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   Colaboración

Síntoma, sinthome, nombres del padre.
  Por Isidoro  Vegh
   
 
En el seminario Le sinthome, Lacan cuenta que quería escribir un nudo de cuatro tréboles anudados y que no le salía. En la reunión siguiente, confiesa una herida narcisística porque dos matemáticos que acudían a su seminario, Thomé y Soury, habían logrado hacerlo. Se lamenta, para él era un fracaso que no hubiera podido y ellos sí. Pero dice que se puede sobreponer a su narcisismo y que les está profundamente agradecido. Y sigue, como al pasar, pero lo dice en el seminario Le sinthome –con Lacan sabemos que tenemos que aprender a subrayar lo que dice como al pasar–: “seguramente yo fracasé porque quise hacerlo solo. ¿Alude al otro como sinthome?1

Decimos sinthome porque no existe la lengua propia, la lengua pura, toda lengua se forma de otras lenguas. Entonces incorporar sinthome, es también un homenaje al maestro, a Lacan. Tiene la ventaja que nos ahorraría esos errores de transcripción que tenemos con el seminario, lo tienen los mismos franceses, de sinthome y symptôme que en francés suenan cercanos y llevan a múltiples dificultades.

Me voy a ajustar al título “Síntoma, sinthome y nombres del padre”. Voy a comenzar con una cita de Lacan de su primera clase, del 18 de noviembre de 1975, del seminario Le sinthome:
“El Complejo de Edipo es como tal un síntoma. Es en tanto que el Nombre del Padre del cual todo se sostiene esto que no lo hace menos necesario al síntoma. El otro del cual se trata, se manifiesta en Joyce por esto que, en suma, Joyce está cargado de padre. Es en la medida en que ese padre, como se confiesa en el Ulises, él debe sostenerlo para que subsista, que Joyce por su arte, este arte que desde el fondo de los tiempos nos viene siempre como surgido del artesano, no solamente hace que subsista su familia sino que la ilustra, si se puede decir. Ilustra, al mismo tiempo, esto que él llama en alguna parte ‘my country’, o mejor aún, ‘el espíritu increado de mi raza’, esto por lo cual termina ‘El retrato del artista’. Es esto de lo cual Joyce se da la misión. En este sentido, anuncio lo que será este año mi interrogación sobre el arte, en que el artífice puede apuntar expresamente a esto que se presenta de entrada como síntoma”.2 A raiz de esta frase, voy a subrayar dos cuestiones, de entrada se plantea como síntoma, luego como sinthome; la otra cuestión tiene que ver con que si bien se acaba de cumplir un cuarto de siglo desde la muerte de Lacan, no es muy distinto el desafío a cuando Lacan se propuso el retorno a Freud. La frase dice que hay una relación entre el padre, lo relaciona con el padre de Joyce, el Edipo y el síntoma. Hemos escuchado, y aún en lacanianos que respetamos y valoramos, que esta frase indicaría que el Edipo es algo de lo cual ya podríamos prescindir. Voy a leer otra frase de Lacan, de un tiempo anterior. Es de la “Proposición del 9 de octubre de 1967”. Dice así: “En lo simbólico tenemos el mito edípico. Yo querría aclarar mi linterna simplemente con esto: retiren el Edipo y el psicoanálisis en extensión, digo yo, deviene entero asimilable al delirio del presidente Schreber”.3

Alguien podría decirme: “Bueno, pero escúcheme, esto es anterior”. Sí, es anterior. La primera tópica es anterior a la segunda y Lacan tuvo que volver a subrayar el valor de la Traumdeutung, El chiste y su relación con el inconsciente, La psicopatología de la vida cotidiana, porque la Ego-Psychology consideraba que la segunda tópica había hecho caducar a la primera. ¿Para qué seguir insistiendo con el Inconsciente? Lo importante era el Yo libre de conflictos, el Yo autónomo. ¿No dijo Freud “Wo Es war, soll Ich werden”, que ellos tradujeron como “donde el Ello estaba, que el Yo advenga”? Propongo un retorno a Lacan; anticipaciones, retroacciones, pliegues del texto, trabajo de lectura.

