Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Entrevista

Sergio Zabalza
  La “hospitalidad” del psicoanálisis y las articulaciones del discurso
   
  Por Emilia Cueto
   
 
En La hospitalidad del Síntoma rescata su experiencia como parte del equipo de Trastornos Graves Infanto Juveniles y del dispositivo de Hospital de Día del Hospital Álvarez, de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cuál es a su criterio el aporte sustantivo de los Talleres en el intento de sutura o anudamiento en el “barril sin fondo” de las psicosis?

Los talleres aportan un conjunto de recursos para que el sujeto adopte aquellos que, según su singularidad, puedan servirle para tramitar algo del goce invasivo que lo aplasta. Junto con el resto de los espacios del dispositivo los talleres constituyen una suerte de armazón a partir de la cual alguien, con cierta fragilidad simbólica, puede agarrarse para anudar sus aspectos más disruptivos o sufrientes. Destaco esta dimensión de armazón o estructura, si se quiere, ya que, más allá de los contenidos propios de cada taller, lo importante es que están allí para que un sujeto concurra u opte por desecharlos. Cuando un esquizofrénico hace uso de su dignidad subjetiva para optar por uno u otro taller, tenemos que saber que algo está caminando bien.

También, en un capítulo de La hospitalidad del síntoma -publicado inicialmente en www.elsigma.com bajo el título “Malabares del sujeto”-, señala que “lo que brinda su sello distintivo a la transferencia en el Hospi es su serialidad: un analista, un psiquiatra, un taller de música… un, una, un, uno…” ¿Cómo pensar esta hipótesis en relación a la transferencia al hospital con la que muchas veces llegan los pacientes a estas instituciones?


Una forma de abordar la lógica de la cual se sirve el dispositivo para atender los efectos devastadores de las carencias simbólicas que aquejan a nuestros pacientes, radica en considerar que ese Una, Uno, Un, Uno… que mencionás, es algo así como una cadena significante. Desde esta perspectiva, el dispositivo enchufa, inserta algo que hace las veces de una realidad psíquica en el alienado, pone una medida, mejor aún: un desvío respecto a la pauta monótona del período psíquico (lo que mucho después sería la pulsión en el texto freudiano), tal como Freud observa en el proyecto de una Psicología para neurólogos al tematizar la emergencia de las cualidades.

Por ejemplo, hay pacientes que trazan un determinado recorrido hasta llegar al hospital. Lo que prueba que algo del goce indiscriminado que padecen ha sido ubicado –localizado– en relación al hospital. Tal como el pene de Juanito que él se destornillaba, estos sujetos logran armar un cuerpo al situar lo ominoso en un lugar fuera del cuerpo. En este punto la serialidad –que tan oportunamente citás–, trabaja para impedir que el analista ocupe ese lugar ominoso o persecutorio para el sujeto. El dispositivo genera transferencias laterales. En el seno del equipo se suscitó un debate por demás interesante cuando un grupo de pacientes tomó la costumbre de ausentarse de los talleres y, en su lugar, optaban por reunirse en el bar contiguo al hospital para charlar y fumar. Para los coordinadores esa manifestación constituía toda una herida narcisística y, sin embargo la elección de los pacientes era un triunfo para el dispositivo.

Pocos analistas han logrado inserción en los medios de comunicación masiva a lo largo de la historia del psicoanálisis, al menos local. ¿De qué se tuvo que despojar para intentarlo?

