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   Entrevista

Amelia Imbriano
  ¿Por qué matan los niños?
   
  Por Emilia Cueto
   
 
Usted es Decana del Departamento de Psicología, Psicología Social y Psicoanálisis de la Universidad Argentina J. F. Kennedy, casa de estudios a la cual se encuentra ligada desde hace varias décadas, ¿Cómo se inició esa ligazón?

Esta ligazón define parte de mi vida y se inició en 1967. Cuando era estudiante del Magisterio, conocí a Herrera Figueroa como filósofo, luego en1969 fui estudiante de la carrera de Psicología en la Universidad Kennedy (donde él era Rector) y desde esa época a la actualidad el vínculo ha sido permanente.
Luego en cuarto año, en “Psicología social y política” tuve como Profesor a Miguel Herrera Figueroa y a Pichón Rivière, pasando antes por las asignaturas llamadas “Psicologías Profundas” donde conocí a algunos de los pioneros del Psicoanálisis de la APA, tales como Mauricio Abadi, García Badaracco, y Arnaldo Rascovsky. La ligazón comenzó con una incitación a la curiosidad, al entusiasmo, a la creatividad, a la libertad para pensar, para cuestionar. Herrera Figueroa nos enseñaba a ser pendencieros con los autores, a leerlos a porfía. La ligazón se construyó sobre la base de un vínculo donde el enseñante funciona como “provocador”. Este estilo me incitó a la investigación y docencia, y la Universidad Kennedy siempre me posibilitó un espacio de gran libertad para la misma.
Es un trayecto de vida, un trayecto en donde la transferencia toma distintos caminos, desde un primer momento de transferencia a los maestros, un segundo momento de transferencia al estudio de sus referentes, que para mí fueron textos fuentes (Jerome Hall o Jacques Lacan), y por último, transferencia al trabajo.

Usted ha mantenido profuso intercambio con exponentes del psicoanálisis francés actual, de la salud y de la cultura (Nasio, Allouch, Roland Broca, Francoise Gorog, Vappereau, etc.) ¿Qué visión posee de lo que acontece con el psicoanálisis en Francia y en Europa de conjunto?

En mi consideración, como visión de conjunto, lo que acontece con el psicoanálisis en Francia o en Europa no está lejos de lo que sucede en los distintos lugares donde el psicoanálisis tiene un lugar. Inciden dos cuestiones: la primera está en relación con la política interna de las instituciones psicoanalíticas, en donde el afán de poder lleva al “divide y reinarás” y con tal de reinar se puede perder la ética que define al psicoanálisis. La segunda está en relación a las políticas públicas: nunca el psicoanálisis fue instrumento de una política de construcción de masas, o sea, nunca le viene bien a los gobiernos, y como consecuencia, las políticas públicas lo desdeñan. O sea, siguen vigentes las apreciaciones de Freud respecto de las resistencias contra el psicoanálisis. Secundariamente, habrá lugares donde hay más extensión del psicoanálisis, como Buenos Aires, y otros en los que hay mucho menos, como Moscú.
Lo importante es que a pesar de las resistencias, el psicoanálisis tiene más de un siglo llevando adelante su ética (que implica el trípode freudiano de análisis personal, supervisión y estudio) y tiene mucho que ofrecer al hombre contemporáneo para posibilitar el encuentro subjetivo, cuya pérdida denuncia a través de los llamados “síntomas contemporáneos”.

En ¿Por qué matan los niños? sostiene como hipótesis que la forclusión del Nombre del Padre en la cultura “aumenta la tensión imaginaria de rivalidad al semejante y el sujeto se encuentra solo frente al empuje de la pulsión de muerte”, lo cual llevaría a una resolución en lo real a través de actos de violencia entre los que se ubican suicidio y homicidio. Por otro lado, la tensión con el semejante y el intento de exterminar al prójimo han acompañado la historia de la humanidad, ¿Cuáles son las particularidades y complejidades de este tiempo?

