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   Entrevista

Haydée Nodelis
  De Masotta y Sciarreta al Hospital Moyano y los test mentales
   
  Por Emilia Cueto
   
 
Durante la década del ’70 usted participó en un grupo de estudio coordinado por Oscar Masotta. ¿Qué destacaría de aquella experiencia?

Sí, mi contacto con Oscar Masotta fue en la década del ´70, antes de que emigrara a España. En ese momento, yo participaba de un grupo de estudio que él articulaba. En este espacio analizábamos textos freudianos según un recorrido que él concebía como fundamental. A modo de ejemplo, trabajábamos los escritos que dan cuenta de la sexualidad de la mujer, del varón y de los caminos que deben transitar hasta la resolución edípica. Contrariamente a lo que muchos imaginan, Masotta, en esa época, trabajaba cada artículo en forma meticulosa y efectuaba una síntesis brillante, clara y didáctica, de la cual me he nutrido para mis posteriores investigaciones.

Otro de sus maestros ha sido Raúl Sciarreta con quien realizó varios grupos. ¿Cómo se inició su vinculación con él y qué marcas ha dejado en su formación?

Con Raúl Sciarretta mi vínculo fue más estrecho. Yo asistía a diversos grupos de estudio que él dirigía. A modo de ejemplo, en Filosofía, estudié Heidegger, Hegel, Kierkegaard, Kant y, por supuesto, Aristóteles, entre otros. Paralelamente, las ideas de estos pensadores atrajeron mi interés por conocer las herramientas científicas con las cuales desarrollaban sus teorías, guiándome así hacia el estudio del conocimiento, la Epistemología, que también indagué con Raúl en textos de Marx, Della Volpe, etc. En aquel momento, la Psicología, se pensaba, provenía del tronco único de la Filosofía, por lo cual era imprescindible, previo al estudio del psicoanálisis, imbuirse de las ideas de los grandes pensadores. En las clases donde desarrollábamos artículos de Freud, éstos se entramaban con los postulados filosóficos. Finalmente, cuando la escuela lacaniana comenzó a cobrar importancia en Buenos Aires, le sugerí que analizara en sus grupos la obra de Jacques Lacan. Aunque en un principio se mostró reticente, ya que consideraba que no estaba preparado para tal emprendimiento, lo convencí y resultó un maestro ejemplar en este espacio, con el cual se ha formado gran parte de mi generación.

Durante décadas, el psicoanálisis vio surgir corrientes teóricas diversas, ¿qué incidencia tiene esto en la lectura de tests psicodiagnósticos?


Considero que, en lugar de hablar de incidencia, debemos advertir que no se trata de campos escindidos, por lo cual los conocimientos se integran. Hay un ensamble natural que evita la fosilización de la práctica. Asimismo debemos recordar que no solamente dentro del psicoanálisis se desarrollaron numerosas vertientes teóricas, complementarias, disidentes, sino que surgieron otras teorías, como la cognitiva, la gestáltica, la sistémica, entre muchas otras.
Dentro de sus espacios de inserción se encuentra el Hospital Braulio Moyano, sobre el cual refiere que la severidad de las patologías que encontró la llevó a la utilización de pruebas psicodiagnósticas. ¿Cuáles fueron las causas de esa implementación y cuáles, los aportes en su escucha?
Sí, allí me enfrenté con patologías psiquiátricas severas, las cuales me condujeron a aplicar y a crear técnicas de abordaje como las pruebas psicodiagnósticas, que no constituían mi objetivo en una primera instancia. Luego, las consideré un recurso esencial para comunicarme con la gran cantidad de pacientes que no podían ser abordados mediante la palabra. Descubrí así la existencia de otros significantes no verbales, que abrieron un espacio de investigación fructífero que se conjugó con la labor asistencial. Por esta razón, advertí que hay múltiples modalidades de “escucha” para percibir todas las expresiones reales y virtuales de un sujeto.

En su libro Test de la familia. Una mirada vanguardista sobre una prueba clásica, ¿cuáles son los aportes fundamentales de esa mirada?

