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   Colaboraciones exclusivas

El Deseo y las primeras entrevistas
  De “Un nene para mí a…alguien que se interese por mi”
   
  Por Sandra Vieira
   
 
“No es posible conjurar a un espíritu de la Oscuridad haciéndole surgir ante nosotros y despedirle luego sin interrogarle”.
Sigmund Freud. (Observaciones sobre el amor de transferencia. 1915. Obras completas)

Cuando abrimos el juego en las primeras entrevistas, si lo abrimos, no sabemos, como decía Freud, el final de la partida, tampoco su desarrollo. En ellas aparecen las primeras jugadas, las que conciernen al deseo singular que habita a quien trae allí sus síntomas. ¿Qué elementos pueden generar que de aquellas entrevistas iníciales, se produzca algún encuentro que posibilite el análisis? ¿Cómo ir direccionando una consulta de modo tal que lo que allí se juegue devenga en alguna pregunta del Sujeto por su padecimiento? El surgimiento de alguna demanda, que supere la consulta inicial dependerá de la lectura y consecuentes intervenciones del analista sobre la trama discursiva que determina y atrapa al sujeto en sus síntomas y sinsabores.
De allí, la demanda dirigida al analista al cual se le supone algún saber sobre aquello con lo que no puede y determina su sufrimiento. Transmisión de poderes de un sujeto a Otro, un Gran Otro, nos enseña Lacan, lugar de la palabra. Así es que las entrevistas preliminares van desde ese primer encuentro hasta el momento en que por un acto en transferencia se produce el inicio de un análisis.
El lugar del analista es un lugar siempre a construir, en tanto soporte y encarnadura que, transferencia mediante posibilite liberar alguna verdad puesta en juego. Es con la escucha y el deseo de analista como herramienta que podrá ir produciéndose alguna marca, alguna huella que permitirá ir re significando huellas pretéritas. El deseo de analista es un deseo advertido de los engaños y decepciones que el amor de transferencia tiende, y es responsabilidad del analista, por el lugar que le ha sido otorgado, ir introduciendo al sujeto en el orden del deseo. Deseo del analista que hace surgir el Otro del analizante, al estar ubicado como objeto en transferencia.

La consulta de Maria, fue por Dante, su hijo de 14 años. Problemas escolares que le harían repetir el año, rabietas y arrebatos de ira hacia ella, hacían que no supiera que mas hacer y alentada por una prima, paciente de una colega de la institución de la que formo parte, llego al dispositivo de guardia, dispositivo de atención inmediata, .
Sentía un profundo malestar sin saber exactamente porque. Al mismo tiempo las demandas de su hijo “el nene” como solía llamarlo, la llenaban no solo de angustia sino también de bronca. Decía “no entiendo yo le doy todo a él, no sé qué quiere que haga, qué más puedo darle, si le doy mi vida”. Recordé, siguiendo a Lacan1 que si hay un lugar en el que el engaño triunfa es en el discurso amoroso ya que persuadiendo al otro de que nos completa podremos seguir ignorando que nos falta.
Cite a Maria a una segunda entrevista en la que sin reparos y mostrando una disposición poco común en padres a hablar de sí en consultas por sus hijos, comenzó a relatar hechos significativos de su historia.
Lo primero que comentó, casi a modo de presentación, es que a su padre, cuando ella tenía unos 4 años, lo habían “matado”. Guardaba de este “solo una imagen, un recuerdo”. Agregó “Lo vi ensangrentado y caer muerto, no sé más. Fue horrible…que vergüenza!

Deje esto en suspenso, ya que no contaba con elementos diagnósticos para dar curso a que se desplegara esta escena que pudiera ser tema central en la vida de Maria
Tuvo a Dante a los 35 años, con un hombre 10 años mayor que a poco de iniciada la relación con ella se casó con otra mujer, tuvo un hijo , luego otro... Maria no dijo nada e igualmente continúo con él. En los 23 años que estuvieron juntos jamás exigió nada, jamás le pidió una relación comprometida, solo… dice…“Lo único que le pedí fue un nene…. Yo quería un nene para mi”.
Sus padres procedentes de un país limítrofe habían migrado a nuestro país al poco tiempo de conocerse. La madre tenía ya dos hijos de un matrimonio anterior. La paciente es la penúltima de una serie de siete hermanos. Cuando murió su padre, la madre “ubico” por razones económicas a sus hijas mujeres en casas de familia y junto a sus hijos varones dejó el pueblo, según Maria “por vergüenza” agregando…. “ya le voy a contar”.
Los relatos de Maria, su predisposición aun con sus modos tímidos, apocados, más esta última aseveración me hacían pensar que algo ya, en estas entrevistas estaba empezando a jugarse.
Luego de varias entrevistas la consulta por su hijo no prosperó….Dante no aceptaba iniciar tratamiento alguno.
Concluido el proceso de entrevistas a padres indique a María que ella también debía hacer tratamiento. Que el malestar que sentía no solo tenía que ver con las dificultades con su hijo sino y fundamentalmente con su historia, sus duelos no resueltos, los abandonos sufridos, las separaciones no realizadas y los hechos silenciados, poco claros de esa historia.
Respondió que volvería al mes siguiente, que tenía problemas de dinero pero que en un mes regresaría. Al mes exacto tal como lo había anticipado se presento en mi día y horario de guardia diciendo “¿Vio? Vine…me quede pensando en lo que me dijo, y en todo lo que le conté… y porque yo…yo nunca tuve a alguien que se interese por mí,…como se interesó Ud.
¿Y ahora…? la partida estaba lanzada. Las entrevistas a padres habían oficiado de lugar para que algo de la historia de Maria empezara a ponerse en palabras… Se había lanzado la partida y la analista estaba dispuesta a jugarla