De nada. En mi caso fue exactamente al revés. Escribir para un medio de divulgación como pueden ser los diarios Página 12 o Clarín –medios donde se me publica en forma regular– constituyó un privilegiado ejercicio de re lectura. Una manera de retornar a textos y pasajes de la obra de Freud, Lacan y otros que, a veces, uno da por entendido mientras se está encerrado en el discurso o la jerga de la parroquia, pero que sin embargo, apenas se asoma la nariz afuera, ya no se sabe ni de qué se está hablando. Escribir para medios de divulgación me sirvió, por el contrario, para el ejercicio clínico que supone articular la práctica con la teoría. Explicar el plus de goce que elabora Lacan, o la fantasía ideológica que menciona ?i?ek, a partir de la fascinación que demuestran los cubanos por los jeans, o a través del nombre otorgado por los brokers de Wall Street a sus repugnantes préstamos inmobiliarios, no supone reducir o resignar nada, sino más bien, servirse de un rasgo discursivo a partir del cual todo se hace más accesible y sencillo. La política está en mis textos por la sencilla razón de que, para Lacan, el inconsciente es la política. Qué mejor forma de explicar el objeto Voz o el objeto Mirada que a partir de ese desquiciado –disfrazado de hombre murciélago–, que la emprende a los tiros durante la proyección de una película sobre Batman. La pére versión paterna es un concepto complejo y duro de roer hasta que la pregunta acerca de las neoparentalidades explica que padre es quien habilita una versión sobre… el padre. De la misma forma ¿Cómo no servirse de una madre que ahoga a sus hijos en una bañera para desarrollar la pulsión de muerte que supone “una boca que se come a sí misma”? Dicen que Lacan se sirvió de la topología para explicar la lógica del inconsciente freudiano ¿es que serán lacanianos los jefes narcos que, en Brasil, manejan una sociedad desde la cárcel? ¿Quién está más encerrado, entonces: ellos o nosotros?

La topología lacaniana no está encerrada en los libros, se la puede escuchar y, sobre todo, oír. Los hombres no escuchan a las mujeres porque les creen, dice Colette Soler. Es una frase genial que remite al carácter de síntoma que, para el hombre, reviste la mujer, esa Voz que encarna el superyó ¿Es algo tan raro, tan alejado de la realidad? ¿A nadie le ocurre? (A mí claro que no… ay, ay)

De la misma forma: ¿Quién mejor que Violencia Rivas para ilustrar la verdadera mujer que Lacan menciona en el Seminario 20 o la virgen del Seminario 19? Cada school killer que arremete con su pasaje al acto explica mejor que mil tomos de psicoanálisis la frase según la cual el alienado está en el lugar de la excepción, a saber: existe un x tal que no fi de x. Y respecto a su negación: a saber: no existe un x tal que no fi de x. ¿Quién mejor que Angelina Jolie –con su locura de asemejarse cada vez más a la nada–, para ilustrar ese empuje insensato que distingue a lo femenino cuando no hay medida ni límite –castración, o sea– que la abarque?

En La palabra que falta es Una Mujer refiere que la feminización del discurso –rasgo que para Jacques-Alain Miller caracteriza a nuestro siglo, tal usted señala–, bien puede empujar a la desmesura o propiciar el compromiso subjetivo. ¿Cómo se produce ese empuje y cuáles son sus consecuencias más evidentes?

La caída del Padre, del universal que conforma “El macho”, genera angustia y, llegado el caso, pasajes al acto, actings y toda esa sintomatología desabonada del inconsciente que atestigua cierto desamarre de la palabra, por más que no necesariamente se trate de psicosis. Al mismo tiempo, la caída de los standards ofrece una posibilidad para que cada uno acceda a su propia solución. Ese particular estilo de llevarse con el goce: esa relación inédita entre el yo y la pulsión, tal como Freud la menciona al final de su obra.

¿Qué entiende por compromiso subjetivo y qué lo propicia?

Se trata de una posición ética que remite a la relación de una persona con aquello que no maneja, a eso que no sabe explicar, ese lugar donde las palabras naufragan, ese cuerpo extraño que tantos dolores de cabeza nos trae y, del cual, sin embargo, nos cuesta tanto desembarazarnos. Poner a un sujeto en condiciones de hacerse responsable de esta relación es hoy, quizás, el mayor desafío para los analistas. No basta con que alguien llegue y diga: la culpa es mía. Sabemos que esa frase no esconde más que una estratagema para evitar saber que “toda la culpa” excede sus capacidades. Posibilitar que alguien se escuche, por una vez, es devolverle a la palabra su dignidad de síntoma, su lugar de escrito. ¿Cómo va a estar escindida la escritura de divulgación de la clínica si el inconsciente es el discurso del Otro, si los pacientes vienen hablados por el Otro? ¿Cómo existiría un abismo entre la clínica y la polis si el dispositivo se apoya tan solo en el lenguaje que atraviesa paredes, horarios y encuadres? La pulsión no es ese algo mitológico, son los ojos de mi semejante, la voz de una mujer, un ruido en la calle, como refiere Joyce, a propósito de Dios, nada menos.

