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   Comentario de libros

Psicoanálisis: escritura de la falta-en-ser.
  de Oscar Lamorgia (Letra Viva, 2009)
   
  Por Graciela Guilis
   
 
Cazar palabras en el humo
y, como quien ordena sus negocios antes de morir,
ponerlas en su justo lugar, para que el Otro
(el que no se conforma con nada) una vez más
se engañe con la idea de que todo
por fin quedó aclarado para siempre
y duerma un poco, aunque después
se despierte aterrado
en medio de la noche sin palabras
”.
“Razones para escribir”
Raúl Gustavo Aguirre (1963)

En este, su tercer libro, Oscar Lamorgia realiza un recorrido donde “la escritura de la falta en ser” se presentifica –vaya paradoja– en cada uno de los temas que aborda, que no son pocos y que dicen acerca del dolor de existir propio de dicha falta. Se trata –señala– de una condición estructural en el sujeto, en tanto ser hablante ya que hablar es perder el ser.
Para el autor, escribir es lo que él llama una posición existencial, en tanto se trata de un modo de sublimación, un goce creador que participa de la serie: neurosis, psicosis, perversión, ubicándolo de esta manera, en un punto de exterioridad postanalítica, como si dijéramos, aquella que corresponde a la posición en un fin de análisis.

Lamorgia, crea un libro a partir de la edición de las clases de un seminario que dictó durante parte del año 2007. Si lo escrito es el soporte material del lenguaje, podríamos decir que la escritura de este libro es un soporte privilegiado de lo que aconteció en su seminario. ¿Será por lo que él mismo recorta de un texto de Derrida que produjo éste, su libro? Aquel autor sostiene la preeminencia de la letra escrita por sobre las enseñanzas transmitidas oralmente. Diferencia que podemos establecer entre los Escritos y los Seminarios en Lacan.

Oscar Lamorgia primero transmite, se ubica como viator cuyo plan de viaje, su petite erre ese pequeño andar, esa errancia rizomática, no cesa de abrir nuevos y diversos caminos. Lo diverso se relaciona con las múltiples interlocuciones que va estableciendo con diferentes saberes. Desde la clínica del psicoanálisis (da testimonio de su práctica y en algunos casos de la de otros psicoanalistas), pasando por la literatura (Joseph Conrad, Edgard Alan Poe), el cine (Ridley Scott, Marilyn Monroe), la filosofía (Jacques Derrida, Alain Juranville, Michel Foucault) y el budismo Zen (Eugene Herrigel, Taisen Deshimaru), entre otros tantos entrecruzamientos, muchas veces con ironía y humor. Una vez más encontramos que también en el estatuto de lo escrito se puede ir más allá de las intenciones del que escribe, que en esa combinación de letras algo se inventa ¿un saber? Ya que la invención no responde a un Amo ni tampoco es solitaria sino que es solidaria con algunos otros, sucede entre ellos. Este es el modo, que encontró Oscar de ir aproximando a los lectores a su “cocina”, de cómo va construyendo lo que será para él una forma de transmisión para nada ajena a los aportes de sus compañeros de errancias.

Freud escribía en “Estudios sobre la histeria”: “A mí me sorprende que las observaciones de enfermos que escribo se lean como novelas”. Hay algo de esa dimensión poética de la lengua que se pone en juego en la letra, en la palabra, en las palabras que va eligiendo el autor, produciendo allí un modo de transmitir, riguroso, pero alejado del discurso universitario.
Una particular mención merece uno de los anexos del final del libro, desde el hallazgo poético del título “Psiconálisis, zen-da al despertar” hasta los epígrafes, que serían como una suerte de condensación perfecta de lo que quiere el autor transmitirnos acerca de su práctica psicoanalítica. Como también la posibilidad que inventa para dar cuenta de ello a través de cierto paralelo que construye entre la práctica Zen y el Psicoanálisis: el lugar de la verdad, el silencio y la interpretación. Un ejemplo que grafica este paralelismo es la relación que propone entre interpretación y el koan (un tipo de intervención del Maestro Zen), y nos dice que se trata de una “producción abierta, es decir pasible de ser revisada y ello brinda al maestro zen oportunidad de efectuar intervenciones que relanzan un sentido otro a las eventuales preguntas del discípulo.”
Como bien señala Lamorgia, es fundamental el lugar que ocupa el maestro en sus textos. En este sentido el viaje que el Maestro Zen inventa con sus discípulos resulta ser un bello bordado que Lamorgia realiza a través de los núcleos duros de la teoría y los conceptos fundamentales de la práctica psicoanalítica a partir de los aportes realizados por Lacan.
 
 
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