En primer lugar, creo que era necesario hacer un recorrido desprejuiciado de las nuevas conformaciones familiares y de cómo éstas se plasman en los abordajes actuales. También, el modo en que la sociedad mira las diferentes estructuras: sus ataduras, sus velos, sus hipocresías. Todo desde una perspectiva estrechamente vinculada con sucesos y fenómenos de actualidad que impactan en los medios de comunicación. A modo de ejemplo, puedo mencionar los lazos con ribetes de incesto en familias con hijos adoptivos; el incremento de relaciones incestuosas; los actos de transgresión mostrados para la mirada de los otros.
No hay que olvidar que el libro abarca casos que provienen de ámbitos muy diversos, como el clínico, el laboral, el forense y el criminalístico.

¿Es importante tener en cuenta nuevos indicadores a la luz de los cambios que se han producido en la familia en las últimas décadas? Dicho de otro modo, ¿podríamos pensar que algunos marcadores o signos que en otros momentos habrían sido leídos como índice de patología, en función de estos cambios, ya no son así? ¿O se trataría de invariantes?

Hay indicadores que son invariables, como la presencia del personaje que ejerce la autoridad sobre el sujeto, los lazos amorosos, identificatorios y los rechazados, y el lugar que él ocupa en la célula familiar. Lo que indudablemente ha cambiado es el ícono que simbolizaba la autoridad o la presencia del padre y los efectos que se trasuntaban de ese vínculo, lo cual puede verse no solamente en esta prueba, sino también en otras.
En el texto anteriormente referido, al hablar de los distintos tipos de familia, resalta su atención sobre una modalidad que –además aclara– la ortodoxia no considera familia, y es el caso de sujetos que eligen vivir consigo mismos. ¿Por qué usted sí la considera familia? ¿Qué elementos toma en cuenta?
Estas afirmaciones surgen también a partir de mi biografía. Ahora es socialmente aceptada la idea de que un sujeto decida vivir consigo mismo, pero hace algunas décadas era una opción estigmatizada, por lo cual surgía un halo de falta y de culpa.

Creo que la monofamilia es una categoría de familia porque existen lazos imaginarios, recuerdos e imagos que el sujeto vivencia, que lo atan o lo alejan de un grupo de consanguinidad. Y lo más importante es la elección de vida que esto implica. La ortodoxia sostiene un modelo de familia perimido, al cual el sujeto debe “sujetarse”, provocando malestar, efectos no deseados, algunos aberrantes o siniestros, y otros frecuentes como la violencia de género. La familia considerada tradicionalmente no garantiza la “salud mental”, tampoco es formadora de modelos ejemplificadores.

Usted tiene una amplia experiencia en la utilización del test de Bender. Su primer libro sobre el tema se centraba en psicosis y demencias, el más reciente abarca depresiones, trastornos de la personalidad y personalidades post-traumáticas. En el inicio de este último, destaca su intención, no solo de alcanzar precisiones diagnósticas, sino también de “construir una herramienta útil para intervenciones psicoprofilácticas”. ¿De qué modo el test de Bender podría alcanzar este objetivo? ¿Podría citar algún ejemplo?

Sí, hay múltiples ejemplos de posibles intervenciones psicoprofilácticas o psicoterapéuticas o de la abstención de tales prácticas. Pongamos por caso el amplio abanico de las “depresiones”, palabra que se ha vulgarizado, al punto de ser autodiagnosticadas. El diagnóstico diferencial es fundamental. En mi experiencia, he deslindado mediante la prueba una verdadera depresión de, por ejemplo, una melancolía, cuyos avatares terapéuticos y pronósticos son diametralmente opuestos. Las melancolías son estructuras muy graves que, generalmente, devienen en suicidio. Las depresiones comprenden una amplia gama de cuadros, cuya sintomatología polimorfa amerita diferentes tratamientos. De igual forma, no es lo mismo una psicosis benigna, que es pasible de tratamiento, que una psicosis esquizofrénica. Hay quienes se jactan de haber curado esquizofrenias. Estoy convencida que lo que han curado es una psicosis marginal o cicloide, que presenta restitución completa después de los episodios. Pueden utilizarse otras nomenclaturas, psicosis ordinarias, no desencadenadas, pero ninguna será una verdadera demencia precoz.

Existe cierta banalización del empleo “a modo de test” de cuestionarios sencillos para determinar sobre la base de una serie de preguntas: bipolaridad, “ataques de pánico”, etc. ¿Cuál es su posición al respecto?