La particularidad de la época, en mi consideración, es justamente la forclusión del Nombre del Padre en la cultura y sus consecuencias no ingenuas. No se trata de algo ocasional sino de un direccionamiento geopolítico. Siempre hubo guerras, pero en general, llevaban la alusión al Nombre del Padre, había alguien que le ponía su nombre a la guerra, como quién diría, cargaba con los muertos, y aunque se jugaba el “mato o muero”, había algún ideal al que se pretendía defender en nombre de un padre. En la actualidad, pareciera que vivimos en un ámbito en el cual la guerra ganada siempre está cobrándose su ganancia: la guerra del capitalismo globalizado ya se terminó y fue ganada por la globalización, pero los consumidores continúan siendo consumidos por “el sistema”. Ya no existe alusión a un Nombre del Padre, sino a un “sistema” que no funciona como metáfora del NP porque no articula ninguna prohibición, sino todo lo contrario, legitima lo ilegítimo con alta velocidad. El sistema es un modo de funcionar en donde todo vale y es reciclable. El sujeto está suspendido como tal y objetalizado, se tratará de nuevos modos de “fuera de discurso”. Este tiempo implica la igualación obligatoria, imperativo máximo de la publicidad –que bien sabe manipular los narcisismos– y para lograrlo el hombre recurre a la infatuación asistido por la virtualidad. ¿Qué lugar para el sujeto del inconsciente, qué lugar para el sujeto de deseo en un sistema de confusión y cofusión virtual-realidad? ¿Cómo salir del sistema? Un modo de patentización subjetiva puede ser la emergencia del sujeto en lo real, a través de un pasaje al acto. Luego de la investigación que dio origen al libro ¿Por qué matan los niños? he llegado a una hipótesis: estos actos son efecto de un sujeto amordazado en sus posibilidades de deseo y tragado por la satisfacción del exceso pulsional. En ellos el sujeto aparece, aunque en un acto delictivo, como un modo de llamado a la autoridad, como un pedido desesperado de reconocimiento, como un modo de desprenderse del malestar (kakón contemporáneo).

Retomo una de sus interrogaciones: ¿La cultura patriarcal ofrecía mejores respuestas al objeto perdido?, podríamos agregar al malestar.


Si no confundimos “cultura patriarcal” con autoritarismo y políticas consecuentes, si no que pensamos la cultura patriarcal como efecto del discurso del padre, considero que es una respuesta generosa y posibilitadora, por ello se habla del “don” o de “ceder emblemas”. Yo llamo discurso del padre a aquel que transmite la ley del padre, las prohibiciones básicas –no al incesto, no al parricidio– que organizan la civitas y permiten la incorporación de una persona a la cultura, pero también el lazo de un sujeto (en tanto sujeto del inconsciente) al Otro y la acogida del Otro respecto del sujeto, para articular dentro del mismo lazo, las preguntas esenciales para su constitución: ¿quién soy para el Otro? ¿Qué es un padre? ¿Qué quiere una mujer? El discurso del padre no da respuestas, deja al sujeto la posibilidad de desear y si su deseo está decidido, la invención es un buen camino. Para decirlo coloquialmente, el “no con tu madre” es una interdicción respecto de la madre, luego está en cada quien la posibilidad de elegir una mujer. Claro está, habrá que elegir y responsabilizarse por la elección realizada. Toda elección implica pérdidas, pero también en la elección hay una invención subjetiva, una construcción que permite el advenimiento del sujeto. Se trata de un camino que es posible transitar “desde el padre hacia más allá de él”. Es el camino de la genealogía que se construye desde abuelos a nietos en la lógica del “pariente”, e insisto mucho en este término –si no hay pariente, solo hay paria– pues ciertas vulgarizaciones u opiniones adversas infortunadas, no se detienen a pensar que el psicoanálisis se encarga de la transmisión “del amor al padre”, no como algo sexual y perverso si no como una lógica de parentalidad. Esta permite al hombre y al sujeto del inconsciente, mantenerse alojado en el discurso, que siempre trabaja, siempre pone en trabajo y elaboración el malestar de la cultura. La investigación demostró que sino se transmite el discurso del padre, cuya función principal es la de operador de la metáfora jurídica –como denomina Legendre–, el sujeto se pierde, queda suspendido, quizás ocupando casi el lugar de trozo de carne, y aunque parezca una paradoja horrorosa, una posibilidad de emergencia puede ser un acto de violencia.

