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   Entrevista

Alfonso Luis Masotti
  Por Emilia Cueto
   
 
Habiendo obtenido el título de Lic. en Psicología en 1979, realizó en la década del noventa su doctorado. Su tesis doctoral lleva por título: “Bases para una investigación bio-psíquica de la producción de sujeto de deseo” ¿Qué lo llevó a elegir este campo de investigación?

El campo de investigación elegido surgió de los propios interrogantes que Freud se propuso responder con su insistencia en intentar explicar cómo los procesos psíquicos afectaban al sustrato somático. Pero esta inquietud debe pensarse como un proceso más amplio que incorpora mi trayectoria y mi vínculo con la teoría. Mientras completaba mi licenciatura, que había comenzado en la U.B.A. en el año ’73 y finalizado luego en la Universidad Kennedy, inicié un grupo de estudio de psicoanálisis con el Dr. Gerardo Ruiz Moreno, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, quien con un carácter estrictamente didáctico me aproximó a la comprensión de los principios y de las premisas que dieron sustento a los desarrollos psicoanalíticos, abordando dos trabajos fundamentales en el devenir teórico freudiano: el “Proyecto de una psicología científica” y el “Tratado sobre los sueños”. Es probable que la revisión encarada de estos trabajos con el Dr. Ruiz Moreno a lo largo de tres años de estudio, haya influido como un fuerte sostén en lo que posteriormente conformará el núcleo duro de la tesis. Tampoco quisiera olvidarme de lo aprendido con mi asesor de tesis, el filósofo y epistemólogo Lic. Roberto Yáñez Cortés, cuya contribución a ésta estimo invalorable, y cuya cuantía se puede observar en la infinidad de comunicaciones personales que mi asesor agregase al escrito. Trazar una justificación de los motivos de mi elección de tesis, aunque siempre es una tarea difícil, podría relacionarse con estos antecedentes. Sí, no hay duda que las enseñanzas adquiridas predisponen en el momento de argüir los fundamentos de la defensa, pero la respuesta acerca de la elección de un campo u otro del conocimiento en la construcción de una tesis, se formula invariablemente como un entramado en el que lo personal la precipita. Recuerdo con claridad que cuando era estudiante de la licenciatura, me parecía que la única escuela psicológica que satisfacía mis expectativas era el psicoanálisis, pero también recuerdo que no me agradaban las explicaciones que me daban cuando participaba de los trabajos prácticos. Esta insatisfacción hizo que con los años formulase mi tesis. En una oportunidad asistí a un congreso donde conocí a Yáñez Cortés, a quien le comenté mi inquietud, café por medio, invitándome a presentarle un escrito. Más tarde compartí con él una fructífera labor que me permitió formular la tesis con rigor. Reconozco en Yáñez Cortés no sólo a un libre pensador, cuya calidad teórica se puede justipreciar holgadamente en su Teoría de las Creencias (Esbozo de una lógica de la paradoja), sino a alguien capaz de comprometerse con el crecimiento del otro.

En Trauma psíquico y síntoma plantea que “el término freudiano de represión no satisface las exigencias del conocimiento actual”, ¿Se podría decir que los nuevos descubrimientos han aportado conocimientos para objetar los desarrollos de Freud?


Los nuevos desarrollos en neuroendocrinología de la función mnemónica no solo no refutan la teoría freudiana respecto del concepto de represión o disociación, sino que por el contrario confirman las especulaciones de Freud; pero sí ponen en evidencia las limitaciones de laboratorio que la época le impuso a sus explicaciones. Por ejemplo, al intentar develar el tipo de vinculación somato-psíquica existente entre las conversiones histéricas y el trauma psíquico, sindicado como su antecedente, intentó revertir los prejuicios y resistencias imperantes en la ideología de su época, que rechazaba que fuesen los procesos psíquicos los que producían las alteraciones somáticas; sin embargo admitió que todos sus intentos por deducir de estos hechos una localización de los procesos psíquicos, o de cómo las ideas se almacenaban en las células nerviosas y de cómo las excitaciones recorrían el curso de las fibras nerviosas, hubieron de fracasar. En Reminiscencias, ¿Un mecanismo restaurador o desestabilizador?, he defendido la relevancia del mecanismo del evocar (avocar) y del disociar, como un mecanismo restaurador o desestabilizador de procesos tanto psíquicos como somáticos, fundamentando esta proposición en infinidad de desarrollos investigativos en el área de la neuroendocrinología de la función mnemónica.

Dentro de las formulaciones que volcara Freud en “El Proyecto...”, ¿cuáles son aquellas que se han podido corroborar a partir de los desarrollos ulteriores de la neurobiología y cuáles son las que por esta misma vía han quedado totalmente refutadas?

Félix Guattari, un psicoanalista de quien me relevo de tener que hacer alguna presentación, se ha ocupado brillantemente de señalarlo. De todas maneras, quisiera recalcar el mérito anticipatorio de Freud, que sin resolver la controversia Golgi-Ramón y Cajal existente en su época –que proponía la disyuntiva entre continuidad o contigüidad entre las neuronas–, pudo discernir un concepto de neurotransmisión aproximado a la noción moderna de sinapsis, y que definió como Barrera de contacto y Grado de facilitación. La neurofisiología actual ha rescatado el término “facilitación” para describir un específico proceso de neurotransmisión, mediado por receptores vinculados a los canales de calcio, quizá reconociéndole ese esfuerzo. Aunque Freud fue plenamente conciente de las dificultades de laboratorio que le impuso su época, no obstante no desistió en su intención de elaborar un modelo de Aparato Psíquico en términos neurofisiológicos, sino hasta unos años más tarde, cuando en oportunidad de la publicación del “Tratado sobre los sueños” confesase que su esbozo del Aparato Psíquico no estaría completo si no incluía una explicación neurofisiológica del concepto de represión, que por cierto no la incluía, anticipando la vacilación en su texto.

