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   Transferencia y empatía

La ocasión de un “encuentro”
  Por José Grandinetti
   
 
El concepto de empatía y el concepto de transferencia son, a mi entender, la ocasión de un “encuentro” entre fenomenología y psicoanálisis que dista mucho de ser “feliz” y “armónico”, y desde ya mucho menos complementario. Nada de amor en esto, que cubra la falta en uno (el psicoanálisis) y en otra (la fenomenología). Tampoco nada de odio que la machaque y remarque nostalgiosa o quejosamente.
El “encuentro” Freud-Husserl es el producto intelectual de una época donde desde ya no podría descontarse a Brentano. Recordemos que existe cierto paralelismo en la biografía de Husserl y en la de Freud. Los dos coetáneos de Moravia y ambos de origen judío. Freud del 1856 y Husserl nacido tres años después. Los dos fueron a la “escuela” de Brentano casi simultáneamente. Uno, Husserl muere en 1938, Freud un año después.
Hijos de un “tiempo” común, que no necesariamente por ello fraternizan respecto de su “dirección”. Es que no importa tanto desde dónde uno parte sino hacia dónde uno se dirige, lo sepa o no. Husserl pone su acento y su focalización en la consideración trascendental de una conciencia –que como recordaba uno de los estudiosos de su obra, el español Joaquín Xiaru1–, tiene como finalidad primordial la salvación de la objetividad del mundo, y la restitución de su sentido “natural”, sentido que el positivismo le sustrajera. En sus lecciones de 1910/11 Husserl llegará a decir, tratando acerca de “La desconexión del propio yo” (pag. 136): “… Este mi tema debe ser exclusivamente la conciencia pura, y ante todo mi propia conciencia”2. Veremos, aunque sea de manera sumaria que la idea de “empatía” es en el idealismo fenomenológico de Husserl, la “llave” que permite la salida del “solipsismo”.
Del concepto de transferencia es Freud mismo quién en su “Historia del movimiento psicoanalítico”, se encarga de resaltar que “puede por tanto decirse que la teoría psicoanalítica es una tentativa de hacer comprensibles dos hechos, la transferencia y la resistencia, que surgen de un modo singular e inesperado al intentar referir los síntomas patológicos de un neurótico a sus fuentes en la vida del mismo”3.
Destaquemos que, al igual que la transferencia que en tanto concepto es solidario de otros tres, que son, el de pulsión, y el de inconsciente ligado a la repetición, también el de empatía se coliga al de “apercepción” y al de analogía. Se tratará en la empatía de una transposición aperceptiva mediante la cual el cuerpo del Otro quedará ligado al mío en virtud de su semejanza. Como dirá J. Xirau en la obra ya citada: “Esta percepción de ‘mi ser en el mundo’ en cuerpo y alma es la base indispensable para la percepción de los demás”. Solo es posible en esta posición propia de la reducción fenomenológica, interpretar ese cuerpo con una psique que lo anima y lo percibe, y percibe el mundo a través de él, por analogía con mi propia psique y mi cuerpo orgánico, afecto a ella. O en términos de Husserl que, siempre lo primero es la percepción, o alguna posición de la existencia del cuerpo ajeno. De modo que la empatía sólo sucede y es posible por la analogía de dicho cuerpo con el cuerpo propio. Digamos que la empatía da base a una particular gnoseología, que supone la utilización de lo conocido en la conciencia propia, para la interpretación de la conciencia ajena. Esta conceptualización de la “interacción recíproca” (wechselwirkung) extrapolada al psicoanálisis dio no solo como resultado la llamada contratransferencia (encubrimiento teórico del pre-juzgar y del anticipar sentido) sino (y sospecho que se dio sin intencionalidad teórica) a la idea de cierta reciprocidad en la llamada técnica activa de S. Ferenczi. Dicho sea al pasar, este respetable pensador del psicoanálisis solía sustituir la idea de empatía por la de tacto, que se me ocurre más pertinente.
Volviendo a la transposición fenomenológica que implica el reconocimiento, la agrupación, la identificación y el acoplamiento en grupo de constelaciones habituales, al igual que la llamada “creación primera” que sirve de base a experiencias ulteriores, es en psicoanálisis, –pensado éste, a partir de la controversia que Lacan entabló no solo con la egopsicología, sino también con la fenomenología–, una verdadera calamidad. Utilizo especialmente este término que Freud puso en vecindad con el de transferencia en las cartas a Pfister.