En el mismo libro, junto a Carolina Rovere señalan que “se nace anatómicamente mujer, se es femenina a partir de un saber hacer”, y en las Palabras Preliminares de El lugar del Padre en la Adolescencia destaca que “el padre es un lugar… un saber hacer en los bordes”, ¿qué similitudes y qué diferencias sitúa entre un saber hacer y otro?

Esta pregunta es esencial y apunta al tema que me gustaría investigar y desarrollar en los próximos tiempos. Basta mencionar que en “El Despertar de la Primavera” Lacan afirma que La mujer es una versión del Padre, esa instancia que habilita a un sujeto para un saber hacer con la singularidad de su goce. Entre padre y mujer el articulador por excelencia es la máscara, el semblante, ese velo que resguarda la nada que somos.
En el programa Tratame bien que la televisión (Argentina) emitía hace un tiempo, la hija del protagonista se hacía ver por un voyeur en su camarita de la computadora. Todo se cae el día que el perverso le descubre el nombre. Ella se llena de angustia y suspende la práctica. Aquí tenemos un magnífico ejemplo que muestra el punto donde el anudamiento entre lo simbólico (el nombre) y la imagen anudan el cuerpo. Bastó que cayera el velo que sostenía el enigma del nombre para que el cuerpo se descompusiera. Padre y mujer remiten, en definitiva, a la relación entre síntoma y semblante, (entre la pulsión y el yo, en términos freudianos) allí donde “El Macho” no alcanza para dar cuenta de una intimidad o singularidad. Dice Lacan en la página 118 del Seminario 19 que un hombre renuncia a la función fálica por amor a una mujer. Renuncia al parapeto macho para entregar su intimidad, su falta. Se trata de un anudamiento que se suscita en el mismo lugar en que un sujeto compromete su tarea en el análisis, allí mismo donde alguien puede decir: “me gusta cuando callas porque estás como ausente”.

Siguiendo las enseñanzas de Lacan, el libro está surcado por la premisa que vincula el goce femenino con lo ilimitado y agregan: “Cuanto más rechaza el sujeto femenino ese Otro goce que la concierne íntimamente, el mismo vira hacia el super-yo”. ¿Se podrían situar efectos en este entramado a partir de los cambios producidos en la cultura de las últimas décadas? ¿Cuáles destacaría?


En un texto titulado “Operación castración” que se distribuyó por Internet, Jacques-Alain Miller observaba que a Sarah Palin –miembro del Tea party, el ala más conservadora del partido Republicano– no le interesa el feminismo. Ella sabe que el falo apenas es un semblante. Esto es: la feminización del siglo XXI resultaría como efecto de la caída en la creencia del Padre, el imperio de la ley y la medida. Eric Laurent ha comparado a Angela Merkel –la canciller alemana que impulsa la actual política de austeridad que somete a toda Europa– con la dama de hierro que encarnó Margareth Thatcher. Es decir, mujeres que, tal como Violencia Rivas, hablan desde una certeza fundamentalista. Y que más allá de su vida personal o privada, constituyen figuras públicas que no parecen estar tocadas por el significante fálico. De la misma forma, hoy encontramos madres capaces de agredir a directores de escuela ante la vista de su propio hijo. En nuestro país, hubo un caso reciente en que la justicia intervino y terminó por condenar a esta persona desquiciada. Por otra parte, hay mujeres como Camila Vallejos, que encabezó una lucha estudiantil para permitir que todos los chilenos tengan acceso a la educación. El tema es que el rechazo a lo propiamente femenino tiene también consecuencias en el lado macho de la humanidad. Poco se ha hablado de las consecuencias de que, por primera vez en la historia de la humanidad, la madre haya dejado de ser certísima. Hoy hay madre subrogante, gestadora, adoptiva, sustituta, biológica, gay, trans, etc. Esto supone que el macho ha perdido su principal punto de apoyo: la madre. Y no sería aventurado conjeturar que esta locura femicida a la que estamos asistiendo en forma casi cotidiana, obedece –aunque sea en parte–, a la desorientación y desesperación de “El Macho” frente al cambio de paradigmas que supone la caída del Padre y el correlativo avance de la feminización en el mundo.
Decenas de escritos de su autoría caracterizan, desde su óptica, fenómenos amplios que van desde la masacre de Carmen de Patagones a los hechos de Connecticut, Columbine y Virginia Tech, desde el criminal de la isla de Noruega, hasta suicidios notorios… Cómo observador crítico de estas tendencias: ¿considera que hay un aumento de la violencia en estos tiempos?, y de ser así ¿a qué lo atribuye?

