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   Problemas y controversias

¿Interesa la estética al psicoanálisis? (IV)
  Por Juan Bautista Ritvo
   
 
La Crítica del Juicio de Kant es una de las obras más extrañas de la modernidad, si no de la historia del pensamiento sin más. Habitada por tensiones insólitas, bisagra entre el clasicismo del cual se separa pero no totalmente, y del romanticismo, alguno de cuyos rasgos anticipa, llega a anticipar la obra de Goethe1, del cual en estas notas, en algún momento, habré de ocuparme.
La belleza es sin concepto pero reclama los poderes generales e indeterminados del concepto; también sin finalidad, pero incluye una finalidad paradójica, porque se trata de una finalidad sin fin. Excluye a la moral en tanto constituye un dominio autónomo –el domino del sentimiento, del estado de ánimo, Gemütszustand– pero no cesa de reclamar la concordancia entre moral y estética.

Hay más y este más es decisivo: el gusto (Geschmack) no puede ser sino individual, sin embargo, aunque ningún cánon de belleza puede ser demostrado en el sentido fuerte del término, el gusto sólo tiene validez en tanto y en cuanto postula el acuerdo universal, acuerdo que, sin embargo, es un ideal como tal irrealizable. (Cada uno de los que postula un ideal del gusto es un singular universal, unido a los demás por una pretensión que jamás será una pretensión en común.)
Y, finalmente, la cuestión centra: si el libre juego de la imaginación y el entendimiento caracterizan en su armonía a la belleza, este acuerdo es puesto en cuestión por la emergencia de lo sublime que destituye a la imaginación de su capacidad de representar al infinito,2 al mismo tiempo que promueve una armonía discordante (hay que decirlo con un oximoron) entre las facultades.

Así, la imaginación kantiana deja de ser el testimonio indirecto de una región espiritual y pobre, pura idealización en el sentido freudiano de la palabra –lo suprasensible, para mencionarlo con su nombre clásico– para convertirse en testimonio punzante de lo que simultáneamente es quiebra y vivificación de los poderes de la imaginación material, librada de sus restricciones pero atada a la incesante argumentación del concepto que nunca puede evitar la pendiente de lo indeterminado.
Ya en una nota anterior, con la que inicié esta serie, había señalado que Kant había dado un paso adelante al reunir tres términos decisivos: Ästhetik, (Estética), Gemüt (Ánimo) y Geist (Espíritu),en la siguiente aseveración: “En su significación estética espíritu quiere decir el principio vitalizante en el ánimo.”3 ¿Cuál es este principio que “da vida”?
Transcribo todo el párrafo, breve y de una enorme densidad:
“Ahora bien, sostengo que este principio es la capacidad de exhibición (Darstellung) de ideas estéticas. Por idea estética entiendo aquella representación de la imaginación (Vorstellung der Einbildungskraft) que ofrece ocasión (veranlasst) para pensar mucho, sin que sin embargo pueda serle adecuada ningún pensamiento determinado, esto es, un concepto; que, en consecuencia, ni alcanza ni puede hacer plenamente comprensible ningún lenguaje. Se ve fácilmente que se trata de la réplica (pendant) de una idea de la razón, la cual es, a la inversa, un concepto para el que no puede serle adecuada ninguna intuición (representación de la imaginación)”.
No sé si por vez primera, pero quizá nunca como en este momento, emerge en la historia del pensamiento y justamente a propósito de la estética, comprometida con la “vida”, término mítico que designa lo inexpresable que sin embargo se expresa, esta vida que arrastra, por así decirlo, varios injertos, como Geist y Gemüt, el acontecimiento decisivo de la Excedencia4, aquí duplicada en forma invertida: en el fenómeno de la representación de la imaginación, en su propio aparecer algo no aparece y deja fuera de sitio tanto al concepto como al lenguaje (Sprache) que eventualmente podría expresarlo.

