¡Doscientos años! Emociona ver tanta emoción: gente saltando abrazada, felicitándose entre sí. Oportunidad de una celebración.
Primero, y sobre todo, un elogio de la contingencia. Los notables versos de Mallarmé: “Porque la carne estaba apenas cocida / Porque el diario describía una violación / Porque sobre su garganta innoble y mal formada / La sirvienta olvida abotonarse el cuello / Porque desde una cama grande como una sacristía / Ve en el reloj una antigua pareja enloquecida / Porque no tiene sueño y sin modestia / Su pierna roza al vuelo una pierna entre las sábanas / Un ingenuo pone bajo sí a su mujer seca y fría / Contra su gorro blanco frota sus mechas / Y trabaja resoplando inexorablemente / Porque una noche sin rabia y sin tormenta / Esos dos seres dormidos se acoplaron / ¡Oh Shakespeare, y tú Dante! puede nacer un poeta”. Un acto de nacimiento es siempre una constelación de azares. Para nuestra patria no fue un escote, un dibujo, una pierna. Fue Napoleón en España. Destituido el Rey, destituido el Virrey. Oh Shakespeare, oh Dante, un accidente prodigioso.
Y, enseguida, el bautismo. Un acto de nominación: Provincias Unidas del Río de La Plata y, después, ¡Argentina! El nombre vehiculiza el deseo del Otro. Indisimulado, manifiesto, obsceno. Una voluntad de conquista, con su secuela de sufrimiento y destrucción. Objetos de codicia, la historia nos hermana con América toda. Las venas de América Latina siguen abiertas: los metales extraídos por sus esclavizados habitantes, permiten la acumulación de capital que da lugar a la construcción del capitalismo mundial. Hasta 1810, nuestro territorio comercializa esencialmente la plata de las minas de Potosí. Un malentendido que se prolonga en el tiempo... ¡Llamar La Plata a la capital de la Provincia! ¡Mar del Plata a su principal balneario! ¿La plata dónde está? Luego serán los cueros, los frigoríficos, el granero del mundo, la soja.
A doscientos años, podemos, sin embargo, festejar. Dos acontecimientos recientes demuestran adquirir el estatuto de actos. El 12 de mayo, la Cámara de Diputados aprueba por unanimidad un proyecto del CELS que declara política de Estado a los juicios por crímenes de lesa humanidad: “No se trata sólo de juzgar hechos atroces de nuestro pasado reciente, sino de establecer un acuerdo para nuestra convivencia futura sobre la base del respeto de los derechos básicos de las personas, por encima de las banderías partidarias”. El 20 de mayo, luego de ocho días de marcha, los pueblos originarios llegan a Plaza de Mayo: «la tierra, robada, será recuperada». Nunca los indígenas habían llegado tan masivamente hasta el centro del poder político de Argentina. El mismo reclamo de los últimos dos siglos: tierra, rechazo a las empresas mineras, forestales, sojeras que los desalojan, respeto a su cultura ancestral, enseñanza de sus lenguas, justicia frente a los atropellos del pasado y del presente...
Un pueblo que elige su memoria elige también qué, cómo y cuándo olvidar. Un pueblo que elige sus antepasados, elige su genealogía, siempre simbólica, esta vez en base al derecho que establece el suelo y no la sangre. Un pueblo que elige un proyecto común con sus vecinos, elige su futuro.
En el bicentenario podemos ciertamente celebrar que los argentinos elijan; elijan su memoria, su genealogía, su proyecto, elijan su historia, su futuro, elijan la patria grande como nación. |