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   Entrevista

Verónica Cohen
  “No hay que confundir a los maestros con amos, es un rechazo de la transferencia al discurso”
   
  Por Emilia Cueto
   
 
El inicio de su práctica psicoanalítica podemos ubicarlo a comienzos del año 1974, ¿quiénes fueron sus maestros y qué destacaría de cada uno de ellos?

Ya en mi época de estudiante estaba muy tomada por el interés hacia el psicoanálisis. Había escuchado una famosa conferencia de Oscar Masotta y estaba “enamorada” de su lectura del psicoanálisis. En ese momento me empecé a analizar, estudié con diversos analistas.
Los que estuvieron en la Escuela desde sus comienzos en 1974 fueron mis maestros y amigos después: Anabel Salafia y Norberto Ferreyra, este último cofundador de la Escuela.
Por varios años mi maestro fue Jorge Jinkis, uno de los analistas que luego formó parte de la Escuela Freudiana, aunque no por mucho tiempo. Estudiaba con Jinkis y a posteriori escribí en los primeros números de la Revista Conjetural. Luego Jinkis, a mi entender, prefirió la Revista a los analistas y a la Escuela. Yo me acerqué más a la Escuela Freudiana, que ya era la de la Argentina y desde el 78 estaba sostenida y dirigida por Anabel y Norberto, quienes hasta ahora están enseñando y transmitiendo el discurso del psicoanálisis y el amor al inconsciente desde esos años, sin dejar de tener presente las condiciones de cada época.
Es así como formaron una nueva generación de analistas entre los que me encuentro y que a su vez estamos haciendo pasar el psicoanálisis formando a otras generaciones. Quiero destacar de esa generación a mis amigos de la Escuela Freudiana de la Argentina: Noemí Sirota que dirigió la Escuela los últimos cuatro años y Osvaldo Arribas, Clelia Conde, Marta Nardi, y Ursula Kirsch.


Su inserción institucional está muy ligada a Oscar Masotta, a 33 años de su muerte, ¿qué sigue vivo de su enseñanza en usted y en el psicoanálisis actual?

Sí, mi inserción está muy ligada a Masotta, pero sobre todo a algunos de los que fundaron el lacanismo en la Argentina, como los que acabo de nombrar. Pienso que Masotta grabó a fuego en algunos psicoanalistas argentinos el amor al psicoanálisis y al inconsciente y eso sigue vivo en nuestro país, por eso es el lugar donde el psicoanálisis tiene más fuerza, más desarrollo de discurso. Masotta sembró ese fuego, ese deseo, esa rigurosidad de la que algunos somos herederos, en mi Escuela y en otras.

¿Qué se ha perdido de su pensamiento?

No creo que su pensamiento se haya perdido. Es a partir de su trabajo y el de sus discípulos que el psicoanálisis avanza, hace nuevos desarrollos, articulaciones y sobre todo lazos, lazos sostenidos en ese amor al psicoanálisis. Así se van formando nuevas generaciones de analistas.

Usted conoció a Jacques Lacan, de hecho en la última revista Lapsus Calami de Editorial Letra Viva, se encuentra publicada una foto que usted le tomara al psicoanalista francés. ¿En qué período tuvo contacto con él y qué marcas le dejó esa experiencia?

¿Conocer a Lacan?, no, no creo. Lo vi en Caracas, lo escuché, le saqué la foto y viajé con él en el ascensor, donde quedé muda en ese breve viaje. Me quedé muda, lo cual fue mejor porque seguro hubiese dicho alguna pavada, era muy joven.

¿Qué anécdotas recuerda?

Llevé a esa reunión un espantoso trabajo que se llamaba “Che Lacan en Buenos Aires”, fue lo peor que escribí en mi vida.
Esa reunión debió haber sido en Buenos Aires y la política de Miller y compañía no dejó que sea en esta ciudad. Considero que de América era Buenos Aires el lugar donde el psicoanálisis y la lectura de Lacan tenían más desarrollo, más fuerza, ya había maestros y Escuelas y a la maquinaria militar de Miller y sus soldados no le convenía ese dominio.

Siguiendo a Lacan, en referencia a la lógica como arte de producir una necesidad de discurso, sitúa la idea de transformación. Esto lo plantea tanto en Freud, en relación al pensamiento de su época, como en Lacan respecto de Freud. ¿Cuál será el nuevo “paso adelante” –tal su expresión– a dar por el psicoanálisis? ¿O aún estamos lejos de eso?