Luego de esta entrevista comenzó su tratamiento con un contrato que incluía una entrevista semanal en consultorio.
Suponía que la distancia de mi consultorio de ese momento, cinco cuadras de la sede de AEPA, no sería obstáculo para que Maria llegara. Había preguntado con cierta preocupación si era “cerquita”.
Cerquita. Así parecía estar… cerquita de su hijo, cerquita de su madre, cerquita de su historia siempre actual, siempre vigente. Cercada. Cercada por los efectos de una tragedia velada, silenciada históricamente. Cercada en algún acceso al deseo, deseo que parecía no tener más lugar que el de un “nene para mí”. Maria ¿no cesaba de buscar un padre, un padre dador? Tal vez por ello volvió, a sus 34 años, antes de quedar embarazada, al país de origen de aquel, tras los trazos de una historia. En busca de alguna respuesta acerca del deseo de su padre para con ella, del cual toma su nombre para este hijo.

Termino con 14 años la escuela primaria trabajando cama adentro donde recuerda que la señora no la dejo comenzar el colegio secundario. Su madre acordó con esta decisión. Maria, a entender de su madre, estaba bien así, ¿para qué quería estudiar? Que se quedara allí trabajando o que volviera a cuidarla. Fue así que volvió con su madre y no se alejo de ella nunca más. Recuerda sus dichos “A la Maria me la dejan acá, cerquita mío”.
Fue necesario sostener en este primer tiempo de trabajo el modo de relación transferencial que propondría la paciente. Se trataba de hacer lugar a lo materno intentando restituir algo de esa función que parecía en fuerte déficit. Estar en el lugar de alguien que se interese por ella dando lugar a que la palabra circule. Al mismo tiempo ir encarnando al Sujeto Supuesto Saber a efectos de iniciar un recorrido que fuera posibilitando el encuentro con la falta en el Otro.
En tanto que el deseo como deseo del Otro constituye a un sujeto, en tanto que se desea en función de lo que el Otro ha deseado para cada quien, se trataría en el trabajo con esta paciente de posibilitar alguna historización en la que re significar algunas marcas en relación a la función paterna. Marcas que abren el campo al deseo. Marcas que en tanto simbólicas, hacen corte liberándola de ese Otro Materno gozador que parecía no resignar perdida alguna
“Cerquita”, me dije, pero con la distancia suficiente como para, sin intentar compadecerla, y con el deseo de analista como herramienta desde la transferencia dirigir la cura.

Cuando Maria cumplió 19 años e impulsada por su prima comenzó a trabajar en una fábrica. Dice “Fue una linda época, andaba con mi prima, mis compañeras, después conocí al padre del nene…y ¡salía! ¡A mí me gustaba siii, como me gustaba salir…! Pero no me dejaban…mi mama tenía miedo de que yo ande por ahí… y sufría cuando yo salía…., ya de grande también eh? ….Dicen que la historia se repite ¿no? ¿Será por eso que a mi hijo le gusta tanto salir?”.
Después de unas cuantas entrevistas continúo hablando de sus seis hermanos. Uno a uno relato su situación actual. Hablo de la mayor de las mujeres, esquizofrénica e internada en un hospital psiquiátrico. Del mayor de los varones, que se puso loco cuando se separo y comenzó a alcoholizarse….y hasta de algunos sobrinos que habían incursionado en la droga. “Decía…!qué vergüenza ¡Somos una familia de locos…que destino trágico… ¿Que va a pensar Ud.! ?”.
Intervine en la línea de señalarle que parecía que para ella ser una integrante de la familia la convertía en un igual, con un mismo “destino” y que no estaba teniendo en cuenta que ahora en esta decisión de hablar de su historia, para luego hacer algo con ella, estaba apostando a una diferencia.

A la sesión siguiente ampliando el relato de la escena que finalmente había resultado su propia consulta, en cuanto a que vio ensangrentado caer muerto a su padre expreso: “Fue mi hermano, el más grande, bah, mi medio hermano…él le pego un tiro a mi papá, el lo mato. Ya está, ahora sabe todo de mi vida. Ya le conté.” e irrumpió en llanto.
Luego de este relato parecía que para la paciente ya estaba… que no había más nada que decir….. Interminable silencios, pocos enlaces, no asociaba, no producía fallidos. Nada. Ya está. Este relato, en transferencia había provocado el cierre del inconsciente.

