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   Entrevista

Pablo Peusner
  Por Emilia Cueto
   
 
En el Editorial del 9 de setiembre de 2007, publicada en su blog El psicoanalista lector señala: “Cuando dejé definitivamente de leer a Lacan en español (básicamente, porque caí preso de una total desconfianza de las versiones vernáculas), cada lectura arrojaba una traducción”. ¿Qué diferencias significativas ha encontrado en relación a las presentaciones más corrientes?
Quisiera en primer lugar hacer una aclaración. La desconfianza hacia ciertas versiones españolas es algo que vale sólo para mí. A mí no me convencen en general los modos de enfrentar las traducciones de Lacan que han elegido los psicoanalistas −aunque quizás sea justo excluir de esa generalización, el trabajo de Ricardo Rodríguez Ponte, e incluir el de Tomás Segovia junto a los habituales traductores del seminario “oficial” de Lacan−. Muchas veces me pasó que no comprendí un párrafo en la versión española y todo se aclaró al leerlo en su lengua original. Lacan tiene una construcción gramatical muy forzada en francés. Recuerdo las caras de mi profesora de francés cuando comenzamos a leer a Lacan. Ella afirmaba con frecuencia que “Lacan no hablaba ni escribía en francés”.

Mi idea es que cada lectura arroja una traducción. O sea: yo me siento a leer un texto de Lacan en francés e, inevitablemente, me encuentro con la tarea de alcanzar algún sentido con lo que leo. Utilizo para ello ciertas herramientas bibliográficas que considero esenciales −de las que he ofrecido un listado en mi columna de la revista Imago-Agenda− y, obviamente, el diccionario Grand Robert. Diría que la traducción no es un producto de la lectura, sino su resto. Luego del esfuerzo que supone semejante trabajo (trabajo que todos han padecido, al menos, una vez) “queda” un texto traducido. Es por ello que como prólogo a las traducciones que hice, y se han publicado (en medios electrónicos, por supuesto, debido a las restricciones legales vigentes... ), siempre dejé en claro que no soy traductor, sino un psicoanalista que se ve obligado a leer a Lacan y que, para alcanzar su objetivo, es capaz de casi cualquier cosa, como −por ejemplo− leerlo directamente en francés aunque apenas maneje ese idioma.

No sé si es una presentación muy corriente, pero estoy seguro de que es una presentación que está apoyada en una necesidad fuerte: yo “necesito” alcanzar ciertas ideas de Lacan, porque esas ideas sostienen argumentos clínicos que son fundamentales en el trabajo que intento llevar adelante. Entonces, no leo por curiosidad intelectual, ni por un afán filosófico cualquiera, leo para −como decía Lacan− “reinventar el psicoanálisis” en ese punto de encuentro con el sufrimiento que es la sesión analítica. Mis intereses parecen tener dos caras, pero se articulan al estilo de una banda de Moebius: en la continuidad de una sola cara, conviven la investigación y la clínica. Así fue que abordar los problemas de la traducción del término sujet me permitió terminar de comprender la imposibilidad de la asociación del sujeto con una persona, me empujó a intentar trabajar en mi clínica con la idea del sujeto bidimensional. Pensaba siempre: ¡qué traductores vagos! Cada vez que ven en el texto francés el término sujet, lo traducen transparentemente por “sujeto”, fingiendo ignorar que en cada lengua el mercado lingüístico les asigna diversos valores y que, mientras en francés sujet denota “asunto”, en español “sujeto” es una persona innominada de carne y hueso. ¿Tamaña diferencia, no?

También, la aparentemente poco importante traducción del significante les parents –que siempre fue traducido como “los padres”, pero que también admite ser traducido como “los parientes”– me llevó a cuestionar el precepto sanguíneo a favor de la lógica simbólica del parentesco y, así fue que propuse que el célebre dispositivo de “presencia de padres” en la clínica con niños, debía aceptar una rectificación en términos de “presencia de padres y parientes”, para poder cumplir con las exigencias de flexibilidad técnica que el análisis con niños nos presenta a diario, y también con los nuevos modos de presentación de la familia típicos en nuestros días.