Retomemos Edipo. ¿Caducó o es que hay una lectura a la cual sólo podríamos acceder si aceptamos la invitación? Les propongo entonces dos recorridos de algo poco trabajado en el psicoanálisis que suele dejarse al costado...
Edipo no comienza con Edipo, comienza con su padre. Es Layo el que, castigado por los dioses, no puede tener hijos. Es una versión. ¿Por qué estaba castigado Layo? Cuando le tocaba heredar el trono fue desalojado por una revuelta, cosas que pasaban también en esos tiempos, va al reino de Pélops y como agradecimiento al acogimiento que recibe, seduce al hijo de Pélops, a Crisipo, al cual invita al goce. Los dioses lo castigan por haber respondido de tal modo a los cuidados recibidos. Layo es el que recibe del oráculo el aviso “no tengas un hijo porque te va a matar”. Nosotros decimos que es lo que cualquier padre sabe, pero no por el oráculo, sino porque alguna vez fue hijo. Es normal que un hijo quiera matar al padre. Entonces Layo dijo “no hijos”, y por las dudas, en esa época no había métodos anticonceptivos, le dijo a Yocasta “no”. Pero una mujer no soporta eso así nomás, se sentía muy ofendida. Lo emborrachó, dice el relato. Y consiguió engendrar un hijo. Así nace Edipo y por orden de su padre es llevado al Citerón, donde Dioniso paseaba con las bacantes. Allí Edipo es atado por los tobillos, de ahí viene el nombre Edipo, que significa pies hinchados.

Primera cuestión: el Complejo de Edipo no es solamente que el nene malo quiere matar al papá para quedarse con la mamá. Empieza hablando del padre del goce. Es el padre que propone el sacrificio. Cuando el ángel detiene el cuchillo de Abraham y se establece el Brith, el pacto entre el Otro y el sujeto, entre Dios y Abraham, el que es matado en el lugar de Isaac es el padre. Como recuerda muy bien Lacan, y ya lo había señalado incluso muy bien Theodor Reik que en esa época estaba en transferencia con Freud, el chivo expiatorio, el que viene en el lugar de Isaac, no sustituye, no es metáfora del hijo. Sustituye al padre del goce, es un Elohim. Entonces, el Complejo de Edipo no es el cuentito edípico. Ya tenemos un elemento, generalmente descuidado. Habla del padre del goce, el padre que pide el sacrificio del hijo.

Vayamos a la Esfinge. Se nos dice que Edipo, horrorizado porque el oráculo le confirma que va a matar a su padre y a acostarse con su madre, decide huir de quienes él creía que eran sus padres, Pólibos y Peribea, los reyes de Corinto, los que lo habían recogido cuando un pastor lo llevó, esa es una versión. La otra versión, lamento desilusionar a los que sean creyentes, es muy parecida a la de Moisés, y es que Yocasta puso al bebé en el mar y Peribea lo recogió. Siempre se puede arreglar la cosa diciendo que estos griegos copiaron a los judíos, pero más bien podemos pensar que hay una cuestión estructural, como la leyó muy bien Otto Rank en su tiempo.

Edipo, horrorizado cuando el oráculo le dice “vas a matar a tu padre y a acostarte con tu madre”, creyendo que la huída lo salvaría, va justamente al lugar donde va a realizar su destino. ¿Qué sucede?: en el camino Edipo se encuentra con un carro que no lo deja avanzar, y con toda la soberbia el señor del carro le dice al cochero “avanza”. Lo pisa a Edipo, éste mata al cochero, luego derriba al señor que, arrastrado por los caballos, muere. Este señor era Layo, su padre. El mito nos está diciendo que Layo no es que tuvo un mal momento y quiso matar a su hijo, es un padre que no le abre camino a su hijo, que rivaliza con su hijo, que no lo deja pasar. Edipo llega desesperado adonde cree que encontrará la salvación de ese oráculo nefasto. Llega a la entrada de Tebas. Allí los dioses pusieron a la Esfinge, y una condición para el pase: para pasar a la ciudad, y el que pudiera pasar tendría premio, sería rey y tendría la oportunidad de casarse con la reina, había que responder a una adivinanza: ¿cuál es ese viviente que primero camina en cuatro patas, luego en dos, al final en tres? Edipo, orgulloso de su saber, contesta presto: el ser humano. ¿Por qué se suicida la Esfinge? Como nos pasa a veces con algunos pacientes, nos queremos matar, decimos “es irremediable”, “éste no tiene solución”. ¿Por qué? Porque Edipo es el ejemplo de que “To sophón ou sophía”, “el saber no es la sabiduría”. El saber puede hacer de obstáculo a la sabiduría. ¿Cuál es la ignorancia extrema de Edipo, la pasión de su ignorancia? No se le ocurrió que más allá del enunciado, y a través del enunciado, estaba la enunciación. ¿Por qué los dioses pusieron, para quien va a pasar de ser un ciudadano común al lugar de rey, desde fuera de los muros al corazón de la polis, precisamente esa pregunta? ¿Por qué te lo preguntan a vos, Edipo? Es a vos a quien te están diciendo, para que no hagas alarde de saber, y lo recuerdes, que así como naciste en el desamparo, sobreviviste porque otros te recogieron, hoy, que estás en la fiereza de tu orgullo, que vas a llegar al extremo del poder, no te olvides que los tiempos que sigan te van a devolver a un estado de desamparo, vas a necesitar el apoyo de ese bastón que remeda a los otros. Esto es lo que Edipo, por su saber, no pudo alcanzar.

