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   Colaboración

Reflexiones acerca de la denuncia civil por violencia familiar
  Por Autores Varios
   
 
MARÍA SILVINA GHIO
YANINA MARCUCCI
CINTIA OLIVA

Como integrantes del Equipo Móvil de Atención a Víctimas de Violencia Familiar (Línea 137) dependientes del Programa “Las Victimas contra las Violencias” del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de La Nación, cuya creadora y coordinadora es la Dra. Eva Giberti, nos proponemos abordar cuestiones que se presentan como desafíos de la práctica profesional en dicho ámbito.
La Brigada Móvil está conformada por psicólog@s y Trabajador@s sociales que desde un abordaje interdisciplinario, intervienen en la urgencia y emergencia asistiendo a víctimas de violencia familiar, las 24 horas del día, durante los 365 días del año.
Ofrecemos una reflexión sobre diversos interrogantes relativos al quehacer profesional, e intentamos problematizar el impacto subjetivo de la ley jurídica y los efectos de la denuncia civil por Violencia Familiar en las víctimas. Para ello se adoptó una perspectiva que contempla no sólo lo subjetivo sino también lo público y lo sociocultural.
Guían el trabajo los siguientes interrogantes:

¿Qué posibilita para la víctima la denuncia civil por Violencia Familiar promovida por el Equipo Móvil?
¿Qué ocurre en los casos en los que esta ley se hace efectiva, a través de medidas de protección, pero se dificulta su sostenimiento?
¿Cómo se piensa en el trabajo con una víctima la relación de complementariedad entre la introducción de la ley jurídica y la instrumentación de la ley simbólica?
A propósito de la Ley Jurídica, se entenderá ésta en el marco de los derechos y obligaciones descriptos en las leyes 24.417 y 26.485 que integran el Código Civil, las cuales persiguen la protección de las Víctimas de Violencia Familiar y la garantía de sus derechos.
Por otro lado, se entenderá la ley simbólica desde la lectura de Fernando Ulloa, en tanto “una terceridad” que no supone necesariamente una presencia concreta, debido a que se trata de una incorporación en la estructura psíquica de los sujetos. El autor desarrolla el concepto de crueldad a partir de la posibilidad de que esta ley quede excluida.
Asimismo, dado que nuestra práctica se encuentra inserta en un entramado de relaciones no por fuera de una cultura dada, se considera necesario reflexionar acerca de los componentes socioculturales que atraviesan el trabajo profesional con víctimas de violencia familiar.
Cabe destacar que el abordaje teórico de la problemática se realizará desde un enfoque interdisciplinario, tal como se desarrolla la práctica cotidiana.

¿Qué pasó hoy?
“¿Qué pasó hoy?” Es esta la pregunta que abre la intervención de un equipo profesional cuando concurre a asistir a una víctima de violencia familiar. Fundamenta este interrogante la suposición de que algo que venía funcionando con determinado orden, ya no lo tiene. Algo de la realidad se descompensa, algo diferente emerge, algo pierde sentido o adquiere uno distinto. Este “algo”, a veces imperceptible, asume en determinada coyuntura un peso diferencial que precipita el pedido de ayuda y desata la urgencia.

Una mujer a la que asistimos relata: “me pisaba la cabeza, le pedí a Mariana que abriera la puerta pero ella se quedó al lado de la puerta paralizada, no podía moverse” (sic). Mariana tiene 5 años y es hija de Clara y Pedro. Pedro es violento físicamente con Clara desde hace 3 años, habiendo padecido ella graves episodios de golpes y lesiones. Sin embargo, no fue el dolor físico lo que impulsó a considerar este evento como distinto a los demás, sino ver el horror en la cara de su hija y la parálisis de la niña ante la situación que estaba presenciando.

Punto de inflexión, grieta que abre un espacio para que algo distinto acontezca. Es en ese lugar donde un Equipo de Atención a Víctimas contra la Violencia Familiar puede operar. El Equipo ingresa allí, en el momento y lugar donde se produce el episodio, como un otro representante de una ley; una ley que necesariamente articula un aspecto jurídico y uno simbólico. Jurídico en tanto representante del Estado, facilitando el movimiento para hacer público aquello que acontece en el ámbito privado, por la vía de la denuncia civil y el acceso a medidas de protección. Simbólico en tanto promueve la reflexividad e introduce la posibilidad de un límite y de un punto de basta.

Ocurre una y otra vez que el pedido de ayuda no siempre conlleva la efectivización de una denuncia de la situación naturalizada y padecida. Esto implica un segundo momento que requiere de una decisión, mediatizada por la capacidad de reflexión como otra forma de eficacia de la ley, que opera en el imaginario social instalando otra referencia moral al nominar como violencia las situaciones padecidas, en un ejercicio que intenta ganarle terreno a la moralidad patriarcal vigente.
Al respecto dice Rita Segato “La Ley contribuye de otras formas en la transformación de las posiciones y subjetividades de género”1 La autora señala como la Ley contribuye a transformar subjetividades constituidas en una cultura dada y ello se produce gracias a que todo ser humano posee la capacidad de reflexividad, entendiendo a ésta como la capacidad que cada uno tiene acerca de poder pensar, evaluar, aprobar o desaprobar las significaciones que empapan, orientan y dirigen la vida en sociedad.