Creo que tal como lo plantea B. Waldenfels4 en su capítulo “La fenomenología en los campos de la ciencia”, el psicoanálisis constituyó –y constituye aún en algunos grupos– un acompañamiento de la fenomenología con la lógica consecuencia de ese acompañamiento para con el discurso analítico. Esto no le resta importancia a autores como M. Ponty o A. de Waelhens, que, digamos al pasar en nuestro medio, fue más conocido por su trabajo sobre “Las psicosis”, que por sus estudios sobre Heidegger. Me parece de suma importancia atender a los “deslizamientos” que transcurren de la fenomenología al psicoanálisis y sobre todo cuando tergiversan o acoplan conceptos de un campo al otro, produciendo híbridos que reniegan de uno y de otro sin por eso producir necesariamente algo nuevo (¿o es que acaso la renegación podría producirlos?). Digo nuevo, y no necesariamente esas novedades que justamente no son nada nuevo. Sabemos que leer a Freud desde otro sesgo (y esto forma parte de la enseñanza de Lacan) que no sea el de cierto mecanicismo o cierto positivismo no sólo desde la fenomenología, es posible. En nuestro país no faltó quién lo intentara desde allí, el producto fue ese curso dictado en la Facultad de Medicina de Cuyo, por el profesor Carlos Ceriotto, y publicado luego bajo el título de Fenomenología y Psicoanalisis5. Es de destacar que si bien no faltaron allí como referencias textos de algunos de los discípulos de Lacan, por ejemplo O. Manoni, J. Laplanche y S. Leclaire, los de Lacan brillaron por su ausencia. Según algunos –y es el caso de B. Waldenfels y aquí el de C. Ceriotto, antes citado– el Congreso de Bonneval organizado por E. Hey en 1960, muestra el debate entre fenomenólogos y psicoanalistas en su momento culminante. Creo que de éste y tantos otros debates realizados bajo diferentes formas, derivan no solo puestas a punto o ajustes críticos tanto para la filosofía fenomenológica como para con el psicoanálisis, sino y en esto estriba mi posición: una serie de “lecturas” que pronunciadas como tales o no, confunden conceptos que poco y nada dicen. O lo que es peor pueden llegar a contrariarlos, cuando no se reconoce la pertinencia y por lo tanto la pertenencia a cada particular campo. Esto ocurre especialmente con el concepto de empatía, subsumido en determinados ámbitos, al de transferencia, entendida solo como un intercambio intersubjetivo, que difiere notoriamente del concepto de intersignificancia propuesto por Lacan. Se podría decir que la “experiencia introafectiva” propuesta por la fenomenología a través de la empatía (Einfühlung), si bien en Husserl está al servicio de la vida espiritual individual, aspira a tocar ese tejido de muchas conciencias singulares que contactan empíricamente. Estamos aquí más cerca de una psicología de las masas, que del psicoanálisis entendido freudianamente. Más allá de que algunos discípulos de Husserl como M. Scheler intenten una comunión entre éste y otros puntos, ya sabemos que esto no fue sin consecuencias para la fenomenología, tal como Husserl la entendía, llegando a considerar a M. Scheler un “detractor”. Ya volveremos al tema de la extrapolación conceptual, pero aclaremos que, a través de Scheler6 especialmente en su Esencia y forma de la simpatía, se intentó la llegada de Freud a la fenomenología, no sin el impacto que se produjo a la hora de pensar la transferencia. Una transferencia entendida como traslado de sentido, “de lo producido en mí”, por la “experiencia introspectiva”. Conjeturo que una tal postura cuya complejidad es también apreciable en el campo de la filosofía, ya que no puede dejar de pensarse la empatía según Husserl, si no es en relación a “los sistemas de experiencias eo ipso empatizados en los yoes ajenos”, o como posible en tanto reflejo (Spiegelung) de cada monada en otra, termina simplificada en una suerte de “con-sentimiento imaginario” (mitgefül), que Husserl critica, ya que se la suele confundir con una versión popular de la empatía. Tal vez es desde esta dirección de la que se sirve M. Scheler para forjar su idea de la “Sympathie”. Me parece que este autor nos da más que pie, para que ese “siento que…” puesto muchas veces en boca de psicólogos y de psicoanalistas, se transforme desde la contratransferencia en guía espiritual y en maestro de conciencias. Es interesante leer el trato que Scheler hace de la “Psicología de las Masas” de Freud, al igual que del concepto de identificación y el de sugestión. Un autor que, aunque criticable, merece leerse.