Cierta vez una periodista de la sección “Policiales” de Clarín, me preguntó si los asesinatos de niños como resultado de los conflictos de la pareja parental, constituían un dato de la actualidad o, en realidad, se trataba de un horror que venía desde décadas pasadas. Me quedé patitieso. Yo daba por garantido que los periodistas de la sección “Policiales” de un diario eran los más advertidos para responder a una pregunta como ésta. Y sin embargo, no. Están tan desorientados como nosotros. Mi impresión es que la violencia a la que hoy asistimos estuvo siempre, sólo que hoy se da más a cielo abierto, sin pudor ni tapujos. No me inclino por las miradas apocalípticas que terminan por hacer creer que todo tiempo pasado fue mejor. Con franqueza, nada asegura que cuando el Padre gozaba de buena salud las cosas fueran mejores. Valoro el trabajo de reflexión y análisis que nos permite situarnos para intervenir de una manera más lúcida, o menos tonta, si se quiere. Pero bien sabemos que trabajamos con lo que hay, el resto son meras ilusiones o nostalgias neuróticas.

Para terminar, volvemos a El lugar del padre en la adolescencia. Allí, haciéndose eco del planteo de Lacan sostiene: “orientarnos por la ética que guía nuestra práctica nos obliga a sintonizar las coordenadas que pautan la época sin ceder al deseo que a cada momento nos convoca a intervenir como analistas”. ¿Cuáles son algunas de esas coordenadas y qué habrá que tener en cuenta para intentar sintonizarlas?


