Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Cuando el cuerpo se hace letra

Cuerpo, letra y destinos pulsionales
  Por Isabel Dujovne
   
 
“Las claves del supreamatismo me están llevando a descubrir cosas fuera del conocimiento”
Kasimir Malevich

Si algo cambió el psicoanálisis es nuestra concepción del cuerpo. Previamente homologado a organismo, Freud mostró cómo en el decir histérico se trataba de un cuerpo fragmentado, cuyas divisiones en zonas y marcas eran efecto de la palabra pronunciada por el Otro al que llamó auxiliador. Palabra que al marcar el cuerpo y el goce como imposible, hizo que el instinto devenga pulsión. Con la pulsión el objeto perdió su soldadura y ya no podrá ser más que un reencuentro siempre parcial. El mismo que a partir de la “Carta 52” a Fliess está ordenado según un modelo escriturario cuyo núcleo y punto de partida es una pura marca.
Hay marcas del cuerpo en su mayoría invisibles que determinan formas de goce. También las hay visibles como los tatuajes, que además de su referencia epocal, son como toda escritura para ser leídas una a una en cada análisis. Al mismo tiempo la escritura –si puede ser leída– es a mi modo de ver fundadora de subjetividad.

Las pulsiones, ese concepto freudiano mítico –frontera entre lo psíquico y lo somático– tienen destinos. Vicisitudes que se ponen en juego en la singularidad del análisis en la medida que éste trabaja en el borde del cuerpo con el goce a través de la palabra. Cuatro destinos heterogéneos postula Freud para la pulsión: represión, condición fundante de la existencia del inconsciente, transformación en lo contrario, y vuelta contra sí mismo ligados a los movimientos gramaticales, y por último la sublimación, uno de los enigmas que el creador del psicoanálisis dejó sin resolver y que hoy nos sigue interrogando. Enigma que al implicar la satisfacción de la pulsión sin represión, sugiere que se trata de un goce más allá del principio del placer. En mi lectura la sublimación está ligada a la posibilidad de escritura de una letra como consecuencia del vaciamiento del Nombre Propio.1

Propongo bordear algo de dicho enigma a través de la obra de un pintor ruso del siglo XX: Kasimir Malevich. (1878-1935). Nació en Ucrania y luego de estudiar pintura en Kiev se trasladó en 1904 a Moscú. Es conocido como el creador de una escuela pictórica llamada “suprematismo”. Entre 1912 y 1915 se suma al futurismo ruso y es uno de los autores junto con Vladimir Maiakovski, entre otros, del manifiesto llamado “Bofetada al gusto público”. Participa con dibujos y decorados de una ópera futurista y comparte experiencias realizadas en una lengua arbitraria despojada totalmente de significados. La revolución de 1917 coincide con el auge del suprematismo y de las vanguardias artísticas en general.

Su cuadro más famoso se llama Cuadrado negro y es exactamente eso, un cuadrado negro sobre fondo blanco del cual hizo distintas versiones entre 1923 y 1929. Malevich pasó de pintar diversas formas geométricas al cuadrado, forma que parecía “repetir” una y otra vez hasta encontrar lo que parece “su” forma definitiva. Como Leonardo con el trazo de la sonrisa llamada “leonardesca”, Malevich busca nuevas expresiones a esa figura que lo identifica.2
Tras la muerte de Lenin el Estado soviético se aleja de las vanguardias hasta que desemboca en la adopción del “realismo socialista” como doctrina oficial y como consecuencia Malevich pierde los favores del mundo académico soviético. En la medida en que las formas abstractas fueron consideradas un arte “burgués” que no expresaba las realidades sociales, muchas de sus producciones fueron confiscadas.

Al observar su obra llama la atención que durante la mayor parte de su vida su pintura fue abstracta hasta que llega a su máxima depuración con el cuadrado negro. Durante todo ese tiempo, sus obras estaban firmadas con su nombre como lo hace la mayoría de los pintores contemporáneos. En su última época cuando, persecución mediante, parece someterse y pinta obras figurativas, en varias de ellas se puede ver que no las firma con su nombre sino que realiza un trazo que dibuja el cuadrado negro en uno de los ángulos inferiores del cuadro a la manera de una firma.

Mi conjetura es que este cuadrado negro, en tanto forma geométrica desprovista de toda figuración, funciona como un rasgo distintivo del artista, rasgo que lo nombra. Esta hipótesis se apoya en lo que Lacan sostiene en “Lituraterre” cuando destaca el valor del ideograma oriental por ser una escritura que al prescindir de lo imaginario permite rescatar el gesto singular e irrepetible de la caligrafía. Apoyándome en una analogía con ese gesto propongo que el Cuadrado negro es una figura que, sosteniendo una relación con lo no figurativo, organiza el caos y delimita un espacio singular.
Cuando el pintor muere y es enterrado en su pueblo natal, un cuadrado negro es la inscripción que en su sepultura deja su marca distintiva que señala que ahí hubo un cuerpo del que solo queda una marca. Último gesto de nombrarse exiliado del cuerpo como Uno impar que no remite al Otro. En ese sentido esa marca cumple una función de letra y de punto de llegada de un sujeto en relación al desasimiento del Otro. Acto de corte que así se inscribe.
Como afirma Lacan, la tumba de Moisés está vacía para Freud como la de Cristo para Hegel. ¿Podemos conjeturar que el vacío de la tumba es condición de la potencia de esos nombres fundadores?
Intento leer aquí un camino que va de la obra a una conjetura sobre la subjetividad, en la que un sujeto inscribe de manera singular y original, su desamarre del mandato cultural. La firma funciona como letra, como depuración del Nombre Propio que implica el pasaje del Nombre del Padre al Padre del Nombre.

