Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   "Culpas" Patológicas

“Te pido que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso”
  Por Patricia Cuestas
   
 
“Las únicas parejas normales que conozco es donde hay al menos un psicótico…”
Marcel Czermak1

Un enunciado tan esclarecedor nos permite partir de una premisa bastante compartida en los desarrollos planteados a la luz del psicoanálisis, la de que no hay cupla que no sea patológica, salvo en la psicosis.
A esto podemos agregar –tal como Freud lo pensaba desde sus primeros escritos sobre la vida conyugal2–, que el matrimonio es patógeno en sí mismo, ya que “la desilusión anímica y el malestar corporal pasan a ser el destino para la mayoría de los casados”.

Dicho lo cual podríamos preguntarnos, junto con la mayoría de los que acuden a nuestra consulta: ¿es posible encontrar una solución al decaimiento del amor o del deseo en la vida conyugal?
¿Qué debe hacer una pareja para mantener su vida erótica y no caer en el divorcio o el hastío?
Intentaremos responder en primer lugar haciendo una primera aclaración: que la pareja moderna como la de antaño se encuentra ante la misma antinomia, que es la de cómo construir una historia duradera, sobre el amor y el deseo que, como todo lo humano, son forzosamente efímeros.

Las salidas o soluciones hasta ahora planteadas son frágiles y renovables como veremos al ritmo de la época o del mercado.
Ya en 1929, el filósofo Bertrand Russell propuso una “solución” racional al problema de la pareja. En su ensayo El matrimonio y la moral, propone cortar lo que el romanticismo había querido reconciliar: la pareja y el Eros.
Para Russel la razón de ser de la pareja reside en el hecho de educar a los hijos. “El matrimonio es una asociación destinada a durar el tiempo de la juventud de los hijos”, escribe.
Y el divorcio siempre es posible pero sin faltar a los deberes parentales. Mientras sea posible preservar esos deberes los cónyuges pueden asimismo acordarse mutuamente la libertad del adulterio haciendo una vigorosa defensa de las relaciones extraconyugales.

La gran novedad en este planteo es que las mujeres no son excluidas de este “derecho” y que la cosa no puede funcionar sino a condición de reprimir los celos, ese “plus” que como sabemos está presente en casi toda relación en donde entre a jugar/gozar un tercero.
Sartre y Simone de Beauvoir tenían un pacto similar, el de ellos era un amor necesario, que no excluía los contingentes.
Como podemos advertir, el acuerdo de Russell intenta favorecer a “todas” las partes: la pareja es consolidada en cuanto a su durabilidad, los niños son preservados de los peligros de los sentimientos de los padres y el deseo es librado a su naturaleza vagabunda.

Si uno analiza la solución lógica de Russell –que las aventuras exteriores no deben considerarse un hecho grave porque no tienen consecuencias–, hay que renunciar al mandato que la religión del amor tiene de aplastante, para otorgarle pleno derecho a la realidad errática del deseo. Por otro lado, sabemos sin embargo que Russell sostuvo que el verdadero amor existe pero fuera del matrimonio.

Dos siglos antes que él, Rousseau hacía la apuesta inversa, aquella de un amor único. En lugar de tener en cuenta la división del deseo, incluso la duplicidad de la vida erótica, quiere creer en la verdad de un encuentro amoroso. Opuesto al divorcio, Rousseau se presenta en “Las confesiones” como un hombre de un solo amor, amor desgraciado por otra parte (el suyo por madame d’Houdetot), que no le impidió edificar un culto del amor único.
En comparación con estos pensamientos, así tan sucintamente expresados, nosotros3 ¿cómo podríamos definirnos, hoy?

