Cuenta Anna Koellreuter, psicoanalista de origen suizo, que “como los otros miembros de mi familia, yo sabía que mi abuela había hecho un análisis con Freud, aunque las informaciones que ella nos había dado acerca del asunto fueron extremadamente escasas”1. Esa abuela era Anna Guggenbühl (1896-1982), psiquiatra formada con Eugene Bleuler en el Burghölzli donde se desempeñó muchos años –aunque también, parte de su carrera profesional transcurrió en un hospital en las afueras de París–.
En 1988, mientras vaciaban la mansión donde había vivido “la abuela”, apareció el original de la carta que Freud le había dirigido informándole sus condiciones para recibirla en análisis –fechada el 23 de marzo de 1921–. Tales condiciones le imponían a la candidata permanecer en Viena durante cuatro meses para encontrarse con Freud seis veces por semana, con un costo de cuarenta francos (suizos) la hora. A su vez, la carta proponía que si las condiciones eran aceptadas, podían comenzar a trabajar el 1º de abril de 1921.
Sin embargo, poco tiempo después, el hallazgo de la carta fue seguido por otro no menos importante: dos pequeños cuadernos que recogían el diario de análisis de Anna G., los que inmediatamente luego de ser hallados, fueron remitidos a su nieta psicoanalista. Cuenta ella misma que los leyó “de un tirón”, pero que apenas terminados se le presentaron una serie de interrogantes que la dejaron dividida entre su posición en la historia de la familia –al fin y al cabo, la paciente en cuestión era su abuela más cercana y querida–, y su interés por el psicoanálisis –puesto que lo que tenía en mano era sin duda un documento que echaba luz sobre los modos de proceder de Freud–. La duda y la cautela obligaron a que “la nieta” guardara los cuadernos durante casi veinte años, hasta que un día hiciera pública su existencia en una intervención realizada en Frankfurt el 14 de diciembre de 2007, ante el Instituto Psicoanalítico de Frankfurt y la Sociedad Alemana de Psicoanálisis2.
Más tarde, Anna Koellreuter comenzó a pensar en publicarlos con un formato especial: envió el texto del diario a diversos especialistas en la historia del psicoanálisis invitándolos a escribir un artículo al respecto, en el que pudieran reflexionar libremente acerca de su contenido. Dichos textos, acompañan en el libro la publicación del diario, y cada uno aborda una cuestión particular, según la perspectiva elegida por cada uno de los autores. En la edición francesa, las contribuciones que han sido incluidas son las firmadas por Karl Fallend, Thomas Aichorn, John Forrester, Pierre Passett, Erns Faldezer, Juliet Mitchell, André Haynal, Ulrike May y August Ruhs (la edición alemana, incluye siete contribuciones más, no publicadas en la edición francesa3). Además, el editor francés ha decidido modificar el título del libro, ya que en alemán el título es una pregunta extraída de una carta dirigida a Anna G. por su padre: “¿Cómo se comporta exactamente ese Profesor Freud?”. Finalmente, la edición francesa reemplaza el apellido de la paciente por su inicial, mientras que en la alemana el apellido aparece en forma completa y explícita.
Los dos cuadernos que constituyen el diario, son realmente fragmentarios. Las notas no recogen una descripción exhaustiva de las sesiones, sino más bien aquellos intercambios significativos para la paciente –por lo general surgidos de las interpretaciones de sus sueños y de la relación transferencial con Freud–. De las ochenta y ocho sesiones que Anna G. mantuvo con Freud, el diario solo recoge unas pocas, pero en casi todas ellas presenta una reconstrucción amplia de las intervenciones de Freud.
Anna G. mantenía un noviazgo hacía siete años y se encontraba comprometida para casarse, pero sus dudas acerca de tal decisión la condujeron al diván de Freud. Durante los cuatro meses de su análisis, recibió numerosas cartas de su familia y su prometido, pero no contestó ninguna a pesar de la insistencia que las mismas presentaban al respecto. Finalmente, rompió su compromiso y, al poco tiempo, se casó con otro candidato –un escultor– con quien compartió su vida hasta su muerte en 1982.
Considero que el libro es un documento apasionante y prefiero no entrar en los detalles acerca de su específico contenido teórico-clínico, con el afán de entusiasmar a los lectores con un posible acercamiento a la obra (no creo que su traducción al español demore demasiado tiempo). No obstante, antes de concluir, me gustaría transcribir una indicación de Freud, fechada el 15 de abril de 1921, en los inicios del análisis de Anna G: “La última vez vimos que usted se inquieta, que desearía amar a alguien. Hay dos vías posibles en el análisis: algunas personas deben actuarlo todo; otras, en las que hay suficiente material psíquico, lo afrontan desde el psiquismo. Si es posible, abandone sus aventuras. Sufra, soporte la privación, de manera que todo aparezca mucho más claramente durante la sesión”4.
¿Habrá cumplido Anna G. con la sugerencia freudiana? Para responder, hay que leer este libro.
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1. Anna G. Mon analyse avec le professeur Freud, Aubier, Paris, 2010, p. 7. La cita corresponde a la “Introducción” al libro, firmada por Anna Koellreuter, editora responsable de la obra [la traducción es mía].
2. Dicha intervención –levemente modificada– está publicada en el libro a modo de contexto histórico del hallazgo del diario con el título “Paciente de Freud en 1921. Diario íntimo de una analizante”. Óp. cit. p. 19.
3. Dejo constancia que esta nota ha sido escrita luego de leer la edición francesa del libro. La edición alemana, incluye artículos de Paul Parin, Anne-Marie Sandler, Bernhard Küchenhoff, Lilli Gast, Rolf Vogt, Rolf Klüwer y Sebastian Krutzenbichler.
4. Óp. Cit. p. 50 [la traducción es mía]. |