Y en esta operación está implicado el último de los destinos pulsionales. La paradoja de la sublimación es que la pulsión puede encontrar su meta en algo diferente de su meta sin que se juegue la sustitución significante. No se trata ya del fantasma en el cual el objeto es sustituido por un significante; como sabemos a partir de la lectura del Seminario 10, el a de la fórmula del fantasma es un falso a, un significante. En la sublimación el objeto no es un significante, sino que el objeto es letra, trazo, que soporta el nombre y, que como tal queda fuera de la cadena y la funda.
Es por eso que la sonrisa leonardesca o el Cuadrado negro de Malevich pueden ser leídos como sublimación, en tanto funcionan como escritura. Este trazo no es una figuración del objeto, sino su marca distintiva a partir de su borramiento. Esta concepción tiene consecuencias en la dirección de la cura ya que es este borramiento el que se juega en un análisis en la medida en que sólo a partir de la producción del vacío el sujeto puede ser deseante, más allá de ser deseable por la vía del Ideal.

Lacan en el Seminario “La ética del psicoanálisis” define a la sublimación con un conocido aforismo: “elevar el objeto a la dignidad de la cosa”. Cuando “La Cosa” no es evitada sino que es bordeada como en el arte se pone distancia con lo horroroso. Y de esta manera puede hacerse de la Cosa, Otra cosa.
Por eso entendemos que el objeto que “se eleva” es el objeto del fantasma, cara significante del objeto a, y elevarse no es más que transformarse en un vacío inscripto. En el pasaje del significante a la letra, se marca el borde de lo que no está y, de este modo se funda algo nuevo.

Hay aquí un circuito cuyo recorrido puede plantearse partiendo de la falta de objeto para la pulsión, se continúa con el surgimiento del significante en el lugar de la falta de objeto, y la producción por parte del significante del vacío en lo real. La letra ahí es punto límite y posibilidad de un comienzo. Como dice Freud de la pulsión de muerte, es “voluntad de recomienzo”.
El relato de los padecimientos subjetivos concierne en principio al objeto prohibido de la novela familiar, un objeto enredado en el significante. Pero, la novela encierra el mito, y en este ya no se trata de un objeto prohibido sino de un objeto cuya imposibilidad se inscribe. ¿No es acaso, transformar la novela en mito, y éste en escritura, el trabajo de un análisis? Partimos del discurso para que el trabajo de la pulsión lleve a perder el objeto. A partir de esa pérdida del cuerpo solo queda la letra.

Notas:
1. Dujovne Isabel: El vaciamiento del Nombre Propio es subsidiario de la “acción negatriz”, tema desarrollado por Freud en su escrito “La negación”. Recorridos de la cura: del nombre a la causa vacía. Saber del límite. Letra Viva. Buenos Aires. 2006.
2. Dujovne Isabel: La “sonrisa leonardesca” a la que Freud considera lo propiamente creativo de Leonardo Da Vinci, funciona como el rasgo que nombra al artista. Este rasgo tiene su condición de posibilidad en un acto de incredulidad con la consiguiente caída del Ideal. “Ideales y sublimación”, La misteriosa desaparición de las neurosis, Letra Viva, Buenos Aires, 1998, 2010.

Referencias:
Freud Sigmund: “Correspondencia con Fliess. Carta 52”.
— — “Pulsiones y destinos de pulsión”.
— — “La negación”.
— — “Más allá del principio del placer”.
Lacan Jacques: “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”.
— — “El seminario. Libro VII. La ética del psicoanálisis”. Paidós. Buenos Aires.
— — “El seminario libro X. La angustia”. Paidós. Buenos Aires.
— — “El seminario. Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”.
— — “El acto psicoanalítico”. Inédito.
— — “Lituraterre”. Ficha EFBA. Buenos Aires 1980.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | Sostener la diferencia 

 

 
» Fundación Foro
Charla Gratuita sobre Inserción Laboral para profesionales de la Salud  charlas en Octubre
 
» Centro Dos
Seminario 7 de Jacques Lacan  viernes de 14 a 15:30hs
 
» Fundación Tiempo
Borges y el Psicoanálisis  TERCEROS VIERNES DE CADA MES, de 19 a 20.30 hs.
 
» Centro Dos
Conferencias  segundo cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» Fundación Tiempo
SEMINARIOS DE PSICOANÁLISIS   Comienzan en Octubre
 
» Centro Dos
Seminarios   segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com