Además de la caída del Padre y la ya mencionada feminización del mundo, acontecen cuestiones relativas a las distintas geografías. Hoy por hoy, la realidad europea es radicalmente distinta a lo que estamos viviendo en Latinoamérica. En La izquierda lacaniana Yannis Stravakakis sostiene que el flagelo de la depresión que asola a Europa se debe a la caída de los íconos nacionales que brindaban consistencia a las distintas comunidades: ese Eros que cohesiona al conjunto social, tal como Freud lo señala en “El Malestar en la Cultura”. En los últimos años nuestro país ha experimentado el proceso inverso. Quien quiera haya transitado las calles durante el Bicentenario habrá comprobado el clima de sereno y respetuoso fervor que imperó durante los festejos a cargo de miles de personas que, sin embargo, en ningún momento, se tornaron en masa. Bien podríamos decir entonces que por estos lares se suscito cierto renacimiento del discurso amo. Con lo cual debemos ser prudentes para servirnos de conceptos tales como discurso capitalista, feminización del mundo, caída del padre. El Otro trabaja también de acuerdo a las geografías.
________________
Sergio Zabalza es psicoanalista. Autor de La hospitalidad del síntoma; El lugar del padre en la adolescencia; Neoparentalidadesm y, en co-autoría con Carolina Rovere: La palabra que falta es Una mujer, todos publicados por Letra Viva editorial.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 192 | octubre 2015 | Ana María Fernández  El género bajo la lupa del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | Eduardo Said  UN PSICOANALISTA EN LA POLIS
» Imago Agenda Nº 187 | diciembre 2014 | Leonardo Leibson  Las psicosis después de Lacan
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | PAULA SIBILIA  Las mutaciones del sujeto, la “descorporificación” y la intimidad como espectáculo
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Pablo Zunino Spitalnik  El doctor Lacan en las tablas
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | Diana Sahovaler de Litvinoff  “Sujeto, intimidad y tecnología”
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Carlos Gustavo Motta  El cine y la subjetividad de la época
» Imago Agenda Nº 175 | octubre 2013 | Martín Alomo  Elección y goce
» Imago Agenda Nº 173 | agosto 2013 | Alicia Stolkiner  Política social en Salud Mental: no tratar a nadie como mercancía
» Imago Agenda Nº 170 | mayo 2013 | Silvia Wainsztein  De la adolescencia al tercer despertar sexual
» Imago Agenda Nº 169 | abril 2013 | Ana Rozenfeld  “La resiliencia, esa posición subjetiva ante la adversidad”
» Imago Agenda Nº 168 | marzo 2013 | Verónica Cohen  “No hay que confundir a los maestros con amos, es un rechazo de la transferencia al discurso”
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | Roberto Rosler  “De la neurobiología de la afectividad al psicoanálisis”
» Imago Agenda Nº 165 | noviembre 2012 | Rebeca Hillert  Niños y analistas en análisis
» Imago Agenda Nº 164 | octubre 2012 | Alfredo Eidelsztein  “Del Big Bang del lenguaje y el discurso en la causación del sujeto”
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | Amelia Imbriano  ¿Por qué matan los niños?
» Imago Agenda Nº 162 | agosto 2012 | Creencia y sacrificio en el capitalismo salvaje 
» Imago Agenda Nº 161 | julio 2012 | Carina Kaplan  “No existe un gen de la violencia”
» Imago Agenda Nº 159 | mayo 2012 | Psicoanálisis y ceguera  Entrevista a Cristina Oyarzabal
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | Julio Granel  Lecturas psicoanalíticas del accidentarse
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | Susana Kuras de Mauer  Acompañamiento Terapéutico: de la prehistoria a los dispositivos actuales
» Imago Agenda Nº 154 | octubre 2011 | Marcelo Percia  “Estar psicoanalista en situación numerosa”
» Imago Agenda Nº 152 | agosto 2011 | Hugo Dvoskin  Un psicoanalista… fotograma por fotograma
» Imago Agenda Nº 151 | julio 2011 | Edgardo Feinsilber  Tras las constelaciones pulsionales
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | Haydée Nodelis  De Masotta y Sciarreta al Hospital Moyano y los test mentales
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | Entrevista a Patricia Alkolombre  Reproducción asistida: un campo fértil para el psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Isidoro Berenstein  Lo vincular frente al psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | Moty Benyakar  Lo disruptivo en psicoanálisis: de la trinchera al diván
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Leandro Pinkler  filosofía y Psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Alfonso Luis Masotti 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | Juan Dobón 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | Rubén Slipak 
» Imago Agenda Nº 140 | junio 2010 | Daniel Paola 
» Imago Agenda Nº 139 | mayo 2010 | José E. Abadi 
» Imago Agenda Nº 138 | abril 2010 | Eduardo Foulkes 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | Héctor Rupolo 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Mariam Alizade 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Juan Jorge Michel Fariña 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Homenaje a Oscar Masotta   Palabras de Norberto Ferreira y Teodoro P. Lecman
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Esteban Levin 
» Imago Agenda Nº 130 | junio 2009 | Gabriel Rolón 
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Nora Trosman 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Stella Maris Rivadero 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | Jorge Rodríguez  El saber está, ineludiblemente, entre el poder y el dinero
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | Acerca de la vejez, también del analista 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | Liliana Donzis 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | Giolu García Reinoso 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | Norberto Ravinovich   de Masotta a Letrafonía
