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   Colaboración

La pregunta por el sujeto
  Por Daniel Rubinsztejn
   
 
“Establezcamos únicamente que, de reducirlo a su verdad, ese tiempo consiste en hacer olvidar al paciente que se trata únicamente de palabras, pero que esto no justifica que el analista lo olvide a su vez.”
J. Lacan, La dirección de la cura...

1. ¿Qué se le ocurre Carlos, con la palabra “patético”?
Esta pregunta, formulada en un análisis y relatada en un ateneo clínico, me pareció que no favorecía al curso del análisis sino que lo detenía o al menos lo desviaba de las asociaciones, a pesar que las solicitaba.
En el texto “La dirección de la cura” (1958) Lacan sostiene que hay que hacer olvidar al paciente que se trata de palabras. Considero que en el pedido de asociaciones con una palabra, de hecho se le impide al analizante que lo olvide Al proceder así, se toma a la palabra como objeto y se ubica al analizante frente a ella; se cristaliza así una dualidad sujeto-objeto. Carlos de un lado, la palabra del otro. ¿Es esa la división del sujeto que se pone en juego en el análisis? No. Es darle a Carlos1 la ilusión de que él domina las palabras, las rompe, las liga, las deshace, transformándolo en un Hampty Dumpty1, que cree dominar el uso y significación de palabras en tanto armo de letras.
Algunos colegas sostienen que es necesario llamar al paciente por su nombre porque funciona como llamado al sujeto comprometiéndole a una respuesta posible. Creo que es necesario subrayar que el nombre funciona más como cierre, sutura, que como llamado; si Carlos coincide con Carlos, la respuesta será distinta a si la pregunta por quién habla y a quién le habla, es decir una nominación latente, se presentifica en cada sesión. “Lo que no puede saber, es el nombre de lo que él es, en tanto sujeto de la enunciación”. (J. Lacan, Seminario 9, “La Identificación”, inédito, clase 7).
Por supuesto que hay momentos y momentos; a veces, ante una angustia arrasadora, nombrar calma… un poco. Por otra parte, la abolición radical del nombre propio (Booz) en el poema de Victor Hugo permite un salto creativo, una metáfora, sin la cual el poema no habría sido tal.

2. Supongamos ahora otra pregunta, si es que fuera necesaria (no siempre lo es): “¿Por qué dijo patético?” Hay en esta pregunta una suposición: quien lo ha dicho no sabe que dijo ni qué dijo. Una pregunta por la enunciación. No por el enunciado de la palabra, ni por sus letras, ni significados.
Entiendo que enunciación es ubicar quién habla, a quién le habla y el momento en que habla, haciendo resonar que se dice más o menos que lo que se intenta decir. Escucha y lectura hacen vibrar en acto la división del sujeto. Lo ha dicho, nadie se lo ha hecho decir, no hay vuelta atrás: ¡Usted lo ha dicho!

Como los espíritus del Averno, el sujeto de la enunciación acude a nuestra invocación, engendrado de nuevo cada vez para volver a eclipsarse, hasta la próxima nueva cita. Un extraño tiempo verbal lo habita: no estaba en el pasado, no es seguro que retorne, su presente es tan fugaz como fugitivo, entonces habrá estado en el instante del acto mismo del decir. En el eco del acto se podrá escuchar un mensaje inédito.
El “escándolo” de la enunciación es que revela que el sujeto es más soporte que agente de la articulación significante, es la consecuencia de una (in)determinada articulación. Sujeto indeterminado que se pierde en la medida que se encuentra. Por cierto, un encuentro extraño. Porque el sujeto de la enunciación sólo se enuncia en tercera persona, en tanto él. “Él no lo sabía”, un minuto más y estaba por saberlo... No se trata de contenidos, de representaciones sino que el conjunto vacío, la negación (no lo negado) es lo que representa a nuestro sujeto de la enunciación: “sujeto que desea sexualmente”. Él se trata únicamente de palabras, más que relevar tal o cual palabra, pone en juego las funciones de la palabra.
“El que habla no es el que escribe, y el que escribe no es el que es”. (R. Barthes)2.

1. Personaje de Lewis Caroll.
2. Citado por S. Sontag en Cuestión de énfasis, 2007.
 
 
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