Hemos dado muchos pasos adelante, siempre a partir de “Freud después de Lacan”, de la lectura de Freud donde Lacan recupera la enunciación de Freud, perdida por los postfreudianos y cierta banalización del psicoanálisis. Esa lectura establece, siguiendo a Freud y lo que llamó “la solución por la palabra”, el psicoanálisis como un discurso, un lazo social sostenido en la palabra, en el amor al inconsciente, en la transferencia y en convocar a la existencia del sujeto, quien está bastante vapuleado y “cosificado” en nuestra época.

En “El analista en la brecha: la autorización”, columna publicada en www.elSigma.com refiere que: “La autorización no podría construirse sin pasar por una desreligiosidad que pone en causa un deseo en lugar de una servidumbre inconsciente a un lugar del Otro, al deseo del Otro, a algún otro en ese lugar” ¿Cómo pensar esta frase en relación al lugar de las instituciones psicoanalíticas para los analistas, en la época de Freud y en nuestros días?

Ese trabajo es bastante antiguo, realmente pienso que el análisis le ofrece a un analizante ese camino que Lacan llamó “De un Otro al otro”. Descubrir cuál es el deseo del Otro, apropiarse del deseo es que deje de ser inconsciente, es descubrir que el Otro sólo existe como el lenguaje que inscribe lalengua de cada uno, y Dios no es que no existe, sí existe, sólo como algún Nombre en el inconsciente. Cuando descubrís eso perdés la religiosidad. Me resulta cómico ver cómo algunos analistas ponen a algún amo en ese lugar, por no analizarse. Hay casos graciosos, por ejemplo, señores que no te sirven un café para que no los confundas con un “mozo” o que no trabajan con los analistas franceses porque temen ser colonizados, están colonizados por algún significante amo inconsciente. Los analistas franceses desde hace años son interlocutores nuestros.
No hay que confundir a los maestros con amos, es un rechazo de la transferencia al discurso.
Respecto de las instituciones hay que diferenciar entre escuela e institución.
Las escuelas con sus estatutos, siguiendo a la Escuela de Lacan, poniendo en práctica los dispositivos de cartel y pase, ponen límite, barran la institución que es siempre del Yo.

El dispositivo del pase –por lo que implica para el analista en tanto pasaje a otra nominación y sus derivas– ¿correría el riesgo de situar a la Escuela en el lugar de Dios, promoviendo una nueva religión?

¿La Escuela en el lugar de Dios? ¡¡¡No!!! Lo religioso como dije tiene que ver con el inconsciente no analizado. El testimonio en el dispositivo del pase en función, en una escuela constataría ateísmo y no religiosidad si es que hay nominación. El dispositivo del pase sólo hace pasar el psicoanálisis y el análisis de un analizante, cualquier otra cosa es que es falso o está sobrevaluado.

En Tejer el viento, Freud a partir de Lacan señala: “Si hay una cuestión espinosa para el psicoanalista es la de la articulación con la política”. ¿A qué se refiere con política? ¿Por qué es espinosa y cuáles son sus consecuencias?
No sé a cuáles espinas me refería. Ahora, varios años después, pienso que la articulación con la política tiene que ver con el Capitalismo y sus alianzas con la ideología de la ciencia, con la tecnocracia.


La política en el psicoanálisis es la ética del deseo, de la existencia del sujeto. El capitalismo rechaza todo lo que tiene que ver con sustraerse a un goce, impide la existencia o la reduce a un estado de “zombie”, tiene que ver con convertir a “los otros” en muertos o enmudecidos, con proletarios “ladrillos”, como dije antes. El ejemplo más claro lo tenemos cuando se pone a la biología y lo orgánico en un más allá del decir, lo orgánico pasa por el decir. No es que el cuerpo nos habla, no, no, somos cuerpos hablantes.
Esto está negado, forcluido, reducido a lo banal en los DSM donde los diagnósticos se reducen a descripciones banales cuyos intereses tienen que ver con lobbies de protocolos y laboratorios, y hacen desaparecer la condición de estructura del sujeto.
La cuestión de la política y de la ciencia la hemos desarrollado muy bien en el seminario de la Fundación del Campo Lacaniano. Este seminario está publicado en ediciones Kliné y se llama: ¿Qué es la realidad? El psicoanálisis, la ciencia y la política.

En Lapus Calami Nº 3 señala que “... la política en el Capitalismo hoy, es la puesta en escena de alguna clase de muerte para “los otros”. Y luego se pregunta si “hacer callar a “los otros”, enmudecer los cuerpos hablantes en lugar de eliminarlos, es el nuevo avance de la civilización”. ¿Es posible hablar de un avance, o se tratará de cambio de métodos, algunos de los cuales apuntan al autoaniquilamiento –por ejemplo, mediante las adicciones, suicidios– o el asesinato de unos contra otros ya no en grandes guerras –aunque también las hay– como sucede en masacres en Estados Unidos, por citar un país, o las muertes que en forma frecuente, más allá de los hechos delictivos, pueblan las noticias, me refiero por ejemplo al femicidio y al asesinato de hijos?

