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   Colaboración

La cicatriz: clínica de un cuerpo desierto
  Por Elena Jabif
   
 
Ella estaba sola allí en el origen, Venus nace todos los días, todos los días es el nacimiento de Afrodita,
 la relación del amor a lo que se llama el eterno amor, que no sea demasiado pesado.
Dante expresamente lo ha colocado a las puertas del infierno

Seminario La Transferencia 8-2-1961 – J.Lacan.

La identificación sexual solo puede articularse en el psicoanálisis en relación a un significante único, que es el falo, significante primordial que impugna al género y constituye un obstáculo a que los analistas, signemos la diferencia sexual de los sexos en el inconsciente.
Tener o no tener, también pertenece a las formas que semblantea el ser ante el Otro sexo. Una mujer homosexual puede conjurar la castración como falla instituyente, y constituirse en custodia del preciosismo del sileno, al cual cultivan con una admiración que permite la degradación del significante fálico, como metáfora de la falta propia y del Otro.
La certeza del amor a una mujer es condición para Lacan de dificultad para ejercer la función del dispositivo analítico; bajo la máscara del amor quiere ser amada de manera incondicional, el amor es propiedad de envoltura ante un deseo que produce horror, el amor se instituye sublime, cuando es despojado de la propiedad fetichista masculina.

Lo femenino es un enigma, que suele ir sostenido de una a otra, y plantea desafíos, que le permiten tomar la posición de testigo ante los hombres que miran, que ella no es un puro objeto sexual. Ángel asexuado que aborda el vuelo del enigma femenino, en los cálidos colores de los pliegues ensamblados, de la belleza de los trazos de una Madonna, donde fracasa la metáfora y la dama ocupa el lugar que antes tenía el niño.
Solo una mujer puede para la homosexual, desde su narcisismo, definir que es una Mujer, aquella que sabría y podría amar a otra mujer por su falta, pero se da a leer este amor en escena por la vía del acting como mensaje desafiante al padre, o en términos de amor cortés, o como el amor que educa cuando se da lo que no se tiene, a un ser que sabe muy bien que no lo tiene y que no lo es, el fracaso de esta escenificación concluye en el pasaje al acto, donde la homosexual puede caer como puro resto.

A través de esa otra, es preciso que ese ser anatómicamente hembra, privado por las vías de satisfacción peniana, comprenda qué quiere una mujer, y esté persuadida, de la necesidad de amarlas, su interés es por el sexo Otro, pero pierde una tajada del goce de la vida.
Dice Lacan en “O Pire”: “La homosexual… a escribir en femenino sostiene el discurso sexual… ellas no arriesgan tomar el falo por un significante, entonces no es más que al romper el significante en su letra que se llega al final en último término. Es enojoso, no obstante que esto ampute para ella, la homosexual, el discurso psicoanalítico. Pues este discurso las pone a las muy queridas, en una ceguera total sobre lo que hay aquí de goce femenino… la homosexual no está del todo ausente de lo que queda de goce, esto le facilita el discurso del amor, pero es claro que eso la excluye del discurso psicoanalítico que no puede apenas sino balbucear”
El carácter provocativo al padre, interroga el tiempo edipiano, su deseo no se alcanza con La Mujer, sino con un cuerpo fantasmático, que los hombres para ella no desean, ya que ellos se conmueven ante imágenes congeladas, de un tinte que parece que para la homosexual, solo son recortes pornográficos.

La cuestión de una pareja homosexual, no responde las cuestiones del ser, la pregunta por la femineidad no introduce una división subjetiva, ya que no aporta pacificación, una cuestión de fe sobre la sustancia de la esencia femenina la conduce por el desfiladero de una particular procuración ¿cómo amar a un hombre si solo una mujer sabe de la falta de una mujer, y asimismo la pregunta se redobla en relación a otra?
Puramente mujer, virgen del atravesamiento fálico, confía en que La Mujer existe, su pasión discurre en una metonimia, donde todas pueden ser amadas si ofrecen como la Madre Naturaleza los goces más intensos. Con el escudo de un fantasma donde los hombres se potencian en una voz imperativa o descascaran su pene a pura impotencia, la carencia del padre real hace aún más imperiosa la llamada al padre, que en adelante la sujeto lo convocará en términos de Acting-Out o de salida a un mundo puro, o como impostura fetiche, en este caso parafraseando, con su dibujo imaginario, al hombre que logra la apoteosis de la sustitución Ideal de la potencia paterna.

El inconsciente asume una dicotomía que se orienta a una diferencia marcada con la biología. Sin embargo transitado el tiempo, en situaciones límites donde la enfermedad hace cuña en el narcisismo del cuerpo de una mujer, ¿lo real que excede al significante fálico puede operar sobre el balbuceo de la homosexualidad femenina?
Acompañado por el deseo del analista que se apoya sobre una diferencia absoluta, ¿la femineidad injuriada por la enfermedad puede colaborar en la transferencia, a un viraje que aloje al Otro sexo, como alternativa de duelo y elección para el cambio de los goces de una mujer?