La intuición desborda al concepto, en primer lugar; pero en segundo término, el concepto de la razón (concepto de infinito, con sus inevitables paradojas) desborda a la intuición.
Cabe acotar que el título del parágrafo es el siguiente: “De las capacidades del ánimo que constituyen el genio”. El genio en su excepcionalidad es el promotor por excelencia del exceso. ¿Mas cómo determinarlo? ¿Cómo precisar esta triplicidad que traza el arco que va desde la intuición imaginante (términos provisorios que luego tendremos que revisar) y arriba al lenguaje y sus significaciones, pero pasando por un pensamiento excesivo (ese “pensar mucho” de que habla el texto kantiano) que quizá sea el lugar del sujeto en un sentido estricto, ya que está en una posición media o mediana entre intuición y concepto.
Ese exceso de pensamiento que no encuentra su lugar en las palabras es, antes que nada, el lugar del propio Kant, llevado por su propia enunciación (el modo en que cada frase escrita, cada período, lo fue llevando por su reduplicación, por su efecto de retorno, a zonas inesperadas para las cuales carecía de gramática…) a pensamientos excesivos.

Es preciso en este punto advertir que lo que llamamos imagen (antes que nada me refiero a la imagen mental, no a las estampas, ni a los grabados o dibujos) es esencial para entender esta secuencia.
En la Crítica de la Razón Pura el esquema es una regla de la imaginación para producir imágenes. Para decirlo con brevedad y precisión: el esquema es una regla de proyección (en el sentido matemático del vocablo) que tiene como función específica y en el relación al conocimiento científico-natural reducir el espacio de la vida cotidiana a un espacio habitado por fuerzas homogéneas, diagramado por la geometría euclidiana y que permite, antes que nada, cuantificar radicalmente todas las relaciones. En este caso la imagen no es un objeto, sino un encuadre para la percepción experimental. (Podemos pensar, al respecto, en la fenomenotecnia concebida por Bachelard: el termómetro, el microscopio, el telescopio, lo que es visible a través de estos instrumentos construidos según reglas precisas, está encuadrado por esos cuasi observables –diría para emplear la terminología de Sartre– que reducen experimentalmente la situación a diagramas, líneas de fuerzas simples, estables, puntuales, susceptibles de legibilidad según leyes matematizadas5.)
Pero en la Crítica del Juicio, la situación cambia: la imaginación, ya no sierva del conocimiento de la naturaleza, queda liberada para una existencia más bien salvaje, vagabunda, incluso extravagante.
Es la lección de lo sublime. (continuará)
____________________
1. Debería restringir la amplitud de mi afirmación: no de la obra de Goethe en total sino de ciertos aspectos sin duda cruciales en un conjunto tan complejo de saber y de obra estética, especialmente de lo que llama, conforme a la tradición antigua, dämonischen, “demónico” y también del denominado fenómeno originario, Urphänomenon.
2. Según Granel, el infinito kantiano no es, desde luego, el infinito actual de los cantorianos, pero tampoco el infinito concebido como mera totalidad y por lo mismo, finita. No hay concepto para lo infinito en Kant, ya que operaría como un “espacio vacío”, el que sólo puede ser determinado por conceptos necesariamente contradictorios. Deberíamos agregar, un espacio vacío que la razón no cesa de intentar totalizar y allí choca con el muro de lo que es a la vez imposible y necesario. Véase, Granel, Gerard, Kant y el final de la metafísica. Ensayo sobre la Crítica del Juicio, Escolar y Mayo, Madrid, 2008, pp.430/432.
3. Véanse las ediciones alemana y castellana allí citadas. El texto alemán es el siguiente:“Geist, in ästhetischer Bedeutung, heißt das belebende Prinzip im Gemüte”. Obsérvese el vocablo “leben”, vida, que está injertado en el texto como un cuerpo extraño.
4. Para Heidegger, la idea husserliana de excedente (Überschuss) que él localiza textualmente en las Investigaciones lógicas de Husserl, es el aporte decisivo de la fenomenlogía. Véase de Heidegger su Seminario de Zähringen (1973) (versión castellana en línea en A Parte Rei, Revista de Filosofía) y sobre todo la temprana Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo (1925), Alianza Editorial, Madrid, 2007, especialmente pp. 80/82. En Husserl, el vocablo Überschuss figura en la p. 695 de la edición castellana de las “Investigaciones lógicas”, Revista de Occidente, Madrid, 1976, que corresponde a la sección segunda, “Sensibilidad y entendimiento”, capítulo 6, parágrafo 40.
5. Pienso, desde luego, en la imaginación de la física clásica. La contemporánea evoca otro imaginario.
 
 
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