Como unos “románticos descreídos”, porque el amor deviene todo para nosotros, nuestra piedra angular, pero también anticipamos su fragilidad. No queremos nada más, pero no creemos en eso que queremos.
Esta desconfianza va ligada seguramente a la importancia que otorgamos a la sexualidad.
Pero volviendo a las respuestas a nuestra pregunta del inicio, por un lado podemos constatar que el adulterio, la infidelidad, o los celos se plantean a todas las parejas, ya sea que pasen al acto o no. Lo que resulta en todo caso interesante de estos planteos de Russell, Sartre o Bouvoir, o de las revistas femeninas que toman sus argumentos, es que lo presenten como una solución.
A medida que nos adentramos en el análisis del tema se hace más patente que no es tan fácil encontrar un remedio o que todo remedio puede ser a su vez un poison (veneno), como en la Farmacia de Platón.
Pero sigamos intentando exponer nuestros argumentos, tan diferentes a los de los psicoterapeutas, por otra parte, que intentan hacernos creer al respecto que sí hay una solución.
Tal vez la característica más remarcable de la pareja hoy sea la pluralidad.

Hay quienes buscan la completud esencial del amor de a dos, basados en el mito de Aristófanes, según el cual cada uno busca a la otra mitad de sí mismo.
Ellos tienden a formar parejas que se comprometen y apuestan a la fidelidad a ese amor, profundizando el placer de ser dos sobre el gusto por la diversidad.
También están quienes no creen más en una bella historia contada por los dioses (los mitos) y afirman que toda unión es el fruto del azar o de una atracción momentánea, o aun de un determinismo cultural.
Y quienes sostienen que si magnificamos tanto la vida en pareja es porque tratamos de evitar nuestra soledad esencial y, desde este punto de vista, para qué buscar esta muleta provisoria que sería la pareja, y apuestan a la soltería e incluso se comprometen en fuertes luchas contra el deseo de unión o casamiento, con el riesgo de caer en una rutina de seducción-separación que puede tornarse tan molesta y deprimente como la vida en pareja de la que intentan escapar.
También tenemos que tener presente que las costumbres van cambiando como dijimos, antes uno era casado o soltero, no había más que esas dos posibilidades, lo que posiblemente no tornaba ni al matrimonio ni a la soltería tan atractivos en sí mismos. Hoy las personas se comprometen en experiencias poli-amorosas (como se las llama), intentando que la cosa funcione. Pero, como sabemos, no podemos tener esperanzas ya que en las distintas maneras que se inventan para “solucionar” ese desencuentro, desde el génesis hasta la actualidad, verificamos que se trata de algo estructural que habita la sexualidad humana, marcada por una falla instalada por el lenguaje, que es por otra parte lo que nos diferencia de los otros seres sexuados.

Quiero decir algo que tal vez sea obvio pero que es conveniente recordar: respecto de la sexualidad –o del deseo, que es lo mismo–, los seres humanos debemos arreglárnosla a partir de lo que nos será transmitido por medio del discurso de quienes nos han cuidado, nos precedieron… del Otro del lenguaje, y que será ese “material inconsciente” el que se transformará en la guía que nos hará interesarnos o rechazar a alguien.
La cupla esconde por otra parte una gran paradoja: el apego a la misma.
Los que están solos buscan un “alma gemela” con quien compartir la existencia. Los homosexuales reclamaron y consiguieron su derecho al matrimonio. Vemos que hay una insistencia a vivir en pareja que puede ser la unión de dos hombres, o de dos mujeres, que pueden estar casados o en unión libre… pero que anhelan compartir sus vidas.

La plasticidad e insistencia de estas conformaciones hablan de la vitalidad de este tema y del valor aún vigente de tener un compañero/a, en una época donde el futuro pareciera no importar.
Ahora bien, lo que me interesa transmitir de mi experiencia, más allá de lo expuesto, es que hay un enunciado que encontramos en todo lazo conyugal, que traduce la relación imposible que encontramos en las relaciones amorosas y enlaza el deseo, la demanda y la pulsión en su relación con el objeto a.
Un enunciado de Lacan que sentencia breve y doctrinalmente: “No hay relación sexual”. El enunciado es el siguiente: “Te pido/demando que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso4”.