Viñeta clínica
Laura mantiene por varios años una relación lésbica con una mujer cuyo borde más valioso era una hija que transitaba la pubertad. En este triángulo se establece una fuerte pulseada entre la paciente y la jovencita. La rivalidad por los amores de La Madre de la casa va deteriorando la relación e incrementando las escenas de alta tensión agresiva.
Finalmente la relación con esta dama se rompe, por su posición de hija de demandas inagotables, sumándose con sus celos, a la fratria pasional organizada con la niña de la casa. Una nueva relación pero esta vez con un hombre, recupera la escena del terceto. Es un hombre de mucha potencia política, al cual se le adjunta una preciada incógnita. Una esposa que avala la infidelidad de su marido, y se suma a ella con una gran compresión y ternura para Laura. Viajan los tres juntos por todo el mundo, mientras se alojan en piezas separadas por un frágil muro.

La paciente se preguntaba cómo era posible que un hombre tan entero pueda decir que ama a las dos mujeres por igual y que no hay en la vida de él, una sin otra.
La analizante al poco tiempo de comenzado su análisis presenta un cáncer de mama que le implica un tratamiento doloroso, no solo por la injuria a lo real del cuerpo sino por la extirpación de su mama, de la cual queda como mudo testigo, una cicatriz. El horror ante el espejo sitúa un cuerpo por 40 años despojado de toda marca, sin acceso a la maternidad y reducido por fundamentalistas ayurbistas que la presentan a la mirada de las otras, como un palito muy elegante y atractivo.
En ese tiempo de la cura atravesada por drogas de quimioterapia le propongo para paliar su angustia nocturna “que sueñe”.
Sueña: “Estoy con una gata de la infancia que había tenido hijos. Mi mamá le clava agujas de tejer en la panza”.
Le pregunta Laura: ¿por qué tenés que hacerlo?

Responde la madre, “vos no sabes porque no tuviste hijos”.
Continúa:”En la segunda escena me veo como un faquir donde me clavo agujas en la cara, luego me trago una víbora viva y empiezo a escupir gusanos a los cuales levanto con un pañuelo. Pienso en el sueño que es un ritual con instrucciones dadas por mi analista.” (Me pregunto si su transferencia es una víbora viva).
Asocia: “la víbora vital, vívida. Produce atracción y repulsión. Tengo terror que me pique, mamá las nombra ciega. En el sueño la toco, me fascina su humedad pero también su frialdad. No puedo dejar de pensar en la fuerte mutilación, el faquir se abstiene del dolor ante el desgarro de la carne. También me consuelo pensando que en un parto, el desgarro permite abrirse hacia lo nuevo. Lo tuyo (las instrucciones) lo asocio con un proceso creativo que me permite transitar mi cáncer”.
Leo la letra de su sueño: Gu-sana. Con angustia me dice que estos gusanos que no paran de salir, es lo imparable de la cadena de su vida. “Por primera vez no puedo controlar lo que pasa con mi cuerpo. Lo incontrolable me da mucho miedo. En el embarazo no tenés control. Para mí nunca fue querido.”
Asocia: “la panza de la madre-gata era un rito donde ella quedaba excluida de la madre, de su comprensión, ya que con su hermana formaba un estrago que la dejaba sin leche materna”.
El no ser madre, como lugar de diferencia de la gata madre, la conduce a pensar en sus productos hijos-científicos que rozan la genialidad. (Interpretación de otro tiempo del análisis). Asocia La sanidad como un ideal de obediencia de lo que tiene que hacer para completar un proceso de sanación. (Al comienzo de su cáncer tenia amplias resistencias al tratamiento médico).

También ve a su analista con una máscara atravesada por agujas de tejer, que la remiten a su propio acto de desgarrar su carne, y tener como resultado la marca de la cura. El sujeto produce por la vía del cuerpo de su analista el ombligo del sueño, desgarro de la carne que provoca agujeros, que dejan marcas asociadas a poder aceptar la falta en el cuerpo. Balbucea el discurso psicoanalítico y dice que sería mágico poder sacar las agujas y que no quede huella, pero no. Los agujeros de su cuerpo femenino, habían sido taponados por largo tiempo por su falta de bebés.
La máscara de su analista agujereada, la lleva a asociar una aspiración de alcanzar un pasaje de un lugar a otro, transitar por los jardines de La Alhambra a través del corte del acto analítico, puede llevarla a una tierra aún desconocida.
Interrogar su femineidad por la vía de su cicatriz, acaricia con palabras, la piel sedienta de ternura materna, un cuerpo desierto de marcas finalmente se construye paso a paso por las agujas tejedoras de la transferencia, y recupera el preciosismo de la falta que habita en la lengua materna.
 
 
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