Entre otras universidades, ha concurrido como docente invitada al Columbia Hospital. Teniendo en cuenta la vinculación que usted trabaja entre delito, sujeto, cultura y sociedad., ¿Cuál es su lectura sobre los últimos sucesos ocurridos en Estados Unidos relacionados con la masacre de varias personas en lugares públicos?

Mi visita al Columbia Hospital fue una oportunidad más para conocer la preocupación que tienen los profesionales de la salud mental respecto de la violencia, y también fue una oportunidad para volver a una ciudad que me gusta por su nivel cultural, pero en la cual no viviría pues considero que es una muestra de cómo el sistema ha absorbido a las personas.
El sistema atrapa, no solo a las personas en tanto tales, sino mucho más: deja en suspenso el trabajo del sujeto del inconsciente, y considero que esas masacres públicas son una expresión que podemos pensar del mismo modo en que hemos trabajado con los niños y adolescentes que cometieron actos homicidas en Buenos Aires. Respecto de estos últimos, no olvidemos que su gran mayoría se cometieron en lugares públicos. Es una evidencia absolutamente contundente de los efectos de la gestión comercialista. El sujeto se patentiza en lo real a costa de actos que no son cualquier acto: mostrarse dando muerte a otro o dándose la muerte. A propósito utilizo la palabra “dar”, quizás se pueda pensar que lo que queda para dar ¡es la muerte en lo real! O sea, lo que queda para ofrecer al goce del Otro, es la máxima satisfacción de la pulsión homicida primordial. Quizás sea una respuesta en acto a la pregunta que no llega a tomar estatuto simbólico: ¿qué quiere el Otro de mí?

¿Qué resaltaría de su participación en universidades colombianas?
Como “Profesora Internacional”, así le llaman, he visitado algunas universidades colombianas: En todos los ámbitos me he encontrado con colegas de distintas corrientes, y en todos los casos están muy preocupados por el efecto traumático que han dejado en cada colombiano, los horrorosos fenómenos de violencia que han vivido, y que quizás todavía hoy viven.
Lo que resaltaría de las universidades colombianas es lo que aprendí de mis colegas, todos ellos muy estudiosos, muchos con posgrados en el extranjero, muy humildes, con esa humildad que da el saber sobre los hechos que estudian. No son psicoanalistas de escritorio. Son psicoanalistas ocupados por lo social, todos afectados y comprometidos en buscar algún tipo de salida a la violencia social y sus efectos traumáticos. Son ejemplo de lo que llamaría “psicoanalista ciudadano”, o sea, el psicoanalista que se preocupa para que sea posible un ciudadano. El libro La odisea del siglo XXI lo escribí luego de un viaje a Colombia, y hay ahí un capítulo dedicado a la lógica de la guerra, que me interesó escribir luego de escuchar sus relatos cargados de horror sobre “los modos de dar muerte” que ponen en evidencia lo innombrable del goce de la plétora del cuerpo (el exceso de sangre y de humores) y el horror fascinado que produce su visión y relato.

En el texto anteriormente citado señala que esta civilización nos confronta en nuestra práctica analítica con “síntomas atroces, que están al servicio de un goce que rechaza el encuentro con el Otro sexo, (y que) son obscenamente autoeróticos”. ¿Cómo pensar los modos de intervención del analista cuando no es la represión el mecanismo que comanda tales manifestaciones?
Las enseñanzas de Jacques Lacan nos han mostrado la posibilidad del tratamiento analítico de las psicosis y yo sostengo que es posible una dirección de la cura en las psicosis. En los casos de personas en las que su subjetividad está altamente comprometida con el goce de la pulsión, no se tratará de trabajar con el retorno de lo reprimido, se tratará de trabajar haciendo de suplencia a la interdicción ausente. El no retroceder del psicoanálisis no aplica solamente para las psicosis, es el no retroceder de la ética del psicoanálisis, que hará bien en seguir las enseñanzas de Lacan, quien se ocupa muy bien en orientarnos a pensar la política de la dirección de la cura hacia el acotamiento de la pulsión de muerte. La estrategia siempre será la transferencia, y considero que en estos casos hay que pensarla como transferencia de los fondos de goce al trabajo del inconsciente. La táctica, importante, es siempre libre, en tanto coherente con la política y la estrategia.

