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   Lo Real como límite en psicoanálisis

Lo Real ¿imposible?
  Por Ana María  Gómez
   
Límite de lo Real, límites de la analizabilidad, límites del análisis; en fin, límites. Y un límite supone siempre, en todos los casos, la posibilidad de un pasaje del mismo.
¿Cuál es el límite que no puede trasponerse en tanto, desde Freud, no se puede suponer la totalidad de un análisis terminado? Ese límite es, precisamente, un Real. Un Real que se ha dicho “imposible de simbolizar”. ¿En qué medida lo Real se simboliza o es imposible hacerlo?

Como para tantas cuestiones humanas, y por ello psicoanalíticas, no rige en este campo ninguna otra lógica que no sea la del no-todo. Entonces, primera proposición: lo Real es aquello imposible de simbolizar en su totalidad lo cual no quiere decir que lo Simbólico no avance sobre lo Real haciendo correr sus límites.
“El símbolo surge en lo real a partir de una apuesta. La noción misma de causa, en lo que puede implicar de mediación entre la cadena de los símbolos y lo real, se establece a partir de una apuesta primitiva: esto, ¿va a ser lo que es, o no?”, dice Lacan en su Seminario 2 (26/5/1955).

Primera pregunta que puede hacer un practicante del Psicoanálisis con relación a esa pregunta que señala, “... ésto ¿va a ser lo que es o no?” Segunda pregunta: si va a ser lo que es, ¿qué es?
Produzcamos eventuales respuestas: ésto, ¿va a ser o no un posible análisis? Y si lo es, ¿qué quiere decir que lo sea y cómo se dirigirá la cura para que así ocurra? Anticipamos que sí, que cuando es un psicoanálisis, lo que quiere decir que lo sea es, en los términos que hoy nos ocupan, que se produzcan avances de lo Simbólico sobre lo Real.

¿Y cómo se dirigirá la cura para que así lo sea? Esta pregunta es tautológica porque en tanto haya la posibilidad de un análisis ésto ya hace a que la cura se dirija en tanto tal, o sea en tanto los instantes de la mirada, los tiempos para comprender y los momentos de concluir. Y los momentos de concluir tienen que ver con la producción significante y esa producción –que es la del saber inconsciente, o sea aquello que en el álgebra lacaniana designamos con el S2– es la apuesta del símbolo sobre lo Real. Este correrá sus límites, y parafraseando a Cantor –autor que ocupó a Lacan hondamente– se generará un conjunto transfinito.

Citemos la obra de Joseph Dauben* con relación a producir una mera y escueta noticia de aquello de que se trata con la generación de conjuntos transfinitos, y esto es relevante en tanto al concepto de lo Real imposible, se añade entonces, la idea de finitud/infinitud.

Dice Dauben que la piedra angular de la teoría de Cantor pone, nuevamente en tela de juicio la idea de infinito. “Las famosas paradojas de Zenón de Elea, –motivo de investigación también de Lacan– quien explicó con inquietante lucidez que el movimiento es imposible, porque exige que el móvil pase por una infinidad de puntos en un tiempo finito, suscitaron ya el problema en la antigüedad.” Esto torna más fácilmente entendible la paradoja de Aquiles y la tortuga.
“... la idea de infinito ha estado siempre, a través de la historia, cargada de tintes y matices teológicos, que han pesado en la aceptación o en el rechazo de este concepto y de las doctrinas matemáticas o filosóficas con él asociadas. Todas estas corrientes de pensamiento convergen en la vida y obra del matemático Georg Cantor”. “Al desarrollar –Cantor– la que él mismo bautizó ‘aritmética de los números transfinitos’, dotó de contenido matemático al concepto de infinito actual.”
“El más notable logro de Cantor consistió en demostrar, con rigor matemático, que la de infinito no era una noción indiferenciada. No todos los conjuntos infinitos son de igual tamaño; por consiguiente, es posible establecer comparaciones entre ellos. El conjunto de todos los puntos de una recta, por ejemplo, y el conjunto de todos los números fraccionarios son, ambos, conjuntos infinitos. Demostró que, en un sentido bien definido, el primero de tales conjuntos es de tamaño mayor que el del segundo”.
Debemos decir que mientras lo finito es lo acabado, finalizado, lo que tiene fin, término, límite, por lo contrario es infinito lo que no tiene ni puede tener fin ni término y es muy numeroso o enorme. (Diccionario de la Real Academia).