En este sentido, la Ley jurídica se constituye en la cara de una moneda cuyo reverso es la moral de la sociedad, reproducida pero también transformada por los sujetos. Se trata de un conjunto de significaciones que pueden darle consistencia a esa ley. Al respecto Segato señala que “erradicar la violencia de género es inseparable de la reforma misma de los afectos constitutivos de las relaciones de género tal como las conocemos y es su aspecto percibido como normal”2. Acerca de ello Eva Giberti expresa “la batalla no es contra la violencia, sino contra los patrones culturales que la sostienen (…) En la familia, la tradición patriarcal insiste en hacerles creer a los hombres y las mujeres que el género femenino es una propiedad privada y que, por lo tanto, el varón puede tomar decisiones corporales sobre ella, puede golpearla, puede violarla y, sobre todo, exigirle que lo sirva”. Lamentablemente esto no puede modificarse con la existencia de una ley que diga que tal cosa “no debe pasar”, sino que es necesario trabajar por una reforma de las representaciones y los afectos, en la transformación de lo que es asumido como “normal” o “aceptable” en la relación entre las personas.

Pero es necesario señalar que aquello “normal” para un colectivo puede ser intolerable para otro. Los equipos de profesionales asisten a personas que pertenecen a diversos grupos sociales, con características socioeconómicas y culturales diferentes. Frecuentemente se asiste en barrios marginados, personas que pertenecen a grupos inmigrantes que padecen ya la violencia estructural de la segregación y discriminación en los campos económicos y sociales. Éstos tienen una historia común y no necesariamente reflejan en su composición a todo el entramado social sino a una parte específica, y sus valores también responden a las condiciones sociales en las que viven. Por ello la versatilidad del equipo interviniente no es un simple componente de la asistencia cuando se trabaja con tal diversidad poblacional, sino una necesidad para orientar la acción de manera eficaz. Indagar para saber cómo se entienden ciertos valores que se suponen universales, sus recursos simbólicos, su saber hacer frente a la situación, permite apoyar el cambio que se pretende en bases más sólidas.

Sobre el acto de la denuncia
El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “denunciar” de distintos modos; entre ellos: “declarar oficialmente el estado ilegal, irregular o inconveniente de algo”, “dar a la autoridad judicial o administrativa parte o noticia de una actuación ilícita o de un suceso irregular”, “dicho de una de las partes: notificar la rescisión de un contrato”. Este poner de manifiesto que refiere a la denuncia, no puede ser pensado si la persona que lleva a cabo la acción, no asume previamente que la situación actual debe claudicar por su carácter de ilegalidad, de fuera de la Ley.
Sin embargo, suele ocurrir que el equipo Profesional se encuentre trabajando con víctimas que aún compartiendo las representaciones sociales y asumiendo la ilegalidad y la inconveniencia de la situación que atraviesan, deciden no alzar la voz o, si dan noticia pública de la situación, no pueden sostener el acto de la denuncia en lo que hace a sus consecuencias. Es a partir de estas situaciones que se hace necesario pensar en la singularidad de cada sujeto que se enfrenta con la encrucijada de que algo de su realidad sea modificado a partir de un acto que solo él puede llevar a cabo.

Fernando Ulloa en “Sociedad y Crueldad” plantea que la crueldad está en relación directa a lo que llama el “fracaso de la ternura”. El autor define el afecto de la ternura como buen trato, trato según arte, trato pertinente; pero “fundamentalmente un trato que alude a la donación simbólica de la madre hacia el niño (…) el buen trato alude al sentido generalizado de la ternura como referente al amor”4 Agrega que el entorno de la ternura es el ámbito de “lo familiar”. Asimismo, expone tres niveles de la crueldad5, siendo que aquí nos abocaremos a lo que nomina en tercer nivel como “lo cruel”, conceptualización que resulta útil para pensar algunos aspectos del trabajo en violencia familiar. “Lo cruel” está dado porque “lo esencial de la crueldad aparece velado por el acostumbramiento. Se convive cotidianamente con lo cruel y Muchas veces en connivencia, palabra que alude a ojos cerrados y a un guiño cómplice”6
Otra mujer refiere respecto de su pareja: “No quería que vaya al ginecólogo y yo le dije: tengo que ir para poder cumplirte como mujer”
El cuerpo se ha hecho servil una vez instalado en lo que el autor llama la Cultura de la Mortificación7, donde la intimidación se convierte en un hecho constante. En estas condiciones la queja nunca arriba a protesta, más bien se apoya en las propias debilidades intentando despertar la piedad del opresor.