» Imago Agenda Nº 121 | julio 2008 | Mario Buchbinder  Psicoanálisis y Máscaras
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | "Vivir hasta la muerte"  Homenaje a Fernando Ulloa
» Imago Agenda Nº 120 | junio 2008 | Jorge Baños Orellana 
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | Luis Kancyper 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | Héctor López 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Pablo Peusner 
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | Robert Lévy 
» Imago Agenda Nº 115 | noviembre 2007 | Néstor Braunstein 
» Imago Agenda Nº 113 | septiembre 2007 | Leopoldo Salvarezza  La medicalización de la vejez
» Imago Agenda Nº 111 | julio 2007 | Homenaje a Pichon Rivière 
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | Marta Gerez Ambertín  Los registros de la culpa
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | Juan Vasen  El niño programado
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | Enrique Millán  La adolescencia y el
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Eric Laurent  Psicoanalista a partir de Lacan
» Imago Agenda Nº 105 | noviembre 2006 | Jorge Alemán  Embajador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | Alberto Sava  La locura a escena
» Imago Agenda Nº 102 | agosto 2006 | Sergio Rodríguez 
» Imago Agenda Nº 101 | julio 2006 | Silvia Ons  Psicoanálisis y cultura
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | El horror ante la vejez 
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | Conmemoraciones freudianas  Cinco diálogos a propósito de los 150 años del nacimiento del fundador del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | Horacio Etchegoyen  Un didacta del psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 97 | marzo 2006 | Charles Melman  Transmitir sin religión
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Alfredo Eidelsztein  Psicoanalista Didáctico
» Imago Agenda Nº 95 | noviembre 2005 | Pura Cancina  La fábrica del caso
» Imago Agenda Nº 94 | octubre 2005 | Esther Díaz  Deseo y poder
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | Gabriel Lombardi  La posición del analista
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Silvia Bleichmar  La sociedad al diván
» Imago Agenda Nº 91 | julio 2005 | Rudy  Analista retirado
» Imago Agenda Nº 90 | junio 2005 | Juan Bautista Ritvo  Un analista en controversia
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | Norberto Marucco  El trabajo del psicoanalista
» Imago Agenda Nº 88 | abril 2005 | Ana María Gómez  El pago en psicoanálisis
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | José Schavelson  Freud, un paciente sin cáncer
» Imago Agenda Nº 86 | diciembre 2004 | Alicia Hartmann  Psicoanalizar niños
» Imago Agenda Nº 85 | noviembre 2004 | Janine Puget  Psicoanálisis de los vínculos
» Imago Agenda Nº 84 | octubre 2004 | José Grandinetti  Psicoanálisis en el Borda
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Hugo Vezzetti  Tras las huellas de Freud en Argentina
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Colette Soler  De rupturas y construcciones
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | Carlos Ruiz  Topología y psicoanálisis: articulaciones
» Imago Agenda Nº 80 | junio 2004 | Armando Bauleo  De Pichon a Italia y de lo grupal a la desmanicomialización
» Imago Agenda Nº 79 | mayo 2004 | Roberto Harari  Un "torbellino" en la historia
» Imago Agenda Nº 78 | abril 2004 | Beatriz Sarlo  Sintáxis del zapping y postmodernidad
» Imago Agenda Nº 77 | marzo 2004 | Francois Leguil  El objeto del psicoanálisis es el deseo
» Imago Agenda Nº 76 | diciembre 2003 | Fernando Ulloa  El oficio de psicoanalista
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | Silvia Amigo 
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Eva Giberti  Pensando la adopción
» Imago Agenda Nº 70 | junio 2003 | Eduardo Grüner  La democracia es el objeto a de la política
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | Eduardo Pavlosky  Pasión por los grupos
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Silvio Maresca  La declinación argentina
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | Ricardo Rodulfo  El psicoanálisis en la universidad
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Héctor Yankelevich  Nos hay psicoanalista de niños
» Imago Agenda Nº 65 | noviembre 2002 | Rubén Zuckerfeld  La clínica de la escisión
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | José Milmaniene  La escritura y la ley
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Rolando Karothy  No hay un goce para todos
» Imago Agenda Nº 62 | agosto 2002 | Carlos Brück  Los psicoanalistas podemos ser escépticos
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | Juan Carlos Indart 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Raúl Yafar 
» Imago Agenda Nº 59 | mayo 2002 | Tomás Abraham  La censura del lacanismo
» Imago Agenda Nº 57 | marzo 2002 | Emilio Rodrigué 
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | Isidoro Vegh  Descubrir nuevos campos de goce
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | Juan David Nasio  La femineidad sigue siendo un enigma
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Élida E. Fernández  La psicosis no es otro idioma
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | Betty Garma 
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Juan Carlos Volnovich 

 

 
» Grama Editorial
Conocé las últimas novedades   Tienda on line y envíos a todo el mundo
 
» ACADP
Programa de formación en crianza  Inicio Agosto 2018
 
» Centro Dos
Formación clínica en Psicoanálisis  charlas informativas
 
» Lacantera Freudiana
Cursos 2018  CABA - ZONA OESTE
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com