¿Cuál sería la mensurable finitud de la posible producción de nuevos significantes? Si bien en algún momento Lacan expresa que “la batería de significantes está completa”, esa completitud, ¿supone un límite a la producción, teniendo en cuenta, además que esa producción que, como decíamos, responde a un saber inconsciente, es absolutamente del universo psíquico de cada quien y se realiza en transferencia?
Si como Jacques Lacan dice en su seminario 11, “La transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente”, esa puesta en acto no puede tener límites presupuestos. Entonces, hay un límite para el Psicoanálisis que es un infranqueable: aquello que nunca será alcanzado porque de serlo sería el fin del deseo y “fin” no como meta sino como extinción.
Se nos dirá entonces que es bueno que algo nunca se alcance para que el humano siga deseando porque el deseo es aquello que lo sostiene. De todos modos estamos formulando una aporía, una utopía o una entelequia porque los deseos nunca son alcanzados por la satisfacción sino que son convocados a su realización y si no fuera el deseo, la pulsión nunca será satisfecha en tanto asintótica a sus objetos. Por lo tanto, ese infinito nunca será cerrado, ni abarcado, ni completado.

Pero enfrentamos otro problema que no es del deseo sino del goce.
Recordamos una frase de Francois Perrier en Un viaje extraordinario por Translacania: “La libido quema” y aquí debemos hacer una relación necesaria entre libido –energía– y goce –extremo consumidor de energía–.
Hay fragmentos de goce que constituyen un Real y como tal imposibles de ser alcanzados por lo Simbólico en su totalidad. Esta parecería ser una cuestión fatalista: se desprende que debemos coexistir con esos fragmentos de goce profundamente perturbadores. Pero el goce tiene diversos y distintos propósitos y destinos. Hay un goce, que a expensas de un exceso libidinal, sí quema. Y lo más complejo es que quema los cuerpos. Es el goce Real que se escabulle de los límites, que no soporta al símbolo que intenta alcanzarlo. Y es ese goce el que afecta cuerpos. Pero es tarea de un análisis, al menos, intentar alcanzarlo. Si lo Real, por definición, siempre corre sus límites, ¿por qué no habría de hacerlo con relación al goce? Y así el goce se tornará un goce fálico, un goce significante.

Pero hay aquí un enemigo de la labor: la repetición a expensas de la pulsión de muerte. Y aquí viene a decirse que lo Real es aquello que siempre vuelve al mismo lugar y que no cesa de no inscribirse. Será entonces tarea el que cese o el que se inscriba. ¿O no es tarea del análisis –y este es un puntal del descubrimiento freudiano– ir desde la repetición, por la elaboración hacia el recuerdo?
Ahora bien, esta labor, en gran medida, se torna poco posible pero nunca imposible en su totalidad. Porque si lo Real es imposible, como se dijo, de alcanzar en su totalidad, eso indica que el significante sí puede hacerlo correr en sus límites. Y en el corrimiento de esos límites está el avance de lo simbólico y no solo sobre lo Real sino también dando cuenta de lo Imaginario.

Todo lo que venimos diciendo podría ilustrarse con total claridad si hacemos lugar al esquema lambda:


La función imaginaria del yo y el discurso del inconsciente


El esquema lambda demuestra que hay un necesario tránsito a través del imaginario, ese eje especular que va y retorna desde el yo al semejante, que será atravesado por la producción del Gran Otro para alcanzar al Ello (Es) y por ende producir Sujeto. No otra cosa demuestra Lacan en el discurso amo, discurso del significante, donde por emergencia del S1 convocante del S2, se producirá un Sujeto del Inconsciente con algo que irá a una pérdida marcada por la entropía: el objeto a, resto de goce.