¿Cuál es su consideración respecto de las desgrabaciones de los seminarios de Lacan?
Ah... pero antes de las desgrabaciones, tenemos las estenografías.
Hay que tener en cuenta lo siguiente: Lacan pronunciaba el seminario –incluyendo una gran cantidad de neologismos y construcciones significantes basadas en la anfibología de la lengua– y una secretaria, que no era psicoanalista, estenografiaba lo que ella escuchaba o entendía: primer nivel de equívoco. Luego otra secretaria mecanografiaba la estenografía, en lo que podría considerarse el segundo nivel de equívocos. Obviamente, no existe un “original” de los seminarios y no fue sino hasta muy avanzado el proyecto del dictado de seminarios que Lacan aceptó considerar su publicación. Tenemos los audios de los seminarios más tardíos y existen ciertos grupos de analistas que han iniciado proyectos de comparación de las estenografías con dichos audios, con resultados muy escuetos y poco difundidos aún como para poder hacer evaluaciones serias.

El problema se agranda si consideramos las traducciones porque ¿qué estamos traduciendo? Mi consideración general es que se trata de una especie de “teléfono descompuesto”.
Ahora bien, todo este fenómeno permanece muy oculto cuando aparecen las versiones “oficiales” del seminario en Seuil o en Paidós. Ciertos analistas creen “garantizadas” a las palabras incluidas en tales ediciones. Otros, directamente les deniegan toda seriedad y llegan incluso a afirmar que el texto corresponde a quien lo ha establecido. Ambos extremos son malos. Los jóvenes analistas y los universitarios, desconocen casi totalmente esta historia y creen que Lacan tiene una obra como la de Freud, de la que pueden disponer fácilmente.

Personalmente, trabajo con todo lo disponible. Hoy en día las mecanografías de las estenografías están disponibles en forma gratuita en Internet en la página de la École Lacanienne de Psychanalyse. Esto es un gran avance. También el responsable de la edición del Seminario ha anunciado su plan editorial 2007-2010, en el que dará por terminada la tarea, lo que también resulta necesario. Entonces, para ir cerrando el tema, pienso que abordar el estudio de los textos lacanianos es todo un desafío que no puede reducirse a posiciones extremas. Quienes nos sumergimos en estas cuestiones somos, aparte de psicoanalistas-lectores, psicoanalistas-filólogos. Mi política es la de no retroceder tampoco ante todo esto, todo esto existe y tenemos que hacerle frente con cierta conciencia de la situación.

¿El orden del establecimiento y publicación de los mismos produce efectos en el corpus de la obra lacaniana? ¿A qué obedece?
Creo firmemente que el enorme desarrollo de la teoría del goce que impera hoy día en el lacanismo argentino y sus derivaciones en la lógica de la biología lacaniana, se verían severamente comprometidas si apareciera el Seminario 9, titulado “La Identificación”. Hay un abandono militante de la topología de superficies de Lacan la que, sin duda, produciría serios problemas en su articulación con el cuerpo biológico. Ese seminario en particular es uno de los más anti-intuitivos de todos los que Lacan pronunciara –digo “pronunciara”, porque no está muy claro que en “Topología y tiempo” hubiera hablado mucho–. Y ante una teoría del goce tan intuitiva como la que se despliega hoy en día, tan kleiniana incluso, la bidimensionalidad del cross-cap produciría un choque grande que no podría ser resuelto con la ingenuidad de la “evolución del pensamiento de Lacan”.
Hoy, que cuando un paciente pide una segunda sesión semanal se habla de un “aumento de transferencia” o que cuando alguien falta a una sesión se habla de “transferencia negativa”, hoy que la transferencia está asimilada a la “buena o mala onda” que un paciente tenga con su terapeuta, ¿cómo interpretar esa relación especial que produce un objeto acósmico y que Lacan introduce a partir de la costura de dos bandas de Moebius de semitorsiones opuestas y autoatravesadas por su línea media? Si hoy apareciera el Seminario 12, titulado “Los problemas cruciales para el psicoanálisis o el ser del sujeto”, habría que esforzarse por meter a la transferencia en una botella de Klein.
Es curioso porque estos seminarios están, circulan, los hemos leído, los estamos leyendo, pero el efecto de la aparición de uno nuevo pone los problemas allí trabajados en primer plano. Y los psicoanalistas cultores de los seminarios-garantizados son demasiado sofisticados como para afirmar que el pensamiento de Lacan evolucionó, por lo que proponen la teoría de la resignificación, olvidando que el significante también es anticipación y que mucho de lo último podría esclarecerse con algo del principio.
 
