que en la vida real teme ya que pondrían en riesgo su subjetividad y sus vínculos. El recurso técnico de ver al producto de su fantasía “moverse” en la pantalla sumado al carácter interactivo, le da a la experiencia un fuerte tono realista. Como sucede con otros juegos, encierra el riesgo de volverse adictivo si comienza a absorber el tiempo al punto de reemplazar la vida real, cuando lo único que importa parece transcurrir en la pantalla. En estos casos podemos pensar que la identidad toma consistencia en el mundo virtual que se transforma en una especie de espejo: el personaje que se ha armado resulta más satisfactorio de cómo el jugador se experimenta a sí mismo en su vida real. Pero no es tan fácil establecer un límite tajante entre los participantes de este juego y el resto. Todos tenemos una “second life”, un espacio para reponernos del bombardeo de la realidad y las postergaciones de los deseos, un mundo de fantasías y juego, del deseo de “otra oportunidad”, aspectos escindidos, contradictorios, conflictivos o creativos que luchan por expresarse. La realidad virtual pone afuera el mundo psíquico, se sueña a través de las imágenes de las pantallas. Es como una nueva forma de soñar.

En los últimos años los elementos de juego en los niños han experimentado cambios. Es cada vez más frecuente que incluyan la figura de una pantalla –en la forma que sea– antes que la presencia física del semejante. ¿Estas variantes introducen cambios en la constitución subjetiva del infans?

Tanto es así, que muchos analistas de niños han incorporado la computadora al tradicional cajón de juegos. Las pantallas y los elementos audiovisuales toman un protagonismo y ejercen una fascinación especial por su brillo y la perfección de la imagen. Si tenemos en cuenta la importancia de la imagen en la constitución de la identidad, podemos pensar que las distintas pantallas pueden funcionar como espejos donde se busca una reafirmación narcisista. Creo que la posibilidad de un cambio en la constitución subjetiva del niño, es algo que no ha sido evaluado aún. Y es necesario tener en cuenta que las pantallas son también interactivas y en este momento constituyen un elemente de unión e intercambio con otros.
Una preocupación que se suele escuchar, tanto desde educadores como desde quienes ejercen la función de padres, es que los chicos –niños, adolescentes– no estudian, no se concentran. Usted destaca que “cuando todo vale no siempre surge el descontrol sino el desgano”. ¿Podría esta afirmación incidir en la baja en el rendimiento escolar, o será también que los jóvenes tienen otra forma de acceder al conocimiento que los adultos no siempre podemos captar y esto dificulta la transmisión?

Los padres siempre se han quejado de situaciones similares, muchas veces les cuesta ponerse en el lugar de sus hijos e incluso recordarse a sí mismos cuando tenían esa edad, es que están movidos por ideales de lo que suponen que sus hijos deberían hacer o de quiénes deberían ser. Coincido en que los jóvenes tienen otra manera de acceder al conocimiento, están habituados y entrenados a recibir y manejar varios estímulos a la vez, y pueden responder a ellos. Los adultos suponen que no es posible concentrarse en un tema a estudiar cuando al mismo tiempo está la computadora encendida y un canal de música en la TV, pero los hijos pueden responder a ellos, y cuando no, a menos que se trate de una situación adictiva, son capaces también de apagarlos. Muchos inventos o desarrollos artísticos actuales son llevados a cabo por gente joven. La lógica que se maneja en cibernética es distinta, es una lógica conectiva que permite descubrimientos inesperados. El acceso facilitado a la información y el debate enriquecen el proceso formativo.

También, en El sujeto escondido en la realidad virtual sitúa que “el tratamiento analítico trascurre en un espacio que podríamos considerar virtual”, ¿cuáles son sus consideraciones respecto de los tratamientos on line que se ofrecen en la actualidad?


El psicoanálisis a distancia es un fenómeno que ya existe en la práctica, como se trata de una situación relativamente novedosa, se impone el intercambio de ideas y la transmisión de distintas experiencias. Freud, que siempre estuvo atento a los fenómenos sociales, habló en “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica”, acerca de la posibilidad y necesidad de adaptar la técnica a distintas circunstancias que se plantearan en el futuro, cambios inesperados o impensados del entorno. Citaba como hipótesis, el caso de que en un futuro amplios sectores de la población pudieran acceder a la terapia psicoanalítica, que en ese caso dejaría de ser “elitista”, y empleaba una metáfora: decía que si el psicoanálisis se hacía masivo, nos veríamos precisados a alear el oro puro con el cobre, siempre y cuando los nuevos elementos que la constituyan sigan siendo los del psicoanálisis riguroso. Esta situación imaginada ya ha sucedido, el psicoanálisis, si bien no es masivo, se ha hecho un ejercicio difundido, y el “futuro” nos ha planteado otra situación a resolver: qué sucede cuando paciente y analista, cuando didacta y candidato a psicoanalista, están separados por una gran distancia y no existe la posibilidad de desplazase como para hacer un análisis o una formación completa. Los avances tecnológicos han proporcionado una alternativa: análisis, supervisiones y cursos virtuales, con distintas modalidades: mails, chat, videoconferencias. ¿Son estos el cobre en que se ha transformado el oro puro hoy en día? Nadie podría afirmar que es lo mismo la situación planteada en el consultorio, con el paciente recostado en el diván y el analista tras él, a una situación mediada por la computadora o el teléfono. De todos modos el hecho de que no sea igual no la invalida, siempre y cuando, tal como lo plantea Freud, se mantengan los elementos propios de un análisis riguroso: el establecimiento de la transferencia, la regla de abstinencia, la asociación libre, la atención flotante. Si las reglas fundamentales de la terapia psicoanalítica pueden ser observadas, tal vez nos encontremos con lo que pretendemos para una cura psicoanalítica.

¿Cómo pensar por ejemplo la transferencia o la ausencia del cuerpo del analizando y del analista, entre otros temas centrales?
¿Es más real el tratamiento cuando paciente y analista están en la misma habitación? ¿La experiencia de la terapia on line es “menos real”? Son preguntas interesantes para formularse. Seguramente el hecho de que el paciente esté a miles de kilómetros de distancia no la hace menos real o con menos efectos. Freud decía que la transferencia crea un reino intermedio entre la enfermedad y la vida, el analista siempre trabaja con un tipo de realidad que no es la convencional, sino que es la realidad psíquica del paciente, aquello que para el paciente tiene carácter de verdad condicionado por su historia, sus deseos, sus fantasías. De alguna manera los analistas trabajamos con una realidad virtual. Lo que le interesa al analista es el discurso del paciente, la apertura de su inconsciente. Que el analista escuche sin prejuicios y sin intervenir con sus propias opiniones y deseos, que exista una interrogación sobre el sentido del síntoma y no que se busque suprimirlo, que surja el deseo del paciente, todo esto hace a la ética del psicoanálisis y si estos elementos están, los efectos terapéuticos se producen.

Diana Sahovaler de Litvinoff es Psicoanalista, Didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Docente Titular del Instituto Angel Garma. Full Member de la International Psychoanalytical Association. Miembro Titular de la Federación Psicoanalítica Argentina. Ex Directora de Seminarios y Supervisiones del Instituto Latinoamericano de Psicoanálisis. Miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Autora del libro El sujeto escondido en la realidad virtual, Letra Viva Editorial.
La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com.
 
 
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