Otras veces alguien nos ha dicho: “No es que no me deja salir, yo no quiero”.
Ulloa agrega que “en las comunidades mortificadas la gente acobardada, pierde su valentía al mismo tiempo que su inteligencia. Pero sobre todo pierde el adueñamiento de su cuerpo y las patologías asténicas abundan anulando la acción”.8
Repetidas veces los profesionales que integran los Equipos Móviles observan cómo frente a las lesiones por hematomas, quemaduras, fracturas, la víctima no tiene registro del dolor; son golpes que parecieran no haberse inscripto aún como marcas. Es a partir de esto último, que pensamos en la necesaria articulación de ley jurídica y la singularidad del sujeto en el “caso por caso”. El equipo es llamado a cumplir su función, a acompañar en ese primer paso que implica romper el silencio y la inmovilidad del acostumbramiento, de aquello que se cristaliza como lo “natural” en una encerrona trágica que excluye al tercero de la Ley, a esa presencia esencial más no concreta. El equipo profesional, intenta reconocer en ese primer contacto el despliegue tímido de una acción: la decisión de comunicar la situación de violencia a alguien que está por fuera, un tercero, y éste, lejos de dar respuestas estandarizadas, se propone facilitar que ese pedido se constituya en el principio de un proceso de fortalecimiento y de apropiación de las propias condiciones de vida, lugar donde lo institucional debiera funcionar como instrumento de apoyo, facilitación y garantía de sus derechos.

Consideraciones Finales
Fue partir de la necesidad de articular conceptos provenientes de las dos disciplinas que integran los equipos móviles –Psicología y Trabajo Social– y las diversas experiencias acumuladas en terreno, que se decidió plasmar en un escrito aquellas elaboraciones que surgen a veces de forma espontánea, y que por producirse de manera oral quedan sin registro y por lo tanto con dificultades para su sistematización y trasmisión. Los debates, los desacuerdos, las rectificaciones sobre las propias decisiones, fueron la materia prima para empezar a pensar este desarrollo. Se intentó valorar los intercambios que surgen de las dudas, los aciertos y las expectativas, que emergen en las intervenciones, ya que no dejan de ser valiosos como incentivo para continuar problematizando así como disparadores de nuevos debates para contradecir lo expuesto o bien para ratificarlo, pero en todos los casos con la conciencia de que dicha discusión implica más que un simple ejercicio de la razón, un trabajo de reflexión conjunta, o sea, de enriquecimiento que luego se traducirá en la práctica, en el compromiso que la orienta y en la interacción con colegas que se encuentren convocados por la problemática.

Notas
1- Segato, R. (2003) Las estructuras elementales de la violencia.
2- Segato, R. Op. Cit.
3- Eva Giberti “Un llamado a denunciar”. Diario Página 12. 25 de Noviembre de 2011.
4- Ulloa, F. (1999) Sociedad y Crueldad.
5- Fernando Ulloa habla de tres niveles o tres formas de la crueldad: a) La crueldad mayor o vera crueldad donde su ejecutor actúa desde una posición de impunidad y en desconocimiento de toda ley. b) La crueldad del sobreviviente que ha sido víctima de un dispositivo social marcadamente cruel y ha sido despojado de los recursos elementales de lo familiar: abrigo, alimento y buen trato. A diferencia del caso anterior, aquí el cruel tiene alguna ley, aquella signada por su propia muerte que está instalada en él desde el inicio y va matando camino a su propia muerte. C) Lo cruel es una forma más universal de la crueldad donde lo esencial es que ésta aparece velada por el acostumbramiento
6- Ulloa, F. Op. Cit.
7- Ulloa, F (1995) Novela Clínica Psicoanalítica. El término mortificación remite principalmente a mortecino, apagado; sujetos que no son hacedores de la cultura sino enrarecidas hechura de la misma.
8-Ulloa, F (1999) Op. Cit.

Bibliografía
Castoriadis Cornelius: Los dominios del hombre, encrucijadas del laberinto. Gedisa. Barcelona. Año 1988
Giberti, Eva: “Un llamado a denunciar”. Diario Página 12. Suplemento Sociedad. Buenos Aires, 25 de Noviembre de 2011.
Segato, Rita Laura: Las estructuras elementales de la violencia: contrato y estatus en la etiología de la violencia. Serie Antropología, Ensayo. Brasilia. Año 2003.
Montero, M.: Introducción a la psicología comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos. Paidós. Buenos Aires. Año 2005
Ulloa Fernando.: Novela Clínica Psicoanalítica. Paidós. Buenos Aires. Año 1995
Ulloa, F.: “Sociedad y crueldad”. Año 1999. http://psicomundo.com/foros/egp/sociedad.htm
 
 
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