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   Saber de la historia

Helene Deutsch, Fritz Wittels y las trampas de la memoria
  Por Mauro  Vallejo
   
UNO. En 1973, poco antes de cumplir noventa años, la psicoanalista Helene Rosenbach, más conocida como Helene Deutsch, publica su autobiografía. El recuento prácticamente se detiene en 1934, cuando ella abandona Viena junto con su hijo Martin y su esposo Felix Deutsch. Paciente de Freud durante un año –el análisis tendrá un final abrupto cuando él le comunica que precisa su hora para atender nuevamente al “Hombre de los Lobos”–, activa partícipe de la Sociedad Psicoanalítica de Viena desde 1918, víctima de un discreto acoso callejero por parte del sobrino y asesino de Hermine von Hug-Hellmuth, Helene Deutsch desgrana en sus páginas anécdotas y recuerdos que hacen de sus memorias una fuente imprescindible para conocer ese pasado. El capítulo décimo se titula “Freud”, y arranca con una nota al pie que reza: “Me gustaría agradecer a Anna Freud por haberme ayudado a corregir errores de mi memoria en este capítulo”1.

DOS. La Navidad de 1923 tenía reservada para Sigmund Freud un amargo obsequio. Ese día recibió el siniestro objeto que -él lo sabía muy bien- tarde o temprano saldría a la luz: la primera biografía dedicada a su persona. El autor era un viejo discípulo, del cual se había distanciado en 19102. Sin perder tiempo, el médico vienés apartó de su escritorio la montaña de libros que pensaba consultar por esos días, y se abocó a la lectura del volumen recibido. Marcador en mano, Freud se dedicó con paciencia a señalar algunos errores biográficos, agregando de tanto en tanto expresiones de disgusto o de admiración. Así, en el margen derecho de la página 47, escribe: “Zuviel Stekel” (demasiado Stekel). De hecho, el propio Fritz Wittels confesará en más de una oportunidad que el tono crítico de la biografía de 1923 debía mucho a la relación estrecha que él mantenía con Wilhelm Stekel durante ese tiempo. Sea como fuere, una pregunta perseguirá obsesivamente a Wittels por el resto de sus días: ¿Había tomado Freud como una ofensa el libro de 1923? ¿Perdonaría alguna vez a su autor el haber acometido una tarea así? Podemos rastrear en posteriores escritos de Wittels los efectos de la precisa respuesta que recibió de Freud: sí, no, y todo lo contrario.

La carta que Freud le escribe unos días después de recibir el inoportuno regalo -y que Wittels, previa autorización del analista de Dora, transforma en Prólogo de la edición americana de la biografía- parecía un buen augurio. “Su libro no es de ningún modo hostil; no es demasiado indiscreto (...) El hecho de que le envío estas correcciones es un indicio de que valoro su trabajo aunque no pueda aprobarlo del todo”3. Cuando años más tarde recuerde ese episodio, Wittels dirá que Freud seguramente no se sintió ofuscado por el texto desde un comienzo, sino que fueron sus discípulos quienes lo condujeron a que así lo hiciera4. En 1925, llegan a su fin las relaciones entre el biógrafo y Stekel, y Freud se apresura a reclutar nuevamente al primero. Wittels comenta: “Nos dimos un apretón de manos (...) y nada indicaba que él estuviera resentido por el libro, salvo quizá, tal y como me di cuenta mucho más tarde, el hecho de que no me miró a los ojos cuando nos separamos esa noche”5. En 1927 reingresa a la Sociedad Psicoanalítica de Viena, y su mandamás, Paul Federn, le pregunta qué pensaba hacer respecto de su molesto libro de 1923; Wittels, con tranquilidad, responde que algo haría más adelante, pero que por el momento no había urgencia, sobre todo dado que el mismo Freud no se mostraba preocupado por el asunto. En 1929, las editoriales americanas demandaron a Wittels una segunda edición de la obra, y éste, sin saber cómo proceder, consulta a Freud. El 8 de enero, recibe la fatídica respuesta: “En 1923, sin pedirme autorización, usted publicó una biografía sobre mí que, en muchos aspectos, trazaba una odiosa caricatura de mi persona (...) Lamenté que usted hubiese escrito ese libro”6. Un Wittels desconsolado ahora lo sabe: Freud no lo ha perdonado. En otra carta de 1929, Freud le propone no volver a hablar del tema. En 1931, Wittels publica Freud and his Time, no ya una biografía, sino un elogioso ensayo que inscribe al maestro en el concierto de la cultura moderna. Dos años más tarde, hace su último intento por ahuyentar los fantasmas del pasado, y publica “Revision of a biography”, un artículo en que intenta señalar, en un tono de amargo arrepentimiento, los múltiples errores del libro de 19237. Éste es definido como un efecto de la “ambivalencia”, un “libro imprudente” y una “indiscreción juvenil”, aunque más adelante dice: “...incluso hoy hago uso de mi biografía de Freud y la utilizo ampliamente en mis conferencias. Considerando que en general su presentación es correcta...”8. Refiriéndose a la temprana reacción de Freud, Wittels dice: “...el Profesor, sorprendentemente impasible, apenas notó los pasajes difamatorios, y se aproximó a esta biografía (...) con completa objetividad, como si ella no tuviese nada que ver con su persona...”9. Ansioso por conocer la opinión de Freud acerca de esta retractación, Wittels se encuentra con él ese mismo año. ¿Estaba conforme con ella? El Maestro es conciso: no, de ningún modo, quizá él no merecía tanta alabanza10.

TRES
. La precavida Helene Deutsch ingenuamente teme a las equivocaciones de la memoria, y somete “sus memorias” al filtro sin garantías de la vigilancia de turno. La conciencia de Wittels pagará caro los efectos de la memoria cambiante que resta de algo que, a fin de cuentas, nadie sabe si fue un error.
_______________
1. Deutsch, H. (1973) Confrontations with Myself. An Epilogue. New York: W. W. Norton & Company, p. 128n.
2. Wittels, F. (1924) Sigmund Freud. His personality, his teaching & his school. London: George Allen & Unwin Ltd. El título original, publicado en Viena, era Sigmund Freud: Der Mann, die Lehre, die Schule.
3. Tomo la cita de las páginas 120-121 de las dudosas “memorias” de Wittels (Timms, E. [1995] Freud and the Child Woman. The Memoirs of Fritz Wittels. London: Yale University Press). Leo Lensing ha demostrado hasta qué punto Timms reescribió y reordenó el manuscrito original de Wittels (cf. “«Freud and the Child Woman» or «The Kraus Affair»? A textual «reconstruction» of Fritz Wittels’s psychoanalytic autobiography”, The German Quarterly, Volume 69, Nº 3, Summer 1996, pp. 322–332).
4. Cf. Freud and the Child Woman, op. cit., p. 121.
5. Op. cit., p. 124.
6. Op. cit., p. 132.
7. Wittels, F. (1933) “Revision of a biography”, The Psychoanalytic Review, Volume XX, 4, pp. 361–374.
8. Op. cit., p. 367.
9. Op. cit., p. 362.
10. Cf. Freud and the Child Woman, op. cit., p. 140.
 
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