A partir de sus estudios sobre el modelo somato-psíquico, ¿Cuál es el aporte innovador que introduce su perspectiva respecto de la forma en que se suele pensar este modelo?
Aunque no soy el autor de ese paradigma de integración cerebro-mente, sí me considero serlo de la descripción de los nexos o interfases entre un “sistema” biológico y otro psicológico, tema que he desarrollado en la tesis, y reiterado a lo largo de las sucesivas publicaciones profundizando diversos aspectos de la misma. Sin embargo no considero que mi propuesta se constituya como una perspectiva renovadora, aunque sí como un esfuerzo en defensa de la integración teórica de dos campos que no son antagónicos, y que no obstante han sido confrontados desde un voluntarismo individual y avieso, pero no lo son desde la perspectiva del conocimiento. Y en cuanto a cómo influye este enfoque integrativo de estos constructos implicados (cerebro-mente), e inclusive de esta histórica dicotomía escolástica, los resultados hoy a la vista obligan a una revisión de la formación profesional que incluya la instrucción de estos aspectos, que no sólo no modifican sustancialmente la práctica, sino que por el contrario aportan sustento de cómo opera la intervención, me refiero al dispositivo psicoanalítico entendido como interpelación, sobre el soma.

La multiplicación geométrica con proliferación de cuadros que propicia el DSM, saca de la órbita de las neurosis a los llamados TOC (trastorno obsesivo compulsivo) dando pie a intervenciones medicamentosas e incluso quirúrgicas, ¿Es situable el efecto del psicoanálisis en relación a la química de los procesos que usted estudia?

En principio querría aclarar que el nomenclador DSM-IV sustituyó el concepto de Neurosis por el genérico de Trastorno de Ansiedad, sustitución que acuerdo, porque considero a la Neurosis una aflicción psíquica, y no una afección médica. Además, eliminó el concepto de Histeria y sustituyó el de Neurosis Obsesiva por el de Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), el que no resulta equivalente del anterior, generando una confusión aún hoy no debatida. Esta serie de sustituciones, eliminaciones, o recambios tienen en realidad, un preciso objetivo: acreditar académicamente la prescripción farmacológica de la ansiedad en los casos en que se la considere patológica, contradiciendo los preceptos psicoanalíticos que la definen como una modalidad de respuesta, y generando una discusión escolástica a la que aún no se le ha otorgado debate. La ansiedad no debiera ser medicable, y menos aún cuando el mecanismo de acción o principio activo de los fármacos utilizados, denominados ansiolíticos, interfieren la neurotransmisión al incrementar la neurotransmisión inhibitoria, poniendo en evidencia su inespecificidad al confundir deliberadamente neurotransmisión con ansiedad, a pesar de que en los hechos de la clínica, efectivamente la logre sosegar, a costa de morigerar la actividad psíquica general, induciendo al paciente a una situación de pasividad contemplativa y evidenciando su claro principio disciplinario. Debemos tener en cuenta que la especificidad de un fármaco es lo que permite reconocer a una droga como un medicamento. Hace más de cincuenta años que se viene operando en los servicios de salud con tratamientos duales. La experiencia acumulada puede dar cuenta de la efectividad de estos enfoques, pero este tema excede la pregunta.

Científicos de Brooklyn sostienen que si logran inhibir la enzima PKMzeta, los malos recuerdos desparecerían de la memoria. Estas pruebas se están practicando en ratones, pero refieren que se podrían trasladar al ser humano y “superar adicciones, borrar traumas” Conforme a sus estudios: ¿es posible eliminar el trauma a través del control de una enzima?

Se han afirmado demasiadas cosas y por ahora probadas muy pocas. Se ha confirmado que existen mecanismos neuroendocrinos que aseguran la persistencia de las memorias traumáticas por encima de otras. Es cierto también que existen drogas que producen una amnesia tiempo-dependiente de la droga. Pero lo cierto es que todavía no se dispone de los conocimientos suficientes que permitan manipular la memoria a criterio del consumidor. De confirmarse, estos procedimientos deben señalarse sin ambages, como un hecho políticamente inapropiado y reprobable.

____________
Alfonso L. Masotti, psicoanalista, doctor en Psicología y posgrado en Psicoinmunología, tiene una larga trayectoria como investigador independiente. Además es autor de una teoría de la evocación mnemónica que vincula actividad cognitivo-afectiva con estrés y desregulación autónoma. Sus más recientes obras son Trauma psíquico y síntoma. Las falacias del neo-organicismo y Reminiscencias, ¿Un mecanismo restaurador o desestabilizador?, ambos editados por Letra Viva. La versión completa de esta entrevista se encuentra disponble en www.elsigma.com.
Próximamente se publicarán tres artículos del autor acerca de las temáticas aquí tratadas en el apartado “Contenidos exclusivos” de nuestra versión on line: www.imagoagenda.com.
 
 
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