Nuestra labor, nuestra tarea en la práctica del significante, en la clínica, ¿es finita o infinita? Si es finita, ¿cuál es su límite? Si no lo es, ¿cómo concebirla? Un análisis, ¿es entonces, infinito o interminable como lo hubiese llamado Freud?
Hagamos una profunda diferencia: es algo muy distinto, profundamente diferente, interrumpir, tronchar, un análisis, que alcanzar el fin de un análisis. La interrupción es siempre una cuestión de la resistencia y esa resistencia, en términos amplios, es siempre del imaginario y cuestión de la transferencia. Habida cuenta que hay algo que se llama Reacción Terapéutica Negativa esta es cuestión de lo Real si así registramos a la Roca de la Castración. De todos modos allí algo habrá de dar razón de su fracaso.

Freud da perfecta cuenta de eso que hoy, con Lacan, llamamos lo Real cuando se refiere al ombligo del sueño: un punto de inalizabilidad. Allí topamos con una barrera infranqueable a toda posible labor del significante. Allí la “máquina” se detiene. No habrá más sentido posible. Es entonces territorio de lo imposible, ergo, de un Real.
Pero habrá otros modos de lo Real, por ejemplo, el síntoma.
El síntoma: un reducto de goce que consume libido, que acapara libido, que sustrae libido y que es un receptáculo de goce. Síntoma que como lo expresa Nasio en su libro Los gritos del cuerpo, muchas veces clama por ser simbolizado. E implota en los cuerpos, y sustrae al ser que, como cita Freud, hace que hasta el poeta, con dolor de muelas, tenga toda su libido en el hueco del molar.

Síntoma que, en tanto, tal y como lo dijese Lacan coexiste con Imaginario y Simbólico haciendo nudo, ergo, el síntoma en su aspecto de Real.
Sería entonces lo inabordable del síntoma. Sí, en tanto su destino es el desplazamiento o, en tanto no suficiente decurso de palabras, en enquistamiento. Y cuando el síntoma se enquista en los cuerpos es cuestión de significantes anudados que mortifican.

Un análisis, ¿puede vérselas con lo Real del síntoma en los cuerpos?
Vienen a nuestra memoria seres afectados por la infección del virus de HIV. Algunos solicitaron análisis por saber y conocer que ya estaban infectados. En alguna otra situación –rara y escasa pero existente– esa infección se produjo en el transcurso de una situación de transferencia. Pero algo había quedado por fuera de lo dicho o, ¿por qué no?, de lo escuchado.
El goce resiste, lo Real insiste en su destino de “no cesar de no inscribirse”, y allí labor del psicoanalista: hacer posible un fragmento de “imposible”.

Partir desde la humildad que supone la docta ignorancia para ir haciendo camino de significantes y así avanzar sobre los Reales que se van planteando de distintos modos y formas a través de un discurso en análisis, ello es lo que nos dirige teniendo en cuenta, como lo expresó Heráclito hace ya tantos siglos que: “Los límites del alma no los hallarás andando, cualquiera sea el camino que recorras; tan profundo es su fundamento” y que... “El Señor, cuyo oráculo está en Delfos, no dice ni oculta, sino indica por medio de signos”.
La apuesta siempre está disponible, como lo están los significantes; solo espera que la escucha se practique para develarse y tomar valor de verdad.
No es menester ocuparse tanto de límites e infinitudes, basta con hacer posible lo posible o como quiso Lacan, simbolizar lo simbolizable.
______________
* Joseph Dauben, Georg Cantor, His mathematics and Philosophy on the infinite, Harvard University Press, Cambridge, 1979.
 
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