Vayamos a Lacan y Le sinthome. ¿Por qué Lacan introduce en ese momento de su enseñanza dos conceptos que van juntos?, van siempre juntos, no hay Joyce sin ese padre inepto. ¿Qué es el padre de Joyce? En Retrato del artista adolescente su amigo, Cranly, le pregunta: “no quiero inmiscuirme en los asuntos de tu casa. Pero ¿estaba tu padre, lo que se dice, bien de posibles? Quiero decir cuando tú eras niño”.4 Sí, contesta Stephen, que es el que representa a veces literalmente, autobiográficamente, a Joyce. Stephen se puso a enumerar, pródigamente, las diferentes ocupaciones de su padre, el padre del cual Joyce está cargado: estudiante de medicina, remero, tenor, actor aficionado, político de estruendo, pequeño terrateniente, pequeño rentista, bebedor, buena persona, especialista en chistes y anécdotas, secretario de no sé quién, no sé qué cosa en una destilería, colector de impuestos, quebrado, y al presente, ensalsador de todo su propio pasado. Es decir, monigote. Los dos conceptos que, como Tom y Jerry, Lacan introduce, son el de père-version y el de sinthome. Si de entrada está el síntoma es porque de entrada, en el Edipo, está el padre del goce. Si luego puede –no hay garantía– venir el sinthome, es porque el sinthome es un intento, a veces desesperado, de construir un límite a ese goce mortífero. El sinthome es un remedio en la falla del Edipo. Es un intento de remediar el padre del goce. El sinthome es una suplencia paterna. Madre hay una sola, por suerte padre no. Joyce lo hizo con lo que dijo que iba a ser su misión, lo hizo con su escritura, y dijo “tres armas voy a utilizar en la vida para hacer mi camino: el silencio, el exilio y la astucia”. El silencio: abrumado por las voces que lo arrinconaban, el catolicismo de su madre, el gaélico provinciano de su pueblo, las baladronadas de su padre, los quejidos de su hermano y su hermana moribundos, silencio. El exilio: vivió toda su vida en el exilio, Trieste, Suiza, Francia. Allí hizo la mayor parte de su obra, casi toda, necesitó sustraerse del lugar del Otro de origen. Astucia: cuando dijo “300 años de universitarios me van a leer”, “ustedes van a trabajar para que yo ex-ista”, “mientras ustedes me descifren, Joyce seguirá ex-istiendo”. Y en el final de Retrato del artista... lo dice así, lo leo primero en inglés: “Oh, life! I go to encounter for the millionth time the reality of experience and to forge in the smithy of my soul the uncreated conscience of my race”5. Se los leo en la traducción de Dámaso Alonso con alguna aclaración que voy a hacer: “Oh, vida, salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza”. Sigue: “Old father, old artificer, stand me now and ever in good stead”6. Old father no es my father, Lacan se equivoca; como nos enseñan nuestros pacientes, Joyce acude a la genealogía para encontrar una suplencia de ese padre que era una nulidad.

Para concluir, tenemos una frase de Lacan que ha sido múltiples veces citada: “Del padre, del Nombre del Padre, se puede prescindir a condición de servirse de él”. La voy a parafrasear a mi manera: del padre, del padre del goce se puede prescindir a condición de servirse de él, del padre de la hiancia entre el deseo y el goce.

______________
1. Vegh, Isidoro: El prójimo. Enlaces y desenlaces del goce, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2001.
2. Lacan, Jacques: Le Séminaire, Livre XXIII, Le sinthome, pág. 22. Clase 18 de noviembre de 1975. Editions du Seuil, París, 2005.
3. Lacan, Jacques: “Proposition du 9 octobre 1967, sur le psychanalyse de l’École”, pág. 27, Scilicet. Editions du Seuil, París, 1968.
4. Joyce, James: Retrato del artista adolescente, traducción de Dámaso Alonso, Editorial Lumen, 2000, pág. 288.
5. Joyce, James: A portrait of the artist as a young man, Penguin Books, 1996, pág. 288.
6. Joyce, James: Idem, pág. 288.
 
 
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