Un hombre viene a consulta. Hace dos años está separado del “amor de su vida”, sin saber cómo resolver el atolladero en el que se encuentra. Comenta que esta mujer, veinte años menor que él, no quiere acceder al vínculo que los dos, luego de vivirlo escondidos y a partir de sus respectivos divorcios, habían soñado. ¡Ahora que no tienen impedimentos! Me pregunta si es posible que yo los escuche a ambos. Accedo a su pedido.
En la siguiente sesión, me entero que la mujer que él ama no cree en sus promesas, porque –dice– cuando ella estuvo dispuesta él no pudo hacer un corte con sus ¡hijas! –que le exigieron que la dejara–.
Habiendo pasado dos años de ese tiempo él le ofrece matrimonio. Ella aún está enamorada, pero lo rechaza porque “no es eso” lo que ella quiere ahora, lo que ella quiere… él no podrá “dárselo” porque ya la decepcionó. ¿Cuáles fueron esas decepciones? Otros tantos ofrecimientos no cumplidos por “su cobardía”.

Otro fragmento clínico: una mujer solicita mi atención luego de un intento de suicidio. Los motivos manifestados desde la primera entrevista parecían contundentes y habían precipitado su pasaje al acto: su vida perdió para ella todo interés. Como mujer no valía ya, desde el momento en que el marido “elige” irse de viaje con un “amigo”, con el que ella empieza a sospechar, a partir de ese viaje –que ella no pudo detener– que la engañaba desde hace bastante tiempo” (¡?). En el breve lapso de internación que precede al tratamiento analítico, traba relación con una mujer a la que admira porque había “decidido” divorciarse y mantener relaciones con mujeres. “Los hombres son todos iguales –le decía su nueva amiga–, nosotras tenemos que arreglárnosla solas”.

Cuando el marido regresa del viaje (de 7 días en una playa Asiática) me pide que los escuche a ambos, para tomar una decisión que ya estaba tomada, al menos para ella. Se presenta con un hombre sumiso que intentó “revelarse” haciendo un viaje “sólo de hombres” y estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de no separarse de su “esposa” a quién amaba con locura.
Los caminos del deseo no siempre coinciden… ella nunca había gozado con él sexualmente –ni él con ella– por eso había elegido ese destino turístico en donde pudo encontrarse sexualmente con “verdaderas mujeres”.
Y ella había decidido, a partir de ahora, probar su sexualidad con la nueva amiga.

En los diálogos mantenidos con ésta, como con toda pareja que nos consulte, estará presente este nudo entre oferta, demanda y rechazo.
Es claro que el interés por esta afirmación “no es eso”, no reside en la constatación de que no es eso lo que se ofrece, ni lo que se demanda, sino que lo que debe interesarnos es que lo imposible viene a ubicarse por estructura en el corazón de los enunciados de toda pareja y la causa del no es eso –que, como dijimos, es el objeto a– se deslizará en diferentes argumentos si practicamos escucharlos sin necesariamente detenernos en ellos.
Enigmáticas y dichas a medias, a través de la interpretación, las palabras del analista poco pueden prometer la felicidad o el acuerdo. Sin embargo, esta circunstancia no quiere decir que deje de responder.
Quizá se trate en estas, como en otras intervenciones clínicas, de apostar a la invención antes que a la cura.

__________________
1. Cuestas, Patricia. Clínica de la vida conyugal. Malestar, síntomas e invención. Letra Viva Editora, 2012. Prólogo, pág.9. Las bastardillas son mías.
2. Freud, Sigmund. “La moral sexual cultural y la sexualidad moderna”. En Obras Completas, TXI. Buenos Aires. Amorrortu 1988. Pág. 167
3. Lo que podríamos llamar los discursos dominantes que hacen referencia sobre el tema.
4. Lacan, Jacques. Seminario “Ou pire”. Inédito. Clase del 9 de febrero de 1972.
Hay una versión reciente de este Seminario publicada con el establecimiento de J.-A. Miller en editorial Paidós, en cuya versión la frase tiene una traducción diferente.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



 

 
» Centro Dos
Talleres Clínicos - Segundo cuatrimestres  Actividad no arancelada
 
» Institución Fernando Ulloa
Ciclo anual de conferencias: Clínica de la Histeria  Martes de 20.30 a 22hs
 
» Centro Dos
Seminarios 2014  Segundo cuatrimestre 2014
 
» AEAPG
Próximas actividades  Segundo cuatrimestre 2014
 
» Centro Dos
SEMINARIOS "La transferencia"  Actividad No Arancelada / Requiere inscripción previa
 
» Centro Dos
Conferencias 2014  Historiales Clínicos de Freud a Lacan
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com