Se me ocurre que estás refiriéndote a escalas o pruebas basadas en interrogatorios que suelen hacerse para obtener datos con celeridad. No las utilizo porque no les encuentro un valor real.
Uno de los cuestionamientos que se formulan en relación a la utilización de test, por ejemplo en las áreas laboral o forense, es que el entrevistado podría estar al tanto de las respuestas más esperables –incluso tratándose de Rorschach– lo que restaría validez a las pruebas. ¿Cuál es su experiencia?
Sí, es verdad. Lamentablemente hay profesionales que pretenden asesorar a los postulantes o a los peritados, pero los perjudican. A modo de ejemplo, es frecuente que los sujetos confundan los estímulos dando las respuestas esperables en otras pruebas, lo cual lo pone en evidencia. También, que perseveren en algunos significantes, como ver sangre o fuego, en el ámbito pericial o insistir con relatos donde el personaje desarrolla numerosas acciones laborales, si se trata de un aspirante.

En El test de Bender. Psicosis, demencias… señala que la falta de motivaciones en el examinador, así como la inexperiencia pueden viciar o contaminar el proceso y generar molestos efectos transferenciales. ¿Esto incide en el resultado a la hora de analizar el test y de ser así cómo sustentar la confiabilidad de la toma?

La confiabilidad de la toma es independiente de la profesionalidad del entrevistador. Esto se da en todas las prácticas del campo “psi”: aquel que desconoce los instrumentos con los cuales trabaja, cometerá errores.
¿Cuáles son las resistencias que en forma más frecuente aparecen en los entrevistadores a la hora de la implementación de test?
La falta de conocimiento genera un rechazo apriorístico a las pruebas y al aprendizaje. Esto lo considero el modo resistencial más importante que observo en mi práctica como docente. Quienes lo presentan no administran, absteniéndose con argumentos infantiles diciendo, por ejemplo: “En mi servicio no se utilizan tests”.

¿Qué consecuencias se pueden advertir en los entrevistados, como corolario de dichas resistencias, más allá de un menor rendimiento o una producción más pobre?

El rendimiento no es menor o más pobre. Las interpretaciones son fallidas, pues las pruebas suelen estar mal implementadas. Frente a esto, recomiendo estudiar y practicar.
Durante los años ’60 y ’70 también existía una fuerte restricción al ejercicio de la función clínica a los psicólogos, quienes quedaban legalmente limitados a ser auxiliares de los psiquiatras. En ese contexto una de las posibilidades era la implementación de tests. ¿Considera que esta coyuntura pudo haber influenciado en el imaginario relacionando el lugar del testista con lo “degradado” de la profesión?
En los años ’60 aún era una niña. Desde de mis comienzos en la profesión, nunca me consideré una auxiliar. Mi ductilidad y mi avidez por el aprendizaje me colocaron siempre en un lugar de par frente a otros profesionales. Recuerdo que en el Centro Ameghino los psiquiatras me requerían para trabajar grupalmente por mis conocimientos de psicodrama y de artes dramáticas. En el Hospital Finochietto, la demanda de interconsultas en diferentes especialidades médicas me permitió conocer nuevas patologías dermatológicas, ginecológicas, etcétera. En el Hospital Braulio Moyano desplegué todas las formas de acercamiento a las pacientes sin restricciones.
Respecto de la degradación asociada a un imaginario colectivo, sostengo que en rigor se trata del relegado lugar que ha tenido y tienen el estudio de las técnicas psicodiagnósticas en nuestra formación.
___________________
Haydée Nodelis hace años desarrolla su actividad en el Hospital Municipal Braulio A. Moyano, donde está a cargo de un Servicio de Psicodiagnóstico. Es autora de los siguientes libros: “Test de la familia: Una mirada vanguardista sobre una prueba clásica”; “Test de Bender: Depresiones, trastornos de la personalidad y personalidades post-traumáticas”; “Test de Bender: Epilepsias y psicosis”; “Test de Bender: Psicosis, demencia y otros cuadros”; “Test de inteligencia de Wechsler-WAIS”; “Test de Phillipson: Melancolías, psicosis marginales, estructuras límite y otros cuadros”; “Test de Rorschach”; “Test de la familia: Operadores para diagnósticos e intervenciones”.
 
 
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