¿Cuál es su posición acerca de la relación entre el psicoanálisis y las políticas editoriales?
Creo que las editoriales subestiman a los libros de psicoanálisis. Por lo general son libros pobres, con ilustraciones de baja calidad, sin aparato crítico. Es común encontrar una cita cuya nota al pie indique: “Jacques Lacan, seminario de la angustia”. ¿En qué clase, en qué edición, en qué página? Yo necesito esos datos. En otros casos, es difícil saber si el texto corresponde al autor o es una cita. Es realmente una lástima publicar libros así. En general, no se siguen las pautas para establecer bibliografías y los libros no tienen editores. Es increíble la cantidad de libros de psicoanálisis que se publican por año en nuestro país en tales condiciones.
Hace ya un tiempo que con Letra Viva hemos comenzado a pensar en cómo aportar algo a esta situación que contribuya a mejorar las condiciones de publicación. En el año 2000 tuve la idea de funcionar como “editor crítico” de un libro de psicoanálisis: establecí el texto que surgió de un curso, me ocupé de los dibujos, traduje las citas y escribí notas al pie para iluminar ciertos aspectos de una disciplina que era dificultosa. Creo que el resultado fue muy bueno y está al alcance de todos.
Desde entonces, he realizado esta tarea en numerosos proyectos que publicó Letra Viva y, de a poco, me encuentro con libros que están publicados como a mí me gustaría que lo estuvieran todos. Trabajar con los autores es una tarea de la que se desprende un aprendizaje mutuo, y los libros ganan en claridad. Ojalá podamos seguir adelante con este estilo de trabajo y contagiar el entusiasmo a otras editoriales. También hace falta que los autores presionen para que estas cosas se hagan bien, que no se apuren tanto a publicar, que trabajen con algún otro que oficie de lector crítico.

¿Qué lugar le asigna a los padres en el psicoanálisis con niños, y de qué manera esto se refleja en el encuadre que propone?
Para mí se trata de un lugar fundamental. Si entendemos al sujeto como un “asunto acerca del que se habla o escribe”, los padres o parientes de un niño forman parte del sujeto tanto como aquel. De ese asunto en cuestión, de ese sujeto hablan todos, aunque cada uno lo hace desde su posición enunciativa. Entonces, como todos forman parte de la misma red, como todos son nodos en esa red, mi táctica de trabajo supone mantener entrevistas con los padres con frecuencia fija –por supuesto que esa frecuencia varía según los casos (soy realista, hace falta ver las condiciones de posibilidad para un funcionamiento así), pero he llegado a trabajar con la misma frecuencia con los niños y sus padres–.
Uno de los valores agregados de un dispositivo así es que dejamos de llegar siempre tarde. Lo explico un poco: a menudo los padres aparecen en escena cuando hubo algún problema, algún escándalo, cuando ocurrió algo grave. Hago hincapié en que el significante funciona tanto en la retroacción como en la anticipación, y por eso incluir a los padres (y parientes) con frecuencia fija en los tratamientos permite anticipar muchas cosas, permite trabajar acerca de cuestiones que sólo más tarde tendrán incidencia en el caso.

Este tipo de táctica de trabajo constituye, a mi entender, un dispositivo. O sea que luego de pensarlo así, la llamada “presencia de padres” deja de ser un real de la clínica psicoanalítica, y pasa a transformarse en cierto dispositivo generado por el analista mismo con un fin preciso. Lacan estableció claramente que el estado de dependencia increíblemente precoz del sujeto humano era mucho más significante que biológico. Es por ello que no me preocupa tanto que quienes participen tengan lazos sanguíneos con los niños –hoy en día, con los diferentes formatos de familia con los que nos encontramos, esto es cada vez más frecuente–.

La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com

Pablo Peusner, es psicoanalista y asesor editorial de Letra Viva. Dirige un blog en internet (http://elpsicoanalistalector.blogspot.com), y es autor de El sufrimiento de los niños (JVE, 1999), Fundamentos de la clínica psicoanalítica lacaniana con niños (Letra Viva, 2006) y El niño y el Otro (en prensa por Letra Viva).
 
 
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