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   Colaboraciones exclusivas

Repetición, goce y pulsión de muerte en la clínica
  Por Karina Didia
   
 
Intentaré avanzar en algunos conceptos para poder pensar cómo se estructura en el sujeto su relación al goce, teniendo en cuenta que es ésto lo que la experiencia psicoanalítica supone.
Lacan dice en Encore que estamos hechos de sustancia gozante: “…el gozar de un cuerpo, un cuerpo que simboliza al Otro, y que acaso consta de algo que permite establecer otra forma de sustancia, la sustancia gozante. ¿No es ésto lo que supone propiamente la experiencia psicoanalítica?: la sustancia del cuerpo, a condición de que se defina sólo por lo que se goza…”
El goce alude a los distintos objetos pulsionales. Como bien sabemos el superyo es el imperativo del goce, sólo se ofrece allí donde el sujeto se deja: “¡goza como objeto según mi mandato!”. Como el torrente irrefrenable, pulsión y goce se van a satisfacer siempre.

La pulsión enlazada al deseo implica pérdida de goce y recuperación del goce en la escala invertida de la ley del deseo. La pulsión desenlazada se corresponde con el apremio pulsional. A su vez, tanto la ley social como la ley simbólica vienen a regular el goce. Si no hay ley, hay goce mal enlazado, el superyo manda a gozar y el sujeto se pierde como sujeto del deseo. En esta perspectiva, pensamos que el neurótico “inventa” al Otro, ofreciéndose como objeto. El acto analítico apunta por lo tanto a liberarlo de allí, a producir el corte entre ese lugar de objeto de goce para el Otro, y el Otro como fantasmáticamente completo; ésto se escribe castración.
Ésto nos lleva a pensar la función del análisis como aquello que propicia al sujeto, a levantar los sintagmas coagulados del superyo que dirían: ¡Goza en el lugar de objeto y olvidate de gozar donde a vos te gusta!
El ideal del yo, en cambio, es todo lo contrario: marca los trazos que estimulan al sujeto a avanzar. Es justamente aquí donde se introduce la diferencia entre la gramática pulsional, recorrido de la pulsión, versus la lógica del fantasma. El fantasma es la respuesta que el sujeto encuentra a la demanda pulsional del Otro, en tanto el lugar donde habita el deseo es el fantasma. Es decir que en contraposición al “comeme, comeme”, poder constituir por primera vez un objeto propio de goce, es la condición del deseo.

Comparto con ustedes un recorte clínico de una paciente de 19 años que consulta inundada de angustia. Luego de haber “tragado” libros durante toda su vida y a merced del goce de su madre que tiene diagnóstico de psicosis, hace un intento de dejar de ser objeto del goce de ella. Apunta a convertirse en un sujeto con sus propios objetos de goce, comenzando una relación amorosa por primera vez con un muchacho. Ésto provoca el desborde de la madre, quien la despierta al modo de las peores torturas varias veces por noche, gritándole epítetos tales como: “puta”, “trola”, “te revolcaste”, etc. La paciente se culpa por lo que “le hizo a su mamá”.
Sabemos con Lacan, que en el campo del Otro está el sentido, la batería significante. En un primer tiempo, el sujeto al precipitarse, queda bajo el sentido del Otro. Ahí está en fading, eclipsado; tiempo de alienación necesario pero no suficiente para que se instituya un sujeto. Si se cumplen ciertas operaciones se produce la separación, tiempo en el cual advendrá el pas-de-sens que da lugar al sinsentido y por otro lado abre un paso de sentido para el sujeto, es decir, lo que da sentido a su existencia .El sujeto va a emerger de allí como S1.

La difícil apuesta es que la paciente pueda avanzar en el sentido del sujeto del deseo, del inconsciente. Del superyo que manda a gozar al ideal del yo que marca los trazos que estimulan al sujeto a avanzar. La angustia de M., es lo que inaugura una posibilidad de pensar la emergencia del significante unario, el trazo del sujeto; gracias a la letra, horadar la sutura. (Tantos años adaptada, tragando, bajo el sentido del Otro, pudo angustiarse y ésto permite horadar lo reprimido). La emergencia del S1 coloca al S2 en falta, deshace el sentido del Otro, lo descompleta.

En cambio, otra paciente consulta después de haber sido dejada por su novio. Dice: “es él o yo, no soy nada para él, no valgo nada, no quiero nada, no me interesa nada de lo que me propongan”. Después de muchos años, su discurso sigue siendo el mismo: el No. Esta viñeta, sólo para pensar algunas preguntas en relación a la repetición, el goce y la pulsión de muerte en la clínica.

Me gustaría detenerme en la diferencia entre repetición de lo mismo, donde el goce está desanudado –ese goce que se repite con la misma escena–, de la insistencia significante donde el goce enlazado al deseo, nos da la posibilidad de introducir la diferencia. Es en Más allá del principio del Placer que Freud aborda la relación entre repetición y lust (Freud no habla de goce). Descubre que hay algo que está más allá del placer, del equilibrio, y es la compulsión a la repetición que rompe el equilibrio, la pulsión desanudada, el apremio pulsional. Sabemos también que si no hubiera el apremio pulsional, estaríamos en la homeostasis que bordea con la muerte como en el caso recién expuesto. La homeostasis que mata el deseo. La pulsión empuja a salir de ese equilibrio. En el caso de esta paciente se presenta la repetición que implica una fijación, y no una repetición que implica una dialéctica.

La pulsión de muerte es la búsqueda de la tensión más baja, el 0, Principio de Nirvana, lo contrario de la pulsión de vida. El goce también es la búsqueda de resolver aquello que apremia. Como está en juego el goce, la búsqueda del 0 es lo que podemos llamar la eficacia silenciosa de la pulsión de muerte.

En la clínica la pulsión de muerte la encontramos operando bajo el modo del No. La pulsión de muerte desenganchada, sola, es silenciosa y se manifiesta como sustracción.
El goce mortífero, parasitario, está ligado a la repetición de lo mismo y no a la repetición como insistencia significante, que introduce la diferencia. La repetición de lo mismo toca con lo real, donde se torna casi imposible la producción de un significante nuevo, S1, que represente al sujeto y permita la rotación por los diferentes discursos.
La repetición cuando es insistencia significante, implica en cambio la producción de un significante nuevo, ese trazo unario que posibilita el curso del análisis.

Referencias
Lacan Jacques. El Seminario. Libro 20: aún. Paidós.
Lacan Jacques. El seminario. . Libro 17: el reverso del psicoanálisis. Paidós.
Lacan Jacques. Escritos II. Siglo XXI editores. 2005
Amigo Silvia. Clínica de los fracasos del fantasma. Homo Sapiens Ediciones. 1999.
Vegh Isidoro. Psicoanálisis: una lógica de los goces. Seminario E.F.B.A 2005.
 
 
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