No se trata entonces de un traslado del ser y sus sentidos, hacia “un aquí o un allá” al que empáticamente puedo dirigirme. En psicoanálisis no nos referimos, al hablar de transferencia, a la perspectiva que podría adquirir (en tanto que “yo”), si me trasladara allá y me pusiera en el lugar del “Otro yo”. No se trata de cualquier movimiento, sino el de “un saber en movimiento” que en tanto supone un sujeto a ese saber inconsciente (S.s.S), abre las puertas a un amor que “deriva” justamente de ese saber puesto en movimiento.
En un encuentro que Lacan mantuviera con el grupo italiano, va a decir que la implicancia de los analistas al saber, desencadena (utiliza este término) el amor de transferencia. Y que ya es dar un paso, el hecho de que mediante el análisis nos enteremos de eso. En suma, se trata de un saber supuesto que sin el análisis no sabríamos considerar cuanto el amor, resulta deudor de ese saber supuesto. Movimiento entonces, referido al sujeto del significante, quien al igual que el objeto causa de la división del sujeto, resulta de ese “acto de lenguaje” en el que situamos a la transferencia. Transferencia que no implica necesariamente al Otro de la empatía (que es contingente), sino a la singularización del eco del significante en el cuerpo. Me refiero a la pulsión. Siempre y cuando acordemos con Lacan que la transferencia es lo que de la pulsión aparta la demanda, sin desatender que el deseo del analista es lo que la restablece.
Experiencia de la “spaltung del sujeto”, que no solo no es trasladable empáticamente del análisis del analista al de sus analizantes, sino que tampoco lo es, de un analizante a otro. La ética del psicoanálisis no es la “ética de la empatía”, tampoco lo es para la fenomenología, y en esto coinciden Husserl, M. Scheler, y en la actualidad Martha Nussbhaum, (autora a la que recomendaría especialmente)7. Sospecho que el concepto de empatía (Einfühlung) en tanto posibilidad del yo, (das-einfühlendeich) abrió una de las puertas por las que circularon y aún circulan los “saberes” resistenciales del yo.
A diferencia de la reducción fenomenológica donde cada cosa es también para el yo dado en empatía, índice de plexos y posibilidades de experiencia que le pertenecen, para el psicoanálisis el discurrir discursivo tiene la estructura de la denegación. Ese “no vaya usted a creer…” expresa un hecho de lenguaje, que remite a un decir (sage) originario y fundamentalmente reprimido, atravesado y atravesando (Duch-zeigen lassen) en su “laleo” al lenguaje. Condición ésta, fundante del inconsciente.
Para concluir: La transferencia en análisis implica, (si tomamos el uso más antiguo de la palabra “análisis”, que se supone en el segundo libro de La Odisea de Homero), un destejer, un des-hacer, un des-vincular haciente, tejiente y vinculante (auflösen) que tiene a la presencia de la ausencia (das Ding) como causa de esa textura que no cesa de no inscribirse, siempre y cuando, el deseo del analista acuda al centro siempre fallido de la cita.
___________________
1. J. Xirau. La filosofía de Husserl. Ed. Troquel: Buenos Aires. 1966.
2. E. Husserl. Problemas fundamentales de la Fenomenología. Alianza. Madrid. 1994.
3. S. Freud. “Historia del movimiento analítico” (1914). O.C.VII. Biblioteca Nueva.Madrid. 1968.
4. Bernhard Waldenfels. De Husserl a Derrida: Paidós. 1997.
5. C. Ceriotto. Fenomenología y Psicoanálisis. Troquel. 1969.
6. Max Scheler. Esencia y forma de la simpatía. Losada. 1950.
7. Martha C. Nussbhaum. Pasajes del Pensamiento. Paidós. Barcelona. 2008.
 
 
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