Volviendo a ¿Por qué matan los niños?, enuncia como algunos de los factores que posibilitan el consumismo el “aumento de la fascinación por lo virtual” de lo que desprende que la grave confusión entre virtual y real lleva a la infatuación”. ¿Cuáles son las consecuencias para el sujeto y de qué manera esto se evidencia en los análisis?

Las consecuencias son que se creen que son, la infatuación los cosifica, los saca de las posibilidades de vivir en la tridimensionalidad de la ex–sistencia. Como decía Molière, no importa si es rey o no, el problema es si se cree rey, pues ya no hay nada a hacer más que el gozar del esclavo que bien sabe cómo otorgarle el goce: le da mayor consistencia a su creencia, fijándolo en una posición aseverativa.
Estas personas, cuando consultan con un analista “aunque generalmente no acuden dado el alto grado que tienen de aseveración sobre sí mismas”, muestran que tal grado de certitud los deja atados a un goce irrenunciable, aquél que les da la aseveración. Posiblemente pueden vanagloriarse de que no tienen preguntas sobre sí mismos, y justamente de ello sufren, de una subjetividad vacía, suspendida, pendiente de un goce que si llega a fallar los precipita en un vacío absoluto. Muchas veces ese es el momento de la consulta y la buena oportunidad, cuando se puede, para que un psicoanalista los acompañe en el trabajo de caída de la aseveración subjetiva, para dar lugar a las preguntas de un sujeto relativas a la sexualidad y la muerte, relativas al deseo y al advenimiento en el ser.

Usted es partidaria de que los psicoanalistas intervengan sobre las políticas públicas, ¿Cómo propone esa intervención y de qué formas podría instrumentarse?

Siempre me interroga qué le corresponde hacer al psicoanalista. Por un lado, una respuesta es fácil: si como psicoanalista trabajo con el sujeto del inconsciente que aparece en la emergencia de un relato y mi intervención está autorizada por la transferencia, me quedo en el consultorio. Pero, si todos los analistas se quedan en el consultorio, si no hay psicoanálisis en extensión, posiblemente no hubiera analizantes.
Hay otras cosas a pensar que no me resultan tan fáciles: el psicoanálisis en extensión. Mucho me he preocupado, sobre todo después de leer a Lacan en el Seminario 17, advirtiendo que su discurso no se presta bien a la Universidad. He debatido intensamente desde la responsabilidad del cargo que ocupo, si se debe o no enseñar el psicoanálisis en la Universidad. Pero, creo que en la actualidad llegamos tarde con esa pregunta. Más allá de lo que pensemos los psicoanalistas, el psicoanálisis está en la Universidad, y no solo en las áreas de la psicología, el psicoanálisis está en diferentes áreas culturales y también en política. Entonces es cuando también pienso que el psicoanalista puede ocuparse de intervenir sobre las políticas públicas. El modo de hacerlo será cuestión de posibilidad de cada uno, en cada momento, en cada situación. Lo importante es sostener la ética del psicoanálisis, de ello no se debe retroceder.
______________
Amelia Imbriano es Doctora en Psicología Clínica. Profesora Titular de Teoría del Psicoanálisis y Desarrollos del Psicoanálisis, Decana del Departamento de Psicología, Psicología Social y Psicoanálisis, Directora de la Maestría en Psicoanálisis y Directora del Instituto de Investigaciones en Psicoanálisis y Ciencia Sociales, Universidad Argentina J.F. Kennedy (Buenos Aires, Argentina). Presidente de la Fundación Praxis Freudiana. Investigadora del GRAPP (Francia). Investigadora de la Sociedad Francesa de Salud Mental y ciudadanía (Francia). Profesora invitada en: Univ. Angers (Angers-Francia), Centre Jacques Lacan (Chauny-Francia), CHS Sainte Anne (París-Francia), Univ. Rennes II (Rennes-Framcia), Univ. Labal (Québec-Canadá), Columbia Hospital (NY-EEUU), Univ. de Fortaleza (Fortaleza-Brasil), Univ. Federal de Santa Catarina (Brasil), Univ. de San Buenaventura (Cali-Colombia), Univ. de Antioquía (Medellín-Colombia). Autora de: Las enseñanzas de las psicosis, Editorial Letra Viva, 2003, Testimonios de una praxis, Editorial
 
 
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