Decir que es un avance es una ironía, el Capitalismo con el dinero como fetiche cierra las posibilidades de desear, de existir. Su acción lleva a subsistir como “proletarios”, es como dice Lacan, forcluyendo un lugar de falta que hace posible el deseo, forcluye las cosas del amor. Hay trabajos muy interesantes de Milner sobre ese tema, y nuestro libro Qué es la Realidad: el psicoanálisis, la ciencia, la política. Si somos cuerpos hablantes hay actualmente métodos más eficaces que matar a “los otros”, que es enmudecerlos, restarles la condición de hablantes. Me parece que los ejemplos que citás tienen que ver con esa condición de hablantes que se les sustrae a los sujetos, con las propuestas mortíferas que se ven claras en estos ejemplos, pero también los hay más sutiles. Recordemos que el psicoanálisis surge de una regla: “hable, lo escucho”, es lo que hace posible dejar de ser objeto de algún Otro inconsciente, cumplir algún destino que suele ser mortífero. Ser sujeto no va de suyo, es a construir.

En ese mismo texto resalta el efecto que sobre la dificultad para ceder, sustraer goce, genera el discurso capitalista con su política sobre los cuerpos. ¿De qué manera los psicoanalistas –si es que fuera posible– pueden contrarrestar este efecto, no sólo en la singularidad del caso por caso, sino en el discurso social?

Con cada analizante que ama a su inconsciente, que pasa por el dispositivo del pase, con cada enseñante estamos en el pasaje de la intensión a la extensión del discurso del psiconálisis. Es nuestro trabajo, a veces uno por uno, a veces con los libros, con los manifiestos contra los falsos diagnósticos, con las Jornadas y Congresos. Nosotros también tenemos a Facebook y a Tweeter.
No sé si triunfaremos, pienso que es imposible, pero no por eso dejaremos de hacerlo.
Usted es una de la fundadoras de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, ¿Cómo se gestó la idea?
No hay personas fundadoras de Convergencia, son las instituciones las que forman parte de ese movimiento, es un movimiento de instituciones, grupos y escuelas. La Escuela Freudiana de la Argentina es fundadora de Movimiento Convergencia.

¿Cuáles fueron los objetivos y cuál es la situación del movimiento en la actualidad, a 15 años del inicio?

Los objetivos están muy bien desarrollados en el Acta Fundacional, tienen que ver con lo desarrollado recién. Con hacer lazo de discurso, con dejar las cuestiones imaginarias de enfrentamientos de instituciones. Nos aceptamos y nos respetamos con nuestras diferencias de transferencias, de formación en el psicoanálisis. Todos somos practicantes del psicoanálisis, y hacemos lazos en distintas lenguas.
Pienso que hemos atravesado barreras importantes y que el Movimiento funciona, te doy dos ejemplos: uno, los grupos de trabajo que se arman con personas de dos o más instituciones; hay grupos de diversas lenguas y presentan trabajos productivos en Jornadas o Congresos y el otro ejemplo es LaPsus Calami, que está hecha por editores que pertenecemos a diferentes instituciones (Alejandra Ruiz de la EFBA, Ilda Rodríguez de Mayeútica y Diego Fernández y yo de la EFA). Nos respetamos con nuestras diferencias y así sale esa hermosa revista.
Te agradezco mucho la posibilidad de haber podido decir sobre estas cuestiones.

En nombre de elSigma e Imago Agenda le agradezco su participación en este espacio mediante el relato de una parte de la historia del psicoanálisis de la cual usted, junto a otros analistas, ha sido y es protagonista. También sus apreciaciones sobre aspectos de la formación y transmisión del psicoanálisis, sobre los que es necesario volver a reflexionar una y otra vez.


_________________
Verónica Cohen es AME de la Escuela Freudiana de la Argentina. Cofundadora de la Fundación del Campo Lacaniano. Supervisó y dictó cursos en numerosos hospitales: Paroissien, Álvarez, Ramos Mejía, Gandulfo. Participó en numerosos congresos y jornadas nacionales e internacionales. Entre sus libros se encuentran: Tejer el viento. Freud a partir de Lacan, Ediciones Kliné, Buenos Aires, 2007; El hilo en el laberinto. Lectura del seminario La Angustia y sus referencias, Ediciones Kliné. En co-autoría: La Fobia: un tiempo en la estructura, entre otros títulos.
 
 
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