Se trataba de esperar…manejaba la hipótesis que había algo más de lo cual Maria no podía sustraerse…Efectos del discurso del Otro, el Inconsciente, que no está detrás del cierre. “La historia se repite”. Formulación proveniente de ese Otro que no hacía más que sojuzgar algún deseo propio.
A los 6 meses de iniciado el tratamiento de Maria su hijo llegó finalmente a la consulta. Realice la derivación a un colega de la misma institución con quien en un trabajo en conjunto fuimos pensando tácticas que apuntaban a una misma estrategia de trabajo en cuanto a alguna separación posible entre esta madre y su hijo…. Se trataba de hacer algo con lo repetitivo de esas historias que operara marcando diferencia.
Tímidamente comenzó a hablar de algunos intereses personales de antaño como cambiar de trabajo o estudiar. Sin embargo no emprendía ninguna acción concreta al respecto. Además sufría de constantes contracturas cervicales o lumbares que le impedían “moverse”. Modo de manifestación sintomática que sobrevenía ante cada uno de los proyectos que se disponía llevar a cabo.
Intervenciones al estilo de – “Y claro, como va a hacer algo diferente a lo que mamá ordenó, o ….es difícil traicionar a mamá…y moverse…” provocaban una risita que denotaba cierta aceptación de la intervención a la vez que decía “ Es tremenda Ud. ¿eh? Si, ya se…jiji. Ya voy a ir…”.

Si, la paciente sabia…y también le adjudicaba un saber a su analista que, a pesar de los vaivenes por los que atraviesa todo análisis, no retrocedía posibilitando así que la palabra circule, se mueva liberando de los efectos de alienación que produce aquello que ha sido acallado.
Y el movimiento se demuestra andando pensé…sobre todo luego de un día que Maria llego dispuesta a relatarme un sueño en el que había soñado a su madre muerta y a su padre diciéndole “te acompaño a la escuela”. Maria asocio inmediatamente…“Mi mama ya está muerta. Ya está. Mi papá, el sí, el querría que sus hijos estudiaran…”.
Luego de este sueño indique el pasaje a diván. Algo había empezado a andar, a moverse. El inconsciente había emergido. El Otro, el gran Otro se había hecho presente y la transferencia se hacía sentir en dicho sueño. ¿Su analista, ocupando un lugar paterno, le propiciaba allí, moverse a alguno de sus intereses? ¿ La acompañaba en este proceso?

Paulatinamente fue mejorando la relación con su hijo, si bien cada tanto algún temor en relación a este resurgía en cuanto a amistades o salidas, lo cual le facilito abordar algunos intereses personales. Comenzó a averiguar sobre un curso de cocina. Continuo por buscar otros trabajos distintos al de empleada domestica, a hablar con su familia de estos intereses. Fue así que en una oportunidad un sobrino la presento a una oficina para trabajar de cocinera. Maria, no sin temores renuncio a todos sus trabajos de empleada doméstica y comenzó su nueva ocupación. Tiene hoy un sueldo fijo, una obra social, nuevas “compañeras”, nuevos lazos.
Una tarde llego al consultorio mas arreglada que de costumbre. Se la notaba alegre, chispeante. Comenté que la notaba distinta. Suspiró…”debe ser la primavera…”. Continúo riéndose. Apele al dicho popular…”El que solo se ríe…de sus travesuras se acuerda” Respondió…”Ahhh. Mire que es ¿eh? Bueno le voy a contar…me invitaron a salir. Me siento tan rara…no sé. Este hombre parece que se interesa por mí”.
Maria no había vuelto a formar pareja después de alejarse del padre de su hijo. Cuando le preguntaba los motivos decía tener miedo…miedo de que la historia se repita y que su hijo se convierta en el protagonista de una nueva tragedia.

Queda mucho trabajo por hacer aun. Algún velo más deberá caer que la acerque a algún deseo propio. Mucho camino por recorrer para que Maria pueda separarse de las repeticiones crueles de su historia que amenazan con cercarla una y otra vez en lo insoslayable para ella, de ese destino trágico.


Bibliografía:
Freud, Sigmund. Observaciones sobre el amor de transferencia. O. Completas.
Ed. Biblioteca Nueva
Freud, Sigmund. La iniciación del tratamiento. O. Completas. Ed. Biblioteca Nueva
Maud Mannoni, La primera entrevista con el Psicoanalista. Ed. Gedisa
Lacan. J. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidos
Lacan. Las Formaciones del Inconsciente. Ed. Paidos
Seminario AEPA 2008. “ El deseo en la clínica Actual”
Seminario AEPA “Demanda y detenciones en la clínica psicoanalítica”
Seminario AEPA “ La clínica psicoanalítica y el deseo del analista”
Autores Varios “Las primeras entrevistas en psicoanálisis”. Imago Agenda

1 Lacan. J. Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales en Psicoanálisis.
 
 
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